ROMEO LUNA VICTORIA. Amigo, Cristiano, Inabarcable

diciembre 17, 2007 de 3:07 am | Publicado en Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | 40 comentarios
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Quiero contar algo de todo lo que significó en mi vida conocer y tener el privilegio de la cercanía, amistad y trabajo compartido con Romeo Luna Victoria, Sacerdote Jesuita.  Y no sé por dónde empezar. 

Tal vez sea indispensable mencionar que fue él quien, en forma sutil,  me recondujo a la Nueva Buena mientras compartíamos trabajos en el Ministerio de Educación en los años 70’.

Sencillo cristiano a tiempo y a destiempo  de la orden de Ignacio de Loyola ,   recuerdo que provocó un serio problema administrativo al decidir, siendo miembro del  Consejo Superior de Educación,  que su sueldo no fuera mayor que el que recibía cualquier profesor de escuela. 

Cercano, atento a las necesidades cotidianas de todos. De formación multidisciplinaria. Orador vibrante, polemista notable,  en una oportunidad lo acompañé a un debate con un grupo de maestros sindicalizados, al comienzo bastante hostiles y del cual salió entre aplausos y muestras de simpatía. Observador finísimo de fragilidades y potencialidades de personas y grupos, Romeo combinaba a la perfección su vivaz sentido del humor con el  gusto exquisito ante las más variadas manifestaciones artísticas.

Inabarcable. Guardo mil anécdotas. Tal vez solo deba referir su temprana condena ante las atrocidades cometidas –  a partir de los años 80′ en nuestra patria –   por los partidarios del terror,  con la autoridad de quien no dejó de estar en todo momento con los desposeídos y humillados de la tierra. De  quien no dejó nunca de condenar las causas de la miseria:  El padre Romeo Luna Victoria estuvo entre los primeros sacerdotes de América Latina comprometidos con el cambio de las estructuras injustas y contra el pecado social de la pobreza.

De su libro Por una democracia socialista en el Perú (Lima, ediciones Ágape,1978) copio algunos párrafos que ilustran su pensamiento:

“Ninguna doctrina, movimiento, partido, institución, revolución o gobierno políticos pueden ser ni llamarse (con propiedad) cristianos. Esto parece más allá de cualquier duda razonable. Pero el cristianismo sí puede inspirar, promover, estimular y motivar profundamente doctrinas políticas. ¿Cómo? En primer lugar, por el estudio, análisis y progresiva sistematización del pensamiento socio político de la iglesia… Y es que desde que Dios se ha hecho hombre, todo hombre y todo lo del hombre son signos de la presencia o la ausencia de Dios. Nada humano debe serle indiferente a un cristiano. Y mucho menos el ser humano oprimido políticamente y marginado socialmente de la cultura, del trabajo, de la propiedad y de la autoridad”

“El verdadero aporte revolucionario del cristianismo no está en el cambio político de la sociedad sino en el cambio ético de la Humanidad. La verdadera revolución cristina se ubica directamente dentro de cada hombre: Es una revolución interna. Pero un insoslayable imperativo de modelar el mundo externo (sociológico) a imagen del propio mundo interno (psicológico).”

(pp. 151-52)

 

Poder, Moral y Revolución 

“Los que combaten los abusos del poder ¿Están ellos mismos inmunizados contra su corrosiva corrupción?” 

“Y los que luchan contra la injusticia capitalista y la invasión imperialista ¿qué sienten en realidad por el dinero y el poder?” 

“En la respuesta a estas preguntas simples se halla –presumiblemente- la explicación de las revoluciones desviadas de su meta, detenidas en su camino, traicionadas en su ideal. Las citas confirmatorias ¿no podrían incluir a la Revolución Francesa, a la Revolución Rusa, a la Revolución China y antes, mucho antes, incluso a la propia ‘Revolución cristiana’?”

 “¿La explicación? Que mientras no se produzca una revolución moral fracasa – por lo menos en gran parte- toda revolución social”.

(p. 153)

Acerca de Jesucristo

“Es el único que ha partido en dos el calendario humano gracias al influjo fascinante de su personalidad arrebatadora. Toda la tierra amanece cada día marcando la fecha a partir del nacimiento de un hombre que tuvo la peculiaridad de ver la luz en el lugar más oscuro de la aldea más oscura de la colonia más oscura del Imperio Romano. Que no fue un conquistador militar ni empuñó nunca la espada. Que no fue un sabio intelectual ni tomó jamás la pluma. Que no fue un artista ni poeta genial… Que tampoco fue “santo” al estilo “oficial”, puesto que dio pie, más bien, para que lo acusaran de “comilón y borracho” (Lucas, 7, 34), amigo de andarse juntando con pecadores y pecadoras.”

“¿Qué hizo, entonces, para dividir los siglos AC y DC? A vuelta de algunos hechos milagrosos (todos ellos sin excepción para remediar dolor humano), casi nada. O, tal vez, casi todo. Ningún hogar quiso recibirlo cuando nació por haber incurrido en el imperdonable delito de elegir a la pobreza como su inseparable compañera.”

“Vivió de su trabajo de artesano. Un escaso par de años – en permanente persecución a muerte- los dedicó a enseñar cosas inauditas: que los pobres eran los preferidos de Dios y que a los ricos les guardaba el Juez Supremos ‘facturas’ impagables; que regalar unos centavos podía llegar a ser más que regalar millones; que era más importante ponerse bien con el prójimo que oír misa o rezar; que no era preciso ingresar a los templos para adorar a su Espíritu-Verdad; que la medida del amor al Ser Divino era, exactamente, el amor al Ser Humano; … que era necesario perdonar hasta setenta veces siete al enemigo; que quien quisiese ser el primero buscase el último sitio; que la única balota necesaria para pasar el examen final de la vida era haber amado con obras a los prójimos, etc., etc.”

“Dijo tantas cosas así, se juntó con gente de mala reputación, trasgredió tan frecuente, tan provocadoramente tradiciones y prácticas religiosas absolutamente ‘respetables’; atacó a instituciones y personas tan ‘honorables’ , que las autoridades eclesiásticas y políticas terminaron por matarlo. Porque en realidad no fue solo el poder religioso el asesino de Dios. También el poder económico tuvo su instrumento en Judas Iscariote y el poder político su digno representante en Poncio Pilatos.”


(pp.155-156)
 

 

Dos días antes de morir, Romeo nos llamó  y acordamos una reunión en casa. Partía al Norte del Perú para animar una jornada con obreros petroleros. De regreso, la nave tuvo un inexplicable “accidente”. Era el 18 de diciembre de 1984. Murió rodeado de los trabajadores que lo acompañaban. En su ley.

Tenía 63 años y una vida de coherencia infinita. Un regalo, para esta patria que amó con inteligente intensidad.

 

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