EGUREN, ‘POETA EJEMPLAR Y ÚNICO’, MARIÁTEGUI en AMAUTA

abril 1, 2017 en 1:06 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea | Deja un comentario
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En la puerta de abril, MES DE LAS LETRAS en el Perú, comparto este valioso documento, La Introducción del  N° 21 (Lima, 1929) de AMAUTA, la célebre revista dirigida por José Calos Mariátegui, dedicado a homenajear al “mágico decorador de la noche”, José María Eguren.

POESIA Y VERDAD

 PRELUDIO DEL RENACIMIENTO DE JOSE MARIA EGUREN*

El proceso literario del Perú nos ofrece un derecho que podemos ejercitar sin peligro de competencia: el del homenaje a José María Eguren. Queremos ejercitarlo precisamente porque hasta ahora ningún grupo, ninguna revista literaria lo ha reivindicado para sí. Ni Eguren buscó nunca con su arte el homenaje público, ni Amauta ha sido empresaria de ninguno. Estos dos antecedentes garantizan la libertad y la justicia con que juntamos en las páginas siguientes los elogios que la nueva generación dedica, con inobjetable sinceridad, al grande y querido poeta.

Muerto González Prada, Eguren es el único entre nuestros mayores a quien podemos testimoniar una admiración sin reservas. En ningún otro encontramos los mismos puros dotes de creador. Y como ninguna consagración acaparadora o interesada compromete la independencia de su arte, podemos rodearlo con orgullo, y con énfasis.

Al don genial de la creación, Eguren unió siempre la pureza de una vida poética. No traficó nunca con sus versos, ni reclamó para ellos laureles oficiales ni académicos. Es difícil en el Perú ser tan fiel a una vocación y a un destino. Porque lo sabemos. Eguren nos parece más ejemplar y único.

Sin programa, sin ceremonia, sin rito, sin motivo, fuera de toda razón conmemorativa y cronológica, Amauta ha convidado a algunos de sus colaboradores literarios a participar en este insólito homenaje, para el que no hemos querido esperar, por no restarle modestia y repentinismo, los mensajes de adhesión de César Vallejo. César Falcón, Alberto Hidalgo, Enrique Bustamante y Ballivián, Armando Bazán, Blanca Luz Brum, Magda Portal y otros amigos ausentes, que habrían sido de los primeros en acudir a nuestra cita.

Esto, en fin, no es un homenaje sino un reconocimiento, una salutación. Si a Eguren le gustara el estruendo criollo, lo llamaríamos albazo. Porque, si de aquí está proscrita la pirotecnia, en su sentido municipal y jaranero, es con la alegría matinal del alba como la juventud prefiere acercarse a este decorador mágico de la noche.

Después de la larga y señera vigilia, Eguren vela alerta todavía, Tiene la sombra de una fatiga azul en los párpados; pero guarda intacta la lumbre de sus pupilas de cazador de imágenes. Nos ha dado quizá, todos sus versos; pero nos reserva aun la sorpresa de su prosa, qué será siempre poesía. Poesía y Verdad, como decía Goethe.

La evasión de la realidad lo ha conservado puro. Tiene entera la inocencia de poeta muy semejante en su caso a la del niño, pero que no debe ser entendida restrictivamente, sino como elemento estético y creativo. (Porque es riesgoso exagerar la idea de Eguren infante. A lo largo de su conversación gentil, se hace siempre el descubrimiento de su malicia). Jorge Basadre termina su magnífica versión de Eguren con la advertencia de que su elogio es también una elegía. Pero Eguren, física y estéticamente, está en la madurez. Su poesía empieza sólo ahora a influir en las cosas. El Country Club decora sus campos de tenis con la retama, la pálida flor del campo limeño que Eguren amó el primero. Es todavía poco; pero en todo lo que podemos exigir al gusto anglo-sajón de la civilización del asfalto. Al borde de las pistas de automóviles, la niña-flor de Eguren, la ginestra amarilla, es la primera victoria de su poesía.

No: no nos sentimos delante de un ocaso. Si a Eguren se le hubiese acabado la juventud, podría haberla recobrado en nosotros. Queremos a toda costa incluirlo en nuestra esperanza, afirmando que no sólo es pasado sino también futuro. Y que aquí Amauta preludia algo que podríamos llamar así: Renacimiento de José María Eguren.

 NOTA:

* Publicado en Amauta, como introducción al número de homenaje a José María Eguren (Nº 21, febrero-marzo de 1929, págs. 11 y 12).

Reproducido de  Boletín Casa Museo José Carlos Mariátegui, N° 93 Enero-Febrero, Lima,  2017 p.  8

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LA SENSIBILIDAD INTELIGENTE. Mariátegui, lector de Eguren

mayo 20, 2007 en 2:45 am | Publicado en Artículos sobre Literatura | 1 comentario
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Conferencia dictada con ocasión del Homenaje a José María Eguren en la Casa Museo José Carlos Mariátegui, 12 de mayo de 2006

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Leer a Mariátegui siempre es un placer. Y leerlo observándolo a la vez como lector es una tarea apasionante. Su penetrante capacidad para hallar la esencia de cada fenómeno nacional o internacional, se hace aún más aguda cuando se trata del arte. Y exquisito ejercicio cuando de poesía se trata.

Cuando Mariátegui lee poesía se convierte en el lector que todo poeta ambiciona, porque no es sólo imponente erudición sino phatos, sensibilidad recreadora, lo que Leopoldo Chiappo, en un memorable texto sobre la obra dantiana llama sensibilidad inteligente porque, como argumenta el maestro peruano,

“se pueden acumular ingentes cantidades de conocimientos y lograr la más impresionante erudición informativa sobre una materia y, sin embargo, no haber tenido la menor percepción de lo que es vivo y real en esa materia. La masa de un saber intelectualizado aplasta la sensibilidad. Y solo a la sensibilidad inteligente se abre aquello que es realmente vivo en las personas y las cosas, en las ideas y en los libros, en el mundo de la realidad y el mundo de la cultura” (1)

José Carlos Mariátegui ostenta esa sensibilidad inteligente precozmente alimentada y puesta de manifiesto desde sus crónicas en El Tiempo y también en sus poemas que luego prefirió obviar. Por eso, en Mariátegui encontramos una manera de acercarse al hecho literario en general y poético en especial, nueva y que aunque había sido anunciada por González Prada, tiene su expresión madura en lo miembros de la brillante generación de los años veinte.

Al respecto es ilustrativo el artículo titulado “La generación literaria de hoy” conversación de Juan Croniqueur con Manuel González Prada en octubre de 1916. En ella entrevistado y entrevistador comparten concepciones esenciales en torno a la poesía peruana que les precedió y a la nueva que emergía.

Mariátegui reproduce la opinión de su interlocutor “Antes se imitaba con ramplonería y atraso. Unos literatos se distinguían por su absoluto apego al más frío clasicismo. Y otros se perdían en el romanticismo más exagerado… dominaba una incipiente y burda estética”. (2) Y más adelante Mariátegui refiere que González Prada elogió de Eguren su extraña y personal visión de las cosas, muestra de un simbolismo del que no se podía rastrear el origen y al que “había que atribuirle la más rara espontaneidad” . (3)

Con José María Eguren Mariátegui establece una inmediata afinidad. En 1921 le dice en una carta “Creo que una obra suya en estos tiempos será muy artística… Envíeme su producción, especialmente poesías”. (4) Más adelante volveré sobre el tema. Permítanme ahora seguir con esta mirada sobre Mariátegui lector de poesía.

A la señalada sensibilidad, se une muy pronto la reflexión madura. En Mundial, en 1924 hablará de la Torre de Marfil. Y continuará leyendo poesía y meditando sobre ella y sus conexiones con el tiempo en el que se produce como cuando en 1927, con ocasión de la muerte de Rainer María Rilke, publica en Variedades “Es aventurado establecer categorías estéticas. Pero no se puede prescindir de ellas para enjuiciar con cierto orden la poesía y el arte de esta época caótica. El caos en la poesía y en el arte no es nunca tan absoluto como para no aceptar provisoriamente un orden que permita explorarlo y analizarlo”. (5)

La lectura que Mariátegui hace de la poesía nos lo revela  como un lector siempre amplio, informado y heterodoxo. Hay dos puntos que creo indispensable remarcar. El primero es su postura comprensiva del arte que empezaba a nacer y que a muchos desconcierta, y el segundo es la importancia que otorga al papel de la subjetividad del poeta.

Mariátegui lee desde una posición pero nunca es una lectura prejuiciada o excluyente. Antonio Melis lo dice con gran precisión “La apertura de Mariátegui a las manifestaciones plurales de la poesía se relaciona con la intuición e la carga liberadora de la misma.” Y esto es necesario remarcarlo porque como sigue diciendo Melis significa fundamentalmente “una toma de posición frente al enjuiciamiento del arte que venía haciéndose desde el marxismo” y que en Mariátegui escapaba del “criterio utilitarista dominante”.

En el arte nuevo de comienzos del siglo XX, fundamentalmente las escuelas de vanguardista y especialmente el dadaísmo Mariátegui observa que “El artista antiguo se sentía un hierofante, un sacerdote. El artista nuevo se siente más bien un jugador”. A este carácter lúdico le encuentra un sentido profundo “La incoherencia no es en el dadaísmo un exceso, sino un elemento, un factor básico, esencial….todo esto es demasiado insólito, demasiado disparatado. Pero es asimismo muy propio de nuestro tiempo… es fruto de una época” dirá con enorme lucidez. Es que Mariátegui capta las vicisitudes de los cambio culturales que se venían operando en una sociedad mecanizada que tenía lugar en urbes complejas.

No es difícil imaginar las reacciones que sus aseveraciones provocaban a los que querían un arte exclusivamente didascálico. Por eso argumenta con solidez al invitar a una lectura equilibrada “Internémonos más profundamente en el sentido del arte de hoy… Dentro del concepto vigente del arte la forma es la expresión del contenido. Dentro del concepto novísimo, la forma es todo: es forma y contenido al mismo tiempo. La forma resulta el único fin del arte”. Cuanta razón tiene por eso el poeta Alberto Hidalgo cuando en una cara citada por Antonio Melis en Correspondencia le dice al gran pensador “Usted no pasa sobre las cosas sino que las araña para ver lo que se oculta bajo su epidermis”.

Y es que Mariátegui sabe escuchar a los poetas y como afirma Melis “no hay en él la menor intención de darles directivas o consignas. El criterio fundamental de juicio es la calidad de la elaboración formal”. En El artista y la época dirá del poeta Esenin que en su poema Inonia exclamaba “Así habla según la Biblia, el poeta Esenin” que se trata de un exasperado individualismo, vale decir, puro romanticismo”. El reconocimiento de este rasgo no tiene en lo más mínimo una carga peyorativa sino el reconocimiento de una de las características esenciales de esta corriente artística cual es la exaltación del yo. Por eso con respecto a la poesía de Tagore dirá que es “siempre tersa, sencilla… poesía profundamente lírica. Siempre voz de hombre. Nunca voz de multitud. Y sin embargo, perennemente grávida, eternamente henchida de emoción cósmica” .(6)

Mariátegui lee a Eguren

“Decorador mágico de la noche” llama José Carlos a José María Eguren con ocasión de dedicarle el número 21 de Amauta, en 1929 como homenaje al poeta de Simbólicas. Antes había precisado “Con Eguren aparece por primera vez en nuestra literatura la poesía de lo maravilloso” elogiando una obra que “no pretende ser historia, ni filosofía, ni apologética, sino exclusiva y solamente poesía.” (7)

Ante la calidad de la obra de Eguren, reclama “Que nadie le regatee la originalidad a una poesía que transitando por la ruta de lo maravilloso, por los caminos del sueño toca el misterio”. Distingue por ello el simbolismo de Eguren “que viene, ante todo, de sus impresiones de niño. No depende de sugestiones literarias. Tiene sus raíces en la propia alma del poeta… Por eso su poesía es una visión tan virginal de las cosas”.

Para Mariátegui mientras que en el simbolismo europeo “el misterio es con frecuencia un producto de la alquimia literaria”, Eguren “interpreta el misterio con la inocencia de un niño alucinado y vidente”.

Esto no es obstáculo para que advierta sobre los riesgos de exagerar la idea de Eguren infante. En Peruanicemos el Perú reconoce que “Eguren se encuentra física y estéticamente en la madurez”. De manera ejemplar ubica al poeta dentro de “Aquellos artistas que maduran y florecen extraños al penoso y áspero crecimiento de sus pueblos…quizá los únicos artistas, que en ciertos períodos de la historia puede poseer un pueblo”.

En frases memorables, Mariátegui, pensador marxista, exclama ante la obra de José María Eguren “Poesía de estancia y de interior. Porque así como hay una música y una pintura de cámara, hay también una poesía de cámara. Que cuando es la voz de un verdadero poeta, tiene el mismo encanto”.(8)

Referencias

1 Leopoldo Chiappo. Escenas de la comedia, Estudios dantianos. Introducción TI, Lima, Universidad Cayetano Heredia/ Concytec, 1986

2 José Carlos Mariátegui. “La generación literiaria de hoy” En: Mariátegui y su tiempo Lima, edit. Amauta, 1972 p 131

3 Loc. Cit, pp 133-134

4 “José María Eguren” Correspondencia (1915-1930) Lima, Biblioteca Amauta, 1984 p 32

5 “Rainier María Rilke” En: El artista y la época. Colección Obras completas. Lima, Edit. Amauta, 1959 p. 122

6 La escena contemporánea. Decimocuarta edición, Ed, Minerva, 1987 p. 199 y 203

7 “Poesía y Verdad. Preludio al renacimiento de José María Eguren” En Amauta, N° 21 Ahora en Peruanicemos al Perú Segunda edición, Lima, Amauta, 1972 pp158-159

8 “El proceso de la Literatura” En: 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Undécima edición Lima, editorial Amauta, 1967 pp254-263

SONIA LUZ CARRILLO
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 Ver: Mariátegui pensando y sintiendo entre guerras / José María Eguren

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