POÉTICA Y TRAGEDIA EN ‘LOS INGAR’ DE CARLOS EDUARDO ZAVALETA

abril 7, 2013 de 12:47 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Creación, Documentos | Deja un comentario
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Con ocasión de la IV  Semana de Literatura Peruana, organizada por  la Academia Peruana de la Lengua, la Casa Museo Ricardo Palma y el Decanato de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM – ejercido por el poeta Marco Martos-  dedicada a la estupenda Generación Literaria de los años 50′, expuse el 1º de marzo, fecha de la clausura y en la compañía del poeta Carlos Germán Belli y el Dr. Oscar Coello, el tema  “Poética y tragedia en la obra Los Ingar de Carlos Eduardo Zavaleta”.

Carlos Germán Belli y  Sonia Luz Carrillo. IV Semana de la Literatura,  Academia Peruana de la Lengua. Lima 2013

Carlos Germán Belli y Sonia Luz Carrillo. IV Semana de la Literatura, Academia Peruana de la Lengua. Lima 2013

Aquí el texto  de mi Exposición:

LOS INGAR,  POETICA Y TRAGEDIA EN LA OBRA  DE CARLOS EDUARDO ZAVALETA

Por Sonia Luz Carrillo

En 1955, publiqué otra novela corta, Los Ingar, la cual me satisface hasta ahora. Sólo puedo hablar de mis intenciones ; por ello diré que esta vez fui guiado por el aura trágica de William Faulkner  ( a quien ya había estudiado en una primera tesis universitaria de 1952, y en varios otros artículos), así  como por las claras y minuciosas enseñanzas  de un ensayo singularísimo : La crítica en la edad ateniense, por Alfonso Reyes. Pero esas influencias sólo sirvieron en torno a un cuadro rural auténtico, lleno de injusticias, vivido por mí en el pueblo de Corongo, Ancash, en los años 30’.. En todo caso, lo que importa aquí es mi intención de exaltar la prosa, perseguir el esplendor verbal, dibujar personajes trágicos mediante monólogos y diálogos, urdir, en fin, una atmósfera de fatalidad, sin olvidar los elementos internos de la narración, incluso alterando adrede el orden temporal. Al lector le toca decir si logré o no mis fines.[1]

 

A partir de estas palabras del narrador peruano Carlos Eduardo Zavaleta, abordamos la novela Los Ingar, cincuentaiocho  años después de su publicación.  En este caso nos apoyamos en  la confesión de propósitos del  autor: Exaltación de la prosa, propio de la novela poética, y dibujo de personajes trágicos. Recogemos  el desafío que nos lanza a sus lectores atendiendo a los aspectos característicos de esta forma de novelar  y a los conceptos clásicos que acerca de la tragedia  expone Aristóteles en su Poética.

Carlos Eduardo Zavaleta es miembro importante de la generación de escritores peruanos que inician su  obra  a mediados de  la década de los años cuarenta, en momentos en que, en varios países de América Latina,  se vive los primeras exploraciones que renovarían la literatura  convirtiéndola en una de las más significativas del orbe en el siglo XX. En el ámbito peruano, Zavaleta es extendidamente reconocido como pionero en la aplicación de las nuevas formas narrativas, como señala  – entre otros – W. Delgado (1980: 159):

“Carlos Eduardo Zavaleta es un escritor poderoso, que ha tenido un gran influencia en la evolución posterior de los géneros narrativos en el Perú. Gran lector de Faulkner y de Joyce, Zavaleta introdujo las nuevas técnicas del relato en nuestro medio, principalmente el monólogo interior. Con este nuevo instrumental  se dedicó a renovar la novela agraria y provinciana, introduciendo en ella aparte de los conflictos sociales, el análisis psicológico profundo de los personajes. Sobre todo en su novela corta Los Ingar, Zavaleta mostró las posibilidades de un nuevo tipo de narración en el Perú, lo mismo que en sus cuentos dramáticos y alucinantes  La batalla y Cristo Villenas.

Este carácter de iniciador de  lecturas que luego estimularían la renovación de la prosa en el Perú  es confirmado por  Mario Vargas Llosa ( 1993: 283) cuando en sus memorias, al dibujar el ambiente literario limeño  de los años cincuenta, pese a calificarlo de “bastante pobre”, recuerda :

“Entre los narradores, el más respetado, aunque sin libro, Julio Ramón Ribeyro, vivía en Europa (…) De los presentes, el más activo era Carlos Zavaleta, quien además de publicar  en esos años sus primeros cuentos, había traducido el Chamber Music , de Joyce, y era un gran promotor de las novelas de Faulkner. A él debo, sin duda, haber descubierto por esa época al autor de la saga de Yoknapatawpha County. ( …) Fue el primer escritor que estudié con lápiz y papel a la mano tomando nota para no extraviarme en sus laberintos genealógicos y mudas de tiempo y puntos de vista… la dislocación de la cronología, el misterio y la profundidad y las inquietantes ambigüedades y sutilezas psicológicas que esa forma daba a las historias.”

En 1955, Vargas Llosa entrevista al autor de Los Ingar para el  suplemento Dominical de El Comercio, y en la introducción  lo presenta como:“ quien con mayor convicción y entusiasmo se ha preocupado de superar el regionalismo, utilizando los temas nacionales, no desde un ángulo meramente local o folklórico, sino atendiendo a su validez universal.” (1995: 9)

Julio Ramón Ribeyro (1992: 118) en su  Diario Muniquense 1955 – 1956 , consigna el día 19 de febrero de 1956, el entusiasmo que le produce la lectura de El Cristo Villenas : “¿ Qué decir de Zavaleta ? Está en posesión de sus fuerzas. Su técnica es admirable. Sus relatos tienen sustancia, espesor. Tocamos en ellos la vida en toda su complejidad.”

Por su parte, Antonio Cornejo Polar (1980: 140), al referirse a  la narrativa de Eleodoro Vargas Vicuña, compañero generacional de Zavaleta, advierte:

“Según sucede en la mejor literatura peruana, en los cuentos de Vargas Vicuña, se advierte una apertura simbólica hacia lo universal, pero, muy visiblemente a partir de un enraizamiento en lo regional y en sus especificidades  socio – culturales. Algunos de los libros iniciales de Carlos E. Zavaleta Los Ingar, o Cristo Villenas, obedecen a una similar motivación, aunque en este caso sea mucho más consciente la necesidad de modernizar los recursos de la prosa de ficción y también muy clara la intención de configurar problemáticamente el entretejido que sólo parcialmente expresa el término mestizaje.”

En el número que le dedica la Revista “La casa de cartón” (1994: 20),  Carlos Eduardo Zavaleta expone los  propósitos  que lo  animaron desde sus inicios y a lo largo de su trayectoria creativa   y nos brinda importantes pistas para ubicar la producción de Los Ingar :

“Mi primer libro de cuentos apareció en 1954. Desde entonces, al publicar, he buscado experimentar con modelos nuevos tanto en estructura como en el estilo del cuento y la novela. La batalla, El Cristo Villenas, Los Ingar, Vestido de luto, Niebla cerrada, Retratos turbios, Un joven, una sombra, no son caprichos de autor. Obedecen a un método de búsqueda en la experimentación. Ser un explorador literario siempre acarrea consecuencias. Unos lo ignoran, otros se asombran demasiado, y a otros por fin les parece poco y piden más. He ahí el destino de un escritor que se niega a escribir dos libros iguales y que se felicita de haber salido del viejo molde del indigenismo para ofrecer nuevos caminos a los autores que han venido detrás.”

Como el mismo Zavaleta ha señalado y la crítica ha confirmado “la variedad de lecturas que iban desde la tragedia griega hasta el existencialismo francés”  aparece desde su primera novela El cínico (1947). Y, como leemos en el comentario que acompaña la primera edición de Los Ingar, esta breve novela es un claro ejemplo de la manera como Carlos Eduardo Zavaleta “sin perder de vista el hombre peruano y su circunstancia vital, ha  buscado en la mejor técnica contemporánea los medios para expresar la compleja  psicología del hombre de estas latitudes y el complicado modo de existencia a través del cual  se da ella en la realidad.”

LA  POETICA EN LA NOVELA LOS INGAR

Es evidente que en toda obra artística la función comunicativa predominante es la poética o estética en el decir de Jacobson[2], en cuanto ella opera polisémicamente, despliega un conjunto de procedimientos capaces de establecer una relación destinador – receptor  de naturaleza especial y se distingue nítidamente de cualquier otro tipo de mensajes. Sin embargo, hay distintos niveles de realización de este lenguaje que podríamos  caracterizar de creación no sólo de significados sino, especialmente de sentidos. Más adelante nos detendremos a observar cómo se cumple el uso poético del lenguaje en la novela Los Ingar.

En primer lugar, es útil precisar  lo que el término Poética entraña para Aristóteles, quien en el primer capítulo de su obra del mismo nombre y como inicial subtítulo nos brinda una sumaria definición: “La poesía es imitación o mímesis”. Luego inicia la exposición:

“Trataremos aquí de la poesía, de su esencia y sus distintas clases, refiriéndonos a la función característica de cada especie; (…) La epopeya y la tragedia, como también la comedia y la poesía ditirámbica y gran parte de la aulética y la citarística , hablando en general, son imitaciones de la vida. Pero se diferencian entre sí, o bien porque usan diferentes medios de imitación, o bien porque imitan objetos diferentes, o bien porque los imitan de distinta manera.” (Romero 1977: 349)

Más adelante, distingue dos  modos fundamentales de mímesis: Un modo narrativo, en el que el poeta narra en su propio nombre o asumiendo personalidades diversas;  y un modo dramático en el que los actores representan directamente la acción. Luego volveremos sobre estos modos, lo que aquí me interesa  poner de relieve es su noción de poesía como creación. Así dirá apelando a una tautología: “El poeta tiene que ser poeta, esto es, creador de argumentos antes que de versos, ya que sólo es poeta en virtud de su capacidad mimética, y las acciones son las que él imita o crea…” ((Romero 1977: 366). Es importante  remarcar que la función poética crea un mensaje con su propia realidad, que puede o no identificarse con la realidad empírica.

Respecto a la novela que coloca el énfasis en la función poética, plurisemántica del texto, tendríamos que recordar que ella se fundamenta en  la puesta en funcionamiento de  diversos niveles de experimentación estilística, exaltación de la prosa, así como la búsqueda de  trascendencia del tema, sinfonía de historias paralelas, símbolos más allá del significado “real” en pos de una unidad que sublime  el aliento poético, a la par con  retratos  especialmente trabajados. De otro lado, se manifiesta una especial atención  por el plano sonoro, la sugerencia de las comparaciones, imágenes y metáforas y la sutileza de la  adjetivación.[3]

Cuidado formal que se  propuso Carlos Eduardo en el transposición  estética de “un cuadro rural auténtico, lleno de injusticias, vivido por mí  en Corongo, Ancash, en los años 30 s”.

 

Los Ingar, narra las peripecias de una familia al enfrentarse, de un lado,  al abuso y prepotencia de las autoridades del lugar y de otro, a la hostilidad de sus vecinos. Actitudes  firmes y valerosas los colocan en situaciones de extrema violencia y les acarrea toda suerte de sufrimientos. Todo ello visto desde el punto de vista de un narrador – personaje encarnado en uno de los hermanos menores del héroe, Alberto, en una narración que alternadamente se produce en primera y tercera persona, en la que el autor ha  sorteado con éxito el riesgo mayor cual era el  caer en el panfleto, con una prosa vertiginosa y donde el esfuerzo mayor consiste en la presentación  sutil de los estados de ánimo y las características psicológicas de los personajes, en medio de un mundo de singular violencia.

Búsqueda de trascendencia del tema y  exaltación de la prosa en base a imágenes, como cuando al presentar a la familia – numerosa y unida frente a la adversidad común a pesar de los innegables conflictos al interior –  el narrador, Llica, nos dice:  “el pueblo que formábamos los Ingar se vació a la calleja”  o , cuando nos presenta a su madre: “ Inquieta como un animal herido, mi madre se revolvía (…) Había luz de luna llena en esa piel tan lívida. Cientos de veces, presa de horror, nos había buscado uno a uno.”

Los sentimientos encontrados que la madre suscita en el personaje son expresados intensamente: “Volví la cabeza. En silencio, a pasos menudos, mi madre se iba a la gigantesca habitación que era sala y comedor. El miedo la poseía. Odié su faz lívida, su figura humillada, escurridiza.”

En claro contraste se halla la  admiración que le provocan los hermanos mayores, en especial Alberto: “Cuando me junté con mis dos hermanos, el uno se despojaba de la chompa y el otro del sacón de cuero; y luego, sin reparar en el frío, se desvistieron aún más. Shesha remangó su camiseta y Alberto quedó, para mi asombro, con el torso desnudo: a la vez su piel se la veía morena, cobriza y sonrosada.”  Luego, en señal de sumisión el narrador – personaje nos ilustra que “Antes de que me lo pidieran, vacié el agua del jarro en el lavatorio…”

La huida de los hermanos es inminente, una acusación injustificada hace temer por sus vidas, ante esta situación la mujer de Alberto, Gaudencia,  expresa con fatalismo, las preocupaciones económicas que la embargan “ – ¡Todo va mal ! ¡Si tenemos una suerte…! – se pasó ella una mano por el rostro -. No podremos cosechar a tiempo… ¡Y con las deudas que hay que pagar!”

Por momentos el  discurso de la acción se detiene para dar paso a la expresión libre de la reflexión y el sentimiento. Por ejemplo, producida la salida de los hermanos, el narrador nos introduce en sus reflexiones:

“ – Nos deja, pensé, para que los Ingar nos miremos y formemos una sola cara huesuda, pomulosa, de nariz como cresta de hierro, y toda ganada por una tristeza que nos da amarilla apariencia de estatuas. (35)

En otros momentos, el recurso permite representar la conciencia del narrador de que una situación ha dado paso a otra, una suerte de distribución de “capítulos” dentro de la acción: “Aquí concluye algo, pensé. Acabó una escena. Es tiempo de respirar hondo.

Notable el uso de este procedimiento, que inserta el monólogo interior de connotaciones poéticas, cuando atribuyendo una identidad de personaje fantasmal a la desgracia el narrador nos hace partícipes de su  angustia:

Ya nos vio la mala suerte, pensé. Hay que cerrarle el paso a la cárcel e impedir que llegue hasta Shesha.” (60)

Y más adelante, en  un fragmento incrustado directamente en un párrafo regular, señala:

“Callaron los que parecían vagabundos. En la plaza, pensé, la desgracia jugueteaba por los jardines mustios. La imaginé avanzando a pasos irreales: un buitre que se hiciera humano, un cerdo que viniera en dos pies. Y de pronto la vi dudar; pero después reanudó la marcha, disuelta en las ráfagas del maldito viento coronguino. Dentro de poco, pues, ingresaría en la tienda y golpearía el piso con la malsana violencia con que golpean las muletas de los cojos.” (64)

En el climax de la violencia, una vez más leeremos el mensaje de su interioridad: “Ya está, pensé; ya se nos viene la desgracia” (86)

La prosa alcanza momentos de gran belleza en descripciones de ambiente que enmarcan el cuadro emocional de angustia y tragedia.

“Las calles eran una sola cuesta. Por en medio de la calzada había un surco fraguado por las lluvias y había lajas en los umbrales de los portillos. Seguimos aún más por una huella de pircas y eucaliptos. Ahora el sol, viendo sus nubes, no descendía. Y en fin, orillada una colina, quedo descubierta una planicie y en ella una extraña laguna fangosa y vegetal. La vista corría libre sobre el follaje a medias sumergido, o sobre manchas de aguas turbias. Mitad barroso, mitad lavado, el follaje se movía como los brazos de los náufragos. Y del barrial, las matas salían  negras, grises o rojas, o sobre él corrían las sombras de los pájaros.” (72-73)

Ejemplos, todos estos, de la eficacia expresiva de la novela Los Ingar en especial en aquellos puntos que según su autor era su intención: exaltar la prosa, perseguir el esplendor verbal.

ELEMENTOS  DE LA TRAGEDIA EN LOS INGAR

En  la presentación que Carlos Eduardo Zavaleta hace de la novela Los Ingar y que consignamos al inicio, el autor nos informa  esta vez fui guiado por el aura trágica de William Faulkner  ( a quien ya había estudiado en una primera tesis universitaria de 1952, y en varios otros artículos .Destaca, además, entre otros, su propósito de dibujar personajes trágicos mediante monólogos y diálogos, urdir, en fin, una atmósfera de fatalidad.  En esta segunda parte de este breve trabajo, nos proponemos  identificar  los elementos  de la tragedia presentes en la obra.

Es necesario recordar, de un lado , que una de las influencias  más señaladas y asumida por el mismo autor, es la de  Faulkner; y de otro, que  en 1959, Zavaleta publica  el que sería el primer estudio peruano sobre el autor de Absalon, Absalon , El sonido y la furia ,etc. bajo el título de  William Faulkner, novelista trágico. En la Introducción, advierte que “…el adjetivo trágico ya menciona  alguna técnica en la composición, en el desarrollo del argumento, en la elección de personajes y estilo, y más que nada, en la intención global de la obra artística.” (1993:75) Más adelante se refiere a la manera como Aristóteles deslinda entre epopeya  y tragedia, y señala  que “dado que hoy tenemos a la novela por la moderna heredera de la epopeya, quien sabe debió llamarse a Faulkner épico.

Para Aristóteles, en su célebre Poética: “ La tragedia es la representación de una acción seria, completa en sí misma y de cierta magnitud … y que además, mediante una serie de hechos que suscitan piedad y terror y tiene por efecto elevar y purificar el ánimo de pasiones semejantes.” (385).  Líneas más adelante indicará que en tanto imitación de una acción la tragedia “implica un cierto números de personas que necesariamente deben tener ciertas cualidades de carácter y de pensamiento… de éstas y de la acción de ellas resulta, dependen la fortuna y la desgracia de todos los hombres; así  lo que representa la acción es el argumento entendido como la coordinación de una serie de actos o de hechos…. (…) Son seis los elementos constitutivos de toda tragedia…: el argumento o fábula, los caracteres, el lenguaje, el pensamiento, el espectáculo y la composición musical.” (389)

En torno al tema de la creación en el arte Aristóteles hace un interesante y siempre vigente deslinde entre realidad y ficción al señalar:

“… el historiador y el poeta no se diferencian porque uno escriba en verso y el otro en prosa… (…) La verdadera diferencia es ésta: el historiador describe hechos realmente acaecidos y el poeta hechos que pueden acaecer. Por eso la poesía es más filosófica y más elevada que la historia: la poesía más bien tiende a representar lo universal, la historia lo particular…. siguiendo las leyes de la verosimilitud o de la necesidad; a esto justamente apunta la poesía aunque da a sus personajes nombres determinados.” (365)

Con estas nociones y otras provenientes de distintos teóricos del arte, entre los que el autor ha mencionado especialmente a Alfonso Reyes y su  ensayo: La crítica en la edad ateniense, Zavaleta analiza un conjunto de obras de Faulkner, concluyendo que éste “es un novelista trágico, más o menos fiel a los cánones de la tragedia clásica… (que) aplica de modo personal los cánones griegos.”

En el caso de la novela Los Ingar, podríamos llegar a similares constataciones. Y para ello, nos guiaremos del mismo esquema expuesto por nuestro narrador.

a) El asunto: Las actitudes de los miembros de la familia Ingar ponen de manifiesto el cuestionamiento y rebelión ante las relaciones de injusticia que las autoridades imponen a la familia, al acusarlos de fraguar una asonada. La violencia  impregna la vida cotidiana, los afectos se mezclan  con los recelos, sin embargo, la adversidad los une.

b) El vuelco de fortuna negativo y el desenlace desgraciado: Los Ingar pasan de ser una familia más o menos importante en el pueblo, tanto que incluso en alguna ocasión le han ofrecido a Alberto nombrarlo  alcalde, a ser un grupo eludido  una vez que la desgracia ha caído sobre ellos: “A nuestro paso los lugareños se volvían como si nunca hubiéramos amistado. Sin duda, asociaban la escena con noticias de la tropa, los presos que serían llevados a Huaraz, la revuelta y la desgracia.” Al final de la obra el narrador – personaje nos relata  su  propia  muerte: “Me estremecí de parte a parte. En vez de una bala, ésa parecía una aguja que en medio de mi carne se hinchara hasta el grueso de una serpiente. Y después, todo para mí fue como segado, degollado por un tajo, y las personas de junto al Arco se hicieron apenas muñecos. Supe que no habría otra vez y sentí que todo lo que había sido degollado, era lanzado lejos, como se arroja con fuerza el agua inútil de un vaso.”

c) Los sufrimientos: En un clima de tal violencia y opresión casi no existe personaje que no tenga su cuota de dolor tanto moral como físico. El temor, la rabia, los celos, el permanente desasosiego se da en todos y  cada uno de ellos.

d) Los coros: En este puntos tendríamos que reproducir exactamente lo que Zavaleta consigna respecto a Faulkner. Es decir, también en Los Ingar, los coros se transforman en comentarios del narrador: “… en vez de remecerme, los guardias remecían a puntapiés a Gregorio ( en la obra, se trata de un servidor de la familia), lo alzaban y se lo llevaban a empellones a la cárcel. Empiezan por los zapatos, pensé; quieren robarnos la paciencia apresando a uno de los sirvientes. No se deciden a subir por nuestras piernas, darse con nuestro pecho y coger al fin nuestros puños, que son los puños de Alberto.

e) Los caracteres. El trabajo de la definición de caracteres, se ha producido según las palabras del autor  mediante los diálogos y monólogos de los personajes. Ya hemos referido los monólogos del narrador – personaje. Igualmente, es notable la representación del carácter de los otros personajes, como el héroe, mediantes diálogos de gran intensidad.

f) La  atmósfera patética : A lo largo  de las páginas constatamos la creación de una atmósfera densa, circunstancias duras y llenas de malos augurios son vividas por personajes  taciturnos  que tienen siempre a mano sólo el recurso de la violencia ya sea verbal o física.

g) La catarsis: Para Aristóteles,  la tragedia al suscitar piedad y terror, tiene  el efecto de elevar y purificar el ánimo de semejantes pasiones. Esta liberación patética  es una búsqueda presente no sólo en esta obra de Carlos Eduardo Zavaleta. Para Ricardo Falla,  analizando el cuento Juana  la campa, te vengará, señala: “Zavaleta conmueve al lector, hace que éste sienta asco, repulsión por el cuadro social; obliga a tomar conciencia en torno a las monstruosas relaciones humanas generadas en el Perú, como en cualquier otro lugar donde se violenta la dignidad de las personas… ” (Falla B. 1997: 135).  En Los Ingar, la desventura de los personajes, unida al carácter vertiginoso de la presentación de las acciones, produce en el lector profunda desazón. El mismo Zavaleta advierte respecto a las obras de Faulkner, que “no están destinadas a la inteligencia ni al corazón sino a las llamadas sensaciones cinestésicas.” (Zavaleta 1993: 136)

Con estos elementos Los Ingar,  pese a la juventud de su autor,  27 años, se constituyó en  una obra inscrita  en la novela poética y que alcanza a delinear  una atmósfera con fuertes rasgos trágicos. Una obra ante la que no cupo  indiferencia. Así lo demuestra la anotación que el 23 de noviembre de 1955 realiza Julio Ramón Ribeyro en su citado Diario muniquense: “La lectura del relato de Carlos Zavaleta Los Ingar me ha entusiasmado… qué vigor, qué habilidad para mantener la tensión del relato sin una sola caída. El representa lo que podría llamarse la poesía de la violencia.” (1992: 107)

Carlos Eduardo Zavaleta, uno de los grandes narradores peruanos es, a la vez continuador de una tradición creadora de vastas dimensiones y ejemplo de permanente innovación estilística;  construyó un territorio de palabras, en el que está siempre el país de los padres y la  infancia  presto, sin embargo, a acoger  los vientos enriquecedores de llegaron de todas partes. Un narrador universal.

FUENTES DOCUMENTALES

Aristóteles. “Extractos de la Poética” . En: Obras filosóficas. (1977) México, Editorial.    Cumbre. S.A Colección Los Clásicos. Selección de Francisco Romero

Cornejo Polar, Antonio (1980) “Literatura en el Perú Republicano”  En Perú republicano. Procesos e Instituciones Tomo VIII  Lima : Mejía Baca

Delgado, Whasington. (1980) Historia de la Literatura Republicana Lima: Rikchay,

Falla Barreda, Ricardo (1997) “ Un narrador del 50 en las tramas de la iniquidad”. En : Alma Mater       Revista de Investigación de UNMSM No. 13 -14  setiembre

La casa de cartón. (1994) Revista de cultura. Lima : OXY, II Epoca, No. 5

Jakobson, Roman. (1971) “Lingüística y Poética” En : El lenguaje y los problemas del conocimiento.  Buenos Aires : Alonso editor.

Ribeyro, Julio Ramón.  (1992) La Tentación del fracaso. Tomo I,  Lima: Jaime campodónico,

Vargas Llosa, Mario. (1993) El pez en el agua. Barcelona : Seix Barral.

_________________ (1955) “Suplemento Dominical” de El comercio. Edición del 16 de octubre

Zavaleta, Carlos Eduardo.  (1955) Los Ingar. Lima : Juan Mejía Baca & P.L. Villanueva.

____________________. (1993)  “William Faulkner, novelista trágico”. En : Estudios sobre Joyce y Faulkner. Lima : Fondo editorial de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

____________________ (1994)  “Un río templado de palabras. Confesiones de un escritor”. En :   La Casa de Cartón II Epoca No. 5

____________________   (1997) “La novela poética peruana en el siglo XX”. Lima: UNMSM  Material  proporcionado por el autor en su cátedra de Especialización en    Literatura Peruana II, Doctorado de Literatura Peruana y Latinoamericana.


[1] “La novela poética peruana en el siglo XX” . Lima : UNMSM  Material  proporcionado por el autor en su cátedra de Especialización en Literatura Peruana II, Doctorado de Literatura Peruana y Latinoamericana. Tercera parte.

[2] Roman Jakobson, en su célebre Linguística y Poética expone el criterio lingüístico para reconocer la función poética del lenguaje. Esto es  la selección y la combinación que han dado origen a un mensaje. Explica además que no son sólo las unidades fonológicas, sino que toda secuencia de unidades semánticas, es la que permite construir una ecuación. Jakobson define esta función  como “mensaje centrado en sí mismo” donde “La superposición de similitud y contiguedad confiere su esencia simbólica, compleja, polisémica”. ( Jakobson,.  Obra cit. En : El lenguaje y los problemas del conocimiento.  Buenos Aires : Alonso editor. 1971)

[3] Conceptos que tomamos del material proporcionado en clase por el doctor Carlos E. Zavaleta y al que ya hemos hecho referencia anteriormente.

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SE ME PASEA EL ALMA POR ESTE CIELO

abril 3, 2013 de 10:09 pm | Publicado en Algunas fotos, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Creación, JARDIN DE DELICIAS, Miscelánea | Deja un comentario
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Cielo de Lima

Cielo de Lima

Se me pasea  el  alma  por  este cielo  –   tantas veces vilipendiado  –de  mi ciudad.

Desde inicios de noviembre hasta fines de abril  y aveces mucho más, basta alzar la mirada en el atardecer  de  Lima, para llenarse los ojos de  este  lujo, de esta generosa maravilla.

Belleza al alcance de todo aquel que se atreva a mirar a lo alto.

Sí, se me pasea el alma.

Y de regreso, cámara en mano,  disfruto  al  incrementar mi crepusculario  que , de tiempo en tiempo, comparto  feliz con ustedes, amigos y amigas de diversas latitudes.

Foto: Sonia Luz Carrillo

Crepúsculo captado en el distrito limeño de Magdalena del mar

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SEÑORÍO celebración de la poesía, en mi poesía

marzo 3, 2013 de 10:07 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Creación, Documentos, MIS POEMAS, Miscelánea | 2 comentarios
Recital en la Casa de la Literatura Peruana. Lima, 28 febrero, 2013.

Recital en la Casa de la Literatura Peruana. Lima, 28 febrero, 2013.

Celebrando el Día Internacional  de la Mujer,  participé, junto a diversos autores, en una  muy interesante y variada lectura de poemas, organizada por el colectivo Ventana abierta.   Entre otros textos, y en homenaje a la poesía, leí  “Señorío”  de mi libro Callada Fuente, poema  que ahora reproduzco.

SEÑORÍO

 

Usted es la responsable

señora mía.

 

Usted alimentó

precoces relámpagos

y  peligrosas  luces

 

Cuando todo era laberinto,

asfixiado  de preguntas,

la única certeza

era el terror 

que me inspiraba

la rutina,

los estrechos

límites

a los que parecía destinada.

 

Usted, señora hermosa,

alimentó

 esta terca manera

de escudriñar abismos

y  el entrañable gozo

de elegir el decirlo.

 

Usted, señora mía, me regaló

la agilidad que paseo

desafiante de años.

 

Usted me edificó

un espacio frágil y cierto

en un territorio de castas

y largos abolengos.

 

Ante las dentelladas,

fueron sus azules brazos

valerosa señora,

mi perfecta cobija.

 

Cuando la soledad

y el desamparo quebraban mi soporte

pude volver siempre los ojos

a su ardiente esplendor, señora mía.

 

Así, gozosa entre desgarros o silencios

me dediqué a estos objetos

con que me regocijo.

En su nombre.

En Callada fuente, Lima 2011

Foto:  Sonia  Luz  Carrillo, 28 de  febrero 2013,  por  Isabel  Matta  Bazán

También ver:  CON VOZ DE MUJER, MI POESÍA  y  ALGUIEN ESCRIBE A SOLAS (VIDEO)

MÁS TEXTOS EN: MIS POEMAS

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JOSE ARNALDO MÁRQUEZ Y LA GENERACIÓN ROMÁNTICA EN EL PERÚ

febrero 26, 2013 de 1:21 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comunicación y Cultura, Creación, Documentos | 4 comentarios

En la etapa de la literatura peruana correspondiente al Romanticismo, son los nombres de Carlos A. Salaverry y Ricardo Palma los que  han concitado la mayor atención. Sin embargo, junto a ellos  un conjunto de creadores comparten una serie de rasgos  que en las siguientes líneas nos proponemos revisar. Entre estos autores se halla un  poeta y ensayista  hasta el momento poco estudiado: José Arnaldo Márquez.

En primer lugar – y al margen de la valoración de los logros artísticos – los estudios literarios coinciden en señalar como característica de los románticos peruanos el hecho de haber constituido un grupo con  clara conciencia de integrar una generación literaria y haber tenido además la noción moderna de arte como fenómeno autónomo, único, con sus exigencias de reflexión , estudio y experimentación,  lo que los llevó  a interesarse e investigar a los tratadistas de literatura de otras latitudes .

Gobierno del Mariscal Castilla  y Guerra contra España como experiencia común, una actitud de grupo ante los sucesos, similar formación literaria, cercanía en las fechas de sus nacimientos, existencia de líderes y de un lenguaje generacional  aparecen  como los rasgos del llamado grupo de los románticos.[1] A esto se une su “búsqueda de modernidad… (y) la urgencia de internacionalizar la literatura peruana” (Cornejo Polar, 1989), sin dejar por ello de  “nacionalizar ” la herencia del pasado colonial.[2]  Con estos rasgos, aparecen  vida y obras de estos escritores peruanos de mediados de siglo XIX,  en el marco del Romanticismo hispanoamericano.

El Romanticismo en Hispanoamérica.

El movimiento que se gestara en el siglo XVIII en Europa, se expande en la primera mitad del siglo XIX y se caracteriza por la preeminencia del yo y el mundo subjetivo del autor frente a la realidad objetiva; enarbola el ideal de la libertad individual y muestra una fuerte tendencia al pesimismo así como a la  exaltación del sentimiento frente al yugo de la “diosa razón”, y, fiel a su raíz liberal – fruto de la Revolución Francesa – promueve los ideales democráticos y su interés por los rasgos singulares deviene en búsqueda de lo nacional o particular de los pueblos  al mismo tiempo que confía en el progreso del hombre y la ciencia.  Sin embargo, para Anderson (1995) “el romanticismo criollo fue más una actividad civilizadora que escuela de bellas letras”[3]

Como sabemos, en el campo literario sus primeras manifestaciones se dan  alrededor de 1770 , en Alemania, cuando un grupo de escritores, que se denomina a sí mismo como Sturn un drang (Tempestad e ímpetu), emerge con la voluntad de renovar la vida cultural y artística y liberarla de los cánones impuestos por el Neoclasicismo. Voluntad que se expande de Alemania a otras naciones como Francia, desde donde llegará a España  y de allí  se proyectará a nuestros países.

En el ámbito de América hispana “el romanticismo se nutrió en unos casos del ejemplo francés, en otros de la literatura  inglesa y en otros siguió el molde español” (Escobar, 1958).[4] Argentina es el territorio en el que se consolida más precozmente. Escobar refiere la polémica que en 1842 sostuvieran Andrés Bello, poeta y filólogo venezolano, y Domingo Faustino Sarmiento, educador y político argentino, “aquella polémica reviste trascendencia en la historia literaria de Hispanoamérica… en ella se encontraron Bello, traductor de Hugo y Byron, además de redactor de la más autorizada Gramática de la Lengua Castellana, que significativamente dedicó a los españoles de América, y de otra parte Sarmiento, paradigma del romanticismo argentino, capitán del grupo conocido con el nombre de los proscritos, al que tocó desarrollar parte de la más valiosa producción en el romanticismo de nuestro continente”.[5]

Desde la Emancipación, diversos autores procedentes del neoclasicismo se inscriben dentro del romanticismo“ya por su apasionamiento liberal o patriótico, ya por la carga de sensibilidad individualista, ya por el color regional que va filtrándose entre las frías formas y las tendencias rectoras del Clasicismo dieciochesco”. Entre estos autores Tamayo  menciona a Bello, Heredia y   resalta la presencia de Mariano Melgar.[6]

El Romanticismo en el Perú

No obstante estas presencias precursoras, especialmente la de Melgar, el Romanticismo peruano fue un fenómeno tardío. Y respecto a la calidad de sus productos, existe coincidencia en las  apreciaciones: Más allá de su contenido ético, al Romanticismo peruano – con las excepciones del caso – le  faltó   rigor. Para Basadre “La corriente romántica  creciente entre 1851 y 1854, presentó en el Perú características similares a las que tuvo en otros países americanos y también de Europa meridional”, sin embargo, añade:“Aunque escribieran superficial o retóricamente, los románticos peruanos expresaron en conjunto, cada uno a su manera y dentro de las limitaciones de sus obras…el culto al  amor idealista y al dolor; la angustia ante la vida, la muerte, Dios, el destino y el alma; la atracción hacia lugares exóticos, la preocupación nacional y por el pueblo; la fe en la libertad, la igualdad, la dignidad humana; el anhelo de una realidad superior al mundo circundante que negaba las más nobles aspiraciones del espíritu humano”. De otro lado, menciona como nota distintiva:“estos literatos escribieron, criticaron y debatieron juntos”.[7]

Ricardo Palma ayuda a comprender la atmósfera cultural y literaria al relatar en La bohemia de mi tiempo: “De 1848 a 1860 se desarrolló en el Perú la filoxera literaria, o sea pasión febril por la literatura”. Luego explica: “Al largo período de revoluciones y motines, consecuencia lógica de lo prematuro de nuestra Independencia, había sucedido una era de paz, orden y garantías. Fundábanse planteles de educación; la Escuela de Medicina adquiría prestigio impulsada por su ilustre decano don Cayetano Heredia; y el Convictorio de San Carlos bajo la sabia dirección de don Bartolomé Herrera, reconquistaba su antiguo esplendor”. Relata también que por entonces llegó a nuestro país don Sebastián Lorente, importante figura a la que “la nueva generación seguía y escuchaba como a un apóstol”[8].

Basadre  refiere  la abundancia de obras y discusiones que tuvieron la virtud de llamar la atención por los fenómenos literarios, así como la publicación de antologías tanto nacionales como extranjeras y muchas formas de propaganda de sus ideas. Y precisa que a los miembros del romanticismo peruano “pese que produjeron teatro y en menor medida novela, la poesía los atrajo preferentemente”. En el tomo VI de su Historia de la República, bajo el subtítulo El proceso del romanticismo peruano, Basadre vuelve al tratar el tema y lo hace glosando a José Miguel Oviedo:

“J.M.O, joven crítico…ha planteado la tesis del fracaso del romanticismo en el Perú. Reacciona con ella contra las actitudes indulgentes o superficiales de la crítica literaria tradicional. Oviedo sostiene que no hubo aquí verdadera escuela romántica, que la llamada bohemia se disgregó después de una militancia corta…que las mejores expresiones de sus personeros no siempre pueden ser adscritas a dicha escuela, y que, en conjunto, el Perú presenta un movimiento débil… Por otra parte, pone de manifiesto los malos hábitos literarios del romanticismo nacional que  no creó un estilo propio, no tuvo un gesto de verdadera independencia estética y exhibió pobreza verbal e imaginativa, desorden, mal gusto, incapacidad paisajística y también alejamiento de las raíces sociales demostrado en el olvido de la obra de Melgar y en el desdén ante el legado que ella dejó. ”[9]

El historiador peruano deslinda entre la historia cultural y la historia social. Saluda la existencia en cada nueva generación “las podas y las campañas de saneamiento en la historia cultural , distinta de la historia social”. Y añade – “El historiador general puede convenir  en el atraso de la producción romántica peruana y en sus múltiples fallas … A pesar de todo, inquietud, fervor, animación aparecen en los días de Salaverry, Corpancho, Luis Benjamín Cisneros, Márquez, Palma y sus contemporáneos, más que en los años anteriores.” [10] Anteriormente había  esbozado  el tema de los criterios que deben regir el enjuiciamiento a  una obra o el conjunto de obras: “En el mundo de la estética la posteridad juzga de acuerdo con premisas y criterios que quienes son juzgados no pudieron imaginar”. [11]

Críticos  contemporáneos coinciden en sus juicios acerca de  esta etapa de la literatura en el Perú. Para Ricardo Silva Santisteban (1984) “Por su tibieza nuestro romanticismo carece de una verdadera poética. No reconocemos en él ni nuestra vida ni nuestro paisaje ni nuestros problemas…es un pobre reflejo del ya pobre romanticismo español”.[12]  Mientras que Carlos García Bedoya (1990), señala que “El romanticismo peruano se caracterizó por la inautenticidad y domesticación, conservando mucho de la retórica neoclásica. El género más frecuentado fue la lírica, escribiéndose también unas pocas novelas, producción toda ella de escasa calidad”.[13]

El romanticismo en los estudios de Historia de la Literatura Peruana 

Las visiones panorámicas de la literatura de un país son  para el común de los lectores, obras inamovibles, resultado de amplio consenso, sus contenidos consagran  nociones con respecto a un autor, una obra o una etapa.  Sin embargo, como señala Washington Delgado “la historia es una perspectiva… no hay una historia neutra… En el caso de la literatura hay que señalar además que no solamente la aparición de nuevas obras literarias modifica cuantitativamente la historia, en cuanto la prolonga en el tiempo, sino que también nuevas obras modifican la perspectiva desde la cual contemplamos las obras anteriores…” [14] No obstante, para entender el  romanticismo peruano puede ser útil revisar lo expresado por historiadores de la literatura nacional, con especial atención a la mención que hacen de  la obra de algunos de los integrantes del grupo de los románticos que pudieran no haber sido suficientemente estudiados.             

Por ejemplo,  Luis Alberto Sánchez, afirma: “Podría decirse que el romanticismo peruano fue producto tanto del temperamento y ambiente locales, como de la atmósfera emotiva que predominaba en el continente, y, también, de la moda europea”. [15] Explicará que aunque durante el gobierno de Castilla, “primer presidente que realizó la proeza de durar”, los escritores podían  exponer sus puntos de vista sin ser obstaculizados por el poder político, sus opiniones no tuvieron mayor influencia ni representó un desafío a la sociedad plutocrática. Por ello remarca  la superficialidad de las posturas “No tanto como protesta contra la sociedad burguesa, sino como aceptación de la influencia  o hegemonía europea”.[16]  Analizando los elementos que llama leyendismo y exotismo, advierte que los románticos peruanos representaron al indio en sus obras pero “no se trataba del indio – problema sino del indio – espectáculo… personaje tan exótico como si, en lugar suyo, se colocase un turco de Estambul en plena jungla amazónica; un pirata de Espronceda en el lago Titicaca.”[17]   Respecto al lenguaje Sánchez menciona que libres de las limitaciones extraliterarias, los autores cedieron al impulso retórico y las exageraciones expresivas, pero reconoce que esto sucedió no sólo en el país. Soledad, tristeza y desventuras aparecen en todas las voces. Entre ellas Sánchez distingue la desventurada y singular vida de Arnaldo Márquez “uno de los pocos poetas peruanos de aquel tiempo con derecho a increpar a la suerte”.[18]

Para Cornejo Polar (1980) “nuestros románticos repitieron temas y formas propios de los maestros franceses, españoles y -con menor asiduidad- alemanes”. Destacará, sin embargo,  “Pese a sus limitaciones,… con esta poesía se establece entre nosotros una correlación definitoria entre el quehacer poético y la expresión  de la subjetividad humana”. Más adelante advierte la existencia de tres corrientes: La ya indicada intimista, otra de carácter patriótico “nutrida con la victoria del dos de mayo de 1866, y una tercera de raíz reflexiva “si se quiere, filosófica”. En esta última, ubicará  la obra de Arnaldo Márquez. [19]

Augusto Tamayo Vargas (1992), indica  que “La etapa del romanticismo peruano avanza desde 1840 hacia 1900, perdurando en medio de los embates naturalistas, del fervor parnasiano y de los primeros atisbos modernistas”. Considera que gran parte de la producción es “exótica” aun cuando se toquen temas americanos, y esto lo explica porque “La influencia se hace viva y palpitante a través del siglo XIX, reproduciendo – tardíamente – el penacho nacionalista que surge con los ejércitos napoleónicos; el lamentar angustioso que se mantiene después de su ocaso y muerte; y el renacer de la desesperación de vivir que creara la generación alemana de Goethe. Después vendrá la burlona risa escéptica y la prédica social”.[20]  Pese a esto  pondera “el periodo romántico, tan vulnerable en muchos aspectos, corresponde,  a la primera generación que se propuso trabajar  seriamente y que comprendió que el arte, la expresión literaria, responde a un oficio. Que, por encima del gesto de la libertad, hay que entender la disciplina del estudio y el ejercicio técnico con un planteamiento científico de la literatura”.[21]

El Grupo de los Románticos 

Para  Ricardo Palma, el núcleo de esta generación  lo constituye “Arnaldo Márquez, Nicolás Corpancho, Adolfo García, Numa Pompilio Llona, Clemente Althaus, Luis Cisneros, Carlos Augusto Salaverry, Enrique Alvarado, José Antonio Lavalle, Mariano Amézaga, Francisco Laso, Juan Arguedas, Trinidad Fernández, Toribio Mancilla, Asisclo Villarán, Juan de los Heros, los hermanos Pérez (sic), Narciso Aréstegui, y dos o tres nombres más… hacían sus primeros versos y borroneaban su primera prosa, desde los claustros del colegio”. Más adelante alcanza información  en torno a la actitud vital del grupo y sus lecturas literarias: “…arrastrados por el libérrimo romanticismo, nosotros  desdeñábamos todo lo que a clasicismo tiránico apestara y nos dábamos un hartazgo de Hugo y Byron, García Tassara y Enrique Gil. Arnaldo Márquez se sabía de coro a Lamartine; Corpancho no equivocaba letra de Zorrilla, Llona se apasionaba con Leopardi”. [22]

Especialmente crítico con el movimiento (“moda o enfermedad, tuvo en el Perú caracteres de una intoxicación”), Raúl Porras Barrenechea, refiere que “Se congregaban en casa del mecenas Miguel del Carpio, colaboraban en la Revista de Lima, que dirigió José Antonio de Lavalle y se retrataron con patillas y corbatas 1830 en el Parnaso Peruano de Cortés”.  Y  distingue algunos nombres como “los más significativos del romanticismo  peruano Carlos Augusto Salaverry, Luis Benjamín Cisneros, Ricardo Palma, Arnaldo Márquez, Manuel Adolfo García, Clemente Althaus y Juan de Arona”[23]

Las antologías 

Como se ha mencionado, un aspecto importante en la difusión de las obras de algunos de estos escritores fueron los trabajos antológicos. Por ejemplo El Parnaso Peruano, de José Toribio Polo, es para Cornejo Polar (1989), la primera de una serie de antologías “específicamente literarias”. En ella, como reza el subtítulo: Repertorio de poesías nacionales antiguas y modernas[24]  se presenta una nómina  que va de Ruiz, Caviedes, Peralta Melgar y Olavide, hasta los románticos como Palma, Márquez o Salaverry.  En este trabajo, para Cornejo Polar, se establece un primer criterio de periodización puesto que el antólogo refiere que en materiales acumulados por tres siglos se hallan dos grandes momentos. El primero lo denomina místico – erudito y el segundo es pondera como propiamente artístico y allí ubica su propio trabajo.[25] De los más jóvenes de los seleccionados dirá el antólogo que “cantan arrastrados por las corrientes eléctricas que nos envía el viejo mundo  en sus libros de Goethe, Schiller, Byron, Espronceda, Lamartine y Víctor Hugo”[26]   Años después, en 1971, aparece otro Parnaso Peruano, publicado en Valparaíso por José Domingo Cortés. Como reseña a pie de página Cornejo Polar, esta nueva antología “Incluye 44 poetas, desde Larriva, Pardo o Valdez hasta – el más joven – Márquez, nacido en 1846.”[27]

 

JOSE ARNALDO MARQUEZ, EL DE LA VIDA MÁS ROMÁNTICA.

José Arnaldo Márquez fue, indudablemente, el de la vida más romántica. Poeta, ensayista, autor teatral, unió a sus actividades literarias el ser un viajero impenitente, inventor de una máquina de linotipia – que no pudo patentar a tiempo –  fue maestro en Chile y Argentina, traductor exitoso de Byron, Shakespeare, Longellow y Witman, lo que demuestra su rigor intelectual y la visión universal de la literatura y el arte.

Nacido en Lima, 1830, desde las aulas del Convictorio de San Carlos, empezó su carrera a los 18 años con una obra teatral de muy escaso mérito. Posteriormente – como refiere Vargas Ugarte (1986) ingresó en el ejército y alcanzó el grado de sargento mayor; fue secretario del presidente Echenique y cónsul del Perú en Veracruz, México y Centro América.[28]  Al producirse la revolución que derribara a Echenique sufre dificultades políticas, pero cuando el gobierno de Castilla decreta una amnistía, Márquez es nombrado cónsul en Nueva York. Había publicado: Poesías (Lima, 1853), La Ramoniada (Valparaíso, 1955), y el poema La Humanidad, dedicado a Vigil (Lima, 1856).

Siendo cónsul en Nueva York, ante las informaciones de un ataque español al Perú, sin mayores consultas, intervino en la construcción de dos buques de guerra. El contrato fue objetado por el gobierno peruano y en 1864 se vio obligado a dejar la carrera y quedó abandonado en el extranjero. Igual suerte había sufrido Carlos A. Salaverry.  En 1862 habían aparecido en Lima dos volúmenes de sus Notas perdidas, y entre 1857 y 1862  sus Recuerdos de un viaje a los Estados Unidos. Cuando  Al producirse el ataque español Márquez se halla en EEUU y publica El Perú y la España moderna.

Durante algunos años recorrió Francia y España  y de retorno a América vivió en Puerto Príncipe, Argentina y Chile. En cada uno de estos lugares fundó liceos. Por esa etapa  ideó una máquina de linotipia  que “representaba para el poeta la fortuna y la tranquilidad, pero sólo le da quebraderos de cabeza”. [29] Este hecho es relatado por Martín García Merou, escritor argentino citado en el Diccionario de Milla Batres en la ficha dedicada a Márquez  “…me refirió su triste odisea de soñador vagabundo. Había hecho o creído hacer  un invento en el que cifraba sus más gratas esperanzas. Era una máquina para componer e imprimir con un número reducidísimo de tipos de una manera mecánica”. Luego, relata las peripecias que vivió para poner en práctica su idea.[30]   Finalmente, logra patentar su invento en Nueva York en 1873 y estuvo a punto de fabricarlo en el Perú después de múltiples gestiones que lograron que el Congreso Peruano se pronunciara en ese sentido el 18 de enero de 1879. Lamentablemente al estallar la Guerra del Pacífico su sueño quedó truncado.

Jose Arnaldo Marquez

La producción literaria de Arnaldo Márquez abarca diversos géneros. Destaca además su tarea de traductor. Tamayo Vargas menciona “En los años 1883 y 1884 salieron a luz sus traducciones de Shakespeare… aparecieron en Barcelona el drama Julio César y la comedias  Las alegres comadres de Windsor, Como gustéis Comedia de las equivocaciones, para ofrecer después El sueño de una noche de verano, Medida por medida, Coriolano y Cuento de invierno. Se trataba de un encargo de la Real Academia Española.”[31] Citando a Estuardo Núñez, Tamayo Vargas refiere las traducciones de Márquez a  Byron, Longfellow y Whitman.   Terminada la guerra, en 1889, publicó el ensayo La orgía financiera del Perú (El guano y el salitre). Su obra completa, bajo el título Prosa y verso, apareció en dos volúmenes en 1901 y 1902.  Sus últimos días transcurrieron en el Hotel Central, de la calle Palacio, en Lima. Murió en medio de la pobreza el 6 de diciembre de 1993. Hacía sólo tres meses que había podido regresar al Perú, gracias a la ayuda de  Eduardo López de Romaña.

Márquez y el romanticismo en la vertiente filosófica y social 

La obra de Arnaldo Márquez diversa en géneros y temas  presenta, sin embargo, una línea que le da continuidad y coherencia. Se trata de la actitud de reflexión filosófica que conjuga solidaridad  humana y apelación a altos ideales. Estos rasgos de su producción  llevan a Washington Delgado a recomendar: “Hay algunos poetas románticos que en un trabajo más exhaustivo de la historia literaria merecerían consideración, como Arnaldo Márquez… el único de nuestros poetas de la época que desarrolló la veta humanitarista y vagamente socializante”.[32]

Tamayo Vargas y Cornejo Polar  coinciden en ubicar su  poesía en la corriente filosófica del romanticismo peruano al lado de Luis Benjamín Cisneros. Cornejo Polar enfatiza “sobre todo el poco estudiado José Arnaldo Márquez, a quien Riva Aguero trató con injusta y sintomática displicencia”. Cornejo añade  que en su poética se da un generoso sistema de valores éticos y examen de la realidad circundante, destacando  “Aquellos (los valores) se basan en principios religiosos pero enfatizan sus realización material tanto en referencia a la armonía de la naturaleza cuanto en relación a la justicia que debe reinar en la vida social”[33]  Para Ricardo Silva Santisteban – crítico severo del romanticismo – “Márquez posee un buen verso y hubiera estado llamado a ser nuestro poeta romántico por antonomasia”. Y aunque  discrepa del “tono moralista”  de su poesía, señala luego que “en algún momento se supera a sí mismo y pulsa cuerdas que aún nos emocionan”[34]

En el poema “Noche de luna” (Santiago de Chile, 1849 desde el título expresivo de la corriente romántica, queda patentizada la serena contemplación del paisaje en armonía plena con el yo poético. Naturaleza que sirve de marco al pensamiento y el sueño: “Luz tenue y melancólica/ de lánguida dulzura /colora tibiamente /la blanca vestidura / que tiende sobre el valle / levísimo vapor /…/  Qué bellas esas aguas / donde luz riela / y en cuyas quietas márgenes / dormita  la ciudad! / sobre su sueño el ángel / de los misterios vela / mientras el tiempo rápido / sobre su frente vuela / como una tibia ráfaga / de suave claridad.” // Oh sí! Todo es hermoso / La noche, el firmamento / los astros y las nubes / convidan al placer. / En medio de memorias / dormita el pensamiento / y el alma a sus ensueños / entregase un momento / cual hoja que en los aires / fluctúa sin caer!.”[35]

En sus “Leyendas peruanas” encontramos la señalada característica filosófica que trasciende el  marco individual e ilumina de valores expansivos todo fenómeno: “No sabe lo que es la vida /  quien nunca amó, ni comprende / cómo ella el instinto enciende / de bien en el corazón /  y busca en torno  otros seres / que lo amen y lo bendigan / prodigándoles placeres / en generosa expansión.”[36]

Tópicos recurrentes en el arte romántico, la noción del artista  como un ser predestinado a la creación, y la idea de la “realidad no poética” se encuentran en estos fragmentos del  poema “Mi poesía”, citados por Tamayo Vargas: “ No hay duda es mi destino / que  yo también creara esa  armonía / vestigio de un remoto paraíso / que llama el universo  poesía.//  Fuera de ella mi espíritu indeciso / se agita en una atmósfera vacía / donde no encuentra ni una luz siquiera / que alumbre y guíe su fugaz carrera.”  Interesante además la idea del arte capaz de en su capacidad de comunicar las esferas. Dios, amor y belleza captados y transmitidos por la palabra poética con una evidente revaloración de la naturaleza  en tanto gratuidad y espontaneidad frente a las normas neoclásicas, expresadas  en otras estrofas del mismo poema.  “…Todo en el mundo para mí es u n canto / todo en la vida es para mí un acento / que hablan de un ser incomprensible y santo / que no puedo mirar, pero que siento / el orbe lo saluda, y entre tanto / le habla la vida con su gran lamento; / y entrambas voces que a la par se elevan / un mismo nombre al infinito llevan.”

Finalmente, en  “La vida” poema fechado en diciembre de 1875 y publicado en la segunda edición de sus Notas perdidas, en 1878, destacan las ideas de brevedad de la existencia,  el dolor como forma de conocimiento y la noción de trascendencia  como única salida al inevitable deterioro de la vida terrena. Reproducimos aquí la versión  seleccionada en la Antología de Ricardo Silva Santisteban: “La vida es como un árbol del camino / cuando soplan las brisas del otoño/ … / Los deleites, los sueños, la alegría / son las hojas pintadas de la copa / que hace caer al declinar el día / la brisa melancólica y fugaz./ …/ Así también al desnudar los años / de ilusiones y goces nuestra vista / descubren ante el alma entristecida/ pedazos de su inmenso porvenir .”

Con esta breve muestra de la obra  de Arnaldo Márquez, queremos poner de manifiesto  algunas particularidades con las que este poeta peruano, insuficientemente estudiado, se inscribe dentro de la tendencia romántica en la que Tamayo Vargas observa el espíritu de redención y de superación del desgarramiento egoísta.  Poética  que reflexiona sobre el destino del hombre y  el destino del universo. En esa dirección se halla su preocupación por la justicia  y el permanente afán por entender mejor los hechos de su momento histórico que motivaron también sus ensayos. Obra literaria que, como advierte Luis Alberto Sánchez, renueva la temática de la poesía romántica producida en el Perú.

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 SONIA LUZ CARRILLO

Profesora Principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.


[1] La enumeración de estos requisitos para el reconocimiento de una Generación , tales como coincidencia de nacimiento, acontecimiento o experiencia generacional, relaciones interpersonales,  existencia de un maestro o líder, homogeneidad de influencias literarias y existencia de un lenguaje generacional  han sido elaborados desde Dilthey, Pinder, hasta  Julius Peterson  ( 1930) a  quien cita Francisco Mota en su trabajo Poetas españoles de la generación del 27, La Habana : Biblioteca Básica de Literatura española, 1977.

[2] Antonio Cornejo Polar. La formación de la tradición literaria en el Perú. Lima : CEP , 1989 p. 50  y 89

[3] Enrique Anderson Imbert. Historia de la literatura Hispanoamericana. México. Fondo de Cultura Económica, 1995 p.237

[4] Escobar, Alberto. En : Salaverry, poesía. Prólogo, selección y notas. Lima : UNMSM, 1958 p.34

[5] Escobar. Ob. Cit. P. 35 – 36

[6] Tamayo Vargas, Augusto. Literatura Peruana. Lima : PEISA, 1992  Tomo II p. 466

[7] Basadre, Jorge. Historia de la República del Perú. Lima : Editorial Universitaria  Tomo IV ,  edic. 1965  p. 51

[8] Ricardo Palma. La bohemia de mi tiempo .Lima : Librería y distribuidora Bendezú, 1971 p. 7

[9] Basadre, Ob. Cit. Tomo  VI  p. 305

[10] Ibídem. Tomo VI  p- 306

[11] Ibídem. P. 305

[12] Ricardo Silva  Santisteban. Poesía peruana. De la conquista al modernismo. Lima :Edubanco,  Tomo II  1984  p.

[13] Carlos García Bedoya. Para una periodización de la Literatura Peruana. Lima : Latinoamericana editores, 1990 p.86

[14] Washington Delgado. Historia de la Literatura Republicana. Lima : Rikchay Perú. 1980 Prólogo

[15] Luis Alberto Sánchez. La Literatura Peruana. Lima : EMI SA.  Sexta edición, 1989  Tomo III p.1246

[16] Ibídem. P. 1248

[17] Ibídem   p. 1258

[18] Ibídem   p.1271

[19] Antonio Cornejo Polar. “Literatura en el Perú Republicano”. En : Historia del Perú. Perú Republicano y Procesos e Instituciones. Tomo VIII Lima : Editorial Juan Mejía Baca, 1980 p. 33

[20] Augusto Tamayo Vargas. Obra citada, p. 467

[21] Ibídem. P. 469

[22] Ricardo Palma. La bohemia de mi tiempo. Obra Cit., p. 8

[23] Raúl Porras Barrenechea. El sentido tradicional en la literatura peruana. Lima- Miraflores : Inst. Porras Barrenechea de la UNMSM,  1969  p.p. 49 – 50

[24] Antonio Cornejo Polar, en La formación de la tradición literaria del Perú, cita que fue editada en Lima, en la Imprenta La Epoca, 1862.

[25] Cornejo Polar. Obra Cit,  pp. 46 – 47

[26] Ibídem . p. 48

[27] Ibídem, p..49  Hay que anotar que en otras fuentes hemos hallado consignado 1830 como año de su nacimiento.

[28] Rubén Vargas Ugarte.  “Arnaldo Márquez” En : Diccionario Histórico Biográfico del Perú. Lima : Milla Batres. 1986, Tomo VI pp. 1 -3

[29] Maurilio Arriola. “José Arnaldo Márquez” En : Diccionario Literario del Perú. Barcelona : Comercial de Artes Gráficas. 1988,  pp. 311 – 312

[30] Martín García Merou. Citado en Diccionario …de Milla Batres. Tomo VI (Bajo la sigla MZR) p. 1

[31] Augusto Tamayo Vargas. Obra Cit. p. 499

[32] Washington Delgado. Historia de la Literatura Republicana.. Lima : Rickchay Perú, 1980 pp. 65-66

[33] Cornejo Polar. En : Historia… 1980  p. 36

[34] Ricardo Silva Santisteban.  Antología de Poesía  Peruana. Lima : Edubanco, 1983  p. 447

[35] Tomado de la antología elaborada por Silva Santisteban.  pp. 447-448

[36] Fragmento reproducido por Mauriola en su citado Diccionario Literario del Perú

Este trabajo fue  publicado anteriormente en la Revista Letras de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/publicaciones/letras/v78_n113/a09v78n113.pdf

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SOLA FORMA en CALLADA FUENTE

febrero 21, 2013 de 12:45 am | Publicado en Algunas fotos, Artículos sobre Literatura, Creación, MIS POEMAS | 1 comentario

FORMA

 

Sola

La conciencia sedienta

No hay nadie

Cerca

 

No puede haber

nadie

En este espacio.

 

Es preciso

no distraerse

es preciso

guardar

fuerzas

 

El designio

es comprender

hurgar

con atenta minuciosidad

 

arriba

abajo

 

a uno y otro lado

sin perder de vista

la emoción

 

La realidad decantada

huellas en la arena

lidiando con el viento

 

forma

sola

forma

De  mi poemario  Callada fuente  (Lima, 2011)

Fotografía: Sonia Luz Carrillo  “Huellas de viento”, 2013

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CALLADA FUENTE EN RADIO, PROGRAMA LETRAS EN EL TIEMPO

septiembre 27, 2011 de 9:42 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Conversas, Creación, Documentos, MIS POEMAS, Noticias y demás... | Deja un comentario

Invitada por Patricia del Río,  conductora y Amelia Villanueva, diligente productora, el sábado 17  de setiembre participé en el Programa Radial Letras en el tiempo con ocasión de la publicación de mi poemario Callada fuente. Comparto aquí audios y fotos de la grata conversación.

Con Patricia del Río

Sonia Luz Carrillo, poeta de la Generación del 70´ y su nuevo poemario

IMPORTANTE: Al hacer click en las fotografías que aparecen en el siguiente enlace se puede acceder al audio:

http://www.rpp.com.pe/2011-09-16-sonia-luz-carrillo-poeta-de-la-generacion-del-70-y-su-nuevo-poemario-noticia_404552.html

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LA CIUDAD INTERIOR. POESÍA DE ESTHER CASTAÑEDA

febrero 26, 2010 de 1:32 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Creación, Noticias y demás... | 1 comentario

En noviembre del 2003,  se realizó en el Centro Cultural de España un conversatorio en torno a la obra literaria de un conjunto de mujeres peruanas. En aquella ocasión abordé la poesía de Esther Castañeda (1947- 2010), poeta compañera de muchas jornadas y colega sanmarquina; destacada investigadora.  Reproduzco aquí el texto como homenaje a su vida y su creación:  

Conversatorio la ausencia y la multitud. Poesía peruana escrita por mujeres (1920 – 1980)

            Por. Sonia Luz Carrillo

Desde el epígrafe de Emily Dickinson  que abre el primer libro Interiores (1994), y aun desde el título mismo del poemario,  la poesía de Esther Castañeda  nos habla con insistencia de la invención de un espacio:

 

“Para hacer una pradera basta un trébol y una abeja,

un trébol y una abeja,

y el sueño”

Esta construcción de los espacios a partir elementos mínimos tiene locaciones precisas como en el poema que inicia el libro, “Identidad”, donde se presenta la voz protagónica  desde un tiempo que a la vez sugiere lugar:

“Bajo febrero sofocante

eres una mujer

Esther – repites – Esther

Incrédula”

La alusión al   estío desde el que habla esta mujer incrédula, de nombre hebreo y  resonancias bíblicas, la colocan en el sur  del planeta. Y, contrariamente a lo señalado por el epígrafe, no serán praderas ni  lugares abiertos sino  estrechos ambientes urbanos los que irán explicitando los textos. 

 La vida de la voz que habla en la escritura transcurre en la ciudad. Y no es solamente  escenario de sus vivencias y desplazamientos, sino un ambiente que la traspasa y conforma aparezca o no como  objeto temático del  poema.

Así la poesía nos  llevará por calles, casi siempre sombrías,  con sensaciones olfativas y visuales como aquella “muerte maloliente”  de la avenida Pizarro con sus “esquinas  que muerde la noche” (“On the road”)

Pero en lo fundamental se trata de una ciudad íntima “A puerta cerrada” donde los deseos, los encuentros, la escritura, la reflexión y los recuerdos encuentran asiento solitario. En este escenario, el cuerpo se convierte en el lugar donde ocurren albas y atardeceres (“Mi cuerpo”).

En el texto “Espacios particulares”  se nos entregan un conjunto de datos que hablan de ese territorio de libertad :

 “Todos los espacios están comprendidos en mi reino

alzo la voz

y se extiende la sangre

como el humo de las batallas.

Sin pudor 

Embisto conceptos

Plegarias

Y las oleadas surgen en  una biblioteca

El aula

La vieja avenida Pizarro

Construida al impulso de tu cuerpo.

Así fundé mi casa

Y el deseo”.

Como  señala Modesta Suárez, el recorrido por “Dominios” la primera sección del primer poemario,

 “nos conduce por una Lima sórdida… Paralelamente se  esboza un espacio interior, – el espacio del cuerpo- más complejo por ser infinito, que permite acercarse al otro/ la otra”[1]

La ciudad se nombra una y otra vez. En Interiores   hay un poema que se titula “Lima”  y  su niebla y humedad  se convierte en un lugar tematizado :

“Lima cubre  de elegías este espejismo

de puerto lejano.

Con el saco al viento

Tu cuerpo oscila como icono envuelto en seda

Retiro las cortinas

Y me hundo en  el desnudo

En el placer de peinarnos

Bajo las aguas”

Y al final de Carnet  (1996) su segundo poemario nuevamente aparece  “Lima” dando título a un texto: 

 “no viajaré a  provincias

ni siquiera a París

Lima sigue en mi presente

Y no me corro

Acepto todo

No hay por qué bajar la frente”

 Es evidente que en este caso, junto con la irónica referencia a París,  exponente cosmopolitismo y la referencia intertextual al poema vallejiano  que habla del morir en París, la mención a “Lima” sugiere  los usos y sus costumbres  por la  intromisión o los juicios adversos a los que se opone la dignidad de quien  camina con la frente en alto.

La insistencia en remarcar  la  ciudad y sus  características niebla y humedad va hasta Piel  (2001)  el más reciente libro.  En “Entre Nous”  dirá. 

 “Teleman/ Jr. Ica / neblina limeña/  una pareja”  (p.15)  y también  en ”Jr. Ica”: “Frente al espejo de los bajos/  acomodo mi peinado / 8.30 p.m./ por el centro de Lima/ sigue la garúa” (p.41)

Es significativo que la ciudad  referida no porte los signos de la modernidad – se la adjetiva de vieja – se trata de una  locación con signos de decadencia, de acabamiento, tal como se muestra en el poema “Adiós”  de Carnet :

 “No más disloques anímicos

No más prestezas

No más Montibán en la vieja Lima,

No más ya de nada”

Por otro lado, las alusiones a la ciudad  exterior frecuentemente alude a  hostilidad o amenaza. En un poema sin título publicado en 1995  en el N° 98 de la revista Haraui se lee:

 “Sin importar peligros/  corro tras el viento/  despojada de ciudad y de memoria”

Esta ciudad de calles peligrosas, en la que acecha la violencia presenta  cotidianos desafíos: 

“Con un cuarto de pollo y unos libros /  desafío /  la embriaguez /  la razón de la navaja/  la memoria remota”  dirá  en el poema titulado “Avenida Pizarro” de  Carnet.  Pollo y libros son modestas posesiones sin embargo pueden ser suficientes  para provocar  a malhechores y ebrios callejeros. 

Una vez más aparece la “memoria remota” ,  los temores aprendidos.

En otras ocasiones el exterior, la calle,  y sobre todo la repetida Avenida Pizarro, será el espacio anhelado, como  en “Libertad”  del libro Falso huésped : “A tiro de piedra/ ser libre por la Av. Pizarro/  en este invierno que se termina como/     incendio” (p41)  y   también  en “Ala Oeste” :  “….   papeles,  /  serpentinas/  / en la calle Pizarro/  descienden  sobre la almohada” (p.47)

El gentío, la masa, realidad tan marcadamente citadina  asoma brevemente, en dos poemas, y en ambos con signos de malestar y protestas, tal como ocurre en “Arte Naif” de Interiores:

“A cinco calles

De la gran marcha

‘despedidos reposición

huelga de hambre SOLUCION’

oscilan las luces

garabatos de leche

…..

 

“El aire se torna irrespirable

el vocerío arroja piedras

triza cerámicas entre la llovizna limeña

y en ese instante

por la avenida

la rosa del poeta es una quimera”

Y también en el poema “1980” del mismo libro donde  la voz enunciadora  rememora: 

“Diminuta

marcho gritando consignas

reaparezco en la responsabilidad ineludible

de las vocales

me pellizco

muerdo mis uñas

debo quebrarme para no sentir tu falta a mi costado

‘Amor y revolución’ – dice-

AMOR Y REVOLUCION

Meta de  nuestros tiempos”

Definitivamente  la ciudad en la que nace esta poética  es la ciudad interior. Anhelos, esfuerzos, silencios, deseo, fracasos, adioses y reencuentros  se producen en espacios cerrados:  aulas, pasillos, bibliotecas, una que otra  alusión a un bar o la sala de un cine. Pero sobre todo será en la habitación  con las puertas cerradas donde se dan los juegos de audacia  que se nos sugiere con gran contención  expresiva. 

Quienes  viven  dentro de esas paredes  son seres  señaladamente  ilustrados  por eso es notoria  no sólo la  presencia de múltiples epígrafes y las menciones a autores diversos  y disciplinas varias. En “Clases” del libro Piel (2001) , leemos:

“Sociología

Historia de América

Metafísica

Bachelard entre dibujos

arriba

al fondo

aguardas

loba de templos”

Desde Interiores (1994) veíamos  “A una joven lectora”  en el “mundo ilimitado” de una biblioteca  en contacto con : “Los místicos/  la lectura de poemas renanos//…/   Bosch y Giacometti / entreteniendo nuestra espera…” 

De otro lado, esta voz que habla  desde la ciudad y sus breves espacios  registran rutina y des-encanto. Como anota Rosa Carbonel: “poesía de la existencia, cadenciosa, ensimismada y a la vez obsesiva de una vida que transcurre entre la rutina de un estado inquerido y la imperiosa regresión”[2]

“Inmovilidad” (Carnet) : “sin grandes cambios/  los días por venir repiten la misma ruta/  el norte sigue siendo el norte/ el sur sigue siendo el sur”  se augura;   y en el penúltimo texto de Piel  la rutina exasperante hace decir. “combina berenjenas/  huevos / pan ácimo/ furiosa/ combina pan ácimo / berenjenas/ huevo”

La poesía de Esther Castañeda conjuga con destreza expresiones coloquiales con referencias culturales.  A esto se añade su enorme celo por no caer en la grandilocuencia. Si algún cuestionamiento o queja asomara  ella tendrá un toque de amarga ironía. Solo en ocasiones, como en “Sola” de Falso huésped  se permite mayor carga emotiva: “prisionera lanza el grito que no es /  grito/  y /  resbala/  enredada”.

Junto con las virtudes de la precisión y sugerencia lograda en base al laconismo, celebrada por cuantos han comentado esta poesía largamente macerada, el trabajo con respecto a los espacios en la poesía de Castañeda fue anotada por Marcos Martos  en la Introducción de Interiores:

“El espacio de Castañeda es su cuerpo, el cuerpo de la persona amada, la habitación y las caminatas que son como remansos de deseo. La poeta no tiene necesidad de remarcar, como en tiempos diferentes lo hicieron Ciro Alegría o Carlos Germán Belli, de que el mundo ‘es ancho y ajeno’ o de que afuera ‘todo tiene dueño’. Eso está tácito, incorporado así al estro del poeta y la imaginación del lector” [3]

Las condiciones de la urbe donde confluyen elementos inveterados con otros nacidos al compás de la modernización, han sido señalados por Mihaela Radulescu,  con sus características de “una ciudad congelada en su inconsistencia, lacerada por peligros indefinidos, quiebres y caídas al vacío, con remotos personajes dispersos y desganados, que rehuyen la comunicación”[4].  Coincide  con lo expresado por Yolanda Westphalen  en torno a la existencia de “una imagen fragmentada y discontinua y la de la superficie plana, inmóvil, de la explanada en la que cae, metáfora de un mundo sin dimensiones, profundidad ni movimiento”[5]

El cuerpo como último territorio en  la ciudad ajena a sus habitantes es un gran tema contemporáneo. La poesía de Castañeda lo presenta con recursos sutiles. Y, en medio de las fragilidades, la niebla y el gris citadino, la apuesta por la creación poética significa una voluntad  firme de invención y reconstrucción permanente. Esther anhela amplios y frescos territorios por eso, en esta ciudad de inicios del siglo XXI  invoca de la mano de  Alfonsina Storni en uno de los epígrafes finales:

“Flores, pradera, trigal ponte espeso

me gustas trigal

me gustas, Oh cielo, me gustas aurora,

me gustas rosal”

En ese espacio abierto por la poesía  nos encontramos  con la amiga, la compañera de trabajo, la poeta.

Lima, 11 de noviembre de 2003


[1] Modesta Suárez. En:  Interiores.  Lima: Amaru ediciones, 1994 (Contra carátula)

[2] Rosa Carbonel. “Poesía de la existencia” En : Falso huésped . Lima: Magdala editora/ Ediciones Flora Tristan, 2000 

[3] Marco Martos.  “Una artista de la vida”. Introducción a Interiores. Lima: Amaru ediciones, 1994, p. 12

[4] Mihaela Radulescu.  “Un punto de vista hecho mundo”  En: Carnet Lima: Magdala editora, 1996 s/n

[5] Yolanda Westphalen. “Falso huésped. Poética de la cotidianidad” Presentación. Mimeo, 2000.

Se ruega citar la fuente

Ver:

HOMENAJE A ESTHER CASTAÑEDA, POETA, ENSAYISTA Y EDITORA

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JUEGO DE COLORES. MIS POEMAS

enero 13, 2010 de 4:29 pm | Publicado en Algunas fotos, Artículos sobre Literatura, Comunicación y Cultura, Creación, MIS POEMAS, Miscelánea, Noticias y demás... | 3 comentarios
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VERDE

¿ Es cierto el verde ?

¿Su osado despliegue ?

¿ O es mi mirada

la que así lo mira ?

Y cuando se termina

el sueño que sueño

¿ Dónde mi verde ?

El verde

¿Dónde ?

AZUL

Me prendo

azul

de tu frescura.

Aspiro

tu honda vocación de infinito

tu sinfonía de inmenso

azul.

AMARILLO

No te busco

en el metal con precio.

No.

Corola te busco

pétalo

brillando en cartulinas infantiles

feliz  por libre

mediodía

potente

vivo.

VIOLETA

Discreta

tenacidad que seduce

misterioso

sabor a atardecer

tenue  suave  leve

delicioso matiz

de la melancolía.

ROJO

Nunca más

adscrito a idea alguna.

Purísimo

fuego

centro, origen,

astro

rojo.

BLANCO

Promesa

que retrata todo inicio

toda incógnita.

Extensión que disuelve

los ecos del ser,

de lo posible,

y a toda evocación brinda acogida

Lienzo detrás de los párpados.

Puerto

meta

Generoso

blanco.

En: Las frutas sobre la mesa, Lima, 1998

 

FOTOS: Sonia Luz Carrillo Mauriz

Otros textos: MIS POEMAS

https://hablasonialuz.wordpress.com/category/mis-poemas/

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PEQUEÑITA, INMENSA, CONMOVEDORA Y TENAZ: LA VIDA

diciembre 10, 2009 de 8:02 pm | Publicado en Comentarios diversos, Creación, Miscelánea | Deja un comentario

Dicen que empieza cuando dos semi células se encuentran y se hacen una. Y es maravillosa la forma como esta una cumple su laboriosa, perfecta,  tarea de multiplicarse. Y a las pocas semanas un nuevo corazón habita en el planeta y con cada apresurado latido proclama que la sorprendente aventura humana continúa.

Conocer en detalle la magnífica y minuciosa arquitectura, abisma. Invita a  levantar la mirada fascinada por encima de toda circunstancia.  La promesa se renueva, nuestra conciencia se agudiza y en las manos crece la tarea: Un mundo vivible para cada corazón que se avecina; para cada corazón que puebla esta bella bola azul que nos cobija.

VER:

Sobre el Valor de la Vida

DEFENDER LA ALEGRÍA

AZUL, BELLÍSIMA, NUESTRA CASA. Imágenes de la Tierra desde el espacio

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“LO SENCILLO”, UNO DE MIS POEMAS, Y EL PRÓLOGO DE ALEJANDRO ROMUALDO A MI LIBRO …Y EL CORAZÓN ARDIENDO

octubre 20, 2009 de 1:52 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comunicación y Cultura, Creación, MIS POEMAS, Noticias y demás... | 4 comentarios

Mano

ACTUALIZACIÓN

Con motivo de una lectura de mis poemas, en la Casa Museo José Carlos Mariátegui,  Ciclo Poesía y Vida, publiqué este texto seguido del Prólogo del poeta Alejandro Romualdo a mi libro … y el corazón ardiendo. Al actualizar el post creo hacerle honor al poeta y al poema.

 

LO SENCILLO

Las frentes

y las manos

limpiadas por los vientos

los cuerpos sosegados

                        en la hierba

el idioma del mar

                        lejano

y dos aves que, serenas,

                        casi quietas

                        reflejan

este furtivo instante de árboles y sol

Nada extraordinario

todo tan sencillo.

 Y,  tres décadas después de la publicación del libro del que forma parte, el generoso Prólogo del poeta Alejandro Romualdo:

Este corazón no es un músculo que golpea inútilmente en la soledad, tampoco un caracol sonoro, ni un instrumento involuntario, sino algo más palpitante, algo más entrañable que crepita y convoca: una hoguera encendida en la solidaridad combatiente.

También este corazón tiene la cabeza fría: su pasión es razonable, su lucidez abraza sin consumirse en reflexiones estériles, estableciendo una comunicación cenital en nuestra sociedad opaca, tendiendo un puente amable entre los hombres y las cosas, debajo del cual discurre su canción cristalina. Digo discurre porque razona con claridad y porque su razón de ser es estar, ardiendo, en un mundo congelado por la mezquindad y la desdicha. Calor y humor humano, ironía y sabiduría centralizada y concentrada en cada día que pasa y en cada cosa que queda. Sus materiales son simples: una hoja, un rayo de sol, el rastro de las aves, bastan (cosa rara en nuestra poesía) para revelarnos una estación germinal, una iluminación, provocarnos un estremecimiento. No he leído entre los jóvenes poetas una poesía tan sustancial, tan delicada y concentrada.

Con pocas palabras esenciales dice muchas verdades transparentes, critica y arranca máscaras. No necesita sino unos cuantos versos para provocar, discretamente, esas cautivantes revelaciones sumarias que son sus poemas.  De esta manera ejemplar, con poco ruido y mucho pensamiento, Sonia Luz Carrillo nos acerca su música, grabada con la punta de un corazón ardiente.

ALEJANDRO ROMUALDO

 En: … y el corazón ardiendo “Prólogo”, Lima, 1979

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