SUICIDIOS, LINCHAMIENTOS Y EL DESAGRADO DESDE DENTRO

enero 31, 2007 en 8:05 am | Publicado en Comentarios diversos | 1 comentario

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En el año 2006, 367 personas entre adultos, jóvenes y niños, se suicidaron en el Perú.  Y en lo que va del año ya se han registrado más de 40 casos en todo el país, según ha informado el psicólogo  Manuel Saravia, director del Instituto Guestalt de Lima (IGL).
Por otro lado,  recientes linchamientos hacen recordar que durante el 2004,  se registraron en el Perú 1,993  de estos hechos de los cuales 18 terminaron con la vida de los ajusticiados. Algunos de ellos, como en el caso del alcalde de Ilave (localidad  altiplánica al sur del Perú) resultaron inocentes de los delitos que se les imputaba. Ante estos casos se habla de malestar, ausencia del estado, penas benignas ante los delitos, corrupción de autoridades etc. Hay mucho de eso todos los días. Y hay irritación por la impunidad  frente a las fechorías cometidas por quienes debieran proteger a los ciudadanos. 

En este contexto, el hacerse justicia  “por las propias manos” y el aumento de suicidios  puede tener más de un vínculo. Pueden ser las manifestaciones de un profundo malestar, la desesperada  manera de acabar  con situaciones insostenibles.  

Aunque estos fenómenos ni son recientes ni localizados, es evidente que en el país se dan en un contexto de desvalorización de la vida, cicatriz  de la violencia terrorista aún no curada y las prácticas de la dictadura sufrida. A lo que se suma, evidentemente,  desasosiego y depresión individuales.   

Revertir la situación y hacer menos salvaje la vida cotidiana necesita de la intervención de cada uno. Y los medios de comunicación tienen un papel importante en este campo. Para el sistema “mediático” el mundo acontece como escándalo y catástrofe. Se repite que “eso vende” pero no creo que sea mucho pedir más cuidado y responsabilidad para informar sobre estos casos. Menos repeticiones, menos espectáculo. 

A inicios del siglo pasado,  Freud  advirtió la posibilidad  de que al igual que los sujetos las culturas o las épocas culturales podrían tornarse ‘neuróticas’  bajo las presiones.  (Freud, 1930).   

Baudrillard (1997) expone su crítica al sistema mediático y las repercusiones de sus rutinas y dice que “a fuerza de proezas técnicas hemos alcanzado un exceso de realidad que nos deja más  ansiosos y desconcertados que el defecto o la falta de realidad (porque) para el exceso de realidad no existe compensación ni alternativa solo una hiperreacción”.

Esta hiperreacción  frente a la insoportable cotidianidad  conduce a “un enervamiento alérgico sin objeto definido, una horripilación profusa y difusa”  a la vez que a una “desafección profunda, una indiferencia contrariada, o una desvitalización (ante) un mundo que produce un desagrado desde dentro”.   

Referencias: Baudrillard, Jean. El crimen perfecto. Barcelona: Anagrama,1997 Freud. S. Obras Completas. Tomo 17, CLVIII, Buenos Aires. Ed. Orbis, 1988. Sobre el tema: 250 suicidios      

Derecho al mar en las playas del sur de Lima

enero 28, 2007 en 10:32 pm | Publicado en Comentarios diversos | Deja un comentario

   Aunque alguien especialmente zahorí  me hace notar el carácter  mediático en que puede quedar (espectáculo de un día y punto) el asunto  de  gente vestida de empleadas y empleados domésticos metiéndose al  mar “sin permiso”  de  “los señores” en horas impropias, es decir, cuando el calor arrecia, personalmente me parece  útil y hasta divertido. No puedo evitar imaginarme algunos rostros pero me produce ternura imaginar  la buena enseñanza que sobre todo algunos niños y niñas puedan obtener: Que el cielo, la arena, el aire, el mar es propiedad de todos los hijos de este planeta  y que el trabajo  que se desempeñe tiene que considerar y respetar las necesidades de los que lo ejercen. 

Recuerdo el comentario de un amigo periodista alemán a quien pregunté  (hace unos años,  toda ingenua yo,  limeña orgullosa de las joyas de su ciudad)  qué era lo que más lo había impresionado en sus primeros días. Era  verano y su  primera visita. Rápidamente me respondió que la obscena distancia social en algunos ambientes y me citó – mortificado- lo observado en una exclusiva playa a la que había sido gentilmente llevado por algún amigo. Sus convicciones de sujeto moderno reñían con esa exhibición de personas incómodamente uniformadas (¡llevaban medias!, me comentó), atendiendo las correrías de los niños y las necesidades de los mayores  y con la prohibición de refrescarse en mar.  

Que las personas sin otra calificación necesitan trabajar en el servios doméstico, es cierto; que otras requieren  de sus servicios, también. Lo que no puede mantenerse inamovible es la absurda pretensión de que, durante el horario de labores, los cuerpos de las personas no tienen necesidades. No padecen cansancio, no experimenta el mismo calor, sed, hambre, etc.,  

Ojalá sirva la jornada para que los empleadores empiecen a mirar a sus colaboradores más cercanos como humanos, trabajadores con obligaciones pero también con derechos,  y no ocasionen a otro lo que no quisieran para sí. 

Sobre el Valor de la Vida. LOS ESTATUTOS DE THIAGO DE MELLO

enero 25, 2007 en 8:50 am | Publicado en Comentarios diversos | 3 comentarios

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“El hombre es una caña, la más débil de todas, pero una caña que  piensa.”                                                                                        Blas Pascal      

 LOS ESTATUTOS DEL HOMBRE      

 
Thiago de Mello – Traducción de Pablo Neruda  
Artículo 1
Queda decretado que ahora vale la vida, que ahora vale la verdad, y que de manos dadas trabajaremos todos por la vida verdadera
  
 

Artículo 2
Queda decretado que todos los días de la semana, inclusive los martes más grises, tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

 Artículo 3
Queda decretado que, a partir de este instante, habrá girasoles en todas las ventanas, que los girasoles tendrán derecho a abrirse dentro de la sombra; y que las ventanas deben permanecer el día entero abiertas para el verde donde crece la esperanza. 
  

 

Artículo 4
Queda decretado que el hombre no precisará nunca más dudar del hombre.  Que el hombre confiará en el hombre como la palmera confía en el viento, como el viento confía en el aire, como el aire confía en el campo azul del cielo.  Parágrafo: El hombre confiará en el hombre como un niño confía en otro niño.

 

Artículo 5
Queda decretado que los hombres están libres del yugo de la mentira.  Nunca más será preciso usar la coraza del silencio ni la armadura de las palabras.  A partir de este instante, el hombre se sentará a la mesa con la mirada limpia, porque la verdad pasará a ser servida antes del postre.

 

Artículo 6
Queda establecida, durante diez siglos, la práctica soñada del profeta Isaías, el lobo y el cordero pastarán juntos y la comida de ambos tendrá el mismo gusto a aurora.

Artículo 7
Por decreto irrevocable queda establecido el reinado permanente de la justicia y de la claridad.  Y la alegría será una bandera generosa para siempre enarbolada en el corazón del pueblo.

 Artículo 8
Queda decretado que el mayor dolor siempre fue y será siempre no poder dar amor a quien se ama, sabiendo que es el agua quien da a la planta el milagro de la flor.

 

Artículo 9
Queda permitido que el pan de cada día tenga en el hombre la señal de su sudor.  Pero; que sobre todo tenga siempre el caliente sabor de la ternura.

 Artículo 10
Queda permitido a cualquier persona a cualquier hora de la vida el uso del traje blanco
.

 Artículo 11
Queda decretado, por definición, que el hombre es un animal que ama, y que por eso es bello, mucho más bello que la estrella de la mañana.   

 Artículo 12
Decretase que nada estará obligado ni prohibido.  Todo será permitido.  Inclusive jugar con los rinocerontes, y caminar por las tardes con una inmensa begonia en la solapa.

Parágrafo:
Sólo una cosa queda prohibida: amar sin amor.
 
Artículo 13
Queda decretado que el dinero no podrá nunca más comprar el sol de las mañanas venideras.  Expulsado del gran baúl del miedo, el dinero se transformará en una espada fraternal, para defender el derecho de cantar y la fiesta del día que llegó. 
 

Artículo Final
Queda prohibido el uso de la palabra libertad, la cual será suprimida de los diccionarios y del pantano engañoso de las bocas.  A partir de este instante, la libertad será algo vivo y transparente, como un fuego o un río, o como la semilla del trigo y su morada será siempre el corazón del hombre.   

 

 

EN LA VOZ DEL POETA!
 

LIMA (DE MEDIADOS DE SIGLO XX) Y SUS HABITANTES, EN TRES CUENTOS DE JULIO RAMÓN RIBEYRO.

enero 15, 2007 en 6:22 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Creación | Deja un comentario

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Los acercamientos a la  narrativa de Julio Ramón Ribeyro concluyen frecuentemente  con el elogio de su  capacidad de comunicar fenómenos sociales desde una visión marcadamente individual. En las líneas que siguen, y a propósito del  Día de Lima, creo útil la relectura de tres cuentos en los que el mundo representado se sitúa en la capital peruana, a mediados de los años cincuenta, en los que es posible percibir los efectos de la modernización incompleta de las sociedades tradicionales en el comportamiento individual.    La ciudad no es sólo una realidad territorial sino primordialmente un espacio cultural e imaginado por eso  es importante observar la forma como  las representaciones  la han ido conformando. 

 

 “Dirección equivocada”, 1957, “Una aventura nocturna”, 1958 y “De color modesto”, 1961, fueron escritos en momentos en que se consolidaba la narrativa urbana peruana y  publicados, en 1964, en Las botellas y los hombres.  En ellos se evidencia la renovación experimentada por la narrativa a partir del segundo lustro  de los años cuarenta, momento en el que se empieza a manifestar literariamente, de un lado, las circunstancias propias del crecimiento urbano  con la complejidad que esto trae a la vida social y cotidiana,  y de otro, la experiencia de escritores en frecuente contacto con obras y autores  europeos y norteamericanos.    La historia y la trama en cada uno de los cuentos: 

En  “Dirección equivocada”  Ramón, empleado de un despacho de abogados, se desplaza desde  su oficina en el centro de Lima  al distrito de Lince a fin de ubicar a un “deudor contumaz”, a quien se le iniciará un juicio para el correspondiente embargo. Cuando parece que ha fracasado en su intento, un niño le da la clave para llegar a la dirección buscada. Una vez ahí, ante el rostro de la mujer del deudor, un sentimiento inexplicado lo impulsa a mentir sobre el propósito de su visita. Al retirarse coloca en el expediente la frase que da título al relato. Con ello libra a la familia del embargo. La trama en “Dirección equivocada” es muy sencilla y difiere muy poco del orden de la historia. En ella, sin embargo, es posible reconocer tres instancias. La primera, desde la salida de Ramón de la oficina, sus cavilaciones en torno al cambio que va experimentando la ciudad, la demolición de las viejas casas, mientras “se levantaban altivos edificios impersonales, iguales a los que había en cien ciudades del mundo.” Reflexiones “que no tienen nada que ver con el oficio de Ramón” dice el narrador, evidenciando muy pronto la falta de identificación  del protagonista con su tarea. Esta primera parte termina cuando Ramón llega al distrito limeño de Lince “y se sintió deprimido”, como siempre que visita esos nuevos barrios, en los que se siente ajeno.  En la segunda parte,  Ramón interroga a varios vecinos del lugar y ante sus negativas piensa en una vasta conspiración para ocultar al moroso. Finalmente, un niño, hijo del deudor, inocentemente lo conduce hasta su hogar, y mientras lo hace, le va brindando una serie de informaciones decisivas para el desenvolvimiento del cuento. Aquí es importante la irrupción del azar  y el hecho que sea un niño el único que dice la verdad que había sido negada por los adultos. La parte final  narra la llegada de Ramón ante la puerta del deudor, sin embargo, “mientras esperaba  recordó las recomendaciones de su jefe: nada de amenazas, cortesía señorial… Todo esto para no intimidar al deudor, regresar con la dirección exacta y poder iniciar el juicio y el embargo.” Ante el llamado una mujer abre una pequeña ventana que enmarca su rostro. El encuentro con la mirada angustiada de la mujer  turba al protagonista  y   miente diciendo que es un vendedor de radios. La mujer cierra violentamente la ventana. Ramón se retira del lugar y decide librarlos de la deuda al escribir en el expediente: “Dirección equivocada.” Al final, justifica su acción y se dice a sí mismo que “no procedía así por justicia, ni siquiera por esa virtud sospechosa que se llama caridad, sino simplemente porque aquella mujer era un poco bonita.”  

 

 

En “Una aventura nocturna”, Arístides, un solterón solitario, “una noche, desertando de sus lugares preferidos, se echó a caminar sin rumbo por las calles de Miraflores”.Al pasar delante de un café, la visión de una mujer lo anima a ingresar y entablar una conversación. Arístides  cree percibir  insinuaciones de mayor intimidad. Al final de un grotesco aprovechamiento de parte de la mujer, Arístides se ve burlado. La mujer cierra la puerta cuando él  se disponía a ingresar.  La trama de este cuento se inicia con la presentación del personaje Arístides.  Destaca aquí la caracterización basada en atributos sociales y económicos, unidos a unos cuantos rasgos de  descripción: “A los cuarenta años, Arístides podía considerarse con toda razón como un hombre ‘excluido del festín de la vida’. No tenía esposa ni querida, trabajaba en los sótanos del municipio anotando partidas del Registro Civil y vivía en un departamento minúsculo de la avenida Larco, lleno de ropa sucia, muebles averiados y de fotografías de artistas prendidas a la pared con alfileres”.. Significativa es la forma cómo se percibe frente a los otros, sus “viejos amigos ahora casados y prósperos”, que lo evitan o le hacen sentir “cierta dosis de repugnancia” cuando se ven obligados  a saludarlo.  En la segunda parte, el protagonista se desplaza a un territorio que no es el habitual. Aquí destaca  las referencias a las calles del distrito limeño de Miraflores. En una  “urbanización desconocida, donde comenzaban a levantarse los primeros edificios  de departamentos del balneario”, encuentra un café  “cuya enorme terraza llena de mesitas” se hallaba desierta. El protagonista  experimenta un conjunto de sentimientos al observar a una “mujer gorda, con pieles, que fumaba un cigarrillo y leía distraídamente un periódico”, y venciendo su timidez se anima a entrar al percibir que la mujer  lo mira “con una expresión de moderada complacencia”.  En lo que podría llamarse una tercera parte, encontramos a  Arístides ocupando una mesa  “observando una mosca desalada que se arrastraba con pena hacia el abismo”, imagen cuya  clave sólo al final se nos revelará. Se entabla un diálogo con la mujer  e incluso bailan un par de piezas. Arístides es feliz “hubiera pagado su consumo para salir a la carrera, coger al primer transeúnte y contarle esa maravillosa historia”. El tiempo narrado es de poco más de una hora al cabo de la cual la mujer  anuncia que se retira a dormir, “Me quedo- dijo Arístides, con un tono imperioso, que lo sorprendió”. A lo que la mujer, sin mayor convicción asiente pero le impone una  tarea. Lo que viene luego es el relato de Arístides  guardando gran cantidad de mesas “que  eran de hierro y pesaban  como caballos”, mientras la mujer  “lo miraba trabajar con expresión amorosa”. Al final,  ésta le pide que guarde un gran macetero que se encontraba tras la mampara, cuando Arístides se acerca  a la puerta, la mujer con expresión burlona la cierra. El protagonista queda con: “la sensación de una vergüenza atroz, como si un perro lo hubiera orinado”.  

 

 

En  “De color modesto”, Alfredo,  un joven pintor, llega a una fiesta acompañando a su hermana y desde el primer momento intenta, mediante la bebida,  darse valor para enfrentar un mundo del que es ajeno. Pese a sus intentos por integrarse a los grupos, se ve cada vez más  excluido, entonces ingresa a la cocina e invita a bailar a una joven negra. Descubiertos, son arrojados de la casa. Una vez en la calle, una patrulla policial  los acusa  de estar cometiendo “un delito contra las buenas costumbres”. Castigado a pasear por el Parque Salazar de “inclemente iluminación”, el coraje mostrado momentos antes en los que, incluso, dijo ser novio de la negra, se desvanece. Alfredo miente a la joven y la abandona.  La trama se inicia señalando que “Lo primero que hizo Alfredo al entrar en la fiesta fue ir directamente al bar. Esta frase remarca la  timidez del protagonista. La primera parte del cuento presenta los esfuerzos del personaje por integrarse a la fiesta y los sucesivos rechazos mediante los cuales se ve las características de los otros, sus prejuicios sociales y económicos. A medida que se va sintiendo cada vez más al margen de la situación, Alfredo se embriaga.  En una segunda instancia lo vemos decidido a bailar luego de haber exhibido “descaradamente el espectáculo de su soledad”;  ingresa a la cocina  e invitar a bailar a una joven negra quien, luego de algunas dudas, acepta. Más adelante, en actitud provocadora, Alfredo la conduce a un jardín donde son descubiertos por los invitados. El dueño de casa los arroja. En  la tercera parte, insiste en la actitud  desafiante al pasear con la joven negra; al llegar  al malecón, Alfredo va contento “con la seguridad del hombre que reconduce  a su hembra”. Es ahí donde se produce el encuentro con la policía, detenidos  y acusados de “delito contra las buenas costumbres”. Los policías se refieren a la joven  eufemísticamente como “de color modesto”. Alfredo alega, ante la incredulidad de los policías, que la negra es su novia. La sanción que les imponen es pasear por el Parque Salazar de Miraflores donde estarán expuestos a las miradas de los paseantes. Alfredo, a quien la borrachera ya se le ha esfumado, “Vio las primeras caras de las lindas muchachas miraflorinas, las chompas elegantes de los apuestos muchachos, los carros de las tías, todo ese mundo despreocupado, bullanguero, triunfante, irresponsable y despótico calificador. Y como si se internara en un mar embravecido, todo su coraje se desvaneció de  golpe.” El temor al qué dirán vence al protagonista y abandona a la negra en el malecón con la excusa de que  irá a comprar cigarros, ella no le cree  y se aleja  “cabizbaja, acariciando con su mano el borde áspero del parapeto”.   

Una  postura  frente  a  la  modernización  incompleta

La representación de la ciudad en estos cuentos compromete una postura frente a la modernización incipiente. En primer lugar, los personajes son individuos vulnerables, contrarían el discurso de la modernidad y su promesa de identidad. Ramón, de “Dirección equivocada”, es un cobrador en tímida oposición a las reglas de juego que el entorno espera de él: agresividad, sagacidad para las negociaciones, aplicación de la razón instrumental, voluntad ganadora, etc. Arístides, de “Una aventura nocturna”, es un excluido del sistema que privilegia el éxito  basado en la posesión de bienes. Alfredo, protagonista en  “De color modesto”, artista sin éxito, teniendo la posibilidad, por etnia y clase, de gozar de una situación de privilegio es excluido por razones económicas. Cuando tímidamente intenta desafiar las normas enarbolando los valores de igualdad, fraternidad, libertad, etc., no sabe ser consecuente en la práctica. Cede al peso de lo establecido. Los elementos narrativos exponen  una postura  crítica a los defectos de la modernidad incumplida, que condiciona la estructura simbólica y los recursos técnicos.  En primer lugar, se observa el peso del concepto moderno de sujeto individual que comporta las nociones de autonomía, razón, libre ejercicio de la voluntad y la autocreación. En el arte implica elección de temas,  estilos, técnicas con  énfasis en la producción de una literatura de lo personal.[1] La literatura registra esta tensión enfatizando  el discurso de la subjetividad.   Así al analizar los textos observamos que la ciudad y los habitantes representados, expresan lo que ocurre  a partir de los últimos años de los  cuarenta e inicios de los cincuenta en la capital peruana.[2] El ingreso de formas de vida propias de la modernidad occidental trae nuevos problemas que concitan la atención de los escritores. Fenómeno que, por lo demás, se produce en todas las grandes ciudades de América Latina.[3]

En “Dirección equivocada” encontramos la pérdida de dignidad del espacio físico de perfiles identificatorios (el narrador dirá: “Lima, la adorable Lima”) frente a los nuevos espacios (“altivos edificios impersonales” y barrios “sin historia”) como escenario de encuentros – y desencuentros – de seres tímidos, marcados por la desolación, las premuras económicas y la debilidad moral. La incomunicación  y la mentira así como la incertidumbre sobre el carácter de las acciones enfatizan  una postura de extrañamiento.

En “Una aventura nocturna” destaca la preocupación por  la distancia social y sus efectos en la psicología de los “excluidos del festín de la vida” a quienes los mecanismos subjetivos (una autoestima lacerada, por ejemplo) son los que conducen  a la frustración  de los objetivos.

En “De color modesto” se subraya la persistencia de viejos moldes de conducta en colisión con conceptos como el de la autonomía y el respeto a la dignidad de las personas. La distancia social se basa no  sólo en las diferencias económicas sino en los prejuicios de casta y étnia. Al tomar una decisión, el peso del “qué dirán” será más poderoso que las nociones modernas proclamadas en los actos de habla. En los tres casos el tema de la alteridad  se expresa en la mirada ajena, al punto que es determinante para el desarrollo  de las acciones, y para la decisión final del protagonista. De otro lado, los desenlaces muestran la  frustración de los esfuerzos desplegados por los personajes.

Los habitantes de esta ciudad representada tienen en común el  ser extremadamente reflexivos, solitarios, desubicados respecto a su medio social, económico o laboral. Tienen dificultades para relacionarse y actúan con inseguridad, no ejercen su razón y voluntad frente a “los otros.” No están sin embargo, desterrados del todo, la solidaridad o la esperanza. En la ciudad representada converge lo diverso y el espacio físico remarca la fragmentación y la distancia social en un territorio que crece sin desarrollo, caótico y desigual, y que exhibe la otra cara de la modernización. (Higgins).  La ciudad en tránsito a la modernidad se desdibuja en el territorio de la anomia por eso la comunicación aparece cuestionada por diálogos falsos y encubridores que, en ocasiones, ilustran la irracionalidad de relaciones humanas basadas en los atributos del poseer. La libertad para ser,  actuar y relacionarse con naturalidad, es permanentemente obstaculizada por la distancia social y severamente restringida por el color de la piel. Sin embargo, las situaciones de marginalidad y frustración tienen, frecuentemente, como respuesta los rasgos de la apatía, el disimulo o la resignación, cuando no la ironía triste. En los textos de los cuentos elegidos, los individuos sufren el peso de lo ‘socialmente aceptado’-aunque intrínsecamente injusto- y esto impide un desempeño personal autónomo en consonancia con lo que se cree o anhela. Por ello toda actuación corre el riesgo de ser  “combates perdidos” de “oscuros habitantes” de un mundo en el que todavía no se ha cumplido la tarea moderna de la reivindicación del derecho subjetivo individual a desarrollar las propias convicciones y perseguir los intereses autónomamente definidos.  Al no cumplirse esta condición, su actuación está marcada por la debilidad, la falta de convicción y el autoengaño conducen a que sus luchas sean infructuosas. Son personajes mostrados en su baja autoestima, sus culpas y sus prejuicios a través de un discurso que conjuga, una problemática universal a la vez que particular.

La reiteración de temas como la frustración permanente en los individuos representados, su soledad, su marginalidad, apocamiento y fragilidad, hace evidente, sin embargo, una decidida voluntad ética. Un señalamiento profundamente  ético.


[1] En este punto no se puede obviar los antecedentes renacentista y romántico y sus influencias en el mundo occidental. El movimiento Sturn und drang  inicia una manera  de concebir el arte que  insiste en la imaginación como base del quehacer artístico, que es a la vez una  forma especial de conocimiento.  A  la revaloración del artista individual se une  la  noción del arte como expresión, la misma que se enfrenta a la noción clásica de mímesis.

[2] El fin de
la Segunda Guerra permite reanudar el contacto con las fuentes culturales europeas y de otro, la sociedad peruana empezará a vivir una apertura democrática a partir de 1945. La intensificación de la migración cambiará el rostro de las ciudades que se expanden notablemente, a lo que se suma la naciente influencia de Norteamérica en el resto del continente. Obras y autores de otras latitudes son conocidos por los jóvenes escritores de los 50’.

[3] En este punto es oportuno recordar un artículo de Julio Ramón Ribeyro titulado precisamente “Lima, ciudad sin novela”, escrito en 1953 y que, como señala el editor del libro que lo recoge, antecedió en un año a los relatos de Congráis y Salazar Bondy. En: La caza sutil. Lima: Milla Batres, 1976. p.. 15

En caso de usar esta información SE RUEGA CITAR LA FUENTE

Fotografía de la autora,  Palacio Municipal, Plaza Mayor de Lima, 2006

Ver también: Ribeyro y su público

ENCENDIDO TRIUNFAL

enero 10, 2007 en 11:37 pm | Publicado en Creación, MIS POEMAS | 10 comentarios

Encendido  Fin de escena

  Encendido triunfal

eufórico cielo

en el que se recortan

las copas de los árboles

siluetas de amantes

                                  los últimos pájaros 

Mandarina

la tarde

desgajada

 Luego celeste traslúcido

lentamente

                                 convertido en violeta 

Palmeras

álamos

tibios cipreses

se recogen en el alto

lecho oscuro

                                       Se encienden las luces de los postes 

La escena ha terminado. 

MACONDO Y EL PERU EN TIEMPO DE GARCÍA Y SUS CÓLERAS

enero 10, 2007 en 7:01 am | Publicado en Comentarios diversos | Deja un comentario

Ya cansa. Cada vez que uno intenta informarse sobre lo que está ocurriendo en el Perú, tiene que ver y/o  escuchar las peroratas redundantes de García (¡cuatro o cinco sinónimos por adjetivo!) pontificando sobre todo lo humano y divino. ¡Qué  incontinencia verbal ¡  Como si eso no fuera suficiente castigo, desde hace varios días, diarios, emisoras de radio  y  noticieros de TV no dejan de insultar nuestra inteligencia con el asunto de aceptar o no  la sentencia  dela Corte Interamericana de Derechos Humanos.  ¿Que la sentencia afrenta al país?  No señores. A quienes condenamos tanto al terrorismo de las bandas  criminales  como a los violadores de los derechos humanos, ella no nos ofende. El  Perú no violó los derechos humanos. El Perú  se sacudió de la dictadura feroz a la que muchos directores de medios, ahora escandalizados, se sometieron.

Y se levanta nuevamente el pedido fujimorista de retirarnos  de la citada Corte. Por favor! No existe el retiro de un país una vez que ha decido formar parte del organismo internacional y aceptar su competencia. Hasta el patético Valle Riestra lo sabe. Los fallos deben acatarse. Las cóleras y los sustos anticipados de García y Fujimori son propios del  realismo trágico. Escuchar estas cosas da vergüenza ajena.  En esta realidad desaforada – Macondo rediviva, qué buena idea, Beto, la de sembrar libros en los asientos de los microbuses; también habría que hacerlo en las redacciones de diarios, radios y canales de TV- algunos han señalado una salida justa: Que las indemnizaciones salgan del bolsillo del japonés  que mató, robó, lo pescaron pero ahora vive a cuerpo de rey  en Santiago mientras espera que la yakusa lo rescate.

Y que no se toque más el Ojo que llora.  

EXTRAÑAMIENTO

enero 8, 2007 en 11:25 pm | Publicado en MIS POEMAS | Deja un comentario

Estoy a miles de kilómetros

de aquí

y aspiro el sol

o el aire

de otros cielos.

El horizonte es ancho

y la conciencia abierta

todo movimiento fluye

necesario y leve

los sonidos naturales

sólo son interrumpidos

por el delicioso silencio.

Estoy a distancia

de esta niebla

del bostezo

de las conversaciones insulsas

del agobio

de la rutina

que me cerca.

Estoy  a   salvo

y  sonrío

lejos,  lejos.

Las frutas sobre la mesa, Lima, 1998 

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