JACQUELINE ALENCAR, inolvidable

julio 23, 2021 a las 3:30 am | Publicado en Algunas fotos, Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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SIN JACQUELINE ALENCAR DESDE HACE UN MES , desde hace un mes, el mundo ha dejado de contar con una de sus habitantes más sencillas, generosas, inteligentes , solidarias y gentiles. La conocí hace más de dos décadas, al recibirnos a Ricardo Falla Barreda y a mí, con su esposo , el poeta peruano español Alfredo Pérez Alencart , en la ciudad de Salamanca. A partir de ahí, ya fuera en esa hermosísima ciudad o en nuestra Lima natal, la amistad , la compresión, la solidaridad, el trabajo literario en colaboración fueron las constantes en nuestros encuentros y en nuestras comunicaciones remotas.

Mujer fina, editora notable y ensayista de estilo depurado, había nacido en Bolivia y, desde muy joven se asentaron con Alfredo en Salamanca. Precisamente a esa ciudad, hace unos años, el sábado, 25 de junio de 2011, según confiesa, escribió el bello texto de homenaje y gratitud a Salamanca. texto que fuera publicado inicialmente el 19 de mayo del 2014 en CREAR EN SALAMANCA, periódico en el que ha venido publicando a lo largo de los años y que también le ha rendido homenaje. La nota la republicó el pasado 18 de mayo en su cuenta de Facebook.

Jacqueline Alencar y Sonia Luz Carrillo. Plaza Mayor de Salamanca, España.

Decir Jacqueline Alencar es mencionar a Alfredo Pérez Alencart, el incansable promotor de sueños, mago de la amistad y la producción poética, querido amigo , quien ha dedicado a su compañera de vida y labores, madre de José Alfredo , ya joven profesional, numerosos y bellos poemas.


Apunte de Miguel Elías , estupendo artista salmantino que ha reproducido con tanto acierto la conjunción de finura y solidez de nuestra amiga. :

Aquí el breve texto, agradecimiento y despedida de esta inolvidable, muy querida amiga, de la Ciudad de Salamanca, publicado en su muro pocas semanas antes de partir a la Casa del Padre. Disfrutemos de su lozana prosa, recordémosla siempre en esa elegante discreción, esa dulzura con la que premio la vida de todos los que tuvimos el regalo de conocerla. Hasta siempre, Jacquie, hasta el reencuentro, amiga.

SALAMANCA: Por si mañana no te lo puedo decir

Por si no puedo decírtelo mañana, hoy te digo que me enamoré de ti a primera vista, cuando pude ver tus encrespadas torres apareciendo mientras me dabas la bienvenida hace más de cinco lustros. Cuando dejaba atrás mis palmeras tropicales, donde el hombre se marchita sangrando los árboles del caucho para hipotecarse toda la vida. Dejaba mis orillas del río Acre para instalarme en las del río Tormes, donde ya anidan mis recuerdos. Déjame decirte que me he acostumbrado a acariciar tus piedras de Villamayor. Me he acostumbrado al color dorado de tu piel. Al azul de tu cielo que se pone gris cuando me entristezco con la llegada del invierno. Y que llora en mis atardeceres sin crepúsculo.

Salamanca, no podría dejar de transitar por tu Rúa Mayor, que me lleva a la plaza de mis encuentros debajo del reloj. El que marca mis horas y mis días entre tus murallas que me envuelven en un abrazo eterno. Por si mañana no te lo puedo decir, quiero que sepas que en ti encontré la paz, esa que no se compra con dinero, sino a precio de sangre y mucho dolor. Me reencontré con Él y fijé mi estancia en una Estación donde pude recalar sin fecha de partida. Por si no te acuerdas, te digo que hice pacto contigo en la reconstrucción de tus muros. A cambio de que me protejieras en los tiempos de frío invernal. Quiero que sepas que si no te veo mis colores empalidecen. Quiero ver amarillearse el tiempo en otoño, despedirme de tus cigüeñas. Ver los esqueletos de los árboles para luego asombrarme cuando recobran la vida y el verde de la Esperanza. En Tejares tejí una cadena de amor para aprisionar a tus gentes y llevarlos hasta mi río que tiene aguas vivas y eternas que no se secan. Empújalos con ese poder que tienes para encantar a los que de ti gustan. En una especie de vasallaje de amor. Actúa como feudo protector que no el de antaño que esclavizaba.

Déjame recorrer tus alrededores. Bordearte por Monforte, La Alberca, El Cabaco, Miranda, San Martín, Cepeda… en la Sierra de Francia. Aun en Monleón donde se siente el abandono. Ver la belleza olvidada de las Quilamas… No quiero olvidarme de tus encinas, tierra charra. Olfatear la chacina. Embriagarme en tu sopa de ajo.Quiero recorrerte entera pues falta todavía. Volver a Ledesma y endulzarme en sus rosquillas. Perderme en Villaseco, Vitigudino… Perfumarme con los almendros en flor cerca de las tierras lusitanas, que me llaman con las saudades de un fado melancólico.

Salamanca, quiero escuchar el tamboril y la flauta. Comer unas patatas bravas por Anaya. Déjame clamar por los huérfanos de todos los tiempos, resguardada por los pilares del Fonseca. Clamar como una de las voces proféticas en busca de tu ayuda. No me impongas el ayuno involuntario de tus caricias. Déjame seguir construyendo fuertes que te guarden de los vendavales. De los vientos fríos del Norte. Déjame ser tu sur cálido que puede traerte palabra que alumbre tus senderos en medio de la niebla.

Déjame darte mi gratitud porque gocé de tu apacibilidad.

Jacqueline

PAPEL PARA AVIONES, antología de cuento y poesía, se presenta el 26 de junio

junio 24, 2021 a las 9:37 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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La Academia Peruana de la Lengua, bajo la dirección del poeta Marco Martos, presenta PAPEL PARA AVIONES, antología de cuento y poesía, libro que recoge la producción de los egresados de la base 2019 de la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

La presentación estará a cargo de los escritores Jorge Valenzuela, Giovanna Pollarolo y Marco Martos y se realizará el 26 de junio al mediodía desde la página de facebook de la Academia: fb.com/academiaperuanadelalengua

“El texto es una selección de los mismos creadores a partir de los cuentos y poemas presentados durante los talleres de la maestría, que conforman un volumen variopinto de propuestas y miradas diversas. En un contexto de crisis por la pandemia del covid-19, este libro es una prueba de que la literatura es también resistencia ante la muerte”, señaló Marco Martos Carrera, presidente de la Academia Peruana de la Lengua.

En el texto que precede a la muestra , el poeta Marco Martos escribe:

“…presentamos una muestra del trabajo literario de los alumnos ingresantes en el año 2019 y que en un año más serán nuestros egresados. Ellos son Rubén Barcelli, Renán Barrio de Mendoza, Jaime Cabrera, Talía Coloma, José Fernández del Río, Marco Antonio Fernández, Ana María Hernández, Daniel Lauz, Susan Lobato, Joel Mallma, Lisby Ocaña, Aarón Ormeño Hurtado, Bryan Paredes, Sebastián Reyes, Manuel Terrones, Jhemy Tineo Mulatillo, Luis Torres Montero, Antonio Vargas Altamirano y Alonso Izasiga. Ellos han invitado a esta antología a personas que nos han acompañado algunas semanas o algún semestre en nuestras pláticas, Wendy Castillo, John Durand, Yared Medina y Tamara Paloma. Lo que puedo decir de este conjunto de escritores con los que he compartido un año de veladas muy buenas para mí y tal vez para ellos es que siempre los voy a extrañar. En pocos grupos he visto a lo largo de toda mi carrera universitaria, que la literatura está viva no solo en lo que escriben o leen, sino en los ojos, en esa alegría de vivir hechizados por la palabra.”

Hermosa muestra. Vale, se disfruta.

La publicación, en su versión digital, está disponible para acceso y descarga pública y gratuita a través del siguiente enlace: https://apl.org.pe/publicaciones/papel-para-aviones/

Prensa:

Marco Fernández       WhatsApp: 949 126 648

José Fernández           WhatsApp: 940 169 011

Rubén Barcelli            WhatsApp: 946 348 876

PELÍCULA PERUANA ‘SAMICHAY’ SE ESTRENA EN ESPAÑA

mayo 27, 2021 a las 9:33 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura | 1 comentario
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Exitoso film del director peruano Mauricio Franco Tosso, concursa en la 24° Edición del Festival de Cine de Málaga y se proyectará en la sección ZonaZine el próximo 10 de junio.

 La galardonada película peruana en quechua ‘Samichay, en busca de la felicidad’, dirigida por Mauricio Franco Tosso y filmada en las provincias de Quispicanchi y Canchis a más de 4 mil metros de altura, competirá en la sección ZonaZine en el marco de la 24° Edición del Festival de Cine de Málaga, cuya proyección se realizará el próximo 10 de junio.

La película ‘Samichay, en busca de la felicidad’, galardonada en nuestro país con mención de honor a ‘Mejor Ópera Prima’ y ‘Mejor Película Peruana’ del 2020, ha sido seleccionada (entre más de 300 películas de todo el mundo) en la sección  ZonaZine del prestigioso Festival de Málaga, que se realizará del 3 al 13 de junio de 2021.

‘Samichay, en busca de la felicidad’ cuenta con la participación del reconocido actor puneño Amiel Cayo, quien protagoniza a Celestino, un ermitaño campesino que vive en las alturas de los andes peruanos junto a su vaca criolla Samichay. “Por momentos parecen fundirse con el mismo cielo. No existe dios y tampoco el diablo. Estamos en las alturas de los andes peruanos, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar, donde Celestino empieza un viaje de sanación con su vaca Samichay, desde la soledad y altura de las montañas hasta el caos de la urbanización y los pueblos”, detalla el cineasta peruano Mauricio Franco Tosso.

Cabe señalar que ‘Samichay, en busca de la felicidad’ es una producción de Quinta Imagen y Quechua Films, rodada en blanco y negro, íntegramente en quechua, cuya historia gira en torno al choque que existe entre lo rural y lo urbano.

Esta película peruana ha participado también en el Neighboring Scenes: New Latin American Cinema, del Lincoln Center, y actualmente es beneficiaria de la línea de apoyos Covid-19 del Ministerio de Cultura.

“Es un hito importante para ‘Samichay’ esta participación en el Festival de Málaga. Después de nuestro estreno en Perú, y de estar en el Lincoln Center nos toca llevar esta película a Málaga, donde los especialistas cinéfilos de todo el mundo podrán valorar el universo andino que representa la realidad de muchos países de América Latina”, comenta Franco Tosso, director de la película ‘Samichay, en busca de la felicidad’.

Mauricio Franco Tosso es un cineasta peruano, cuya obra audiovisual se ha proyectado en importantes festivales como Berlinale y el Lincoln Center. Además, obtuvo en el 2005 el Premio Casa de América por su cortometraje ‘El segundo amanecer de la ceguera’.

Para más información de la participación de ‘Samichay, en busca de la felicidad’ en la edición 24° del Festival de Málaga, pueden visitar el siguiente link: https://bit.ly/3bXtKti.

EL ÁRBOL DE LAS FIEBRES un relato del poeta Jorge Nájar

octubre 8, 2020 a las 9:10 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea | 2 comentarios
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Dicen que los árboles se  comunican entre ellos desde mucho antes que los hombres. Dicen que han tejido redes subterráneas para la recepción y envío de mensajes. “Tierras nuevas, bichos nuevos, sus armas avanzan hacia la luz donde he fundado mi ley.” Tal vez. No estoy muy seguro. Creo en cambio que desde el gusano nutriéndose en el interior de una palmera hasta el escarabajo o los pájaros, los roedores, las serpientes, los batracios en las sombras haciendo el amor con los ojos brillantes de placer, las olas que bañan las raíces, la naturaleza en su conjunto nos dice algo constantemente por encima o bajo tierra, utilizando sonidos, olores, señales y vibraciones. “Montes, planicies, árboles gigantes enraizados en los siglos, pájaros cantores, palmeras de siglos a cuya sombra vuelvo a nacer: heme aquí infinitamente nuevo.” Yo he crecido a orillas de los ríos, a la sombra de los campamentos madereros, y cada vez que estoy ante un árbol en el que presumo algo misterioso, acumulación de tiempo y de experiencias, lo abrazo agradecido. “Me vale este día indescriptible. Me vale tu presencia. Yo canto en la oscuridad. Y tú avanzas, monstruo, con la motosierra en los brazos.” No abrazo a cualquier árbol; antes he de sentir si necesita de mi gesto, por su estado, por su color, por las arrugas de su corteza, por los aromas que despide. Por su sombra. Algo profundo y ligero a la vez. Por el aire que canta en su follaje. Algo que me incite a darle el abrazo, tal vez porque vivo necesitado de su sabiduría. “Cantabas por la mañana: ya viene el día, ponte el alma. Canta ahora en la oscuridad: ya viene el amanecer; enciéndete, cuerpo.” He abrazado muchos árboles en cada uno de los parajes del mundo en los que puse los pies. Talvez por eso mismo sé lo que significa abrazar un pisonay andino, de ramas espinosas y muchas flores rojo anaranjadas. Abrazo un palo rosa del bosque húmedo tropical para sentir la fragancia ya no solo de sus flores y frutos, sino de todo el árbol preñado de aromas. Abrazo las acacias de la península ibérica y saboreo sus flores fragantes, blancas, agrupadas en racimos. Abrazar un caobo y contemplar la lluvia de sus flores pequeñas, verdosas amarillentas, de semillas aladas muy amargas, astringentes, extremadamente livianas para que el viento las disperse a cierta distancia, es como asistir a un espectáculo de generación de nueva vida. “En medio de tanta fragancia, ¿dónde el sol?, ¿dónde el poder? Todo es sombra. Todo es inmensidad.” Así y todo, el árbol que más he abrazado a lo largo de mi existencia es el Cedro del Líbano del Jardín Botánico de París ubicado en el quinto distrito de la ciudad, entre la Gran Mezquita, el Campus Universitario de Jussieu y el río Sena. ¿Cómo se explica eso? Gran parte de mi vida me gané la existencia dictando cursos de español para extranjeros en una escuelita de las cercanías. Lo adopté en cuanto descubrí su ubicación y cada vez que he tenido un poco de tiempo he ido hasta ahí, a leer y abrazarlo. O tan solo para contemplar su ramaje y hablarle sin esperar respuesta. Hablarle. Hablarme. “No llamaré a nadie. No encenderé ilusiones. Arderé y me quedaré a tu sombra para nutrir tus raíces.” Lo abracé y lloré a su sombra cuando me enteré que fallecía el jefe de la tribu y que yo no podía volar hasta su lecho para darle un último abrazo. Pero abrazando al cedro descubrí la existencia de una voz silenciosa que dentro de su cuerpo trataba de decirme algo. Al principio no supe descifrar lo que me decía. Ahora sí ya lo tengo claro.

Mi padre me habla desde el meollo de ese árbol.

 

Yo –me dice–, Octavio Fernández De la Cruz, he trabajado toda mi vida como maderero. Sé lo que son los árboles y los montes. El placer y la felicidad que te invade al descubrir una concentración de grandes proporciones de esta o de otra especie en el corazón del bosque. Un manchal de cedros. Un manchal de caobas. Felicidad y desgracia porque en los bosques del trópico húmedo, desgraciadamente, los paisajes idílicos están ligados a la sangre derramada desde hace mucho tiempo. La exterminación de la quina, el árbol de las fiebres, por ejemplo, infelizmente es una historia llena de esas usurpaciones. Tal el caso también de las exportaciones de la goma a niveles descomunales en un momento de la historia para pasar en cuestión de pocos años a la depresión más inmediata; historia negra, historia de esclavitud que derivó en el primer genocidio del siglo XX engendrado por la explotación del caucho.

El cielo es testigo –me dice esa voz­– y también el infierno. Si me das a escoger mi testigo principal, debo confesar que me quedaría con el infierno porque no engendra ninguna ilusión. Tengo todo el cuerpo marcado por los pueblos y los placeres de las orillas del Ucayali, del Urubamba, del Tambo, del Pachitea y de todos los ríos de la cuenca. ¿Así fue mi padre? Me lo he preguntado tantas veces. Yo, Octavio Fernández y sus demás hierbas, no lo conocí personalmente porque recién nacido el bicho nos jugó a mí, mis hermanas y mi madre en una partida de póker: cancelar sus deudas a cambio de nosotros, a cambio de la perla de Contamana y sus crías. Un ser maldito. En cuanto a mi vida y mi ser, en cuanto a mí mismo, pocos son los que me pueden maldecir, tal vez dos o tres pelagatos, y todo porque los hijos de perros sarnosos también existen. Él, en cambio, era el receptáculo de todas las maldiciones que salían de la boca de mi madre, la perla. Para ella, él fue la encarnación viva de la maldición: un larguirucho amante de la fiesta, la guitarra y las congas.

Yo, en cambio, para la casi totalidad de los ribereños he sido como agua bendita. Yo, maderero viejo, he sido el padre, el tío, el abuelo, el hermano de la plebe infecta de estas orillas. He sido el paño de lágrimas de las mujeres abandonadas. He sido el curador de las miserias que engendra la pobreza. No niego que he mandado tumbar los árboles más hermosos de estas orillas, los más fragantes, los más nítidos y los más misteriosos, a golpe de hacha, día a día, con la violencia de las motosierras, uno tras otro. No lo niego. Lo asumo.  ¿Qué es una quinilla ante el dolor humano? ¿Qué es un shihuahuco ante la vida agonizante a su sombra? ¿Qué son esos árboles frente a nuestra propia supervivencia? Yo he salvado de la muerte a centenas, a miles de hombres, y ya ni siquiera pretendo hablar de mis hijos. Mi agonía los ha salvado a todos ellos. Desde las buscadísimas caobas y los fragantes palo rosa; desde la misteriosa copaiba hasta la renombrada quina-quina, a todos, una vez troceados en el corazón del monte, los he trasladado de churampa en churampa hasta los puertos, con palancas, con molinetes, con la fuerza de las bestias, con la sangre de los hombres, con la violencia de los triples y de los tractores. A todos, por mí y la famélica legión, los he arrastrado uno a uno. En balsas, en chatas, empujadas por los remolcadores los he llevado, por ríos y por montes, hasta los aserraderos. Y allí, saboreando aguajes, chupando guarapo con los camioneros, los he mandado descuartizar como a las viejas vacas destinadas al mercado, como a los toros inútiles. No he sido el único, Dios me guarde. Una legión hubo detrás. Otra legión hay por delante. Legiones por todas partes. Legionarios para escapar del hambre y morir en el combate, o para sobrevivir como yo en el rincón de la casa que nunca terminé de construir. A la sombra de otros, de mi mujer, de mis hijos, de mis nietos.

Aunque durante el boom cauchero la mayoría de las víctimas fueron los indios, la verdad es que todos caímos en esa hoguera. Los hijos de los conversos refugiados desde el siglo XVI en los poblados de la vertiente oriental de los Andes, bajaron como hormigas cuando se enteraron que uno de sus paisanos se había convertido en el Rey del Caucho a fines del siglo XIX. Venían siguiendo la ruta de los tambos y galpones construidos por los curas a lo largo del varadero que enlaza la cuenca del Huallaga con la cuenca del Ucayali. Por allí llegaron los primeros inmigrantes de San Martín que poblaron Contamana, Catalina, Sarayaco, Tierra Blanca, San Jerónimo. Venía la juventud miserable de esas tierras siguiendo la ruta del más intrépido de ellos: Julio César Arana del Aguila, paisano de mi abuelo, senador de la república. Yo –dice mi padre– soy el hijo de ese gastavidas (“Levántate Flor del valle,  sal a tu balcón, / que ahí vienen los Sapos,  con el cabezón. / Déjalos que vengan,  déjalos venir / que al igual que vienen,  se tendrán que ir.”) venido desde Rioja hasta Contamana con una guitarra y el canto para seducir a la hija de otro patroncito protagonista de la masacre de los indios. Con la más fina flor del paraje, enloquecida por su canto (“Tú que me decías, que el Chulla chaqui no salía más (bis) / El Chullachaqui está en la calle, con su último detalle y su ritmo sin igual. / Va, va, va, Chullachaqui ya salió. / Y en la sombra esperándote está”), enfiló hacia Iquitos, la capital del caucho peruano. Allí, entre una tonada y otra, entre juerga y juerga, el sujeto le endilgó dos niñas a la perla de Contamana. Todo eso antes de descubrir que el verdadero escenario de la fiesta era Manaos. Y hacia la fiesta partieron todos. Dicho así todo es sencillo. La vida es mucho más compleja. El rey de la farándula había conseguido en Iquitos ganarse la confianza de una empresa gomera. Y en representación de esta agencia, al trasladarse de Iquitos a Manaos llevaba una pequeña fortuna en su maleta y la misión de establecerse en esa ciudad. Así lo hizo. Los delirios de grandeza eran incontrolables en la cabeza del riojano. Y en una noche de farra jugó y perdió todo lo que sus patrones le habían confiado para instalar la agencia de recaudación de caucho. En la desesperación el tipo no vaciló en poner en juego y perder a su mujer y sus hijos. Ella, la flor de Contamana, pretendió arrojarse del barco sobre un banco de pirañas. Pero algo más fuerte, la supervivencia de su progenie, la contuvo. Se aguantó. Allí nací yo, a mediados de diciembre de 1917 justo cuando el negocio del caucho se estaba yendo a la mismísima mierda en el mercado mundial. ¿Tenía que haberme quedado para siempre en el Brasil? El que se quedó fue él. Mi padre, el vago, el sinverguenza, el gastavidas. Mi madre trenzó pactos y anudó complicidades con quien fuese para escapar y recuperar su libertad. Sólo así pudo emprender el retorno a Iquitos, convertida desde entonces en padre y madre de sus hijos.

El árbol del Jardín Botánico me habla.

¿La historia de la extinción del bosque en la Amazonía? –Es un río de desangre y muerte de millones de hombre, mujeres y niños. Sus autores ahora son nadie, peor que nadie. El caucho engendró la más grande matanza de indios amazónicos para fabricar neumáticos. ¿Es alguien el principal accionista de Peruvian Amazon Rubber Company? Nadie. Nada. El rey de ignominia.

¿La quina? –Ya te dije, su cascarilla comenzó curando las fiebres de los indios, las tercianas de la administración colonial, de reyes y papas hasta convertirse en la salvadora de los ejércitos coloniales de todo el mundo. Existió incluso el Estanco de Quina. Y quien dice estanco dice poder, no lo olvides. Pero ahora todos los poderosos de antaño son nadie.

¿El palo rosa? –El más hermoso árbol en vías de extinción y todo para sacarle su aceite, ingrediente básico en perfumería. Cuando lo abrazo siento los aromas de las quiceañeras y también el de las putas tristes.

¿La caoba? –La mejor madera para los muebles del palacio de los grandes del planeta, resistente a la putrefacción, apreciada por el tono que confiere a los instrumentos musicales.

¿El cedro? –Es un árbol sagrado, en sus entrañas duermen todas las voces. Los que se enriquecieron decapitando manchales, ¿qué son ahora? Nada. Nadie.

¿El tornillo? –Padre y madre de los enchapados.

¿La lupuna? –Los antiguos siempre han considerado que dentro del vientre de ese árbol vive la madre o el espíritu de la selva. Algunos la consideran una bruja, pues se cuenta que muchas familias han perdido algún pariente que no ha respetado el nombre del árbol, sobre todo si alguien se ha acercado y ha hecho sus necesidades a su sombra.

¿El shihuahuaco? ­–Es el más viejo de todos los árboles del estos bosques, el más resistente; todo un mundo vive bajo su sombra, pero dicen que por la presión del mercado asiático la especie está viviendo sus últimos días. Acabarán con los últimos ejemplares y sus exterminadores se convertirán en nadie. Te juro.

Escucha bien. Todo se funde con la historia de la expansión de los imperios. Absolutamente todo, pero no por culpa sólo de ellos como muchos se complacen en gritar, no sólo por los europeos, los gringos o por los asiáticos. Ellos sin nuestra complicidad no fueran nada. Escúchame. Ningún maderero ha extraído todas estás especies al mismo tiempo. Cada uno trabajó una o dos especies en sus época siempre dependiendo del mercado, el mercado que se lo come todo y nos deja aquí todas las fiebres y toda su mierda. Hay complicidades heredadas de generación en generación.

Así me habla mi padre desde el meollo de los árboles que he abrazado a lo largo y ancho del planeta.

De pronto, en el Jardín Botánico de París, lo veo junto a su madre, la flor de Contamana jugada en una partida de póker en un casino de Manaos.

Mi abuela había fallecido cuando llegó la carta desde Manaos.

Veo a mi padre en la casa de Mayushín leyendo la carta del gastavidas pidiendo perdón por haberlos jugado y abandonado.

Mi padre se queda mudo. Se pone de pie y se va al fondo de la huerta donde crece el cedro que él mismo ha plantado hace ya tantos años.

–No hay perdón –dice y rompe la carta antes de echar los restos a la basura. Siempre a la sombra del árbol llama a su madre en silencio y llora a borbotones.

–De ella descendemos todos sus hijos –agrega– y poco importa ahora quién nos engendró.

Eso dijo o eso creí escuchar yo en París abrazado al cedro del Jardín Botánico.

Mi padre me hablaba desde el corazón del árbol: los hombres somos hijos de quienes nos crían o de la comunidad que nos acoge.

JORGE NÁJAR
Poeta, narrador y traductor peruano, nacido en Pucallpa en 1946,  de muy amplio registro creador del que estas páginas ha venido dando cuenta por los méritos de sus obras y el extenso afecto que compartimos. Una vasta producción que va desde su poemario Malas maneras, de 1973 hasta Finibus Terrae (poesía) y Vallejo, la vida bárbara (Narrativa) , ambos títulos de 2019.

QUINO ¡GRACIAS!

septiembre 30, 2020 a las 12:04 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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SERES COMO QUINO , NO SE VAN. SE NOS INSTALAN EN EL CENTRO DEL CORAZÓN Y DESDE AHÍ LOS REPARTIMOS.

…ES EL CASO DE  JOAQUÍN SALVADOR LAVADO, ETERNAMENTE QUINO

“HABLA SONIA LUZ, REFLEXIÓN BLOGUERA” Videos en Letras digitales (1)

septiembre 28, 2020 a las 11:51 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Blogroll, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Creación, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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“Habla Sonia Luz”, cumplió el seis de setiembre 14 años de creado. Miles , no, dos millones y más de agradecimientos, a mis queridos lectores, algunos constantes visitantes que año a año me acompañan en esta presentación de asombros y uno que otro hallazgo.
Hoy quiero compartir una serie de breves videos en los que, invitada por el portal Letras Digitales,  reflexiono sobre algunos aspectos de mi actividad en este querido espacio.

MOTIVACIONES PARA LA CREACIÓN DE HABLA SONIA LUZ

EL CONTEXTO DE LA CREACIÓN DEL BLOG

EL USO DE LOS SOPORTES DIGITALES

MEDICINA VETERINARIA y cuidadosa atención en TERRA PETS, consultorio y más en el distrito de Magdalena

septiembre 16, 2020 a las 12:55 am | Publicado en Comentarios diversos, Curiosidades, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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Algo que con frecuencia se escucha en las personas que desarrollan un intenso afecto por sus mascotas, especialmente por sus perros  es “ellos no me juzgan, me aman tal como soy, son fieles en extremo”.   Es cierto, estos seres vivos y cálidos se  convierten  en un miembro muy querido dentro de las familias, fuente de gratificación emocional, alguien que acompaña y  protege.
Y esto desde los albores de la humanidad.
Un rápido repaso por la historia nos hace reconocer que cuando el ser humano se hace sedentario, dedicándose a la ganadería y la agricultura, empieza a “criar animales”, en primer lugar para procurarse alimentación, luego para hacerlos ayudantes en los transportes de cargas, el trabajo de la tierra  o medio de transporte. También medio de compañía y protección. Y, entre los más antiguos, evidentemente se encuentra el perro. Con una fidelidad indudable.

Estos seres afectuosos, como todo ser vivo domesticado, al compartir la vida en los hogares de la ciudad, requiere un conjunto de atenciones que necesitan del profesionalismo de personas especializadas, el o la MÉDICO VETERINARIO, profesional universitario formado para garantizar la salud y el adecuado cuidado de estos delicados seres, las mascotas.

Eso es lo que se encuentra en TERRA PETS, con la garantía de la experiencia y la cálida atención de la reconocida Médico Veterinaria y Cirujana TANIA RAMÍREZ CARRILLO.

 

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16 DE JULIO EN MI COLEGIO DEL CARMEN SEVILLA, en la Alameda de los Descalzos en el Rímac.

julio 16, 2020 a las 9:50 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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Colegio Sevilla. En el primer patio acompañada de mi madre (extremo derecho, mi profesora del 5to. de primaria y dos religiosas de Orden del Buen Pastor.

En la década de los años 50,  cuando hice la escuela primaria, la celebración de la VIRGEN DEL CARMEN , el 16 de julio , tuvo siempre un sabor y significación muy especial. ERA EL DÍA DEL COLEGIO,  la fecha para la cual las madres de la Orden del Buen Pastor que conducían esta escuela religiosa , INSTITUTO DEL CARMEN SEVILLA, situado en la Alameda de los Descalzos, en el tradicional Distrito del Rímac, nos preparaban con toda anticipación y esmero. Ahí  se me incentivó el gusto por la poesía y la representaciones de comedias, también el baile;  ahí conocí un piano, un salón de actos, un escenario, amplias aulas; el recogimiento de una capilla en silencio.

GRATITUD

Décadas después, ante la gruta de la Virgen. En este caso, la Virgen de Fátima.

Patio con la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús, frente a la Capilla del Colegio de Sevilla

Con cuánta gratitud recuerdo mi colegio, mi madre Margarita, los patios, el huerto, la pérgola en al que bordábamos y orábamos en las tardes. Con esa emocionada gratitud, pude visitar esos espacios ahora recortados. Ha disminuido el número de patios, ya no existe la enorme huerta. Las facilidades me las dió el amigo y narrador peruano Pedro Novoa quien el año 2016 trabajaba en en ese local. Una inolvidable visita acompañados del poeta Jorge Nájar.

 

 

 

 

En una anterior visita a la Alameda de los Descalzos, en la puerta del Instituto Sevilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El benefactor, el fundador, Don José del Carmen Sevilla.

¿POR QUÉ EL NOMBRE DEL INSTITUTO?

Muchos años después, encuentro que su fundador, un acaudalado señor de nombre JOSÉ DEL CARMEN SEVILLA, en el contexto de la post guerra de fines del siglo XIX, donó el hermoso y amplio local con un propósito loable:

“estaba convencido que la educación era la clave para el progreso de la nación. Consciente de la situación que atravesaba el país dispuso en su testamento que parte de su fortuna sea cedida a la Beneficencia Pública de Lima, con la finalidad de que se creara un colegio para niñas pobres en la ciudad de Lima.

En sus inicios, el instituto comenzó a presentar problemas económicos por una mala administración. Debido a esta situación, en 1890 la Beneficencia de Lima firma un contrato con los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora por el cual estas congregaciones se hicieron cargo del instituto entre 1891 y 1898.
En diciembre de 1891 se inauguró el Instituto Sevilla. A dicha ceremonia acudieron miembros de la Sociedad de Beneficencia y personas de la más selecta sociedad limeña. Al año siguiente se aprueba el prospecto de reglamento formulado por la Sociedad de Beneficencia para el Instituto Sevilla. Los requisitos para la admisión era ser pobre, tener entre 10 a 14 años de edad y no adolecer de enfermedades crónicas o contagiosas.
Hacia 1898 las Hijas de María Auxiliadora entregaron la obra la Congregación de las Religiosas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor. Cuando las religiosas dejaron la administración el instituto pasa a convertirse en externado.”

Fuente: EL INSTITUTO SEVILLA
En, Cultura para Lima
4 de octubre 2018
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AHÍ ESTUDIÉ DESDE “TRANSICIÓN”, que así se llamaba la etapa pre escolar hasta el término de la Educación Primaria, desde los 4 hasta los 10 años. Inolvidables años que decidieron el curso de mi vida.

MUJERES Y DESAFÍOS DE CARA AL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA EN EL PERÚ

marzo 3, 2020 a las 12:32 am | Publicado en Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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¿Tiene acaso desafíos particulares la mujer peruana ante la proximidad de conmemorarse la proclamación de la Independencia del país el año 2021?
Por el título de la actividad parece que así lo consideran los directivos del Colegio Nacional de Periodistas de Lima que ha decidido convocarnos a tres profesionales con ocasión de celebrarse el Día Internacional de la Mujer.
Linda Lema, socióloga; Maritza Espinoza, periodista y la suscrita, Mag. Sonia Luz Carrillo, poeta y profesora universitaria, expondremos nuestras visiones al respecto el jueves 05 de marzo.
La cita es en el local del Colegio Nacional de Periodistas, Av. Canevaro 1447 en el distrito limeño de Lince, a las 7:00 p.m.

LOS TÚPAC MARU (1572-1827) DE OMAR ARAMAYO en la lectura de JORGE NÁJAR

febrero 12, 2020 a las 5:02 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea, Noticias y demás... | 2 comentarios
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Con enorme satisfacción acojo en este sitio el texto que la lectura de la magnífica obra de nuestro común amigo, el poeta y narrador Omar Aramayo, Los Túpac Amaru (1572-1827) ha motivado en el poeta Jorge Nájar, quien gentilmente lo cede para su difusión.  Literatura de calidad de uno y otro autor con quienes me une una larga amistad que me enorgullece. 

 

LA ÉPICA AMERICANA:

LOS TÚPAC MARU (1572-1827) DE OMAR ARAMAYO

 

“Detrás de cada soldado está una mujer”

Edgar Lee Masters.

Nunca hasta ahora había leído un libro tan poderoso sobre la lucha por la libertad a lo largo de todo lo que fue el Perú y el Alto Perú. La crónica, la sinfonía, la ópera, el poema épico de Omar Aramayo nos ha permitido hundirnos no sólo en la historia de pueblos quechuas, aymaras, que perseveran en la resistencia, también, incluso, en las raíces de un problema que perdura: las luchas clánicas, los abusos socio-económicos, imperio de los dogmas a punta de sanciones.

He aquí una de las escenas clave. El 21 de setiembre de 1572, José Gabriel Condorcanqui Noguera, Túpac Amaru, cautivo, ingresa al Cusco halado con una cadena de oro. “Hurtado Arvieto le exige se despoje de la borla de oro que sobre su frente pende, la mascaypacha, símbolo del Inca, para saludar a Francisco de Toledo, virrey del Perú. Túpac Amaru le responde, me pides un  imposible, yo no saludo a los yanacunas, a los sirvientes. ¿No sabes quién soy? Soy dueño de mi destino, te lo había dicho, soldado, no has podido comprenderlo. Hurtado Arvieto, en su impotencia, le marca el rostro con una sófera bofetada, para que aprendas. No soldado, hay cosas que son y no comprendes.” De inmediato lo recluyen en el palacio del Colcampata a la espera del momento.

Para comprender la escena habrá que hundirse en la locura de una época sin equivalente en la historia del Perú, Bolivia y Argentina, cuando todo el mundo andino era una hoguera. Hacia ese incendio, hacia ese diluvio, nos conduce esta novela coral, plena de voces indias, de voces mestizas, de chapetones, héroes y traidores. Pero sobre todo plena de voces de mujeres.

La crónica se extiende desde el suplicio del primer Túpac Amaru en 1572, hasta la muerte del rebelde Juan Bautista, en Argentina en 1825. El motor de toda la epopeya es desentrañar las raíces de la independencia de América Latina. Quien se sumerja en sus páginas ingresará en la gran epopeya de la libertad del Perú y del continente: desde el grito libertario de los Túpac Amaru que concluye en el sueño americano de San Martín y Bolívar. Detrás de la rebelión de José Gabriel Condorcanqui,  detrás de la de Diego Cristóbal y de Julián Túpac Katary, detrás de las tragedias de sus mujeres, amantes e hijos, detrás de sus trágicos antecedentes hasta sus terribles consecuencias, late el pulso de todo un pueblo que persiste en sus anhelos de libertad.

En una polifonía magistral en la que resuenan las voces de los jesuitas, de los oidores, de los dirigentes de la rebelión, se alza la voz de Clara Rojas, de Úrsula Josefa, de Bartolina, de Gregoria y otras. Cada una encarna un universo en sí. Nunca había leído una novela con tantas voces de mujeres protagonistas. No se trata de mujeres convencionales, esposas de sus maridos recluidas en la vida doméstica. Son verdaderas fuera de serie. Heroínas inmersas en la conquista de la libertad. La destreza del narrador que nos conduce hacia ese mundo de caos, es convertir en seres de carne y hueso a todos y cada uno de los héroes y tiranos, cobardes, mentirosos, traidores, animales que hablan con los hombres de buena voluntad, montañas que cantan y anuncian porvenires. Y mujeres, muchísimas mujeres, compañeras de los héroes, amantes de los traidores, madres de quienes luchan por la supervivencia de un mundo en combustión. No son vencidos, como quisieran algunos. Son más bien resistentes. Luchadores y soñadores. Hombres y mujeres que piensan que luchar por la libertad es el exacto sinónimo que luchar por la vida.

La prosa de Omar Aramayo consigue así retratar una sociedad feudal y colonial que pese a los siglos y los cambios políticos persiste soterrada en nuestras sociedades. Con otros andares, con otras maneras, pero ahí está, soterrada. Sin embargo, gracias a sus estrategias narrativas  el lector puede llegar a tener la impresión de estar ante un mundo virginal no obstante los siglos transcurridos.

Ha sido necesario todo el brío y la generosidad de un cronista de excepción, de un compositor de una verdadera sinfonía, de un  poeta y narrador fuera de serie para conseguir poner ante nuestros ojos todas las pasiones andinas, todas las pasiones humanas, el odio y el amor. Ha sido necesario el despliegue toda una sabiduría de la historia, de la geografía, la botánica y la zoología para aprehender la grandeza y la decadencia de un pueblo masacrado por las circunstancias. Quechuas y aymaras, mestizos y españoles. En estas páginas brillan grandes secretos de familia, grandes personajes, la potencia del relato, giros, sorpresas, vaivenes, el tono y los escenarios unas veces burlesco y al mismo tiempo trágico.

Me tinca que Omar Aramayo no dejó nunca de interrogarse por el sentido unitario de la historia y, a la vez, si existe realmente algo parecido al “progreso humano” más allá de los trajes, de los oropeles, de las apariencias. El talento del autor se expresa aquí desde las cimas más elevadas de la poesía.

Respecto al tiempo en el que transcurre esta epopeya, la caravana de la muerte, la extinción de la estirpe maldita, el autor nos deja entender que la preocupación más acuciante es la cuestión de los indios y de los campesinos en general obligados a abandonar sus tierras para hundirlos en una vida de onerosos trabajos cuya única finalidad es sobrevivir para, un día tras otro, volver a trabajar dura y crudamente. En paralelo a la intranquilidad y el desasosiego frente a la desvinculación del ser humano de la naturaleza, se vuelve visible la desesperación de las mujeres violadas que se resisten a ser madres. Ellas son las más radicales porque viven en sus propios cuerpos el mal desastroso, quizá insalvable: la violación y el aborto, el mal del desarraigo en el propio ser. Seguro que este narrador, este poeta, este filósofo está habitado por la idea de que la unilateralidad es la causa principal de la infelicidad humana.

Consciente de que cada época tiene su propia aflicción, ya no el narrador, me parece incluso que el propio autor, padece esos dolores y afronta los espantos de sus personajes como un verdadero guerrero en medio de la fronda. Ese conocimiento ha terminado cuajando en esta sinfonía: Voces que cantan. Voces que narran. Hombre y mujeres que cuentan sus dramas. Lloran y gritan. Maldicen y ruegan. Y por encima de todos ellos, el dios creador de ese canto coral. En su entramado se concentra genialidad y talento innegables. Estamos ante una obra totalizadora, ante un discurrir épico escrita con la incorporación de un castellano andino rico en representaciones, plena de imágenes y broncas metáforas utilizadas según las necesidades de la historia. El discurso es denso y la estructura no es lineal porque Omar Aramayo utiliza vasos comunicantes que ligan historias hundidas en los pliegues más profundos del mundo andino, fracciones de la historia en general.

Lo digo sin ninguna duda. No sólo estamos ante la prosa de uno de los narradores más brillantes y profundos de nuestra historia de las letras, sino también ante un hondo pensador cuyas ideas, estoy seguro, fueron formándose al calor de sus plurales y muy diversas experiencias vitales en los escenarios de este magnífico fresco del mundo andino. La poesía y la metafísica, el impulso hacia la creación y hacia el conocimiento sistemático, son como respuestas alternas e inseparables a las presiones de la experiencia.

JORGE NÁJAR

París, febrero del 2020.

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