¡LIMA, LIMA PASTELITO DE MEMBRILLO! Poema de Jorge Nájar

enero 14, 2017 en 2:01 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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Jorge Nájar. Lima 2016. Foto: Sonia Luz Carrillo

Jorge Nájar. Lima 2016. Foto: Sonia Luz Carrillo

El poeta y amigo Jorge Nájar me hace llegar  su canto a Lima, con ocasión de  celebrarse,  el 18 del presente mes, el  482 aniversario de la ciudad capital

Más allá de mis fronteras comienza el infierno,

dice, grita o ruge esa boca en medio del desierto.

Y yo la he adorado desde la primera vez

que llegué enceguecido a hundirme en su pecho.

Lucía un azulejo en el lado izquierdo

y una salamandra amarilla en el otro.

Y aún así, todo candor, yo corría tras de ella,

la más deliciosa fruta camino de los cerros,

camino del nervio central.

Lima, despatarrada y seductora,

nadie se queda en ti,

nadie se va de ti,

nadie vuelve a ti

sano y salvo.

Los niñatos del rock and rooll

al verla pasar con sus azulejos y salamandras

gritaban en las playas:

Love me, please, love me.

Je suis fou de vous.

Apiadémonos de los que cantan

tan desafinados como nosotros:

la flor de papa, la flor de papa,

esa chiquilla no se me escapa.

Así es el mundo. Así también es Lima,

un grito o un rugido sin fronteras.

Proclama lo que le venga en gana

entre el mar, el cerro o el desierto.

Así te canto, Lima, pastelito de membrillo,

desde lo alto de los barrancos.

Más allá del mar ruge otro mundo.

Más allá no hay cielo que valga.

Más allá la garra de los cerros.

Nuestra única tabla de salvación,

tal vez sea cantar o graznar

como los cormoranes y los piqueros

sobre un islote repleto de guano

ante el impávido océano.

París, enero 2017

Jorge Nájar  (Pucallpa, 1946) poeta y narrador peruano de extensa obra, reside en París desde 1977

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HOY RECITAL DE JORGE NÁJAR EN EL CICLO “LA REPÚBLICA DE LOS POETAS. ANTOLOGÍA VIVA DE LA POESÍA PERUANA 2014-2021

octubre 6, 2016 en 1:57 am | Publicado en Algunas fotos, Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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El  poeta peruano Jorge Nájar (Pucallpa, 1946) ofrece hoy seis de octubre  una lectura antológica de su obra poética, en el marco del ciclo “La República de los Poetas. Antología viva de la poesía peruana 2014-2021”, organizado por el Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores. La cita es  a las 7 p.m. en Jr. Ucayali 391, Lima. El ingreso es libre.

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Jorge Nájar en la Alameda de los Descalzos, Rímac, Lima, 2013. Foto: Sonia Luz Carrillo

Jorge, quien vive en París desde 1977, publicó 1972 su primer poemario, Malas maneras. En 1984 obtuvo el Premio Copé de Oro con Finisbus Terrae.  En 2001, ganó el Premio Juan Rulfo de Poesía (Radio France Internationale) con Canto ciego. Su obra poética publicada hasta 1998 fue reunida en Formas del delirio (Lima, 1999). En 20l3, el Fondo Editorial de la Universidad Villarreal editó su Poesía Reunida. Algunos de sus libros de poesía han sido traducidos al francés y publicados por la prestigiosa editorial Folle Avoine. Ha desarrollado también una notable labor como traductor y ha publicado además algunas novelas.

Como adelanto, transcribo un poema de Hotel universo. Oráculos, reciente libro editado por Editorial Summa y el  IV Festival Internacional de Poesía Primavera Poética 2016, realizado en las ciudades de Huánuco y Lima durante el mes de setiembre:

“Más allá de uno mismo”
 

Irse para admitir solo a los dioses errantes

A cambio de un poco de felicidad en el silencio

Volver para soñar en el esplendor de la luz

En medio de puentes repletos

De carros viejos y mujeres gordas

Hombres barbudos y niños chillando

Y en alguna parte la perla extraviada

Al cobijo de tempestades y tormentas

A la que siempre he de volver

Más allá de los mármoles

Más allá de los mares

Pero irse de todas maneras

Desafiando todas las leyes

Más allá de los goces del corazón

y más allá de uno mismo.

En Nájar, Jorge. Hotel universo. Oráculos. Lima, Editorial Summa. Colección Primavera Poética. 2016 p. 57

 libronajar

También ver
https://hablasonialuz.wordpress.com/2015/08/30/a-fuerza-de-fundirte-en-la-distancia-pronombres-en-dialogo-en-mascaron-de-proa-poemario-de-jorge-najar/

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https://hablasonialuz.wordpress.com/2006/09/13/tapiz-de-la-errancia-o-una-poetica-del-destierroformas-del-delirio-de-jorge-najar/

LOS INTERLOCUTORES EN ‘CALLADA FUENTE’: LO COTIDIANO Y LO SACRO. Una lectura de mi poesía por JORGE NÁJAR

diciembre 10, 2015 en 2:41 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comunicación y Cultura, MI POESÍA SEGÚN ..., MIS POEMAS, Miscelánea | Deja un comentario
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Sonia Luz Carrillo con el autor del texto, Jorge Nájar, en Lima.

Sonia Luz Carrillo con el autor del texto, Jorge Nájar, en Lima.

En enero de 2012, en el Café Literario organizado en París por el Centro Cultural Peruano, CECUPE, el poeta y amigo Jorge Nájar presentó mi libro Callada fuente con estas palabras. Las reproduzco con la gratitud de siempre:

Callada fuente, de 2011, de Sonia Luz Carrillo, desde su título, plantea el dilema de la voz. El silencio, los susurros, las interpelaciones de una voz que se habla a sí misma sobre su entorno y la vida cotidiana; y el goteo de esa misma voz que le habla al otro (a), al desconocido, al inasible, en la fuente del mundo.

¿La poesía de Carrillo siempre ha estado marcada por esta característica? El poemario mantiene distancias y puntos de contacto con los libros de poesía que le anteceden. Tal vez esto sea más visible en su manera de abordar lo cotidiano. Es cierto que se han amenguado las posturas contestatarias para enriquecerse con pasajes hogareños, líricos e introspectivos traducidos con una ironía constante; este aspecto si bien estaba presente en sus entregas iniciales, se volvió más evidente en Las frutas sobre la mesa de 1998, marcado  a su vez por un ejercicio de autoconocimiento que se enraíza en la palabra.

Pero hasta donde yo percibo, trece años más tarde Callada fuente no sólo posee la facultad de expresar los sentimientos personales con relación al entorno social, ya que ahora también nos lleva hacia ciertas confrontaciones con las emanaciones de lo sacro en el fluir de la existencia.

¿Eso es lo que se pide a la poesía en nuestros días? Algunos dirán que a la poesía no se le pide nada porque ella existe sin que nadie le pida nada. Otros dirán que una de sus funciones es celebrar el mundo y, gracias a la palabra, confrontarse con la naturaleza, los hombres y los animales para trasladarnos a otro espacio. Esa postura es lo que aquí se entiende como función sacra. Para Saint John Perse la poesía era una forma de conocimiento, “una forma de vida integral”. Paul Eluard, a su vez, sostenía: “Las palabras dicen el mundo y las palabras expresan al hombre.” La poesía en uno y otro caso posee un valor ontológico cuando habla del hombre y un valor metafísico cuando habla del destino del hombre.

Distribuidos en cinco secuencias, el conjunto de  Callada fuente se compone de cincuenta y cinco poemas donde la dialéctica entre los cotidiano y lo sacro se ha inclinado hacia la confrontación con uno mismo.

“Cría cuervos”, por ejemplo, el poema con el que se abre este canto silencioso, es una introspección a la búsqueda de los efectos de la palabra en su propio creador.

Cría cuervos

Amamanta

Sus pliegues, sus dobleces

 

Nada de lo que hagas

Tiene garantía alguna

De ser útil o perfecto

 

Cría pacientemente

estos inútiles objetos

hasta que te saquen

Las pupilas llenas de asombro.

No hay argumento. No hay anécdota. Hay sí una inmersión en el oficio de labrar la palabra para darse con la sorpresa de un objeto que asombra.

En el poema siguiente, “Equilibrio”, si bien es posible configurar la situación en la que se encuentra el hablante, en la cuerda floja, lo que resalta no es el personaje entrevisto sino la voz del hablante que nunca olvida su propia órbita “Anidar / en palabras ajenas” sin subordinar el lenguaje al embeleso de la entrega del mundo.

Escudriñar  líneas

adentrándose en la

imagen

(seda, niebla escurridiza)

como quien avanza

de puntillas

por la cuerda

floja

Avanzar

La mirada

en soslayo

intentando

amablemente

desplazar  máscaras

sin perder el misterio

por exceso de luz

Caminar

o detenerse a contemplar

paisajes

(páginas, oscuros pozos)

Expandirse

aferrando

sílabas

Anidar

en páginas ajenas

Sorteando

a cada paso

el riesgo

de perder

el equilibrio.

En los que acabo de citar y en los siguientes ya están presentes los elementos que nos van a llevar a ese otro espacio. “Los ojos hacia lo alto / beben / luz / que engarza fragmentos” afirma en “Espacio propio”. De esa fuerza de ese estar en el mundo para participar en una “Liturgia del puro / Gusto” se generarán las afirmaciones básicas del mundo poético desarrollado en todo el conjunto.

En “Señorío” la voz se eleva y sin dejar de hablarse, nosotros, los lectores, oímos, vemos que el hablante ha cambiado el ritmo de su respiración, como si sus pulmones se hubieran llenado de oxígeno nuevo. Ahora la primacía la adquiere el polo sacro a través de la perspectiva íntima.

El lenguaje del hablante se profundiza hasta casi transmutarse en una conciencia visionaria; en este reino de la ambigüedad el lenguaje se hace capaz de nombrar estas nuevas realidades, utilizando un instrumental de una dulce imprecación: “Usted es la responsable / señora mía. / Usted alimentó / precoces relámpagos / y peligrosas luces…” Y esta actitud se plasma en imágenes visionarias, de extraña arquitectura interior. Esta poesía de génesis y de apocalipsis es el cedazo donde la experiencia se condensa y se empapa de una invocación en la que resulta difícil deslindar si está hablando con un ser de carne y hueso o con una aparición. En todo caso hemos asistido a la concentración de un lenguaje y a la síntesis de una experiencia.

Inmediatamente después ese tono de recogimiento se retracta para devolvernos al espacio de lo cotidiano. Estamos en “Entre líneas” y asistimos al planteamiento de una serie de interrogaciones: “¿Quién ve? / ¿Quién habla / en el poema? / ¿Quién juguetea … / entre estas líneas? / ¿Quién pone acertijos / entre los blancos? / ¿Quién -tal vez- / se está burlando / de ti / o / de mí?”

De ese tipo de preocupaciones está habitada esta Callada fuente, planteadas siempre desde diferentes ángulos de visión, desde el silencio y la fugacidad; desde la añoranza y la ansiedad que genera la memoria del tiempo; desde la separación y el acercamiento a lo amado, que después de un nuevo ciclo solamente volverá a reencontrarse con sí mismo.

En “Te estoy oyendo” uno se encuentra con un nuevo y decisivo basculamiento desde lo terrestre hacia la elevación: “¿Escuchas, acaso, cómo canto? / Todo mi ser es un canto y / soy capaz de avanzar sobre el agua / Hacia Tí, Inefable.” El hablante le pone mayúsculas a su interlocutor. Y en eso reside gran parte de la gracia de una voz, de una poesía, que sólo quiere cantar lo cotidiano iluminado, por momentos, por una luz casi sacra. 

Jorge Nájar

París, Cecupe, enero 2012

A FUERZA DE FUNDIRTE EN LA DISTANCIA. PRONOMBRES EN DIÁLOGO EN ‘MASCARÓN DE PROA’ poemario de JORGE NÁJAR

agosto 30, 2015 en 12:36 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea, Noticias y demás... | 2 comentarios
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El poeta y narrador peruano Jorge Nájar publicó en París, ediciones Folle Avoine, en el año 2006, su libro Figure de proue (Mascarón de proa)  poemario bilingüe con la traducción al francés de Michele Lefort.   Al año siguiente presenté el libro en Lima y con ese motivo realicé  el estudio que ahora difundo convencida de la calidad de la obra y la necesidad del  permanente abordaje a los textos  que, como en el presente caso,  constituyen un trabajo exigente y persistente con la expresión poética.

Mascarón d proa

“Los pronombres son como máscaras, en algunos casos te pones la máscara del “yo” y en otros la del “tú”, porque la poesía suele pecar de autorepresentación”. (Entrevista al autor publicada en LA REVISTA CARETAS, Lima, 13 de abril , 2007)

Por qué Mascarón de proa?

La curiosidad sobre el título me llevó a buscar información sobre los mascarones de proa. Sabía -por cierto – que eran aquellas enigmática figuras que adornaban los barcos egipcios, griegos, romanos y de otros pueblos de la antigüedad pero ahora sé ellas eran colocadas tanto para embellecer la nave como para que el barco pudiese encontrar el camino más seguro sobre el mar.

Regreso a  Mascarón de proa  luego de ocho años. Presenté Formas del delirio, que lo incluía, en 1999. Ahora vuelvo a propósito de su reciente edición bilingüe en traducción y nota de Michele Lefort.  Siempre que uno regresa a un texto lo hace con las nuevas lecturas y vivencias. El texto aparentemente es el mismo sin embargo la mirada  se dirige a otros ámbitos. El lector o la lectora ha vivido y  ha visto vivir, siendo el mismo ya no es igual.

Decía en ese entonces que en el apartado dedicado a este conjunto  se hallaba “Destierro y soledad de caminos extraviados aparecen aquí como la condición de la libertad, la autonomía.”.  Es cierto pero ahora quiero exponer el resultado de  mi nuevo buceo en estos y otros aspectos.

Ahora propongo que nos detengamos en la forma como la voz representada en la escritura  se distancia, dialoga con un interlocutor o habla  de sí mismo nombrándose  en tercera persona. En Mascarón de proa  llama la atención  la insistencia en el uso de la segunda persona, el uso del tú como recurso de extrañamiento para aclarar hechos, circunstancias  y sobre todo sentires. Se trata de un diálogo y  presupone interlocutores que al representarlos pueden ser objetivados.

De los 26 poemas que conforman el libro en 17 la voz poética se dirige a un tú textual casi de manera exclusiva. En cinco el texto se construye en tercera persona, en dos poemas aparece de manera predominante la primera persona del plural (nosotros)  y en dos la primera en singular.  Aunque existen texto como el poema “Allí donde vivimos”  en el que se intercalan las voces en uso de los tres pronombres.

La figura del autor, la construcción de la voz  que enuncia es trabajada de manera consciente en la pluralidad de voces. Este juego de voces es advertido por una entrevistadora que, hace unos días,  le plantea la pregunta al poeta.  Nájar responde: “Los pronombres son como máscaras, en algunos casos te pones la máscara del “yo” y en otros la del “tú”, porque la poesía suele pecar de autorepresentación. Entonces, ¿cómo salir de eso? Justamente, desplazando las voces.”.

Fiel a la poesía conversacional el discurso coloquial en Mascarón de proa  significaría la intención de recuperar  la oralidad para el texto que represente  con eficacia a los nuevos sujetos y circunstancias  Al uso de las distintas  voces, a la polifonía textual,  se le encarga la función de representar la complejidad de la experiencia humana. En el caso de la poesía de Nájar este punto es señalado por Ibico Rojas en la presentación de Formas del delirio (Rojas, 1999:11)

El pronombre actúa como simulacro del hablante real. El mismo autor ha señalado que se trata de sus máscaras.  Es conciente de este uso para reflejar la capacidad de autorreflexividad que ilustra el conjunto.

Sujeto poético multiplicado porque los referentes a los que alude los juzga plurales? Veamos algunos casos. Por ejemplo, el de “Yaraví”, poema narrativo con ecos de Melgar en el que el juego de pronombres  intensifica el presente del poema

“En el horizonte el volcán humeaba el oro del recuerdo como esta voz entona ahora melodías de antaño/ Y tú lloras, cantor de yaravíes, ante el pelotón de fusilamiento/

Como esta voz – en la que ebrio estás- porque el mundo ha vuelto a ser hoguera de purificaciones”. “Esta voz” no es otra que la del presente. El hablante del poema se define por la voz.

En todo producto estético la relación con el entorno, con la vida y con los propios sentimientos y por supuesto la representación y autorepresentación a que da lugar está transida de elementos culturales y de época. El mundo emocional, los dolores y desánimos o los instantes iluminados por el amor o el placer siendo íntimos al ser objetivados ponen de manifiesto una serie de características que inscriben al individuo creador como hombre, mujer, con una determinada formación y todo esto se produce por la elección y combinación de los recursos lingüísticos.

Las señales de pertenencia a una comunidad imaginada (Anderson, 1991: 23) aparecen nítidas, por ejemplo,  en “Ciudad al atardecer” donde la ciudad referida, el Cuzco, es identificada con la iconografía más difundida de Túpac Amaru en la versión del artista Jesús Ruiz Durand. “Un sombreo aludo le da horizonte a tu noble frente, entre el cielo enorme y las montañas que estornudan”… “los pliegues de tu corbata cuelgan en el vacío de la noche” (…) “Tus negrísimos ojos disparan resplandores”  dice el poeta y más adelante marca la filiación “Y por ahí se hunden en el polvo de esta tierra nuestra”. El tú externo  e histórico queda en suspenso. La mirada se actualiza: “en el valle sólo quedan hogueras, el cuerpo de un puma al acecho – la ciudad tempestuosa en la pureza del aire; pero bella en sus rencores y hermosa en sus maldades”.

El mismo autor, en la entrevista que menciono y que me ha ahorrado mucho el trabajo, responde, ante la pregunta

-“Hace buen tiempo decías que la búsqueda de la propia voz es la aventura eterna del poeta. ¿Sigues en esa aventura?

“La voz… la voz a ti debida, poema de Salinas. La voz se la debemos a otro. En ese caso él reconoce que la voz le viene de ella. Hay quienes tienen varias voces. Yo soy uno de ellos. O sea, hay quienes la encuentran de una vez y para siempre, y hay quienes estamos siempre buscándonos. Y la búsqueda es sufrimiento”.

No es casual que cite al poeta español  Pedro Salinas de  La voz a ti  debida donde proclama su alegría por “vivir en los pronombres”. Tampoco es casual que identifique encontrar la voz como encontrarse el sujeto en medio de un laberinto de voces. Concepto que también trae a la memoria el “Yo soy otro” de Rimbaud.

Mascarón de proa  tendría así a los tripulantes de esta nave poética  jugando sagazmente con las máscaras de la representación en búsqueda de un encuentro.

A propósito, Pedro Cerezo Galán en Las máscaras de lo trágico. Filosofía y tragedia en Miguel de Unamuno, bajo el subtítulo “Las máscaras y el espejo” advierte, respecto a la obra de Unamuno que ante la muerte de Dios decretada por la modernidad occidental la “agonía interior” la “tensión entre el yo interno y el externo se agudiza”. “La voz y la mirada del Otro son sustituidas por las de los incontables otros, los otros como uno mismo, en cuyo laberinto y juego de espejos corre riesgo de naufragar la identidad del yo”.  En palabras de Cerezo surge un nuevo flanco de tensión entre yo y los otros.  (Cerezo, 1996: 591-592)

Como recuerda Unamuno, y Cerezo cita, persona quiere decir máscara y el autor lo es en tanto actúa. Para Unamuno el yo laberíntico entraña agonía, y  dirá “Me desentraño en lucha con el otro/ el que me creen…/ y en esta lucha estriba mi comedia” (Soneto “Hecho teatro de mí propio vivo” citado por Cerezo Gala, p. 593).

Esta lucha se emparenta con lo expresado por el autor de Mascarón de proa como una búsqueda que es sufrimiento. Afirmación que ayuda a discernir sobre la ubicación del emisor textual, por ejemplo,  del poema “Cantar de truhanes”. Luego de imágenes de devastación, llama la atención sobre  “El perro que alguna vez todos creyeron haber visto aplastado en medio de la carretera sigue ladrando”. Violenta imagen portadora de la noción de triunfo por encima de la percepción, descalificadora de    “todos”, es decir,  los otros.

En “Cazador en la nieve” la figura es la del cazador que avanza entre “árboles martirizados por la nieve” sin importarle el paisaje objetivo, mientras se dice “Sólo miras hacia adentro de la torre de luces que eres, los ríos invisibles, mares, océanos que se mueven a tu paso.” Texto que nos da pistas acerca de las razones de este hablar a otro desde sí mismo. El desarraigo profundo, un vivir  a dos tiempos simultáneamente una realidad objetiva  y otra, muy otra, en el interior de la conciencia.

Se trata de una insistente bilocación. Por eso en el poema el hablante se refiere a “la sombra que cae desde ti hasta ti mismo”. Y emerge aquí el tú de la memoria. El sujeto poético se ve en la infancia, en los eventos y con los personajes familiares. El espacio de la memoria tiene muy poco que ver con el espacio inicialmente referido. “En tu memoria las gentes que amaste y aún buscas” dice y sigue ilustrando “toda la infancia, las grandes comilonas del verano al pie de árboles frondosos./ El fuego ardiendo en los deliciosos cuerpos de tus primas debajo de sus rústicas faldas”.  En medio de un paisaje de nieve la memoria actualiza “todo el goce adolescente entre la hierba de los prados donde otra vida, usos y colores, ajenos y tuyos, te iluminan y brillan”.

El exilio o el destierro es una constante en la poesía de Jorge Nájar tal como lo remarqué hace unos años y lo tengo publicado. El extrañamiento que impone queda conmovedoramente expuesto en “Paisaje apátrida”  que habla de “la desnuda memoria de lo que fuiste: caminante, como aquel juglar difuso en el paisaje”.

Un caminante que se identifica con los desplazados de la tierra de origen y que caracteriza como “gentes sin frontera” y se pregunta  “¿Expulsado de la tierra? ¿Condenado a ser un pobre diablo?”.   El exilio se percibe  como pérdida irremediable “la armonía de la infancia ardió una tarde de tus ausencias y ahora ya ni cenizas en la memoria” . Sin embargo, este yo se aferra a la persistencia de los “retratos de familia, máscaras de conversos alados y apátridas reluciendo en medio de otro mundo”.

En ese nuevo espacio, mencionado como otro mundo, el sujeto del discurso expresa un diálogo siempre difícil con la historia. La personal y la colectiva. En “Contracanto” se describe  “En el oro pálido del invierno, el noble perfil del huaco contempla al creador humeando distancias” Otra vez la oposición frío, invierno,  al lado de la memoria de distinta temperatura, humeante. Habla la figura que más que interrogar increpa  al sujeto “¿Qué has hecho de la gloria de vivir? ¿Te hundiste en infiernos invisibles sacándole brillo a la historia?”.

Luego hay una referencia al pasado común, al de las coplas que cuestionaban el actuar de los que llegaron a estas tierras caracterizados por “los capitanes”.  “seguro que todo comienza con las coplas que reclamaban las cabezas de los capitanes”.  Continúa el tono de reproche “Extraes del pasado sólo pajas para nutrir hogueras sin destino”. Y luego la recomendación “Húndete en los carbones de tu propia historia y allí verás, al borde de las hecatombes, en el aferrado puño de tus neuronas, antorchas de diamante cristalino”.

El discurso del huaco, figura que rememora lo ancestral, ante el creador continúa   con dureza “¿Pergeñando cantos has limpiado tu conciencia que sólo oye derrumbe de guijarros a orillas del mar que te habita?”  Y termina con una recomendación final “Avanzando por los precipicios del aire adivinarás lo que te espera el día de tu encuentro con la inmensidad”.

El poema que sigue, “Hogueras”, se constituye en una variación sobre el tema. Pero ahora será la ajenidad frente a vestigios del pasado. “Quedan aún unas tallas en las que ya no te reconoces”. Y sigue mencionado signos en la arcilla y también “un muro invisible separando, uniendo a los idos de los que quedáronse aferrados a la tierra”. La oposición entre los que migraron y los que permanecieron no es definitiva. Los signos de pertenencia quedan impregnando los “adentros”. Por eso aparece el símbolo de “La bandera de los reinos, sueño, quimera, anclada en tus adentros”.

Para abundar se menciona los lienzos profusamente decorados y más adelante “La fortaleza de senderos perfectos donde reposarán los que fuiste abrazados a la tierra cuando tú ya no estés en ninguna parte”. Bandera, antepasados, diversas circunstancias van conformando al sujeto individual. Y este conjunto de símbolos de pertenencia  trascienden el breve paso de una existencia.

Son conmovedoras y poderosas las imágenes finales. Se reconoce el doloroso papel  de la memoria. “Cada quien adora los fulgores que le hacen polvo” vale, tal vez decir, que lo desmoronan, lo golpean. Y continúa “Y a fuerza de buscarlo, el diamante de la destrucción”. Termina el poema constando los riesgos que impone el recuerdo: “Cada quien al atizar el fuego se consume en las cenizas”.

Exilio como espacio idealizado para la creación

Mascarón de proa, trae el poema “¿En pos de qué?”. Se inicia con una referencia a la isla de Hiva Oa, la isla de Las Marquesas donde murió Gauguin. Y el poema insiste de manera inquietante en ese bucear de las razones del exilio. En él la voz poética ‘narra’ la circunstancia de un personaje mencionado como ‘el pintor’, ‘el genio’, a la manera de un narrador omnisciente y dice de él: “todavía sueña en su exclusivo amor por el arte”. Luego se establece un cambio, el tono se hace coloquial. La voz poética ahora se dirige al personaje y explica: “Y piensa: Viajaban antaño tus padres buscando especias, en pos del oro, para entrar íntegros en el paraíso”.

Y lo que sigue es sumamente expresivo.

“Tú mismo lo has dejado todo a lo largo de los caminos hacia la manigua de tus adentros”.  La búsqueda aquí tiene la razón de la libertad, la autonomía.

-“¿Y qué ves? ¿Las raíces de tu existencia?

El hombre primitivo escapado de la historia y sus conflictos. El hombre feliz sin  nadie que le dicte una vida descalabrada en la rutina”.

La idea de autonomía y libertad se remarca con ese librarse de los dictados ajenos a la voluntad.

“- ¿Y sobre todo por qué te has ido?

¿Por un imposible espacio para la serenidad cuando nos convertimos en víctimas de nuestros propios temperamentos?”

“Te has ido porque ya no podías con los tuyos, sus tradiciones y el respeto a las leyes de colores y perspectivas”.

La felicidad o la serenidad pasa por la ruptura con los atavismos y los condicionamientos culturales que no permiten el despliegue del sujeto individual. Cúmulo de circunstancias que generan el propio desasosiego, por eso continúa: “Y porque en medio de esa modorra ya ni siquiera podías contigo mismo.”

La ajenidad, el exilio son sinónimos de plenitud: “Te has ido porque no vivías en el espacio que te cedían. Y te has ido para siempre”. Destierro y soledad de caminos extraviados aparecen aquí como condición de libertad y autonomía.

Hay otros temas a los que seguirles la pista en Mascarón de proa. No me detendré en cada uno de ellos. Sólo quisiera mencionar la presencia de la mujer expresada en dos nombres. Mercedes, añoranza por el amor  perdido o contrariado y Nausicaa, la acogedora “hija de estas costas que te salvó del naufragio… armada con la belleza de sus ojos negros”. La de los labios siempre hermosos para el placer y la injuria”

Hacia lo indescriptible

Para terminar quiero hacerlo con el poema que cierra el libro. “Hacia lo indescriptible”  exposición de lo que no puede aún ser atrapado por la palabra pero se presiente o se sueña.

El pronombre que inicia el primer verso es el plural de la primera persona y ese “nosotros” amplía el registro. “Necesitamos un rincón para ajustar los tornillos de esa carroza que está por desbarrancarse”.  Y prosigue: “Necesitamos algo que nos permita evolucionar en el recinto estrecho en el que nos entrechocamos con los viejos trastos”.

Reciento estrecho resuena aquí como todo lo que no deja expandir el libre vuelo vital y creador. Por eso será necesario dar un paso “adentro”.

La voz en el poema dirá: “Hacia lo indescriptible allí donde Dios mora./  Y silencioso llegas al fondo del abismo/ … a fuerza de fundirte en la distancia has abolido el espacio. / Vienes del aire y sólo estás de paso hacia lo indescriptible”.

En La poética del espacio, Gastón  Bachelard  habla de la inmensidad interior: “La inmensidad está en nosotros. Está adherida a una especie de expansión de ser que la vida reprime”  Y afirma que el arte, como producto del ser imaginante, por la vía del ensueño conduce a la conciencia de engrandecimiento y así somos “promovidos a la divinidad del ser admirante” (Bachelard, 2001: 220-21).

Abolidos los estrechos espacios, el plural nosotros, es consecuente con la búsqueda de lo que aún no se ha nombrado, lo inmenso.  El Mascarón de proa adquiere así nueva resonancia, no sólo embellece la nave sino que propicia el camino seguro para avanzar sobre  el abierto mar.

Fuentes

Anderson, Benedict. (2000) Comunidades imaginadas. Fondo de Cultura Económica, México, Argentina

Bachelard, Gastón. (2001) Poética del espacio. Edición en español. Sexta reimpresión. México, Fondo de Cultura Económica

Cerezo Gala, Pedro. (1996) Máscaras de lo trágico Filosofía y tragedia en Miguel de Unamuno. Madrid, Editorial Trotta

Nájar, Jorge. (2006) Figure de proue. Tradución de Michele Lefort. París, ediciones Folle Avoine,

Rojas, Ibico. (1999)  “Presentación” En: Formas del delirio. Obra poética 1969 -1999 de Jorge Nájar. Lima, Editorial San Marcos.

En Lima, dialogando con el poeta, el narrador, el amigo. Sonia Luz Carrillo y Jorge Nájar (2013)

En Lima, dialogando con el poeta, el narrador, el amigo. Sonia Luz Carrillo y Jorge Nájar (2013)

 Tags: Jorge Nájar , Michele Lefort , Mascarón de proa , Poesía peruana, Sonia Luz Carrillo

EL ALUCINADO DE JORGE NÁJAR Y LOS NUEVOS MISERABLES EN PARÍS

diciembre 14, 2013 en 12:55 am | Publicado en Algunas fotos, Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea | 2 comentarios
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Libro El alucinado

 Nadie escucha el canto, El árbol de Sodoma, Vallejo y la célula Non plus ultra, Penúltima odisea y otras ficciones, constituyen el corpus narrativo del  poeta, narrador y amigo, Jorge Nájar,  que ahora se incrementa con  El alucinado, su más reciente novela,  publicada  en Lima  por  Editorial Summa   y que fue presentada el 25 de octubre. A esta tarea  me convocó, una vez  más, el querido autor.  Tarea que  compartí  con el editor y también poeta, Harold Alva.

Jorge Nájar, Harold Alva  y Sonia Luz Carrillo

Sonia Luz Carrillo, Jorge Nájar y  Harold Alva. Lima, octubre 2013

Reproduzco aquí el texto de mi exposición a la que titulé  “EL ALUCINADO DE JORGE NÁJAR Y LOS NUEVOS MISERABLES DE PARÍS”.

Al interior de toda   obra literaria una voluntad enunciadora, el autor, “reúne el mundo disperso en el sentido y lo condensa en una imagen terminada y autosuficiente (en la que) lo perecedero del mundo cobra el valor de un acontecer”. (Bajtin 1982:171)  La producción literaria, parte de una tradición específica, se da en un ámbito de realizaciones culturales marcado por categorías pre- existentes  (lengua literaria, géneros, etc.). El autor de ficción lleva a cabo operaciones de selección y combinación preferentes y desarrolla un proyecto discursivo, un programa individual de escritura. En las siguientes líneas  abordaré algunos aspectos  del programa narrativo expuesto en El alucinado, la tercera novela de Jorge Nájar.

El título nos coloca rápidamente frente al tipo de abordaje de los hechos relatados. La alucinación es trastorno de la mente y por eso el título sugiere que los acontecimientos se narran desde el interior, desde la subjetividad de los personajes. Veamos algunos otros elementos del discurso narrativo.

EL NARRADOR

Empecemos con la categoría  que constituye  el narrador,  al que tenemos que distinguir del autor real, puesto que es el “Agente narrativo que cuenta una historia” (Bal 1995:125) y de cuya “identidad,  grado y forma en que se indique en el texto”  dependerá el carácter específico del éste.

Como agente de la enunciación las funciones del narrador son múltiples: “Detenta la voz, observable a través de intrusiones  vestigios más o menos discretos de su subjetividad, que articulan una ideología o una simple apreciación particular sobre lo que se cuenta o sobre los personajes referidos… A la vez que configura el universo ficticio  por la utilización que hace de signos y códigos narrativos, como uso del tiempo o regímenes de focalización.” (Bal 1995:127). Así, de su ubicación en el relato surgirá su condición de narrador presente tanto como autor real, narrador y  protagonista (como ocurre en la autobiografía); narrador presente en la ficción pero no en calidad de protagonista y narrador ausente. Este tipo de narrador se le conoce como narrador omnisciente “una voz hablando de sucesos, personajes y escenario, mientras su propietario permanece oculto en las sombras discursivas.” (Chatman: 1990: 212) y es el tipo de narrador que domina la obra de Nájar.

En El alucinado un narrador omnisciente da cuenta de un conjunto de sucesos violentos de un tiempo de migración y crimen; registra las circunstancias intentando señalar  complejas causas  en medio de un clima de locura (alucinación)  y con un ritmo  vertiginoso. En ocasiones, se percibe la incursión de un narrador irónico  cuya intervención- como es típico- cumple la tarea de parodiar al discurso oficial, a la vez que sutiliza  momentos graves.

LA HISTORIA Y  LA TRAMA  O EL DISCURSO NARRATIVO

La historia  es el conjunto de acontecimientos vividos por uno o varios personajes, es la realidad evocada por un texto narrativo, mientras que la trama o discurso narrativo es la forma en la que los acontecimientos son presentados al interior del mundo de ficción. Los acontecimientos  narrados “ocurren durante un cierto periodo de tiempo y se suceden en un cierto orden”. (Bal  1995: 45)

En El Alucinado  la historia es simple y la podemos resumir así: Un migrante peruano amazónico en  París,  de características extravagantes, es víctima de un hecho violento al ser arrojado al río Sena. Dos policías inician una fugaz investigación sobre el inexplicable hecho contando fundamentalmente con el testimonio de un marginal que el día anterior había  conversado con la víctima.

La trama se inicia con una muerte  que antecede al atentado contra el protagonista: un joven francés de origen africano es asesinado  en la calle mientras colocaba unos carteles en defensa de los derechos humanos. Hecho que sirve de marco, brinda el contexto para  el ingreso a la historia. Veamos:

“No había terminado de cantar cuando recibió una ráfaga de rifle en la espalda y cayó al suelo. Durante brevísimo instantes pataleó como un conejo, como una liebre salvaje que al pasar de un matorral a otro es presa del rayo en medio del salto. Pero falleció en el acto. Inmediatamente la prensa local y nacional optó por armar un escándalo y denunciar a los activistas de un partido de extrema derecha. En respuesta el líder de la organización proclamó a voz en cuello en el viejo puerto de la misma ciudad que se trataba de un complot; sí, los hijos de la iguana, decía, querían cubrirlo de mierda y echarle la culpa  de todos los males habidos y por haber. Ya estaba harto de tanta conjura, porque según él todo el mundo gritaba ¡al lobo! ¡al lobo! Cada vez que los militantes de su partido, los verdaderos hijos de la patria, lo invitaban a debatir el tema de la inmigración”(p. 9)

En una suerte de introducción que es el primer largo párrafo de la novela, la irracionalidad del crimen se vincula de manera inmediata con el odio ante  la presencia de los otros, los migrantes que pueblan la ciudad luz, la cosmopolita y emblemática ciudad de la razón, París.  Ciudad en la que la encubierta ferocidad de lo cotidiano ve el deambular de seres migrantes, muchos de ellos arrojados a la marginalidad.

El relato principal toma forma con la mención de lo ocurrido el 1º de mayo, Día Internacional de los trabajadores, cuando de una parte los sindicalistas y de otro los “combatientes nacionalistas”, salen a las calles en manifestación. Todo se desarrolla con normalidad hasta que el estallido de unos petardos provocan el desbande de los  manifestantes.  La ruptura de la normalidad es registrada en el texto por las impresiones que causan en dos policías el anuncio de que un hombre no identificado ha sido arrojado al río.

“La orden se producía justo cuando  ambos creían que a más tardar dentro de dos horas estarían de regreso a casa, el mayor para ver el partido de fútbol en compañía de su mujer, y el otro, Martin Benoit, para dedicarse a su verdadera pasión, los instrumentos musicales más antiguos de la humanidad: el tan-tan, el bombo, las maracas…”

Lo que viene luego es el intento de dilucidar las motivaciones del atentado por parte de los policías Martin Benoit y Alexander Rubio interrogando a quien es señalado como “una persona que lo ha visto todo” y que quiso ayudar a los rescatistas que llegaron a auxiliar a la víctima. Este personaje, Thomas Benavent, será el eje del relato. Aparentemente es a partir de lo que él conoce que el lector se informará de la realidad de   lo sucedido. Se trata de un argelino, marginal habitante en París, que en un principio se niega a hablar “Abría y cerraba los ojos como resistiéndose a creer lo que de pronto brotaba de su memoria”.  Afirmación clave pues todo lo que se conocerá proviene precisamente de su memoria.  Y lo que luego relata es fruto de lo que, a su vez,  el protagonista, Pedro Toledano, el hombre arrojado al Sena, le ha contado.

LOS PERSONAJES

Como se ha mencionado, el protagonista es Pedro Toledano, poeta de origen amazónico; Thomas Benavent, el argelino; Judith Ferrada, limeña pareja de Toledano, los integrantes del “Núcleo invisible”, organización de extrema izquierda, que aparecen en distintos momentos de la novela y entre los que destaca Platón, seudónimo de un dirigente luego traidor y que es asesinado por sus ex compañeros. Además, de lo ya citados policías. 

Sin embargo creo que París, no es solo el espacio en el que se desarrollan los hechos, sino que adquiere categoría de personaje  al ser retratada  a través de múltiples aspectos en toda su magnificencia y   miserias. Así, El alucinado es una ocasión para registrar las causas y los efectos de la confluencia de diversos ríos (habitantes) en la ciudad del iluminismo; en la existencia de  sus delimitadas riberas. París es mostrada desde la conciencia alterada del alucinado. 

Por lo que cuenta Thomas Benavent, pero sobre todo por  las incursiones del narrador omnisciente, el lector conocerá las acciones de Pedro Toledano desde el día anterior al atentado que sufre, y también su origen y la forma alterada en la que percibe la complejidad de su existencia y la de los otros personajes. De su condición de peruano amazónico  en París, por ejemplo, tendremos estas noticias:

“En el fondo de la calle Pedro Toledano divisó la estación del metro que cruza París…Tomó las gradas del subterráneo y como de costumbre a esas horas distinguió a la muchedumbre avanzar si mirar a los lados, tropezando unos con otros, empujándose y codeando al mundo entero…”

Su observación del control social se encarna en la visión de los vigilantes y policías:

“¡Carajo! Estos hijos de la granputa están  por todas partes; policías y más policías para frenar la rebeldía de los jóvenes sin futuro, represión y más represión para contener la avalancha de los pobres venidos del sur, del este, del oeste, de todos los rincones de la tierra.”

Estas observaciones son matizadas por paráfrasis, citas intertextuales que se constituyen en un guiño a los lectores. Por ejemplo una  alusión al poema de Javier Heraud “El río”: “Evocando y confundiendo lecturas juveniles se oyó decir: Yo también soy un río dibujado por el viento. Uno que baja furiosamente cada vez que u puente me refleja en sus arcos.”

Un peruano amazónico  en  París

La condición de Pedro Toledano de peruano amazónico y viajero que ha adquirido referentes diversos es expresada por el narrador omnisciente que habla desde la subjetividad del personaje, por ejemplo, mientras viaja en el Metro de París:

“El mismo ya había constatado años atrás que siempre comenzaba a delirar al tiempo que las imágenes del río, de cualquier río, penetraban en su memoria. “Yo soy también  un río” escribió con el índice en el vidrio de la ventanilla cuando el vehículo volvió a hundirse en las entrañas de la tierra. Y mientras la huella de su escritura se esfumaba recordó los ríos por cuyas márgenes había caminado descalzo con todo el diablo en la sangre: el Amazonas, el Ucayali, el Ganges, el Duero, el Ródano, así como también todo lo vivido en los paisajes de esas arterias del planeta”

 Y todavía de manera más explícita en un pasaje en el que el fenómeno de la migración interna es enlazado con los orígenes del personaje, cuando el narrador da cuenta de los días previos  a la salida de Toledano del Perú, a causa de su participación en actos políticos y delictivos:

“…había regresado a la casa paterna para hablar con sus mayores sobre quiénes eran y de dónde venían. En la oscuridad de la noche, caminando bajo los árboles del trópico, bajo la lluvia y el aletear de los pájaros, en Requena, la Atenas de la Amazonia, surgió una historia familiar que había sido  guardada en secreto hasta entonces. Durante los años de esplendor de la explotación del caucho, el oro negro, le había dicho su padre, en muchas embarcaciones amazónicas viajaban tahúres que saqueaban en los juegos de cartas a los caucheros, comerciantes, y ribereños que con sus magros ahorros iban a la búsqueda de la maravilla en los emergentes centros urbanos; con sus triquiñuelas esos individuos estafaban a los militares y empleaditos de las transnacionales que ya por entonces se perfilaban en la línea del horizonte. Una de esas víctimas fue Isaac Toledano, su abuelo, descendiente a su vez de un sargento de los primeros soldados españoles que llegaron a Moyobamba, la ciudad incaica por donde la soldadesca conquistadora, en el siglo XVI, había penetrado en el bosque amazónico. Isaac Toledano era el agente comercial de una empresa maderera norteamericana, llevaba una pequeña fortuna en su maleta y la misión de establecerse con su familia en Manaos. Pero durante ese viaje había jugado y perdido todo lo que sus patrones le habían confiando…En la desesperación el tipo no vaciló en poner en juego a su mujer y sus hijos.”

Líneas más adelante, el texto registra el recuerdo de la abuela del personaje, mujer amazónica, fruto también del encuentro de los mundos, su resolución  para enfrentar  los momentos difíciles y la característica matrilineal de la descendencia:

“Ella, Domitila de la Cruz, hija de una india quechua y de un aventurero, al enterarse de  lo sucedido pretendió arrojarse del barco en u banco de pirañas. Pero algo más fuerte que la minúscula moral, la supervivencia de su progenie, la contuvo. Se aguantó hasta llegar a Manaos, por aquel entonces capital mundial del caucho. Y una vez ahí trenzó pactos y anudó complicidades con quien fuese para escapar y recuperar su libertad. Solo así pudo emprender el retorno a Iquitos, sola y abandonada, con sus tres párvulos. De ella descendemos todos sus hijos y poco importa ahora quién los engendró, concluyó su padre afirmando que los hombres eran hijos de quienes los criaban o de la comunidad que los acogía”

De Pedro Toledano sabemos que tiene vocación poética nunca concretada en una obra; que en su vida juvenil y diletante  ha integrado un grupo político extremista; que ha participado en hechos violentos como el crimen a un traidor a “la causa” por lo que luego ha debido huir del país pasando por varios territorios hasta recalar en París al igual que muchos otros migrantes.  En esta ciudad se reencuentra con su mujer peruana, con la que había compartido su pertenencia al “Núcleo invisible”.

A lo largo del relato nos informamos del deterioro mental del protagonista;  es evidente que tiene una visión alterada de la realidad: se ha marcado el rostro con señales coloridas; ha buscado serenidad en ritos de distintas religiones y por diferentes países y culturas a los que ha acudido en búsqueda de lo que llama el “Río de la iluminación”. Recuerdos e imágenes nacidas de su imaginación se mezclan en este hombre, sudamericano marginal que intenta sembrar  tallos de coca en las orillas del Sena:

“En algún lugar de ese espacio tenía que plantar el primer retoño de la planta sagrada. Se arrodilló ante el río y se puso a orar pidiéndole a su Dios la purificación de su alma, limpiarle de los tormentos que le asediaban… Sabía que yendo hacia los dominios de  sus dioses, antiguamente, los más necesitados de divinidad, recorrían centenas, millares de kilómetros descalzos, solitarios, en el más sublime de los silencios; avanzaban hacia parajes en los que se inclinaban para hacerles partícipes de sus glorias o sufrimientos. Delfos, Roma, La Meca, Jerusalén, Cusco, Haridwar, Santiago de Compostela; un templo, un punto preciso en cada urbe, un brote de agua en lo profundo de las montañas, eran los lugares propicios para humillarse y reconocer la pequeñez humana ante lo divino”.

 En estas circunstancias, serán azarosos los encuentros y desencuentros con Judith, personaje femenino que oscila entre lo concreto y lo onírico. “La idea que los había hecho vivir estaba en crisis y ellos o estaban presos o muertos o escondidos, o metamorfoseados en porquería en cualquier rincón del planeta, cagándose de miedo ante la amenaza de ser recuperados y sancionados por el violento pasado”. Expresiones crudas que exponen el desenlace de las opciones personales y políticas que transitan por el delito y el crimen.

EL TIEMPO DEL RELATO

En  este punto, distinguiremos el tiempo de la historia del tiempo del discurso. Al final de la obra constatamos que el tiempo de la historia ha sido muy breve. Se inicia cuando los policías llegan al lugar y dura mientras los rescatistas brindan atención a Toledano para salvarle la vida: “El socorrista que había practicado el boca a boca miró automáticamente su reloj. Cuatro minutos, quince segundos, ni uno más, ojalá no haya lesiones graves en el cerebro”. En un sagaz uso del tiempo discursivo este se ha extendido para narrarnos buena parte de la vida del hombre a partir de lo que cuenta el argelino que fue el último que conversó con él. Vale decir que ha durado cuatro minutos y quince segundos.

COSMOPOLITISMO Y MARGINALIDAD EN UN MUNDO DESENCANTADO

En  El Alucinado  Jorge Nájar, con una prosa que por momentos se muestra claramente poética, expone temas y problemas contemporáneos, alejado de una visión localista. Cumple un eficiente programa narrativo que deja abierto el desenlace, no hay moraleja. Fiel a su propósito literario, ha construido un objeto artístico recreando un mundo sombrío de antihéroes:  los migrantes con el peso de su memoria y los nativos de una gran capital, casi siempre en sorda o declarada confrontación.

Un mundo desbocado en el que todas las batallas carecen de grandeza y los sujetos actúan en medio de la alucinación; un mundo en el que la única salida parece ser el refugio en las pequeñas comodidades cotidianas: Al final de la novela, un policía piensa en lo que falta para el partido  de fútbol y el otro tamborilea el tablero de control mientras escucha una canción. Atrás queda el viejo Thomas Benavent, el marginal argelino con los demonios de su propia memoria.

Gracias, Jorge, por tu invitación a ingresar en este mundo de ficción para escudriñar entre sus pliegues la condición humana  en este tiempo de peregrinos. Una vez más, y así como, en anteriores ocasiones,  me invitaste a transitar -minuciosa-  entre tus versos.

 

Lima, 25 de octubre, 2013

Bibliografía

Bal, Mieke. (1995) Teoría de la narrativa. Una introducción a la narratología. Madrid: Cátedra, p. 121

Bajtin, M. (1982) Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI editores 

Chatman, Seymour. (1990) Historia y discurso. Madrid: Altea, Taurus, Alfaguara,

Nájar, Jorge (2013) El alucinado. Lima, Editorial Summa

Reis, Carlos y Lopes, Ana Cristina. (1995) “Autor implicado” En: Diccionario de narratología. Salamanca: Ediciones Colegio de España. 

IMÁGENES  DE  LA  PRESENTACIÓN

La presentación de libro fue ocasión para el reencuentro y  celebración. Quedan como testimonio algunas vistas.   


conversa jorge

Ricardo Falla Barreda, Miguel ángel Guzmán Dávila, Jorge Pimentel, Tulio Mora, Tatiana Berger, Jorge Nájar  y Sonia Luz Carrillo. Presentación de El Alucinado, Lima, 25 de octubre 2013-12-13

Ricardo Falla Barreda, Miguel ángel Guzmán Dávila, Jorge Pimentel, Tulio Mora, Tatiana Berger, Jorge Nájar y Sonia Luz Carrillo. Presentación de El Alucinado, Lima, 25 de octubre 2013

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