FINISBUS TERRAE, EXILIO Y RETORNOS EN LA POESÍA DE JORGE NÁJAR

octubre 31, 2019 de 1:36 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Creación, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | 2 comentarios
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Finibus terrae & otros poemas, 2da, edición, Tierra Nueva, 2019 Cubierta: Shapshico de Gino Ccecarelli; diseño, Rodolfo Loyola; cuidado de la edición, Jaime Vásquez Valcárcel.

 

El martes 22 de octubre, me cupo la satisfacción de, nuevamente,  presentar un libro de un poeta y amigo querido, Jorge Nájar, en el bello local de la Academia Peruana de la Lengua, al lado del poeta y maestro Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua. La ocasión la brindó Finibus Terrae y la presencia de Jorge en Lima.

Hace algunos meses, Jorge Nájar, compañero generacional con el que mantengo hermosa amistad e ininterrumpido diálogo en poesía a través de décadas, me invito a acompañar con una nota los poemas de Finibus Terrae. Con inocultable  satisfacción ante una poesía  cuyo cultivado esmero captura cada día más atención, aquí la reproduzco:

“Una vez más, la gentil  invitación de Jorge Nájar  me lleva a inquirir sobre algunos aspectos de una poética fascinante por el mundo  que expone a nuestra mirada y el desafío que nos presenta su concreción formal.

En la actual colección, convergen poemas de  Finisbus terrae, poemario que obtuvo el Cope de Oro en 1984, organizado por Petro Perú; Canto ciego, ganador del Premio Juan Rulfo de Poesía, en el año 2001, convocado por Radio Francia Internacional y la Maison de l’Amerique Latine, París. Completa el conjunto Habitarás otro mundo, que hasta el momento se hallaba inédito.

Acerca del título  es útil recordar que desde siglos atrás Finisbus terrae  fue concebido como un lugar, un topus (en el sentido platónico),  el extremo de mundo conocido al que se desplazan los otros, en cierta manera lo invaden. No es casualidad que en el poema “Acta de fundación” que abre el primer apartado, leamos:

“Tal rabo de salamandra desgajado del cuerpo

y en nombre de todos / del apasionado furor

de la banda de borrachos     mitómanos     drogadictos

que invadieron Lutecia alumbrando bombardas

en el corazón de la pobre gente…”

Se trata de la mirada del que llega a un territorio ajeno como “rabo de salamandra desgajado del cuerpo” y percibe la hostil otredad. Y eso nos hace preguntarnos  ¿Dónde inscribir esta poética?  ¿Es intimista? ¿Se le puede considerar dentro de lo que se ha dado en llamar poesía identitaria?

Las primeras claves nos las empieza a dar en el citado poema “Acta de fundación”.

“…a la gloria de los fantasmas

que pueblan mi endiablado paraíso

temblando / a la deriva…

…en homenaje a quienes alegres y vigorosos

danzaron     amaron     reventándose el cerebro

inyectándose litros / barriles de vida

para volar sobre los techos de la ciudad

quemándolo todo / huyendo de lo perfecto

—vistoso plumífero que gorjea y gorjea

erguido en la ventana del castillo—

yo

mi cuerpo y su vacío

mi ángel de vida deslumbrante y su engaño

que con paciencia examinó el asiento

las entrañas de la urbe donde florece en silencio

el amor / el odio

y donde ya nadie baila ni cumbia ni ukelele

para no molestar     para dejarlos en paz

me dejo llevar por el gordo río hacia no sé dónde

cansado de armar el circo cada mañana

para agradar y divertir a estos gentiles

tan nobles   tan difíciles   tan serios…”

¿Qué encontramos? Desplazamiento físico, ajenidad frente a una nueva realidad  y su huella en temas y  percepciones: “nadie baila ni cumbia ni ukelele /para no molestar para dejarlos en paz”. Persistencia  del  uso  del  español en poemas abiertamente narrativos, conversacionales, con la inclusión de vocablos venidos del lugar de origen. Y una constante configuración de identidad  que registra una voz poética  marcada por la movilidad  tanto territorial como temporal,  lo que le impone un permanente  cambio de recursos lingüísticos para la exposición de temas  y de expresión de la subjetividad  del hablante.

“…y

habiendo considerado todo

la belleza / el fondo

las elegantes ancas / las elegantes crines

de mis niñas / de mis dueñas

pardas     negras     amarillas

los caballitos de papel que arrojan al aire

cuando paso volando por encima de este río

—Saint Michel—

la conciencia invadida de anfetaminas

mi pobre corazón endurecido por el desdén

declara estar aquí

en sus luces pero arrinconado y tembleque

en una esquina de la calle de l’Ancienne Comedie

frente a la estatua de Danton que ordena

cordura y prudencia en sus golpes

a los girondinos / a los tombos

a los ignorantes / al cultísimo pueblo

que pesa y mide diferencias  entre quimeras

del amor / de la renta

mientras se abre el banquete y sin fastos

te levanto mi niña rodando en el aire

en el pasto del mediodía

libérame sin embargo de tantas visiones

y vence mi angustiada cabeza con el sueño

antes que me embarque y deje a los señores

confirmar lo hecho por este soldado

capitán de la corona / domador de quimeras

que con no humilde coturno canta esta romanza

como canta el perico en su ramita de guayaba

sacado del original

por el suscrito

París 18 de brumario”

Los referentes históricos, Danton, 18 brumario; culturales,  Saint Michel, l’Ancienne Comedie, se entrelazan con términos del castellano latinoamericano, guayaba, así como el peruanismo tombo (policía, gendarme), para exponer esta percepción de lo diferente, en “la angustiada cabeza” de un habitante de la periferia en la gran urbe que se ve a sí mismo como un “vistoso plumífero que gorjea y gorjea /erguido en la ventana del castillo— /   yo/  mi cuerpo y su vacío”. El llegado de otras tierras, “mi pobre corazón endurecido por el desdén/ declara estar aquí /en sus luces pero arrinconado y tembleque / en una esquina de la calle de l’Ancienne Comedie/”.

Estamos, insisto, ante una poesía de exilio, mirada y pathos ya no de viajero trashumante sino del sujeto  aposentado en una realidad distinta a la originaria  en permanente interacción y contraste de su identidad con otras también en continuo movimiento. Y la idea del imposible  regreso a lo dejado atrás. Destierro y conciencia de lo ido, a la par de la imprecisión  del futuro.  Veamos el poema “Por las autopistas”:

“…años de años repitiendo trucos      malabares

cincelando palabras que la prisa extravió

en un mismo charco de petróleo quemado

y ahí vi a unos gitanos que venían del Perú

a quienes detuve diciendo quiero ir a casa

llévenme / no me dejen aquí

a lo que respondieron gritando

inmensos calzones  / provinciano

¿quieres volver a tu casa?

tu casa está allí donde te lavas los dientes

allí donde fríes un par de huevos al amanecer

y si crees que la has perdido

te has perdido tú mismo pájaro multicolor

medio blanco / medio negro

tan vulnerable y flexible como tallo de amapola

“¡ya basta, basta, infelices, desertores!”

así dije tal gallo cascado y envejecido

pero no me dejen morir en este delirio

que el día venga y pueda irme

aunque nunca sepa hacia dónde soplan los vientos…”

Ante Finibus terrae no podríamos llamar identitaria una poesía ajena a la exaltación de una relación armónica e idealizada de los seres humanos y la naturaleza, no hay un canto que idealice a la tierra, las aves o los vegetales. Se encuentra desazón por el bien perdido en medio de la desolación que produce el reconocer que el regreso no asegura la satisfacción ni la felicidad. En Canto ciego, la segunda parte del libro, leemos estos versos:

“…Y tras una vida apagando incendios

hoy te cabe la sospecha de un monstruo

inflado de vanidad en la niebla

que impide distinguir quién habla

cuando canta hinchado de silencio.

Deseas que esa verdad arda en tu cuerpo,

que eso humee de ti cuando la hora sea.

Y que ese humo resuma la esencia

de tu propia historia, amores, goces

e intrigas por un poco de felicidad.

Deseas sólo eso cuando la hora sea

de bajar por las laderas cantando mulizas,

pasacalles, huaynos al borde de los precipicios

en pos de nada, encontrando nada.

Volar en pos de alivio y sólo hallar el grito…”

En la actual entrega, como venimos viendo, es reiterado el tema del viaje. El ir y venir, las expectativas y las observaciones son el eje de este poemario que, por lo demás, comparte con casi toda la obra de Nájar.  Viajes que no son solo desplazamiento por territorios físicos sino indagaciones por el propio ser y estar del hablante en poesía que va probando su capacidad de resistencia y adquisición de nuevos bienes. “Si resistes el mundo puede ser tuyo” dirá en el poema “En estos campos”:

“…visto desde las ventanillas del tren

que cruza el corazón de la vieja Flandes

Escribo en mi memoria

Si resistes el mundo puede ser tuyo

No te quiebres

¿Y en ese bullir vives avanzando hacia la muerte

como la hormiga en el fruto o el picaflor en el campo

sacándole polen y dulzuras a la flor de los breñales? “

En la tercera parte del libro Habitarás otro mundo, fechado en el año 2018, el hablante poético se muestra reconciliado con la existencia. Los referentes se ubican en el territorio al que se ha regresado en distintas ocasiones.  El tono y los temas son de aceptación serena de lo vivido.  El tono autobiográfico se intensifica.  La creación  poética justifica los desplazamientos. A ella se le encarga la tarea de dejar “viejos sedimentos”  para poder llegar “hacia el fondo de uno mismo”.

“…Sea eso el poema

masa incandescente     manjar para nutrir volcanes

Sea eso el arte de iluminar la materia oscura

Volver a comenzar día y noche

Y una vez limpios de viejos sedimentos

avanzar por el luminoso desierto hacia el fondo de uno mismo

Oh alma mía agota toda la extensión de lo posible”

Es hermoso y eficaz el poema “Estatua de aire” que expone la convicción del poder de la creación, la serenidad con la que el hablante lírico asume su  individualidad creadora.

“…Así comenzó a abrirse camino dentro de mí

frente al mar y en medio de un silencio lleno de estruendos

un monstruo totalmente consciente de algo muy oscuro

Construir una estatua del futuro llena de silencios

Construirla sólo con palabras y voces

Construirla con un ser vivo llamado tiempo

Agitándose dentro de ella un sueño        un desafío

La inmensidad”

Con poemas de este tema y tono, la voz poética  en continua reformulación, desmitifica la retórica nostálgica  o denunciante de la migración. Asistimos a una producción cuya clave reside en la convicción del poder de la palabra; el destino del sujeto es la inmensidad.

El ir y volver de una realidad a otra, ha proporcionado al poeta – sin disimulada tristeza- la convicción de que los rasgos de origen son importantes, indelebles ,  y el sujeto que vive en exilio enriquece con ellos su mirada, no exenta de extrañamiento a toda otra realidad. En todo caso, ya no es el mismo que partió y se expresó con la exasperación de los primeros textos. Lo percibimos en el poema “Tótem”.

“…pasión de lejanías arde en sus ojos

y en las cenizas brillan adioses

silencios       algún suspiro      siluetas

que hacen cabriolas a la tristeza

eso es todo lo que perdura

el resto es agregado

coleóptero de oro

que muerde para sobrevivir.”

También lo encontramos en “Música antigua”:

“Un amor        cualquier amor

que se va dejando sus rasguños

y luego un suspiro

un ángel curvado en la demencia

antes de empezar

nueva fuga hacia lo eterno

buscando arder en otro incendio

Así han sido los viajes de estos años”

El recuerdo trae imágenes tanto urbanas, como esta de la ciudad de Lima:

“Lima despatarrada y seductora

Nadie se queda en ti

Nadie se va de ti

Nadie vuelve a ti

Sano y salvo”

Como rurales, no exentas de mordaz crítica, en el poema “Pájaros”.

“…En los valles de la lúcuma todos cantan

con pantalones o polleras multicolores

valsecitos / yaravíes / tonderos / huaynos

En las sombras de la corrupción o en la luz

bailan con los bolsillos llenos

si no de oro o de sangre

sí repletos de amargura..”

Presente también la referencia histórica y cultural. Tal el poema “Manuscrito de Huarochirí (2)”

“En la oscuridad las madres abrazan a sus niños

atadas a las cuerdas de los puentes rotos

Y en coro gritan balanceándose en el abismo

Taita / Padrecito / Dios Amaru

¿Quién cuidará de nuestros huahuitos?

¿Quién de nuestras gallinitas y cuyecitos?

¿Quién salvará de las trampas a la pobre calandria?

En el día del Juicio desapareceremos todos

los practicantes de cariños y contemplaciones

Todos los pajarillos arderemos

con nuestros picos radiantes en la claridad del día

cantando / cantando /

y cavando una tumba en el aire…”

Lo mismo en el poema “Planta sagrada”, referencia a la nativa  hoja de coca así llamada.

“Ya tengo sobre la mesa los vinos

y los manjares para la próxima fiesta

Solo espero que tú llegues sagrada planta

y así permanecer encendido cuando la noche

Alumbre aún más tu presencia”

En este Finisbus terrae de 2019, se cierra un ciclo iniciado en  1984. La angustia y las obsesiones iniciales han dado paso a la calma mirada, por momentos marcadamente escéptica,  a la existencia posible. En “Sobrevivir”, el poeta asume  una realidad defectuosa donde quiera que se mire:

“Arde el aire por doquier  / Arden el mar y la tierra

y ya ni hablar de las cavernas

donde bulle la desintegración de los átomos

Pero la consigna es sobrevivir como sea

En cualquier rincón de la barbarie”

En este punto del ir y venir la apuesta es un realista disfrute de lo concreto, sin embargo, también la confianza en la solidez de la poesía, “diamante oscuro”. En el poema  “Skipper”  se lee:

“A lo largo del viaje he soñado con otros mundos

pero ya estoy harto de esas extravagancias

Ahora mismo salgo a buscar lo que es real y permanente

El ron de las viejas barricas de roble

Estoy seguro que en esas aguas otra vez ganará

la vibración que salva el mundo

La poesía como un diamante oscuro”

El poema que cierra el libro “El estrecho de los bárbaros” es una suerte de exposición de motivos del transitar hasta el fin, hasta el extremo, del finisbus terrae. Revisa motivaciones  del exilio. “Había que irse”, “largarse por el río” con la esperanza de la salvación aunque en este mundo imaginado persista el hedor del acabamiento, la recurrencia a lo extinto, “los dinosaurios”.  No hay certezas más allá de la palabra poética, ese “diamante oscuro” mencionado en el anterior texto, lo que hay y se registra es “el desierto”  y su viento amarillo pero también los “iluminados acantilados”

“…Y me hundí en el burbujeante mundo

de la descomposición molecular.

Cruzando el estrecho de los bárbaros

todavía siento el hedor de los dinosaurios.

El viento amarillo del desierto

y los iluminados acantilados.”

Este es el territorio frágil y cierto  recorrido a través de décadas por Jorge Nájar y su exigente poesía, registrada en Finisbus terrae.  Poesía que, una vez más, me brinda la satisfacción  de dejar mis impresiones al lado de sus huellas, en un extenso diálogo y caminar.

Sonia Luz Carrillo Mauriz

Lima,  2019

TESTIMONIO GRÁFICO DE AFECTO Y CELEBRACIÓN

Jorge Nájar, Sonia Luz Carrillo, Marco Martos y Ricardo Falla Barreda. Academia Peruana de la Lengua, octubre 2019

Jorge Nájar y Sonia Luz Carrillo, Jr. de la Unión, Centro histórico de Lima, octubre 2019

Ricardo Falla Barreda y Jorge Nájar

2 comentarios »

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  1. Estoy sacudido por rencontrarme con esta voz de altisima calidad humana y portica.
    Gracias por este enorme regalp navideño.

    • Querido amigo, gracias por la visita al blog y por tu afectuoso comentario.


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