LITERATURA y CINE. Larga y fecunda complicidad

mayo 15, 2018 en 3:38 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos | Deja un comentario
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Desde que el cine dejó  de ser sólo registro repetido de escenas  de la cotidianidad, Cine y Literatura caminan juntos. Se trata de un influjo de doble vía. Ahí está la presencia del cine en el realismo literario del siglo XX  con el movimiento de las imágenes, las posibilidades de la edición en las elipsis y resúmenes de la prosa artística  donde  las trasposiciones de tiempo y los juegos de perspectiva del narrador, entre otros recursos, se convirtieron en características de la narración.

Son  innumerables las obras que contienen referencias directas e innumerables guiños que nos colocan frente a las preferencias cinematográficas de poetas y narradores. Y es que desde la primera proyección cinematográfica nada fue igual en el mundo. Y la literatura no podía permanecer ajena a este sacudimiento. Lo que sigue es un  rápido repaso es cuánto le debe el cine a su cómplice más persistente: la literatura.

De otro lado, sin ella, sin las historias nacidas en la literatura, el cine hubiera carecido de algunas de sus más brillantes concreciones  desde los primeros años de su expansión.  Así tenemos la novelística de Julio Verne dando forma a las ideas de Melies en los albores del cine, con Dos mil leguas bajo el mar Viaje a la Luna, por ejemplo. Igualmente,   Quo Vadis (basada en la obra de Sienkiewicz, publicada en 1896) con una primera versión en 1901 de  Ferdinand Zecca, y en la primera década del  XX, en 1913, la versión  dirigida por Enrico Guazzoni. Habría también que señalar que desde los primeros momentos el cine empieza a reproducir algunas historias de La Biblia.

La necesidad de alimentarse de temas y la existencia de una enorme herencia en todas las lenguas de esas observaciones prolijas de la vida que es la literatura ha hecho que una y otra vez, al margen de estilos, naciones y épocas, ésta haya surtido de material inmejorable al cine. En 1901, Walter R. Booth,  recurrirá a Charles Dickens en su Canción de navidad y en 1924, Harry Pollard a M. Twain para dar vida a La cabaña del tío Tom.

Desde fines de la primera década del XX, cuando los argumentos empiezan a repetirse colocando al cine al borde de una crisis, la búsqueda en la literatura se hará aún más consciente. Francia propugna el “film d’arte”, con adaptaciones de Dumas, Zola, Daudet, Balzac o Victor Hugo (como Los miserables, filmada por Capellini).

El fenómeno del cine basado en obras literarias fue extendido. Así en Italia se rueda Los últimos días de Pompeya (basada en la novela del escritor inglés George Bulwer Lytton, publicada en 1834). Y La dama de las Camelias (1937) El conde de Montecristo de Frank Boggs (de la mano de Dumas) estarán entre las primeras obras rodadas en un modesto lugar de los Ángeles, llamado Hollywood.

El teatro también aporta lo suyo, muchas veces con el préstamo de actores y actrices, tal es el caso de la formidable Sara Bernhardt, que bajo la dirección de Adolph Zukor da vida a Isabel, reina de Inglaterra (1912) basada en la novela Emilie Moreau, calificada de obra mediocre y sin embargo, un éxito de taquilla.

Con el fin de la Primera Guerra nace una nueva manera de concebir el arte en general: Dadaísmo y sus experimentaciones; De Chirico y la pintura metafísica; los caligramas de Apollinaire, los collages de Max Ernst y la literatura de Joyce, Proust o Kafka, etc. Se observa, además, el surgimiento del expresionismo. Concepción que no es exclusiva de la literatura pero que logra en la novela, la poesía y el teatro notables realizaciones.

En este contexto se produce el expresionismo alemán con obras como El gabinete del doctor Caligari (1919) de R. Wiene quien adaptará también a Dostoyeski en Raskolnikoff (1921). En el mismo año Friedrich Murnau con Nosferatu, el vampiro basada en la novela de Bram Stoker (Drácula, 1897) inicia la saga de vampiros en el cine, reactualizada en 1992 por Coppola y su Bram Stoker’s Drácula.

En el cine soviético de entreguerras encontramos a Pudevkin y su versión de La madre (1926) de M. Gorki.

A lo largo del siglo XX  la lista se hace interminable. Lo que el viento se llevó (1939) de Víctor Fleming se basa en la novela de Margaret Mitchell.   Entre los autores clásicos, Shakespeare será un filón inagotable: Julio César de Mankiewicz (1953), Hamlet (1948) dirigida por J. Houston, Macbeth del mismo año será filmada por Orson Wells , el mismo que rendirá culto a la literatura también con Othelo (1951), El proceso (1962) que recrea la novela de Kafka. Un tranvía llamado deseo (1951) de Vicente Minelli se basa en la obra del mismo nombre de T. Williams. Mankiewicz con El americano tranquilo de Graham Greene, 1958 y De repente en el verano, de 1959, continúa adaptando la literatura al cine. Los miserables de Víctor Hugo, continuó  dando origen  varias películas, entre las primeras, está también la de Raymond Bernard de 1934.

En 1959, Vidor lleva a la pantalla La guerra y la paz de Tolstoi, y Ben Hur de Wallace es una adaptación del libro de William Wyller. De aquí a la eternidad (1953) será la versión de Fred Zinnemann a la novela de James Jones.

El neorrealismo italiano también le debe a la literatura obras memorables, baste citar Ladrón de bicicletas (1948) de De Sica, novela de Luigi Bartolini. En la década de los sesenta, Visconti dará vida al El gatopardo de G. T. De Lampedusa y Muerte en Venecia de Tomas Mann (con la inolvidable banda sonora, homenaje a Mahler).
Hitchcock se apoya en la obra de Robert Block para su Psicosis (1960) y Stanley Kubrich en Espartaco recrea la novela de Howard Fast.

Igualmente, Días de vino y rosas filmada en 1963 toma el tema de Desayuno con diamantes, novela de Truman Capote. Pier Paolo Pasolini rendirá homenaje a Boccaccio con Decameron Teorema será no sólo una obra cinematográfica sino también una novela de su autoría.

Como se ve, la segunda mitad del siglo no fue  menos pródiga al mostrar esta fecunda confabulación de ficciones, verdad de las mentiras, como dice Mario Vargas Llosa, en las que “bulle una inconformidad, late un deseo” y nos atrapan porque “casi todos quisieran una vida distinta de la que viven”.

Lolita, de Navokov será adaptada por Adrián Lyne en 1962; El doctor Zhivago de Boris Pasternak, llevada al cine por David Lean en 1965; La naranja mecánica, basada en la obra homónima de Anthony Burgess, es llevada al cine en 1971 por Stanley Kubrick;   El padrino de Mario Puzo, adaptada por Francis Ford Coppola en 1972; El exorcista de Peter Blatty, en 1973 es dirigida por William Friedkin. El nombre de la rosa de Umberto Eco, por Jacques Annaud en 1986; en el año 1993,  Steven Spielberg filma  La lista de Schindler, basada en la novela El arca de Schindler, del escritor Thomas Keneally.

La lista es larga en lo que va del siglo XXI. Por ejemplo, El código Da Vinci es la versión cinematográfica de Ron Howard,  en el 2006, de la novela de Dan Brown.  Brooklyn, del 2015 está basada en la novela del periodista y narrador irlandés Colm Toibín.  Cincuenta  sombras de Grey  basada en una novela de E.L. James, seudónimo de Erika Leonard Mirtchell, es llevada al cine por la realizadora Sam Taylord-Wood en 2015.

UNA INTERMINABLE COMPLICIDAD

No sólo en la elección y disposición de elementos narrativos se percibe la huella poderosa del cine en la literatura, sino también en los componentes del mundo creado:  personajes, locaciones, diálogos intertextuales, cambios en la ubicación del narrador o presencia del narrador múltiple y planos detalle, etc. De otro lado,  la persistente entrega de temas e historias tomadas de la literatura enriqueciendo  el arte cinematográfico, dan persistente cuenta de una interminable complicidad.

 

Referencias, entre otras:

Casetti, Francesco. (1994)  Teorías del cine 1945-1990. Madrid, Cátedra,
Vargas Llosa. (1990) La verdad de las mentiras. Lima, Peisa,
Varios. (1995) Historia del cine. 1895 – 1995 tt. 5 Madrid, Euroliber S.A.

 

ESTA ES UNA VERSIÓN ACTUALIZADA Y AMPLIADA DE UNA ENTRADA  PUBLICADA EL 15 DE SETIEMBRE DE 2006, LA MISMA QUE  REITERABA UNA VERSIÓN IMPRESA, REGISTRADA EN LA BUTACA SANMARQUINA© UNMSM. Cine Arte del Centro Cultural de San Marcos ISSN versión impresa: 1810-830X Nº 11, 2002

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SARA MARÍA LARRABURE por DALÍ Y NUEVOS HALLAZGOS EN LA INVESTIGACIÓN DEL DOCTOR ROBERTO FLORES GUEVARA

mayo 4, 2018 en 1:10 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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Sin duda un privilegio contar con la amistad de personas tan rigurosas como sensibles, tal es el caso de un dilecto amigo, el doctor Roberto Flores Guevara, médico sanmarquino investigador del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia, especialista en el estudio del desarrollo neuropsicológico del niño y el  recién nacido en la Unidad de Reanimación Neonatal del Hospital de Port-Royal, de París.  Humanista, también abierto a los temas artísticos y culturales como queda expresado en las líneas que siguen.

¿Qué relación tiene  este connotado científico con la narradora peruana Sara María Larrabure?

Explico: Con ocasión de mi presentación en el Café Literario realizado en París por el CECUPE, en los primeros días de febrero del presente año, en algún momento, refiriéndome a la narrativa peruana mencioné el nombre de esta escritora y algunas circunstancias de mi acercamiento a su obra. Ahí se encontraba este amigo y quedó impresionado por lo expuesto. Meses después me ha hecho llegar sus indagaciones a la manera de dos comentarios (fechados 25 y 30 de abril)  que por su importancia y el  interés que revisten, por alcanzar datos biográficos hasta hoy inéditos,  ahora trascribo literalmente con un profundo agradecimiento por la acuciosidad desplegada y la gentileza de su entrega.

Retrato de Sara María Larrabure. Salvador Dalí (1904-1989)
http://www.christies.com/lotfinder/LotDetailsPrintable.aspx?intObjectID=5580473

COMUNICACIÓN FECHADA EL  25 DE ABRIL DE 2018

Sonia Luz,
Tal como conversáramos durante tu visita a Paris, aquí te envío el producto de mis investigaciones sobre el cuadro que figura en el artículo “Sara María Larrabure, narradora peruana de los años 50′ ” (https://hablasonialuz.wordpress.com/2007/03/06/sara-maria-larrabure-narradora-peruana-de-los-anos-50/) de tu blog.
En el Catálogo Razonado de Pinturas de Salvador Dalí figura el “Retrato de Sara María Larrabure” con el número 1153 (https://www.salvador-dali.org/es/obra/catalogo-razonado/1952-1964/1153/retrato-de-sara-maria-larrabure). Allí se indica que es un óleo sobre tela, de 85.4 x 60 cm, pintado en 1963.

Lo más interesante es que se indica que después de haber pertenecido a Ramón Aspíllaga, pasó a sus herederos y que luego fue subastado una primera vez en la casa Sotheby’s, de New York, el 6 de Mayo del 2010. Habiendo ingresado en una colección privada europea, fue subastado una segunda vez por la Casa Christie’s de Londres el 21 de Junio del 2012.

Hasta allí, la información proporcionada por el Catálogo de las obras de Dalí.
Esto quiere decir que el retrato habría sido pintado a partir de una foto, probablemente a pedido de uno de sus familiares, puesto que Sara María Larrabure falleció en 1961?  Ramón Aspíllaga fue su esposo.
Deseando saber algo más, seguí las huellas del cuadro en los portales de Internet que se ocupan de las subastas artísticas. Así encontré, en el portal Artvalue.com, los datos siguientes:

– El “Retrato de Sara María Larrabure” fue “subastado en Sotheby’s” con un precio de base estimado entre 250 000 USD – 350 000 USD. ((http://www.artvalue.fr/auctionresult–dali-salvador-1904-1989-espagn-portrait-of-sara-maria-larrabu-2629937.htm)
– Apenas dos años después, el 21 de junio del 2012, cuando fue subastado en la casa Christie’s, el cuadro ya valía entre 200 000 GBP – 300 000 GBP, es decir entre 276 000 USD – 415 000 USD. (http://www.artvalue.fr/auctionresult–dali-salvador-1904-1989-espagn-portrait-de-sara-maria-larrabu-3340732.htm)

Es indudable que el coleccionista europeo que lo compró en Nueva York no era un amante de las artes ni un admirador de Dalí, sino un vulgar inversionista que invirtió en ese cuadro esperando ganar un poco de plata.
Desgraciadamente, no he logrado saber el precio exacto que fue pagado por ese cuadro en ambas subastas.
Lo que sí está claro es que el “patriotismo” de los Aspíllaga no daba para tanto y que en lugar de cederlo o depositarlo en el Museo de Arte de Lima, prefirieron venderlo en Nueva York. Seguramente que estaban pasando por un momento “difícil”, pero no creo que haya sido tan difícil como los momentos que los Aspíllaga hacían pasar a sus obreros de los fundos azucareros que durante tanto tiempo explotaron.
Es lamentable que este retrato de Sara María Larrabure, una escritora cuyo trabajo está en plena revaluación, termine lejos de su país.
Dr Roberto FLORES GUEVARA, 25 abril 2018.

COMUNICACIÓN FECHADA EL 30 DE ABRIL DE 2018

Hola Sonia Luz,
Tu paso por Paris, me ha llevado a interesarme por la vida de Sara María Larrabure (SML), una escritora que yo no conocía antes del Café Literario en el que participaste aquí en Febrero pasado.
Hace unos días descubrí que SML nació en Paris el 17 de Febrero de 1921! He confirmado este punto indagando en los archivos del Registro Civil parisino. En su Partida de nacimiento se dice que nació en el número 19 de la Avenida Kleber, Paris-16; que fue inscrita como “Sara, María, Julia, Eugenia, LARRABURE”, y que fue hija “de Luis LARRABURE, de 38 años, diplomático; y de Sara LOREDO, de 26 años, sin profesión, su esposa”.

En varios portales de genealogía he encontrado información contradictoria. El año de su muerte a veces es 1961, otras veces 1962… incluso he visto una vez que se dice que falleció a los 44 años!
Se dice que se casó el 17 de Febrero de 1939 – día en el que cumplía 18 años – con un tal Enrique Montero Muelle, con el cual tuvo dos hijas (otro portal habla de un descendiente sin dar el nombre).
Finalmente, más allá se dice que estuvo casada, “entre 1942 y 1953”, con Ramón Aspíllaga, nacido en 1897.
Es todo lo que he podido obtener por el momento. Pienso que la mayor parte de la información biográfica podría ser obtenida en el Perú.
Un abrazo.
RFG

MIL GRACIAS, AMIGO, por estas informaciones que ayudarán a los lectores de una gran narradora peruana que merece mucha más atención.

Doctores Roberto Flores Guevara e Yram La Torre Ascencios con Sonia Luz Carrillo y Ricardo Falla Barreda. París, febrero 2018

Hace un tiempo, en el año 2007, publiqué esta nota acerca de la autora, cuya obra presenté en un Congreso realizado en Lima en el  2006:

SARA MARÍA LARRABURE,  ESCRITURA DE MUJER EN
LA NARRATIVA DE LOS AÑOS 50′

En la narrativa peruana de los años cincuenta la obra de Sara María Larrabure (Lima 1921- 1961) destella por el equilibrio de la exposición de un perturbador mundo interior y el conocimiento precoz, para la prosa de aquellos días,  de las técnicas de narrar que  revolucionaron el cuento y la novela.

Coetánea de Carlos Eduardo Zavaleta, Julio Ramón Ribeyro, Eleodoro Vargas Vicuña, Enrique Congrais y Mario Vargas Llosa, en 1947  ganó con un ensayo un premio en los Juegos Florales Sanmarquinos.

En 1949 publicó su única novela Rioancho y en 1957 su colección de cuentos La escoba en el escotillón.   En las líneas que siguen abordo diversos aspectos del cuento  “Peligro”, texto que pone de manifiesto su diestra manera de narrar  capaz de crear atmósferas tensas y sugestivas.

Personalmente, llegué a Sara María Larrabure durante una clase de literatura en la que el narrador Carlos Eduardo Zavaleta exponía  la narrativa de los años 50’ y ante mi pregunta  si no había alguna mujer. Respondió. “Sí, había una, muy buena: Sara María Larrabure”.  Recordó luego su belleza física.

Lo mismo ocurrió cuando  pedí información a un poeta  que la había conocido. Coincidieron narrador y poeta  Poco  después, en un artículo  el narrador la describe “Mujer delgada, culta y elegante, de altas piernas, rostro pálido y pelo rubio injustamente extranjero”  y añade “en verdad una de las figuras iniciales de esa generación” (Zavaleta 1997).

En un breve párrafo de un Diccionario (Milla Batres t. VI, 1994: 60) encontré luego que había nacido en Lima en 1921, fundado la revista Centauro y que su obra narrativa se caracterizó “por la flexibilidad del estilo y una veracidad poco común en el ambiente limeño de su época”.
https://hablasonialuz.wordpress.com/2007/02/28/mujeres-que-escriben-en-america-latina/

También ver:
https://hablasonialuz.wordpress.com/2008/09/17/sara-maria-larrabure-el-rostro-de-una-gran-narradora-peruana/

https://hablasonialuz.wordpress.com/2007/03/06/sara-maria-larrabure-narradora-peruana-de-los-anos-50/

 

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