UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS.TRADICIÓN Y DOCTRINA DE LA AUTONOMÍA. 466 ANIVERSARIO, DISCURSO DE ORDEN POR EL Mg. RICARDO FALLA BARREDA

mayo 19, 2017 en 1:45 am | Publicado en Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario
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Discurso de Orden, Mg. Ricardo Falla Barreda. Salón General, local histórico de la UNMSM, Lima

El 12 de mayo del presente año la Universidad Decana de América, San Marcos de Lima, celebró el 466 aniversario de su creación, entre otras numerosas actividades, con una Sesión Solemne realizada en el histórico e imponente Salón General de La Casona  del Parque Universitario, actual Centro Cultural de la universidad.   El discurso de Orden  estuvo a cargo del Magíster Ricardo Falla Barreda, profesor principal e investigador de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la casa de estudio que a lo largo de los siglos ha aportado al país los nombres de hombres y mujeres que enorgullecen la cultura, las ciencias y las artes del Perú.

El texto, rigurosa presentación de hechos y circunstancias históricas, constituye una sólida argumentación del carácter fundacional de la actividad universitaria peruana y especialmente en lo que se refiere al concepto de autonomía universitaria, nacida de la especificidad de la Universidad Decana de América.

Por su interés y calidad argumentativa  es fundamental difundirlo en su totalidad.

SEÑOR DOCTOR, ORESTES CACHAY BOZA

RECTOR MAGNÍFICO DE LA REAL Y PONTIFICIA UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS.

Señor Presbítero de la Orden de Predicadores fundadora de la Universidad de San Marcos Richard Manrique Díaz, Prior del Convento de Santo Domingo de Lima.

Señora Doctora,  Elizabeth Canales Aybar,  Ilustre Vicerrectora Académica de Pregrado.

Señor Doctor, Felipe San Martín Howard, Ilustre Vicerrector de Investigación y Posgrado.

Respetables Señores Rectores de las Universidades Tricentenarias y Republicanas del Perú y del extranjero que nos honran con su presencia.

Eminente Señor Embajador del Reino de España.

Ilustres representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en el Perú.

Insignes Señores Decanos.

Distinguida Señora Doctora Teonila García Zapata, Presidenta de la Comisión de Celebraciones Conmemorativas del 466 aniversario de nuestra Universidad.

Distinguidos Profesores Principales, Asociados y Auxiliares.

Representantes del cuerpo administrativo de la Universidad.

Señoritas Alumnas y Caballeros Alumnos.

Distinguida concurrencia.

Señor Rector Magnífico:

La tradición es fuente de derecho: Hace 466 años de un día como hoy, el Emperador Carlos de Gante, o Carlos I de España y V de Alemania, decretaba de puño y letra, mediante Real Provisión emitida en la ciudad de Valladolid, lo siguiente: “Fray Tomás de San Martín de los Predicadores pide fundarse Estudio General para la Ciudad de los Reyes del Perú; crease el dicho Estudio General para la Ciudad de los Reyes con los mismos privilegios, libertades y exenciones que goza el Estudio General de Salamanca. Yo, el Rey”. Luego, y de acuerdo al orden jurídico de la época, los notarios elaboraron la Real Cédula que sería firmada por la Reyna Juana de España, madre del Emperador.

La creación de San Marcos fue, pues, por Real Provisión, acto político y jurídico de mayor jerarquía que la real cédula, donde se puede apreciar el papel jugado por el dominico Fray Tomás de San Martín OP, doctor en Teología y Maestro en Artes, hombre que gozaba de gran prestigio intelectual y ético, y por estas virtudes su nombre fue anotado por el Emperador. El 25 de julio de 1 571, el Papa San Pío V confirmaba la fundación de San Marcos mediante la Bula Exponi Nobis, inmediatamente después de obtener el Pase Regio del Consejo de Indias de Sevilla; así, luego de confirmar a perpetuidad la fundación de la Universidad, estableció que “el estudio general tiene valor perpetuo y puede pechar para todo el orbe”, lo que se quería decir, en la semántica de hoy, es que los grados expedidos por San Marcos, tienen valor académico en todo el mundo. Así, se cumplía en toda su extensión el procedimiento jurídico instaurado por el Emperador Carlos en aplicación de las Nuevas Ordenanzas de 1 525 derivadas de la política regalista impuesta por él: la autoridad del rey está por encima a la autoridad del Papa, quedando así: primero, la emisión de la Real Cédula; segundo, Pase Regio del Consejo de Indias; y tercero, la confirmación pontificia. San Marcos, pues, quedó ubicada por derecho propio en la cumbre de las gestas históricas relevantes del Perú y del mundo, y por ello siempre será la Universidad del Perú, Decana de América. Este acto jurídico estructurado en los Reinos y Provincias del Perú, conserva en la República del Perú toda su vigencia y consecuencia.

Distinguida concurrencia: los primeros años de la joven universidad limeña no fueron satisfactorios. La actividad académica iniciada en enero del 1 553 mediante las Facultades de Teología y Artes (Letras), siendo su primer rector el dominico Dr. Fray Juan Bautista de la Roca, se desarrollaba en el Convento de Santo Domingo de Lima; en este lugar se tenía con frecuencia la interminable y acalorada disputa, propia de la escolástica, entre dominicos y jesuitas, franciscanos y mercedarios, agustinos contra laicos, y todos contra todos. Y es que el funcionamiento se hacía con arreglo a la Constitución dominica, por ello, sea quien fuere el prior del convento éste se convertía de hecho en rector. En 1 571, el Virrey Francisco de Toledo, en el contexto de la confirmación de la fundación de San Marcos mediante la Bula Exponi Nobis, emitió la Real Cédula que aprobaba la primera Constitución (estatuto) de la Universidad con el siguiente título “Constituciones de la Universidad de Los Reyes. Hecha por el ilustre Señor Rector y Doctores y Maestros de la dicha Universidad”. Y en el capítulo Uno, se inscribió “Como se elige Rector cada año que sea lego”, y a continuación anotaron: “Primeramente el Rector ha de ser lego, dottor, elegido por votos de todo el claustro, y por cédulas secretas, y ha de ser anual, que se elige a cada año (…)”. Antes, de proseguir, veamos que sucedía en las Universidades de Salamanca y México. La Universidad de Salamanca, la más antigua de España, modelo de San Marcos, ordenaba su funcionamiento de acuerdo al libro Las Partidas de Alfonso X de Castilla tildado por su pueblo como “El sabio”, quien al referirse al complejo asunto de la Universidad dispuso que el “rector debe ser elegido por consejo de Consiliarios en número de ocho”. Pues bien, la Universidad de México que a la sazón reproducía en su seno el funcionamiento de Salamanca, dispuso que “el rector debe ser elegido por consejo de Consiliarios en número de cuatro”. Ambas universidades, carecían de Estatuto propio, y al ver que San Marcos se investía del derecho de poseerlo, acontecimiento que le permitía la elección del rector por todo el claustro, profesores y estudiantes, por voto secreto, pidieron al Rey Felipe II que les concedieran los mismos privilegios otorgados a la Universidad de Lima. Recién en 1 600 Felipe III aprobó la reforma de Farfán en alusión a Pedro de Farfán autor de la Constitución de la Real y Pontificia Universidad de México; y en 1 603 aprobó la llamada reforma de Caldas en reconocimiento al Dr. Juan Álvarez de Caldas, autor de la primera constitución de la Universidad de Salamanca. Así, y partir de este momento histórico, todas las universidades de naturaleza real y pontificia del mundo, recibieron la autorización de tener Constituciones propias, con la intención que eligieran al rector al igual que lo hacía San Marcos de Lima.

Ahora, retornemos a la Constitución de San Marcos. En el artículo antes citado, se pueden apreciar varios conceptos: primero, el “rector debe ser lego”, es decir, laico, y con ello estaba surgiendo una nueva situación de la vida universitaria de la época con extraordinaria proyección al futuro, la universidad era definida como institución secular, laica, abierta a todas las líneas de pensamiento e independiente del Estado monárquico propietario de ella; segundo, el rector, al ser elegido por todo el claustro, profesores y estudiantes mediante votación secreta, es decir, fuera del alcance de las connivencias del poder político o religioso, mostraba el surgimiento de una situación novedosa que luego caracterizaría a las Universidades del mundo: la autonomía universitaria, lo que implicaba reconocer que la Universidad se gobierna por sí misma y se modifica por sí misma; además, al establecer que los electores, profesores y estudiantes, “todo el claustro”, confirmaba el concepto clásico que define a la institución universitaria, “universitas magistrorum et scholarium et discipulorum” corporación de profesores, estudiantes y egresados. Con legítimo orgullo podemos afirmar que la Autonomía Universitaria, hecho que significaba no solo distanciarse de las arquitecturas del poder político de turno, sino la preservación del fuero académico de perfil democrático como rasgo central que define a las Universidades, fue creación heroica de los profesores de San Marcos, tal como dejó constancia el propio Virrey Toledo, quien supo escuchar a la Universidad y renunció a imponerle su criterio, al decir “hecha por el ilustre señor rector y doctores y maestros de la dicha universidad”. Es probable -en vista de la pérdida de valiosa información relacionada a los actos académicos y administrativos de la universidad a consecuencia de la guerra del Pacífico-, que los autores de la innovadora Constitución de San Marcos fueran los doctores Pedro Fernández de Valenzuela, Gaspar de Meneses, Antonio Sánchez Renedo, Juan de Herrera, Jerónimo López Guarnido, Marcos de Lucio, en vista que entre 1 571 y 1 576 ocuparon sucesivamente por elección el cargo de Rector. No obstante, lo que pueda interpretarse, Fernández de Valenzuela fue el primer rector electo por votación secreta de todo el claustro, profesores y estudiantes; y el 22 de diciembre de 1 574, siendo rector el Dr. Marco de Lucio, adoptó el nombre del evangelista San Marcos y el blasón y bandera que la distingue hasta hoy. En 1 602, Antonio Ricardo imprimió por primera vez la Constitución de San Marcos en calidad de documento que consolidaba las modificaciones y agregados al texto original efectuados en 1 578, 1 581 y 1 584. En el actual Estatuto, se afirma que la primera Constitución impresa de la Universidad la realizó Antonio Ricardo en 1 575. Sucede que recién en 1 584 entró en funcionamiento la imprenta del célebre artesano turinés, siendo el primer texto que estampó para el Perú y Sudamérica La pragmática de los diez días. Por tanto, resulta imposible sostener que en 1 575 se prensó la Constitución, simplemente porque Antonio Ricardo aún no estaba en el Perú ni había instalado su imprenta; pensamos que se trata de una simple errata que deber ser inmediatamente corregida.

En 1 584, en momento que los Reinos y Provincias del Perú era gobernado por el virrey Martín Enriques, éste molesto por los aires de independencia que mostraba la universidad limeña, situación que la consideró peligrosa para los intereses de la corona, modificó la Constitución de San Marcos de 1 571 y estableció que “La elección de Rector y consiliarios la han se hacer cada año el Rector y consiliarios presentes como se hace en la Universidad de Salamanca y los consiliarios sean ocho (…)” Esta modificación que puso en evidencia la situación de la Universidad de Salamanca como era la ausencia de autonomía para autogobernarse, generó malestar entre los profesores y estudiantes de San Marcos, y acudieron en actitud de queja ante el rey Felipe II, quien desautorizo a su Virrey, le prohibió terminantemente intervenir en los asuntos de la Universidad, aceptó el reparo y restituyó el derecho del claustro de actuar con plena autonomía. Dicen los Proverbios, “no hay nada nuevo bajo el sol”; pues bien, la elección del rector y demás autoridades por votación secreta de toda la comunidad universitaria la poseyó San Marcos desde 1 571 hasta 1 850 año que fue instaurada la modalidad representativa, la asamblea. Hoy, la ley 30220 al disponer que las autoridades sean elegidas por toda la comunidad académica, no ha hecho otra cosa que retrotraernos al modelo virreinal. Y para que se tenga idea de la expectación limeña relacionada a la elección del rector de San Marcos, en 1 849 el poeta Manuel Asencio Segura, escribió en el Espejo de mi tierra: “aunque gruñan severos Aristarcos / yo prefiero a estos tiempos que dan grima / aquellos tiempos en barullos parcos / en que tan solo se agitaba Lima / cuando elegía su rector San Marcos o votaba una cátedra de prima”.

Invitados. Representantes de los más importantes organismos públicos y privados. En esta ocasión, la sesión contó además con la asistencia de numerosos rectores de otras universidades- públicas y privadas – del país.

El actuar con autonomía, asimismo, implicaba que la Universidad reconocía un cuadro de deberes y responsabilidades, por ello, la Constitución de 1 571 modificada en 1 578 por el mismo claustro (Rector, Jerónimo López Guarnido), 1 581 ( Rector, Pedro Gutiérrez Flores) y 1 584 (Rector, Antonio de Molina), se instituyó el llamado Claustro de los Diputados conformado por dos catedráticos, un teólogo, un jurista, quienes representaban a las cátedras de teología, cánones y leyes, además participaban dos consiliarios bachilleres en representación de teología, cánones y leyes; dos Maestros, uno en teología y otro en cánones o leyes; dos estudiantes en representación de las Facultades. Este Claustro de los Diputados tenía la función exclusiva de opinar y fiscalizar respecto a los actos administrativos y financieros de la universidad, velar por la conservación del local, fijar criterios para la obtención de rentas, y aplicar penas y multas a quienes infringían la Constitución de la Universidad. El claustro de los diputados, pues, instituido en la Universidad de Salamanca, fue adoptado por San Marcos, pero enriquecido al integrar en su seno al Rector, al maestre de escuela, bedel y secretario de la universidad. Así, nacía la conducción corporativa de la Universidad a la que hoy denominamos Consejo Universitario; asimismo se fijaban conceptos básicos en materia universitaria, a saber, autonomía académica, económica, normativa y administrativa.

LA VIDA ACADÉMICA DE SAN MARCOS RESULTABA, Y RESULTA,  IMPOSIBLE REAL IZARLA SIN AUTONOMÍA

La vida académica de San Marcos resultaba, y resulta, imposible desarrollarla sin autonomía. Por ello, los rectores cuidaban con escrupuloso celo cualquier atisbo de intervención del poder político de turno en los asuntos universitarios. Tanto era así, que el eminentísimo Doctor Pedro de Peralta y Barnuevo, tres veces electo rector de San Marcos en los primeros lustros del siglo XVIII, logró que la Real Audiencia de Lima creara el cargo universitario de Alcalde del crimen con la finalidad de sancionar dentro del fuero sanmarquino a quienes transgredían la ley al interior del claustro. Así, nacía el derecho de la Universidad de cuidarse por sí misma ante las inconductas de diverso tipo cometidas por algún miembro de la comunidad universitaria.

Bajo los alcances de la Constitución de 1 571 con sus respectivas modificaciones y actualizaciones a tenor de los cambios históricos del Perú y el mundo, San Marcos se gobernó hasta 1 850, año en que el gobierno de Ramón Castilla aprobó el Reglamento de Educación Pública mediante el cual, al referirse a la Universidad, derogaba la Constitución de San Marcos de 1 571 en momentos que el Dr. José Martín Garro se desempeñaba como Rector, dejando constancia que el Estado respeta el privilegio de la Universidad de sancionar sus estatutos, de elegir a sus autoridades, aprobar o desaprobar su planes de estudio, fijar sus rentas y gastos, administrarse y modificarse por sí misma. En 1 856 en momentos que el Dr. José Dávila y Condemarín ejercía el cargo de Rector, se adoptó la modalidad representativa, asamblea de profesores para la elección del rector, anulándose el derecho de los estudiantes de participar con voz y voto en los órganos de gobierno universitario. Hay que advertir que, durante el periodo monárquico de la historia peruana, no obstante, el desagrado que mostraban los virreyes por la amplia autonomía que poseía la Universidad, incluso al aprobarse las llamadas reformas borbónicas en el siglo XVIII que trajo consigo la expulsión de la Compañía de Jesús del suelo latinoamericano, la Universidad de San Marcos fue respetada en su dignidad autonómica. Es más, a pesar del profundo enfado manifestado por el virrey Agustín de Jáuregui al escuchar el discurso colmado de reivindicaciones sociales y políticas que pronunciara el muy ilustre Dr. José Baquíjano y Carrillo, precursor de la Independencia, la autoridad virreinal respetó escrupulosamente la autonomía universitaria.

El 30 de julio de 1 821, la Universidad de San Marcos en la voz del Doctor José Ignacio Mier, Rector, juró en nombre de toda la comunidad sanmarquina la independencia del Perú, y dijo “Juramos a Dios y a la Patria defender con nuestra opinión, persona y propiedades la Independencia del Perú de cualquier otra dominación extrajera”. Este juramento se mantiene incólume hasta nuestros días, y por ello San Marcos siempre se ha reafirmado en la defensa de nuestros recursos naturales, de la integridad territorial de la patria, del conjunto de la sociedad y sus culturas, de la libertad e independencia a la que tienen derecho los peruanos de ayer, hoy y de siempre.

En 1 825, luego de fundarse la República del Perú, el Dr. Toribio Rodríguez de Mendoza, gran Prócer de la Independencia, fue elegido rector de San Marcos. Este prohombre de la república era conocido y respetado por sus ideas jacobinas -izquierdista, le dirían hoy en día- a pesar de ello los profesores vinculados a su línea ideológica criticaron su actitud de respeto a quienes profesaban pensamiento distinto al de él. Rodríguez de Mendoza, hombre culto y justo, les respondió a sus ocasionales censores: “Como diría Voltaire en respuesta a la viuda de Helvetius, no concuerdo con sus opiniones, pero lucharé hasta el final para que puedan expresarlas”. Y aquí se formula y dibuja el espíritu de la autonomía universitaria y que traza la línea axiológica de San Marcos hasta nuestros días: la libertad de expresión, de opinión, de todos los miembros del claustro es consustancial al principio de autonomía universitaria; y los garantes de ello son el rector, en primer lugar, y el cuerpo de catedráticos. En San Marcos, pues, desde aquellos lejanos tiempos no hay, ni debe haber, delito de opinión, de crítica. Y es que el disfrute de la libertad, el libre albedrío, es el más precioso don que la humanidad ha recibido de quien la hizo. Además, expresa en el caso de San Marcos su extraordinaria fortaleza ética institucional. El goce de la libertad a la que juró San Marcos como conquista de la conciencia, la conduce con la autoridad moral que posee, a rechazar la opresión de cualquier tipo, la intolerancia, la prepotencia, y reprobar con energía el uso del terror como método de acción política-social cometida por cualquiera de los miembros de su comunidad y fuera de ella.

En 1 876, el presidente Manuel Pardo promulgó la ley de Instrucción Pública donde se creó el estatus de universidad mayor y universidad menor. San Marcos fue catalogada como Universidad Mayor, que significa en el decir de la ley, el imperio de sus privilegios, a saber: actuar con plena autonomía académica, económica, normativa y administrativa, elegir a sus autoridades, aprobar sus planes de estudio, modificarse por sí misma. En cambio, para las universidades menores, era el Ministerio de Instrucción Pública la entidad que las tutelaba en el más amplio sentido del término. San Marcos, pues, es la única universidad mayor que el Perú posee, y por ello en su nomenclatura dice Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se trata del rango que la República del Perú le reconocía, y reconoce, a tenor de su tradición, fuente de derecho.

En el siglo veinte, el concepto de autonomía universitaria y la forma de ejercerla, legítimo patrimonio intelectual de San Marcos, ha sido tomada sin autorización alguna y aplicada en todas las universidades públicas, particulares y privadas. Y aquí, permítame la digresión, un país como el Perú, que vive desde la fundación de la república la endémica crisis del Estado-nación, hecho que ha significado en diversos momentos de sus historia la violación a los espacios democráticos que lo sustentan, con su secuela de violencia política y social, donde la lucha por la justicia social fue penalizada, las ideas de cambio reprimidas, llegándose al caso que a mediados los años sesenta del siglo pasado, en momentos que el Perú era gobernado por un civil, se dispuso la incineración de libros considerados por el poder de turno como peligrosos. Así, el viejo y glorioso campus de San Marcos fue, y es, el único espacio que la sociedad disponía para expresarse con entera libertad. Y por ello, nuestra Universidad fue intervenida muchas veces por el gobierno republicano de turno, recesada, llegándose al extremo de deportar a las autoridades, caso de los rectores José Antonio Encinas y Luis Alberto Sánchez, o que muchos profesores y estudiantes sufrieran cárcel o destierro. ¿Cuál era el delito de la Universidad? Simplemente el ser consecuente con la línea axiológica que trazara el prohombre Toribio Rodríguez de Mendoza mediante el binomio: autonomía universitaria-libertad, más la jura a la independencia del Perú.

Coro de San Marcos

Las leyes en materia educativa de 1 901 y 1 923 reconocían la más amplia autonomía en los dispositivos académicos, administrativos, normativos, económicos y el derecho de modificarse por sí misma a San Marcos, pero desconocían la potestad de los estudiantes de participar con voz y voto en los actos de gobierno universitario. En la década del diez del siglo pasado, se fundó la Federación Universitaria de San Marcos y a finales se instauró la Federación de Estudiantes del Perú, cuya demanda central era la recuperación del derecho de los estudiantes de participar con voz y voto en los actos de gobierno. En este contexto tendría lugar la célebre proclama “El grito de Córdoba” de 1918 en la universidad de Córdoba, primada de la Argentina, que propiciaba la también célebre “reformar universitaria”, cuyo vocero más representativo fue el notable Gabriel del Mazo. La propuesta reformista de Córdoba y la tradición autonomista de San Marcos confluyeron finalmente en 1930. Había finalizado la dictadura del oncenio, los jóvenes profesores Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre, Luis Guillermo Leguía, Luis Alberto Sánchez, Manuel Abastos, entre otros, propusieron al Dr. José Antonio Encinas para el cargo de Rector. La histórica Asamblea Universitaria reunida en el paraninfo de la Facultad de Medicina eligió como rector al Dr. Encinas, restituyó el derecho de los estudiantes a participar en los actos de gobierno con voz y voto en la proporción de un tercio, y el candidato perdedor Dr. Víctor Andrés Belaúnde junto al Dr. José de la Riva Agüero y Osma, renunciaron a la universidad aduciendo que “la universidad se ha sovietizado” tal como lo registró el Dr. Jorge Basadre en su monumental Historia de la república. La reforma universitaria que impulsó el Dr. Encinas trajo consigo, además de la restitución de la participación estudiantil en los actos de gobierno universitario, la puesta en marcha de la extensión universitaria, la proyección social, el concurso público para cubrir las plazas docentes y la promoción docente por orden de méritos, la creación de los Institutos de Investigación, los estudios generales. La universidad, pues, se modificaba por sí misma, se gobernaba por sí misma, se administraba por sí misma bajo el imperio de la libertad de opinión y crítica; podemos reiterar que se cumplía en toda su magnitud el precepto que define a la universidad, universitas magistrorum et scholarium et discipulorum, comunidad de profesores, estudiantes y egresados. Esta reforma universitaria, costó la preciosa vida del estudiante de medicina Guido Calle, baleado por la represión policial de la época. El Dr. José Antonio Encinas estuvo dos años en el cargo de rector. En 1932 la Universidad fue intervenida por el gobierno de turno, recesada, y deportado el rector y un grupo de profesores y estudiantes, y otros fueron recluidos en la cárcel.

En 1935, en el contexto de una tímida abertura democrática, San Marcos eligió como rector al Dr. Alfredo Solf y Muro (quien en 1942 firmaría el Protocolo de Río de Janeiro a nombre del Estado peruano) y con ello la Universidad recuperaba su histórica autonomía que la Constitución de la República de 1931 consagraba como parte del ordenamiento jurídico del país. Entre 1935 a 1945 en el Perú se penalizaba la protesta social y las ansias de justicia social, en la universidad, por esta razón, se vivía el clima de censura y autocensura, y es que la línea trazada por el prócer Toribio Rodríguez de Mendoza, el imperio de la libertad de opinión y crítica, más la jura de San Marcos a la independencia del Perú, se consideraban en la vía de los hechos como subversivas. De modo que, formalmente, se respetaban los principios autonómicos dejados por José Antonio Encinas, pero menoscabados por la censura a las ideas democráticas, progresistas y de cambio social. Este periodo fue caracterizado por el eminentísimo Dr. Estuardo Núñez como “tiempo de opacidad, de ejercicio burocrático, rutinario, mediocre”. En 1945, con la elección del Dr. José Luis Bustamante y Rivero como presidente de la república, se inició la re-abertura del espacio democrático. Nuevos vientos soplaban en San Marcos, y en 1946 el Dr. Luis Alberto Sánchez era elegido rector de San Marcos, y con ello retornaba el espíritu autonómico y reformista. La ley de Instrucción Pública impulsada por el Dr. Jorge Basadre en calidad de Ministro de Educación, dejaba constancia que la universidad se gobierna por sí misma y se modifica por sí misma bajo los principios de libertad de opinión y crítica tal como rezaba el texto constitucional.

En octubre de 1948, nuevamente el Perú comenzó a vivir las vicisitudes de la ruptura del orden constitucional. San Marcos nuevamente fue intervenida, recesada, y el rector y muchos profesores y estudiantes fueron deportados, extrañados de la patria, encarcelados, sufriendo el infame rigor de las cárceles del país. Ha quedado en el registro cotidiano, la fotografía, el momento que un tanque de guerra, armamento pesado, rompió la puerta de San Marcos, y su cañón ponía puntería a los patios de derecho y de letras; apuntaban, pues, al espacio de la ley y del pensamiento.

En 1950, en vísperas de celebrarse los 400 años de la fundación de la primera universidad del continente en calidad de conmemoración nacional, el gobierno militar en respuesta al oficio rectoral donde se pedida apoyo del Estado para la realización de todo un conjunto de actividades académicas de perfil internacional destinadas al festejo continental por la creación de la primera universidad del nuevo mundo, señalaba “el gobierno de reconstrucción nacional, amparado por el texto constitucional, respeta la autonomía universitaria y le prestará su apoyo para el festejo nacional que significan los cuatrocientos años de la fundación de la Universidad Mayor de San Marcos”. El Dr. Raúl Porras Barrenechea, en brillante y memorable discurso pronunciado con ocasión de celebrarse el Primer Congreso Internacional de Peruanistas que organizara la Universidad, luego de hacer un recorrido por la historia de San Marcos como parte de la historia del Perú, ponderó con argumentación inobjetable, enjundiosa, el por qué la autonomía y libertad se sustancian en un solo cuerpo, y por qué la universidad pública es la columna vertebral del Estado democrático, esencia de inclusión social, numen de todas las etnias y clases sociales, lenguas, modos de vida.

Sanmarquinas ilustres. Tomada del diario Perú 21. Edición del Domingo 15 de mayo del 2016

En los años sesenta del siglo pasado se aprobaron las leyes universitarias 13417 y 17437, donde explícitamente se reconocía el derecho constitucional de la Universidad de gobernarse por sí misma, modificarse por sí misma, no obstante los cambios que introducían al modelo universitario.  En 1979, la nueva Constitución repetía los alcances de la Constitución de 1931, asimismo en 1993 al darse un nuevo texto constitucional, quedaba consagrada la autonomía universitaria en términos de autonomía académica, económica, normativa y administrativa. El Estado republicano, pues, mediante leyes constitucionales y ordinarias ha confirmado ampliamente la reforma universitaria iniciada 1571 la misma que generó doctrina en cuestión universitaria denominada la doctrina de San Marcos en materia de autonomía y gestión universitaria de alcance nacional e internacional.

En 1 967, Gabriel del Mazo, histórico dirigente de la Reforma Universitaria de 1 918, aquel leyera en alta voz la célebre proclama “el grito de Córdoba”, en carta dirigida al rector Luis Alberto Sánchez, expresaba “hay una Universidad continental, nuestra, típica, surgida de su propia reforma y de la reforma, con carácter diferenciado de las demás y en la historia, es San Marcos de Lima”. Del Mazo murió en 1969.

En los últimas décadas San Marcos se ha modificado por sí misma; instituyó desde hace mucho tiempo la extensión universitaria y la proyección social; ha creado nuevas facultades, escuelas académicas profesionales, institutos de investigación, ha fomentado el más completo programa de posgrado del Perú;  a fines de los años noventa creó el Consejo Superior de Investigaciones, y a inicios del siglo XXI estableció el Vicerrectorado de Investigación; precisamente en el 2 011 el Vicerrectorado Académico publicó, con auspicio de Concytec y presentado en el Congreso de la República, el estudio La producción científica en San Marcos, hechos, cifras y estándares internaciones, 2002 – 2010 del Dr. Víctor Peña, donde se prueba en forma irrefutable que San Marcos es la institución peruana que más produce en materia de investigación diversificada, de puesta en valor de nuevos conocimientos ¿se requirió alguna orden externa para hacerlo? simplemente, no ¿es algo como para vanagloriarse? tampoco; sencillamente “hicimos lo que debíamos hacer” tal como dice el Evangelio de San Lucas. Desde el 2 014 se tiene una nueva ley universitaria, la 30220, que, en el artículo primero, dice “la presente ley tiene por objeto normar la creación, funcionamiento, supervisión y cierre de universidades (…) establece los principios, fines y funciones que rigen el modelo institucional de la universidad (…) El Ministerio de Educación es el ente rector de la política de aseguramiento de la calidad de la educación superior universitaria”. De esta manera, y por primera vez en nuestra historia, a escaso tiempo de cumplir quinientos años de funcionamiento ininterrumpido, el Ministerio de Educación, el ente político del gobierno de turno, interviene en forma directa en el fuero sanmarquino. La autonomía universitaria en calidad de tradición y doctrina, fuente de derecho, ha quedado, pues, seriamente menoscabada. El sabio don Miguel de Unamuno, quien nos deslumbrara con La agonía del Cristianismo, deleitara con El Cristo de Velásquez, conmoviera con El sentimiento trágico de la vida, entre otras obras,  quien fuera rector vitalicio de la celebérrima Universidad de Salamanca, expresó a modo de sentencia “nada es más terrible que el intelecto desprovisto de base intelectual”, y en efecto, se evitan comentarios -por respeto al día jubilar de San Marcos y de las universidades peruanas- en relación a quienes tratan, desde el ámbito burocrático oficial, aspectos epistemólogos altamente complejos en materia universitaria, y más aún si se trata de San Marcos.

la hermenéutica del sujeto nos dice que San Marcos no es una universidad más de las casi 150 respetables universidades existentes en el país. San Marcos, más que universidad es un sentimiento nacional; es parte del sentido del ser peruano

Escritores sanmarquinos César Vallejo, José María Arguedas y Mario Vargas Llosa, en la Sala de Profesores de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.

Señor Rector Magnífico, distinguida concurrencia, la hermenéutica del sujeto nos dice que San Marcos no es una universidad más de las casi 150 respetables universidades existentes en el país. San Marcos, más que universidad es un sentimiento nacional; es parte del sentido del ser peruano. El Dr. P. Rubén Vargas Ugarte, jesuita, eminente historiador, quien fuera rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, dejó escrito en su monumental Historia del Perú: “los más oscuros poderes virreinales y republicanos se estrellaron contra sus infranqueables muros; San Marcos es el bastión de la peruanidad”. Esta es nuestra misión, ésta es nuestra visión, esta es nuestra dignidad, aquí estamos, somos, existimos. Finalmente, hemos descrito un conjunto de hechos en los que se fundamenta la tradición y doctrina autonómica de San Marcos, que, en calidad de fuente de derecho, constituye obligación cumplirla y hacerla cumplir en toda su extensión y fuerza argumentativa.

¡Honor al Dr. Fray Tomás de San Martín de la Orden de Predicadores por el valeroso esfuerzo desplegado para dar vida a la primera universidad del Perú y del continente americano, San Marcos de Lima!

¡Honor a los egregios profesores que tuvieron la visión histórica de diseñar la autonomía universitaria!

¡Honor al Dr. Pedro Fernández de Valenzuela, primer rector electo por voluntad de la comunidad universitaria sanmarquina!

¡Honor al Dr. Diego de León Pinelo, quien como rector supo defender con energía los fueros de San Marcos ante las voces eurocéntricas cargadas de prejuicios y maledicencias!

¡Honor a quienes sintieron el imperativo moral y patriótico de escribir la historia de San Marcos: ¡Antonio de la Calancha! ¡Diego de León Pinelo, José Baquíjano y Carrillo, José Dávila y Condemarín, ¡Luis Antonio Eguiguren, Carlos Daniel Valcárcel, Alberto Tauro del Pino, ¡Ella Dumbart Temple, Miguel Maticorena Estrada!

¡Honor al Dr. Pedro de Peralta y Barnuevo, tres veces electo rector de San Marcos, quien nos enseñó el valor de la ciencia, la justicia, del pensar con libertad!

¡Honor al Dr. Toribio Rodríguez de Mendoza, gran prócer de la Independencia del Perú, que, en calidad de rector de San Marcos, nos legó como línea axiológica de la autonomía universitaria el imperio de la libertad!

¡Honor al Dr. José Antonio Ribeyro, quien, como rector en los años de la cruenta guerra del Pacífico, impulsó la reconstrucción institucional de los estragos impuestos por la soldadesca que ocupó nuestra histórica Casona!

¡Honor al Dr. José Antonio Encinas, maestro, Rector de San Marcos, que tuvo la visión histórica de diseñar el modelo universitario del Perú republicano!

¡Honor al Dr. Luis Alberto Sánchez, tres veces electo rector, por ser el primer y único rector emérito de San Marcos por voluntad de la comunidad!

¡Honor a la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, fundadora de San Marcos, por sus 466 años de funcionamiento ininterrumpido, formadora de las más ilustres personalidades de la cultura peruana con proyección nacional, continental y mundial!

¡Honor y más honor a los profesores y estudiantes que dieron y dan lo mejor de sí por la causa de San Marcos!

¡Honor a Guido Calle, estudiante de medicina, quien ofrendara su preciosa vida en defensa de los ideales de la reforma universitaria!

Doctor Jorge Basadre

Decía el notable entre los notables maestro sanmarquino Dr. Jorge Basadre en calidad de legado: “una colectividad sin memoria histórica, está condenada a la decadencia”. Estas palabras del Maestro resuenan con fuerza en la razón, en el corazón, en la consciencia; por ello, afirmamos que ha llegado el momento de crear un Centro de Investigaciones de la Historia de San Marcos, de forma similar al existente en la Universidad Nacional Autónoma de México, o Salamanca o París; ha llegado el momento de honrar como se merece al Dr. Luis Antonio Eguiguren, maestro, jurista e historiador que donó con amor, gratuidad, su vida a la causa de San Marcos, erigiéndole un memorial para su permanente recordación.

La Real y Pontificia Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cubierta de gloria, nos emplaza en calidad de Alma Mater, que significa madre nutricia, la que amamanta, o simplemente como madre de cada uno de nosotros, sus hijos, a respetarla y hacerla respetar en sus fueros, a mantener incólume su nombre, y con un cuarteto del poeta sanmarquino Alejandro Romualdo, decimos: “Como un árbol ardiendo en tierra firme, / alzo la voz al pie de la palabra. / Y en el nombre de todos, para todos, / quiero que se abra el sol dentro del alma”.

Es todo cuanto tengo que decir, Señor Rector Magnífico, gracias por concederme el privilegio de hacer uso de la palabra en el día jubilar de San Marcos y de todas las universidades peruanas; y gracias a todos Ustedes, distinguida concurrencia, por haberme prestado su atención.

¡Salud, día de las Universidades peruanas!

Es todo.

Inclusiva, diversa.

 

 

 

Hacia el V Centenario

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