“ESPÍRITUS TAL VEZ SEA EL CANTO MÁS AUTOBIOGRÁFICO QUE HASTA AHORA ENTONO”, JORGE NÁJAR ACERCA DE SU MÁS RECIENTE POEMARIO

septiembre 27, 2018 en 12:50 am | Publicado en Algunas fotos, Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura | Deja un comentario
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Un libro río, libro de extensos  territorios;  homenaje y reflexión de recorridos que van desde los orígenes, desde las decisiones y el reencuentro en la memoria.  Jorge Nájar, poeta peruano nacido en Pucallpa, departamento de Ucayali, en la selva amazónica, ha creado un vasto texto  de pareja intensidad  del que ahora dejo solo una breve selección. ESPIRITUS, Éditions Folle Avoine, 2018,  edición bilingüe, traducción de Michéle Lefort, fue presentado en setiembre en  Bessançon , el este de Francia, Doubs, región de Borgoña-Franco Condado. Jorge, querido amigo, compañero de largos caminos e invariable afecto, me ha hecho el regalo de esta primicia. Un placer compartirlo.

Abre el libro el siguiente epígrafe:

“Para mis padres, en el corazón de la verdad,

aunque algo tarde.

Pour mes parents, au coeur de la vérité,

bien qu’un peu tard.”

 

Luego el poeta revela sus motivaciones:

Brotando de la noche cósmica llegó Espíritus como una piedra incandescente cuando yo vivía inmerso en la experiencia de crear una urbe amazónica : Mayushín, un espacio real e imaginario en el que convergieran los personajes con los que yo me hice al mundo. El poema irrumpió con tal insistencia que me vi obligado a realizar una pausa en la experiencia narrativa. Era una masa mineral compuesta de mitos y exorcismos que se tradujo en un tejido de voces habitado por el contrapunto entre los conjuros curanderiles y lo que iba emergiendo desde el fondo de la memoria. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos en el mundo? ¿Adónde vamos? Buscamos trascender por el artificio verbal estas grandes interrogaciones. Y en ese anhelo encontramos fragmentos de melodías añejas, destellos de metales extraños en medio de una combustión volcánica. En claro, Espíritus tal vez sea el canto más autobiográfico que hasta ahora entono, la vida de un amazónico que se ha ido y que regresa cada vez que puede, física y psicológicamente. He querido que esos ires y venires queden plasmados en sus venas. En su entramado de voces he buscado la resonancia de parte de mi adolescencia y juventud andariega por los pueblos amazónicos, así como mi vida en diferentes ciudades del planeta. La voluntad de operar con la memoria ha conllevado también un viaje hacia la sangre. ¿Qué somos? La voz central se desplaza desde el poliédrico monstruo urbano hacia las nacientes de los ríos amazónicos con el único anhelo de re-construir el universo.

Pucallpa. Foto StarPerú

 

ALGUNOS POEMAS 

Árbol de luz

Labrado por el placer y los años

estoy a los pies del árbol-madre,

con los ojos brillantes, descalzo,

avanzando hacia la sangre ;

subo desnudo por los aires, los ríos

donde me plazco, lloro, canto ;

subo hacia las inocentes flores

que mis afanes le arrancan.

¿ El viento negro pretenderá devastarme ?

Más arduo sería quedarme en silencio,

inmovilizado por las mariposas de la noche.

Saltan los pétalos, saltan los cogollos,

materia generadora de la vida.

Soy ese camino hacia la luz.

Soy el camino que se hunde

en la verdad

 

Entre quienes van a quién sabe

qué profundidades, qué placeres,

doy un salto hacia la luz ;

y allí reencuentro en la algarabía

de criaturas de la vida, del dolor,

la humildad de los que vuelven,

el jolgorio de los que se van

y en compañía de ellos me digo :

al diablo el oropel, los festines

las luces de bengala,

al diablo.

 

Al diablo los precipicios del vivir

en la guerra de todos los días ;

mejor sería quedarse soñando

a tus pies viejo árbol,

limpiarse de la vanidad oculta

en el aire tan simple que nadie ve.

Y en el charco amarillo el reflejo

de la luna, del colibrí cantando

mientras saboreo tu grandeza.

Con tu savia vienen las promesas

de otro mundo, de otro sueño.

Poco importa si al despertar

la noche arda o no

pues lo que sí cuenta

es brillar bajo tu sombra.

 

V

¡ Caer ! ¡ Volar ! ¡ Soñar otra vida !

Vértigo de imágenes, torbellinos negros,

un rayo en el alma, hilo de humo

en el circuito del goce.

¿ Mi voz tiembla ?

Nada es error

salvo los caminos nunca recorridos,

el patio, la casa que no construiste ;

los ríos, los amores no navegados.

Con los caminos del mundo en el rostro

yo te recorro por donde nunca nadie ;

allí me fundo en diamante.

Quieres que tu alma avance

serena y violenta como una flecha

hacia el punto en el que la herida

se convierte en canto,

puro e intenso como la sangre.

Tú cantabas al placer de haber llegado

bajando de la montaña de Montmartre ;

hablando del Perú y sus glorias pretéritas

respirabas el aire cristalino de los Andes

y el aroma de los bosques que son tuyos,

reconstruyendo el mundo

por las orillas del Sena.

Que esa sea tu única verdad,

reconstruir el mundo y cantarlo.

¡ Caer ! ¡ Renunciar !

¿ Qué harás cuando vuelvas del naufragio ?

No es suficiente

seguir buscando diamantes ;

vana ilusión volver a la isla

donde dicen la felicidad espera.

Tal vez sí subir

por la montaña oculta

buscando resurrección

y transparencia.

Mi espíritu te ha leído el cuerpo.

Sin pureza nadie que resista

los carbones que arden en tu cráneo,

el hielo en que te plasmas de repente.

Sin pureza nadie que resista la maldad.

Yo sé curarte incluso en el delirio.

De oro pinto tus circuitos,

las barreras saltan, el cielo arde ;

se forma un torbellino dentro de ti,

las columnas de humo se disipan,

mi melodía enciende otras luces

en tu cuerpo apagado,

soldado que regresas

herido y sin coraza

no sé de qué trincheras.

En lo oscuro vive el espanto.

Allí impongo mi palabra,

ahí puedo corregir tus rupturas,

desatar nudos, atar puentes,

dibujar un cuerpo brillante en tu noche,

una estrella en el remolino de la sangre.

De tu corazón brota otra luz.

El país de las pasadas glorias,

tus abuelos, nosotros mismos

nos perdemos en una historia sin remedio.

Ahora que duermes a los pies del árbol-madre

no olvides que casa es pensamiento,

puro querer, puro anhelar ;

casa sólo es tu propio cuerpo

y pura ficción los antiguos imperios.

Mi canto fundó su ley en tu cuerpo.

Te has convertido en un ser nuevo.

Los colibríes deliran en el aire

pues te han bordado otro destino ;

falta saber qué harás de tu existencia

por las sendas del anonimato planetario.

No dejes que te enturbien raíces venenosas ;

piensa en tu grandeza ahora que brillas

y te alejas de este mundo incierto,

torre de luces en la oscuridad,

torre del alba, torre de aire.

Yo curo con mi canto.

Brillan en tu mente

inmensidades, cataclismos

que ya nadie puede predecir.

¡ Din-di-rin-din ! ¡ Din-di-rin-din !

Ahora que bailas

entre las lanzas de la lluvia,

los espíritus de las plantas

alumbran tus oscuridades ;

lava de viejos volcanes,

puente de otros sueños,

tejido invisible

entre oro

y azul.

Te has vuelto invisible

para no hablar nunca más

desde el otro lado de la noche.

 

Purificación  (fragmentos)

La voz materna te habla de una flor

que no existe ni antes ni después,

sal y agua del instante,

y tiemblas ante la idea de perderte

en la noche en pos de esa flor.

Nadie sabe quién más viaja

dentro de los cuerpos

que habitamos.

Nadie.

Quieres alcanzar, acariciar

el espíritu de tu madre,

llorar en sus brazos

como los niños

por algo imposible.

Tropiezas y te encharcas

en el lodo de la historia,

de las sangres.

¿ Adónde has de llegar

con tantos extravíos

en la trama de tu ser ?

Pero ya nada te contiene.

Nada.

 

Invisible

Cuando regrese, si alguna vez ocurre,

estaré muy lejos de cuanto pude haber sido.

Un hombre que abre los brazos y vuela.

Árbol florido, gota de rocío.

Avanzaré más allá de todo lo que me ha unido a la raíz.

Me hundiré en lo más hondo de todo lo que me ata a qué.

Más cerca de donde nunca estuve

cuando me toque volver con los brazos abiertos.

En el instante en que ya no sea ni roca, ni árbol ;

sólo una gota de rocío.

Cada vez más lejos

del dónde,

del cuándo,

del qué,

permaneceré grabado en el aire

como un trazo invisible,

lleno de colores, manchas,

rasgaduras, cuellos, ojos.

Y nadie podrá descifrarlo.

PRESENTACIÓN. J.C.Lechvere. el poeta y editor Yves Prié y Jorge Nájar.

Testimonio de algunos tramos de caminos

Fanals, donde el poeta pasa algunas temporadas.

Bilbao. Guggenheim. 2015

J. Nájar, Elqui Burgos, Sonia Luz Carrillo y Ricardo Falla Barreda. París, 2018

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¿DIGERIR LA ALTERIDAD? MÁS ALLÁ DEL ÚLTIMO IKARO por Jorge Nájar

junio 3, 2018 en 2:10 am | Publicado en Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | 2 comentarios
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Acerca de la muerte de Olivia Arévalo Lomas (shipiba) y Sebastián Paul Woodroffe (canadiense) en Tushmo, Yarinacocha, cerca de Pucallpa, el  poeta y narrador Jorge Nájar peruano amazónico,  nacido en Pucallpa, me hace llegar este texto, testimonio y preocupada indagación, que reproduzco en extenso tanto por la información que contiene como por las interesantes interrogantes que abre.

Como ser imparcial es un imposible, comenzaré señalando que yo también soy shipibo. No es una disculpa sino una afirmación. No seré imparcial pero trataré de ser justo. ¿Ser justo o ser imparcial no significan lo mismo? Para comenzar, ellos somos nosotros. Pero, en su mayoría, ellos son mejores que muchos de nosotros; comenzando por la base, son bilingües, lo que significa un mejor entendimiento con el entorno, una mejor y más compleja relación con su espacio de predilección. En los años 50 del siglo pasado fuimos a la escuela juntos. Hemos crecido juntos en las calles de Pucallpa, el conglomerado urbano levantado en lo que fue uno de los espacios más importantes del universo shipibo -y eso hasta antes de la llegada de la carretera central a las orillas del río Ucayali. Hemos trabajado juntos en la shiringa y la extracción maderera. También pienso en los años de la Reforma de la Educación. Pienso en los años de Sinamos. Pienso en los años de la Reforma Agraria.

Si bien ahora vivo en Francia, el rostro de Ronin impera encima de uno de los muebles de mi casa en París. Es un pequeño ceramio con el rostro de ese dios en primera plana. En la misma sala de casa luce un cuadro pintado por el genio creador de Gino Ceccarelli: una abstracción de la cosmogonía shipiba. Ahí están el cántaro y la luna envueltos en una noche luminosa por la osatura de lo que podría ser la serpiente cósmica. Y sobre la mesa siempre están las telas adquiridas hace décadas en ‘Moroti Shobo’, Yarina Cocha. Y, para evitar más petulancias, no voy a entrar en los detalles sobre los libros relativos a ese mundo que habitan en mi biblioteca. Donde sea que haya residido y donde sea que me encuentre, el mundo shipibo ha estado conmigo. En esas condiciones, yo también soy ellos. En esas condiciones, imposible ser imparcial.

Me estoy refiriendo al doble asesinato ocurrido el 19 de abril de 2018 en la comunidad Victoria García. El 22 de abril leí en el diario La República de Lima una información sobre el asesinato de la curandera Olivia Arévalo Lomas (81 años) y linchamiento un ciudadano canadiense, Sebastián Paul Woodroffe (41 años), crímenes ocurridos en Tushmo, Yarinacocha, cerca de  Pucallpa. Y naturalmente se desató en mí la necesidad de conocer los detalles. El diario señalaba que el canadiense disparó al corazón de la anciana y la población se abalanzó sobre él aprovechando que la moto en la que llegó no arrancó. Lo cogieron y acabaron con su vida. La aparición del video en el que se ve a pobladores del asentamiento castigar y ahorcar a Woodroffe movilizó al personal de la Dirección de Investigación Criminal de la Policía Nacional, a miembros de la Región Policial de Ucayali y de la Oficina de Inteligencia Policial. También La República daba cuenta de un aviso firmado por Julián Arévalo: “Por favor, hermanos, ayuden a pasar esto por Facebook. Este es el hombre que asesinó a la maestra Olivia Arévalo después de hacerle cantar un icaro. Esto pasó en la colonia Victoria Gracia, Ucayali, Perú. Esperemos que lo encuentren. Se paga recompensa!” Se han visto muchos otros casos de violencia en el mundo amazónico pero nunca hasta ahora se había focalizado tanto la contradicción entre lo endógeno y lo exógeno.

Con el titular de “El último ikaro”, el diario Impetu del 23 de abril informó sobre el sepelio de Olivia Arévalo Lomas. Me dicen que la historia es la siguiente: el extranjero viene a Pucallpa en busca de un curandero para emprender un aprendizaje sobre las propiedades de las plantas medicinales amazónicas. Nadie explica en base a qué información llegó hasta la casa de la curandera. Se enlaza la amistad entre el canadiense y ella. El hijo de ella, Julián Vásquez Arévalo, le pide un préstamo de dinero. Tiempo después, Woodroffe comenzó a pedir la devolución del préstamo. Una y otra vez fue a buscar al deudor pero éste se volvió inubicable. Enfurecido por sentirse víctima de una estafa, Woodroffe terminó disparando tres balazos a la mujer, la única que daba cara a sus requerimientos. Acto seguido se produjo el linchamiento del canadiense. Y los asesinos se dieron a la fuga.

El 30 de abril leí en El País un informe sobre el caso. Llevaba un título revelador: “La maldición de la ayahuasca”, firmado por Jacqueline Fowks. Daba cuenta de lo que había sostenido el presidente de la Junta de Fiscales de Ucayali, Ricardo Jiménez. De acuerdo a los resultados de una prueba de absorción atómica realizada a las prendas del canadiense Sebastian Woodroffe, “hay una alta probabilidad de que sea el autor del crimen”. En el informe también se puede leer las declaraciones de Robert Guimaraes, presidente de la Federación de Comunidades Nativas del río Ucayali y Afluentes (Feconau): “Este ciudadano quería que le trataran con el ayahuasca de día, pero ésta solo se toma en la noche. Hay una falta de entendimiento de enfoques en los extranjeros o de cualquiera que tiene una mirada distinta sobre esta medicina. Los indígenas ven en la medicina tradicional un componente espiritual y sagrado, hay una diferencia de concepción”. El canadiense había afirmado que pretendía aprender el secreto de las plantas medicinales para tratamientos contra la adicción. El 27 de abril, prosigue la periodista, tras el asesinato de Woodroffe las autoridades canadienses actualizaron su alerta de viajes hacia Perú, y recomendaron a sus connacionales “un alto nivel de precaución debido a un delito grave”, así como por conflictos sociales y huelgas que pueden ocurrir en el país.

Se había encendido la alarma en todas las trincheras. Desde el paternalismo más rancio, pasando por el victimismo y los defensores de la sacralidad de los saberes ancestrales, se denunció la responsabilidad de usureros, de los taladores ilegales, del negocio ayahuasquero a nivel internacional así como del avance de las plantaciones de palma aceitera y de los narcotraficantes que han hecho de Ucayali una tierra de nadie después de las secuelas de la guerra interna que sacudió al país. En la información quedaban sin explicación dos conceptos nada nuevos para la sociedad amazónica: meraya e icaro. El primero califica ahora a la persona poseedora del “secreto” de las plantas, al guía durante las alucinaciones y otros efectos del ayahuasca. Se trata de un concepto que ha aflorado en los últimos tiempos para remplazar al calificativo ayahuasquero que no distinguía entre el maestro de ceremonia y el consumidor del brebaje. El segundo, icaro, también ha evolucionado. En mi adolescencia, icarar servía para designar el acto de entonar melodías “curativas”. Era prácticamente el sinónimo de embrujar. Ahora un icaro es un conjuro curanderil, una incantación con la que el curandero (meraya) acompaña al que se ha sometido a los efectos del ayahuasca. Un canto “sagrado”, dicen.

El 2 de mayo, con el titular de “Dos profesores ahorcaron a canadiense asesino” el diario Extra dio a conocer esta noticia: “Dos profesores fueron quienes quitaron la vida al turista canadiense Sebastián Woodroffe, ahorcándolo con una soga, luego que el extranjero fuera golpeado violentamente con objetos contundentes (…) Ellos fueron identificados como José Ramírez Rodríguez y Nicolás Mori Guimaraes, quienes infructuosamente vienen siendo buscados en la región de Ucayali, reveló una fuente PNP de crédito.

La maestra curandera Shipibo-Conibo Shetebo, Olivia Arévalo Lomas, murió al salir en defensa de su hijo, Julián Vásquez Arévalo, a quien el extranjero le exigía el pago de 15 mil dólares que le había prestado para construir un albergue en esa comunidad. El extranjero en un arrebato de ira y cólera, la atacó a balazos, mientras  que el deudor Julián Vásquez Arévalo, se dio a la fuga y hasta ahora permanece inubicable.”

La información no sólo precisaba el monto de la estafa, también sacaba a luz otro de nuestros más profundos problemas: la educación. Nos habíamos pasado la vida luchando para dignificar el trabajo de los actores de la enseñanza y ahora estábamos ante una monstruosidad. ¿Cómo era posible que ese tipo de personas ejercieran de profesores? Pero en vez de iniciar una reflexión sobre este asunto y sugerir medidas para evitar la repetición en futuro, inmediatamente después del doble asesinato, salieron a flote los recursos más manidos en nuestra sociedad: el victimismo y el paternalismo. La Federación de Comunidades Nativas de Ucayali y Afluentes como el Consejo Shipibo Konibo Xetebo (Coshikox) lanzaron un llamado al Estado peruano para que proteja a los pueblos indígenas que enfrentan amenazas y hostigamientos. Exigieron asimismo que la justicia del país tenga rostro indígena. Algo incomprensible cuando se es realista pues en el Perú, todos somos “indígenas” aunque muchos no lo sepan o se nieguen a aceptarlo. También se convocó a la comunidad internacional a sumarse a este llamado, en especial a los que tienen representación en el Foro Permanente de Naciones Unidas para Pueblos Indígenas. Y agradecieron las muestras de solidaridad que estaban recibiendo “para continuar con la promoción y defensa de nuestros derechos que son los de la Madre Tierra”. Por su parte la Confederación Nacional Agraria (CNA) lamentó que el Estado no implementase un mecanismo de protección para los defensores de los derechos indígenas, quienes continúan expuestos a la violencia de aquellos que pretenden despojarlos de sus territorios ancestrales. En cuanto al problema educativo y a lo ocurrido con el canadiense, mutis. Sólo mutis o alguna imprecación.

Asombrado por la cobertura periodística tanto a nivel nacional como internacional, entré en contacto con un amigo de Pucallpa. Y pregunté sobre el asesinato de la anciana curandera.

-¿Cuál es la realidad?

-Por el momento todo es especulación -dijo. Agregó que algunos medios sostenían que ella y su hijo debían dinero a unos prestamistas colombianos, que en realidad son “lavanderos” del dinero sucio proveniente de la droga. Como no había manera de recuperar el préstamo éstos le metieron tres balazos. “Y murió ahí nomás, a unos metros de su casa.”

Inmediatamente le transmití el resumen de algunos connotados opinólogos: “El asesinato revelaba la situación criminal de las empresas madereras y petroleras que operan en la selva. No es un crimen cualquiera. Es también un etnocidio el silenciamiento de la memoria y la voz de una cultura viva. Es el Perú de hoy, tan parecido al de ayer y al de siempre.” Y añadí, los nihilistas de siempre recurrían a la resurrección de un viejo fantasma.

Mi interlocutor me dijo que él también había visto esas opiniones por varios sitios. “Es la posición de los ONGeros. Olivia Arévalo Lomas es de la CCNN Paoyán, en el bajo Ucayali; radicaba ya en Pucallpa desde joven. Veo ligereza en inmiscuir al sector forestal por este caso. Pero hay algo que todos están pasando por alto: entre los miembros y dirigentes de las CCNN hay una pugna desmedida por el poder, y se dan casos fatales porque hay dinero de por medio.”

Se sumaban nuevos elementos: prestamistas lavanderos del dinero proveniente del tráfico de la cocaína y los conflictos entre las diferentes tendencias aspirantes al control de las organizaciones de las Comunidades nativas,

Unos días más tarde un comunicador de la localidad me dijo que si no moría un gringo en el Perú, el mundo no volcaba la mirada hacia el mismo Pucallpa. Y lo que ocurre cuando se observa nuestra sociedad es que no sólo salta la pus sino que estamos ante una llaga abierta:

– Aquí abundan prestamistas de dinero, producto del blanqueo del narcotráfico. La mayoría de ellos provienen de Colombia. La rutina consiste en prestar dinero a quienes tienen una bodeguita o negocio pequeño con el 20% de interés mensual; si no pagan le dan un plazo y si no cumplen el plazo matan al deudor, así de simple, por eso la confusión en el caso de la meraya, de quien se creía que había sido victima de los colombianos por una deuda  de su hijo.

– Aquí hay muchas pugnas entre gente venida de fuera con la gente ribereña local. Los recién llegados se han hecho de grandes extensiones de tierras en las riberas de los ríos, vertientes y quebradas. Lo hacen con dos fines: o para revenderlas a las transnacionales que siembran palma aceitera a buen precio, o bien para sembrío de arroz. Pero detrás de ellos está el lavado de dinero proveniente del narcotráfico ya que para hacer producir un mínimo rentable en ese cultivo es necesario contar con 10 ha. Se necesita 60 mil soles para mecanizar la tierra con tractor oruga, motobombeo del agua para el arroz, jornal del personal entre otros. Pero el verdadero problema en todo esto es el tráfico de tierras; aquí entran a tallar una serie de complicidades, comenzando por algunos inescrupulosos trabajadores del Ministerio de Agricultura, pasando por los compradores de tierras y la gente que habita en dichas tierras. Estos muchas veces son vendidos con la tierra; son como una yapa. A la hora de posicionarse vienen los problemas de pugnas y disputas que, la mayoría de veces, termina en la desocupación de los ribereños naturales del lugar desalojados por los nuevos propietarios. Esos ribereños expulsados son lo que vienen a la ciudad, los más pobres entre todos los pobres.

Teniendo en cuenta los datos precedentes es posible pensar que el doble crimen está inscrito en una doble ingenuidad. La ingenuidad de los curanderos y su entorno que piensan que a los extranjeros les sale el dinero de las narices. La ingenuidad de los extranjeros que suponen que aquí se halla la tierra sin mal. Pero el problema de los ribereños, shipibos o mestizos, se enmarca sobre todo dentro de la espiral de violencia en la que se halla sumida la ciudad de Pucallpa y sus aledaños desde los años de la guerra interna. La avalancha migratoria vertida sobre la región Ucayali hace años que ha entrado en contradicción con los usos y costumbres de la población ribereña. Hay por el lado más desarrollado de la nueva población campesina venida de todo el país, un sentido de la propiedad de las parcelas cultivadas que se debate contra la idea de los cultivos itinerantes de los nativos amazónicos. Y todo eso en la carencia de títulos de propiedad por uno y otro lado. A ello viene a sumarse la explosión del turismo étnico y del curanderismo a la caza de consumidores internacionales del ayahuasca. Y, claro que sí, no hay que olvidar las aspiraciones al control de CCNN.

Una verdadera dinamita. Hay que estar atentos.

Al mismo tiempo me enteré que la viceministra de interculturalidad del Ministerio de Cultura había estado dos días en Pucallpa y la conclusión a la que llegó junto al Ministerio Público es que el canadiense había prestado dinero a la familia de la curandera para la ampliación de un albergue destinado a la toma de ayahuasca, pero que los familiares se negaban a reconocer el compromiso. Sin embargo, desde mi punto de vista también había que averigua ¿cómo llegó a convertirse en curandera esta señora oriunda de la comunidad nativa de Paoyan? ¿Desde cuándo se había instalado en Tushmo y cómo conseguía clientes? Era fácil suponer la existencia de toda una red. ¿Quiénes de esa red estaban implicados en el asesinato del canadiense? Hay infinidad de interrogantes. Es de esperar que las autoridades den con los responsables y que se explique con claridad el hecho. Es la única manera de evitar la proliferación de leyendas sobre “plantas sagradas”.

Despaché mis interrogaciones al amigo que me dijo haber conocido a la curandera cuando era joven, en Paoyán. La respuesta fue contundente:

– No creo que ella haya aprendido a ser curandera en su pueblo; no lo creo porque los nativos, desde siempre, le han tenido pánico a los brujos y a los pishtacos. Y eso hasta la actualidad entre los que  todavía viven en su lugar de origen. Por eso mismo todo indica que fue en Pucallpa donde ella, apretada por la necesidad, desarrolló esa actividad, seguramente orientada por alguna lideresa que ya existía en Yarina. Me acuerdo de una mujer de apellido Cumapa que incluso se metió en política, formó su grupo y con la ayuda de ellos se adueñó del local  de la cooperativa ‘Maroti Shobo’. Ella orientó a las mujeres shipibas a desarrollar diversas actividades. Y es muy posible que Olivia Arévalo Lomas, en esas circunstancias, optara por la curandería, negocio redondo dentro del marco del turismo étnico, es decir convidar ayahuasca a los gringos. Así, uno de sus hijos al ver que a su mamá no le faltaba el curiqui, el dinero, también entró en el negocio y trabajaban los dos en la misma actividad. Pero como la madre ya era una anciana, éste pendejo de hijo le metió cabeza al canadiense. Eso era lo último que había informado la prensa.

-Alejandro, es muy interesante todo lo que señalas. ¿Has conocido a la curandera? ¿Has conocido a sus hijos? ¿Sabes quién es el padre?

-Te he dicho todo lo que sé, pero quien sí debe saber mucho más es el que le dio el dinero a la profesora que filmó el ajusticiamiento. Te informo también que mañana martes debe estar llegando a Pucallpa un grupo de especialistas a tratar el tema.

El 8 de mayo leí el artículo de uno de dichos especialistas. Me quedé asombrado. Nada nuevo. Demasiada prudencia. Paternalismo. Victimismo. Se lo dije al amigo periodista de Pucallpa y su respuesta fue precisa.

-Los que vivimos en Pucallpa somos testigos de que los shipibos están viviendo un acelerado proceso de aculturación. Tú como nativo de esta localidad también lo sabes. Hay que reconocer, mal que nos pese, que algunos de sus elementos integradores han entrado en un proceso de descomposición.

-¿Tienes alguna prueba concreta?

-Hay 18 shipibos presos en el penal de Pucallpa por violación de niñas entre 12 y 14 años y otros 6 más por peculado cuando ocuparon responsabilidades políticas como regidores y alcaldes distritales.

-¿Así está la cosa?

-Es mucho más grave de lo que imaginas. Se dice que el hijo de la curandera integra una banda dedicada al hurto y a las violaciones. Y lo peor, se sostiene que él promovió el linchamiento del canadiense y después victimó a la meraya.

-¿El hijo mató a su madre? ¿Eso es lo que sostienes?

-Alguien me ha dicho eso. En todo caso, él organizó la persecución y masacre del canadiense.

-Pero esa versión del asesinato no tiene fundamento -arremetí-. La Policía encontró el arma propiedad del canadiense, incluso encontró los casquillos de las balas disparadas por el arma. En la camisa del cadáver del canadiense había pruebas suficientes para sostener que él quien mató a la curandera.

-El caso es truculento y los defensores de los nativos no quieren reconocer el hecho sino justificarlo con un paternalismo pseudo antropológico.

Permanecí mudo. Recordé que el crecimiento de Pucallpa había absorbido a los caseríos periféricos donde se habían concentrado las familias de ribereños huidos de la violencia interna. Los más pobres entre los pobres. Así se explica que no pocos de ellos estén inmersos, como víctimas, en la vorágine del salvaje capitalismo nacional. Esa realidad había obligado a muchas familias shipibas a trasladarse a Lima, a Cantagallo, donde fueron quemadas sus viviendas. La gran mayoría de mis paisanos, los shipibos, sobreviven tanto en Pucallpa como en Lima, entre la precaria venta de artesanías, la mendicidad y la delincuencia.

El jueves 18 de mayo recibí en mi casillero postal el siguiente mensaje: “Jorge, esto salió hoy día en el diario Ímpetu. Te lo envío porque corrobora el comentario que te hice anteriormente, en el caso de los nativos y las ONGs, manipuladoras.”

Se trataba de la columna “Shushupe político” (shushupe, serpiente que al morder mata a su víctima). Transcribo lo referente al caso.

“PROMOCIONAL: Sería conocido en el Ministerio Público que el fiscal a cargo de la investigación del asesinato del canadiense en la comunidad Victoria García sería promocional de Cecilio Soria, conocido dirigente shipibo, y que al parecer es por Soria que los dos implicados, habrían sido advertidos para darse a la fuga (…)

MARCHA: La bronca que se armó por un dinero que habría recibido el shipibo Roberto Guimaraes de ONGs como IDI, KNE, OXFAM, entre otros, para realizar una marcha. Es harto conocido que desde hace buen tiempo muchos dirigentes viven de jugosos aportes del extranjero de estas organizaciones y éstas mismas utilizan a sus dirigentes para sus fines. Sucede que a Guimaraes, ex regidor vacado de Yarinacocha, le han puesto en la mira sus propios paisanos para ver su capacidad de convocatoria a la movilización programada para mañana 19 de mayo.”

-Rocambolesco -respondí-. Tanto el uno y el otro forman parte de la élite shipiba.

Lo que incomodaba era el anonimato del Shushupe (la serpiente que al morder mata a su víctima). En el anonimato se ocultan todos los venenos. Y en este caso, los prejuicios. Ya dije inicialmente que no iba a ser imparcial. Y lo señalo nuevamente porque se me hace que detrás de la denuncia al “promocional” y a la élite, se oculta el rechazo y la negación de la alteridad.

El 19 de mayo me enteré que a medida que avanzaban las investigaciones iba quedando en claro la existencia de bandas integradas por “mestizos y shipibos” gangrenados por la situación social y económica en la que viven.

-¿Son shipibos?

-¿Cómo saberlo? Son en realidad mestizos como tú y yo. Se sostiene ahora que una de esas bandas se organizó para eliminar al canadiense; al parecer lo mataron antes del asesinato de Olivia Arévalo Lomas porque el cuerpo del linchado fue enterrado a 500 metros del lugar donde murió la curandera, pero con la peculiaridad de que su estado de descomposición denotaba más días que el de su declarada muerte.

-Es de miedo. Casi diría inadmisible. Sería saludable la existencia de un documento público al respecto.

Hasta aquí queda claro que se han tejido diversas versiones y cada una responde a diversos intereses:

-Intereses de los ONGeros.

-Intereses de los representantes shipibos.

-Intereses de las autoridades locales y nacionales, del ministro, del Ministerio Público y de la PNP.

-Y claro de los propios Shipibos.

Lo cierto también es que en el desbarajuste actual de Pucallpa resulta difícil saber de qué viven los shipibos urbanos. La mayoría de ellos no tienen ningún oficio y se dedican a delinquir de diversas maneras:

-Manejando motokar, ya que en la actualidad es una herramienta que ellos utilizan para asaltar a cualquier ciudadano que anda distraído o a algún incauto.

-A la estafa con cualquier cuento, sea por la venta de tierras, o la sanación (es el nuevo nombre que los ayahuasqueros mestizos utilizan para atraer víctimas, ellos mismos se hacen llamar “sanadores”). Hay incluso “sanadores” mestizos, pero la mayoría de gringos quieren ayahuasqueros shipibos, para curarse de sus enfermedades, la mayoría terminales o su adicción a las drogas.

– Los shipibos o los mestizos estafadores con el cuento de la madera ya casi no existen (se quedaron en los 90’ e inicios del 2000). Tendrían que ser muy incautas las víctimas pues con la ley de consulta previa los nativos no necesitan hacerlo ya que negocian el porcentaje directamente, y hasta se dan el lujo de escoger, si quieren o no, a tal o cual maderero.

– Con el tema del petróleo e hidrocarburos tampoco tienen posibilidad de estafar ya que PeruPetro negocia desde Lima los lotes petroleros y en la actualidad no es rentable esa actividad por el bajo costo del barril del crudo a nivel internacional; y cuando el barril estaba a más de 100 dólares, hasta el año 2014, ellos preferían trabajar para las petroleras o logísticos petroleros como mano de obra porque pagaban bien.

Todo eso ha agudizado la crisis del mundo shipibo debido a que no hay trabajo en petróleo y hay menos madereros que les dejen porcentajes. Ante esa situación abandonan las riberas de los ríos y se trasladan a la ciudad. En Pucallpa cada vez hay más desempleo y más delincuencia. Muy pocos son los que consiguen trabajo en algún organismo público o en alguna ONG. La Universidad Nacional Interétnica de la Amazonía pese a que está desempeñando un papel muy importante para la formación profesional de la población joven, no podrá hacerlo todo. La mayoría de los que estudian en ahí son nativos muy jóvenes, de 16 a 23 años, que tienen incluso vivienda universitaria y comedor universitario. Ellos son de los pocos que encuentran oficios o se están generando oficios dignos para sobrevivir. El problema mayor sigue siendo el de los nativos adultos con familia y el de hijos menores. Igualmente,  el de los jóvenes que no acceden a la formación.

Ya dije que yo también soy shipibo. Y lo soy más todavía en medio de esta crisis que está destapando el doble asesinato cometido en la comunidad Victoria García. Lo soy en la medida en que somos lo que somos por el ambiente cultural en el que nos hacemos a la vida. Nací y me eduqué en Pucallpa, el núcleo central de este pueblo en las orillas del Ucayali. Mi padre que había aprendido la lengua shipiba, en numerosas oportunidades me rogó que yo también lo hiciera. Nunca invertí la fuerza de voluntad necesaria para conseguirlo pese a que crecí rodeado de muchos de ellos, no sólo en la escuela, también en los diferentes campamentos madereros en los que coincidimos durante largas temporadas. En numerosas oportunidades he estado en Paoyan, de donde era oriunda la señora Olivia Arévalo Lomas y su familia. He vivido en Roaboya y en Tiruntán, localidades todas que antaño fueron verdaderos núcleos de la población shipiba, inmersas ahora en el larguísimo proceso de etnogénesis.

¿Digerir la alteridad? Muchos de ellos si no están ahora trabajando en la enseñanza, en la policía, en el servicio médico o en los diferentes estamentos de la administración pública, son extractores o comerciantes de los productos regionales. Diré más, creo que el pueblo shipibo ha sido el que mejor ha sabido adaptarse ya no sólo a las condiciones medioambientales de la llanura amazónica, también a las sociopolíticas. Ahora todo ese mundo se halla en medio del Apocalipsis. Es el Apocalipsis en el que se encuentran todos los pobres. En la carencia de políticas estructurantes de la sociedad amazónica, muchos han caído en el bandolerismo. Pero ellos no son otros, como muchos pretenden. Ellos son nosotros mismos. Nosotros y nuestra pobreza.

Aquí suspendo este apunte. Quedan muchas cosas por esclarecer. Aquí lo suspendo a la espera de los esclarecimientos oficiales. Y sobre todo, a la espera de las decisiones políticas. Sería de la más alta irresponsabilidad dejar que todo siga pudriéndose.

Jorge Nájar

París, 1° de junio de 2018

Jorge Nájar, París, febrero 2018. Foto: Sonia Luz Carrillo

JORGE NÁJAR. Poeta, novelista y traductor, estudió en Lima Educación y Ciencias Humanas en la Universidad Nacional Federico Villarreal. En 1984 obtuvo el Primer Premio de la Bienal del Poesía del Perú, Premio Copé de Oro, con su poemario Finibus Terrae y en 2001 el Premio Juan Rulfo de Poesía convocado por Radio France Internationale. El Fondo Editorial de la UNFV publicó en 2013 su Poesía Reunida. En francés ha publicado Toile Écrite (La Différence, 1992); Gravures sur maté (Folle Avoine, 1999); Figure de proue (Folle Avoine, 2006). Hotel universo. Oráculos, fue publicado por Editorial Summa y el  IV Festival Internacional de Poesía Primavera Poética 2016. Autor de varias novelas, como El Alucinado,  de las que hemos dado cuenta en este blog. Como traductor ha organizado y traducido una Antología de Poesía contemporánea de expresión francesa publicada por la Unesco -2002- y la Universidad Católica de Lima, El Manantial Oculto, 2003. Ha organizado y traducido una antología de la poesía de Claude Michel Cluny, Ulises y su perro, Bogotá, Común Presencia, 2005 ; así como uno de sus libros de relatos, Pastoral Hotel, México DF, Verdehalago & Universidad Autónoma de Puebla, 1998). De Paul Claudel ha traducido Conocimiento del Este, Pontificia Universidad Católica del Perú, El Manantial Oculto, 2008. De Claude Coufon ha traducido A la sombra de este cuerpo, Arequipa, Universidad Nacional de San Agustín, 1988; Ventana a la noche, París, Librairie Espagnole, 1996; Tarde o temprano, México D.F., ed. Linajes editores, 2002.  Reside en París desde 1977.
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