PRESENCIA DE TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN DE GUSTAVO GUTIÉRREZ (1971) EN LA PRODUCCIÓN INTELECTUAL PERUANA

noviembre 26, 2014 a las 12:49 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea, Noticias y demás... | Deja un comentario

Presencia  de  Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez (1971)  en  la producción intelectual peruana. Un abordaje  intertextual,  es  un estudio que realicé durante el año 2013  para el Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas  de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido publicado recientemente en  la Revista Comunicación del Departamento Académico de Comunicación Social, Nº 9-10 , 2014. 

Teologia

 

 La  primera  edición de Teología de la Liberación. Perspectivas, obra de Gustavo Gutiérrez, uno de los intelectuales más brillantes y fecundos de nuestro país, se publicó en  diciembre de 1971. Obra que sintetizó un conjunto de preocupaciones ante la realidad de América Latina logrando integrar la reflexión teológica con la reflexión humanista a la que continúa  enriqueciendo. En 2003, al otorgarse al autor, junto al periodista polaco Ryszard Kapuscinski, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, se resaltó su “coincidente preocupación por los sectores más desfavorecidos y por ser modelos éticos y admirables de tolerancia y de profundidad humanística”.

El presente estudio registra el diálogo intertextual  entre la obra Teología de la Liberación. Perspectivas  (1971) de Gustavo Gutiérrez, y la producción intelectual en el Perú del siglo XX y hasta nuestros días; investigación documental que identifica citas, referencias, juicios etc., acerca de la obra de otros autores al interior del texto, así como el análisis de su aporte a diversas disciplinas y permite constatar la influencia del pensamiento de Gustavo Gutiérrez.

Mag. Sonia Luz Carrillo Mauriz

Introducción.

Siguiendo la línea trazada por el Concilio Vaticano II (1960) y la reunión de Medellín (agosto 1968) que abrieron el contacto entre la teología y el análisis social, se publicó en diciembre de 1971 la primera edición de Teología de la Liberación. Perspectivas, obra de Gustavo Gutiérrez, Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Cultura, Premio Nacional de Cultura 2012, doctor Honoris Causa de multitud de universidades del mundo, miembro de la Academia Peruana de la Lengua desde 1995, y uno de los teólogos más influyentes del siglo XX y lo que va del XXI. Teología de la Liberación  es una reflexión basada en la experiencia  y  la práctica concreta  por lo que no solo  ha recibido los aportes de las ciencias  humanas en su más dilatada expresión sino que ha iluminado con su reflexión  a  distintas disciplinas. Por ello, la teología “tiene un lugar en la Universidad”, en tanto “diálogo con el pensamiento, con otras disciplinas y también con el arte, con la poesía”.

El presente trabajo partió de la necesidad de estudiar la presencia  y el diálogo intertextual  entre la obra y la producción intelectual en el Perú a  partir de su publicación. En  este sentido se entiende la intertextualidad como la posibilidad dialógica de elementos de la tradición cultural en la generación de nuevos discursos.  El  estudio  se realizó  para el  Instituto de Investigaciones Humanísticas  FLCH, durante el año 2013,  estudio  130303221, contando con la colaboración de los alumnos, Bryan Alexander Paredes Anticona y Milton Antonio López Tarabochia; asimismo de participación Rina Kelly Torres Anampa y Talía Cristina Del Pino Gonzáles.

COMUNICACIÓN. Revista del Departamento de Comunicación Social UNMSM

COMUNICACIÓN. Revista del Departamento de Comunicación Social UNMSM

Teología de la liberación, reflexión filosófica   y  los saberes humanísticos

Como se ha referido anteriormente, Gustavo Gutiérrez ha enfatizado  en  el carácter humanista universitario de su trabajo teológico  al señalar que la teología “tiene un lugar en la Universidad”, en tanto es un “diálogo con el pensamiento, con otras disciplinas entre las que ubica al arte y la poesía. No es una metafísica religiosa sino una reflexión sobre el comportamiento de las personas” (Gutiérrez 2010). Como señala Mantero (1996) se trata de “una aproximación (que) pone de relieve el hecho que existen otras sociedades, otros países, cuya situación puede entenderse mejor a través de algunas de las ideas principales de tal pensamiento: el tratamiento de la pobreza, la relación entre opresor y oprimido y el significado del término “Reino de Dios”, junto con tendencias más actuales, como teología de la liberación feminista (Ivone Gebara, María Pilar Aquino) y teología de la liberación ecológica (Leonardo Boff).”

En la Introducción de la obra,  acerca  del  concepto Liberación, el padre Gustavo Gutiérrez advertía:

“Preguntarse  por la significación teológica del proceso de liberación del hombre en el curso de la historia  exige, metodológicamente,  que se precisen los términos  en cuestión…Este  estudio nos permitirá indicar las razones por las cuales, a lo largo de estas páginas, tendremos en cuenta en forma especial  la función crítica de la teología respecto de la presencia  y  actuar del hombre en la historia. (…) Consideramos que el término “desarrollo” no expresa bien esas aspiraciones profundas; “liberación” parece, en cambio, significarlas mejor. Pero además, en una segunda aproximación, la noción de liberación resulta más exacta y englobante: ella hace notar que el hombre se transforma conquistando su libertad a lo largo de su existencia y de la historia.” (Gutiérrez 1971: 16)

Con Teología de la Liberación se  pone de manifiesto un giro conceptual,  como enfatiza  Raúl Zegarra al citar a Gustavo Gutiérrez:

“La teología es, en efecto,  inherente a una vida de fe que busque ser auténtica y plena (…) Es sobre esa base, y solo gracias a ella, que puede levantarse el edificio de la teología  en el sentido preciso y técnico del término.  No es únicamente un punto de partida. Es el suelo en el que la reflexión teológica hunde tenaz y permanentemente sus raíces y extrae su vigor”  (Gutiérrez  2003, citado por Zegarra 2011:51)

Esta cita lleva a Zegarra a señalar que “ofrece una mirada que considero podría echar algunas luces sobre la reflexión pragmatista en torno a la religión y a su vez sobre el valor de la aproximación metodológica”  de la obra.  Y luego  argumenta:

“…sin ser Gutiérrez un pragmatista clásico, su intuición teológica lo ha llevado muy cerca de posturas como las de William James y John Dewey respecto de la reflexión filosófica. No estoy diciendo que se trate de proyectos iguales, pero sí que identifico algunos rasgos estructurales semejantes que vale  la pena rescatar. Si uno afina la mirada, por ejemplo, podría  ya haber notado que la última parte de la cita de Gutiérrez recuerda el énfasis jamisiano  sobre el rol de la experiencia  en la constitución de  todo entramado teórico. Se trata de lo que Gregory Pappas llama la  metafilosofía de los pragmatismos clásicos” (Zegarra 2011: 52)

Luego de analizar distintos aspectos de este giro conceptual, Zegarra  señala  la capacidad de la propuesta de Gutiérrez  para  una amplia convocatoria:

“Gutiérrez logra plantear un proyecto finamente articulado que le permite convocar en torno a su discurso teológico  a actores que, sin compartir la revelación cristiana, sí comparten la problemática que la teología de la liberación  pone de manifiesto: la injustificada miseria del pobre. De esta manera, el pensador peruano logra mantener un significativo equilibrio  que le permite, dentro de la ortodoxia católica maximalista, tener también una matriz minimalista que  le da a su proyecto una envidiable apertura y capacidad de convocatoria” (Zegarra 2011: 62)

Por nuestra parte precisamos que para el abordaje intertextual  se considera que “Todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto” (Kristeva 1969). Igualmente, se hace funcional al estudio los conceptos de Wolfgang  Iser (1987, citado por Jauss (2000) que usa un término muy útil para el estudio de la intertextualidad: el de “repertorio”, es decir, la realidad extra estética que proporciona previamente al lector un saber determinado: las convenciones, normas, tradiciones, contexto socio-cultural, valores de la época y hábitos de percepción que permiten la descodificación del texto.”. (Iser 1987, en Jauss 2000: 137-193). 

El objeto  de estudio

El objeto de estudio es la obra Teología de la liberación. Perspectivas, publicado en Lima en 1971. En esta ocasión se utiliza la edición de la Editorial Sígueme, publicada en Salamanca, el año 1980. El libro está dedicado al narrador peruano José María Arguedas y al sacerdote y profesor de Sociología, Henrique Pereira Neto,  de la Universidad de Pernambuco, Brasil, asesinado a los 28 años. Pereira Neto había sido cercano colaborador de Don Helder Cámara, arzobispo de Recife.

El contexto en el que surge la obra

Al abordar la densidad del mensaje de Gutiérrez en Teología de la Liberación, es  importante  señalar  el contexto  en el que nace la obra. Un trabajo de Javier Iguíñez Echevarría precisa:

“Una visión de América Latina como parte de la realidad mundial, la constatación  de la debilidad y dependencia económica y política del continente y la existencia de pobreza, desigualdades y conflictos en nuestros países (…) El surgimiento de la teología de la liberación coincide con la época denominada la “edad de oro” de la economía mundial, y para muchos también de América Latina. Muchos historiadores notables destacan el carácter excepcional del crecimiento durante la década de los años sesenta. ¿Se justificaba entonces y se justificaría hoy una mirada crítica de la economía mundial y de la relación entre nuestro continente y los países ricos como la que surgió desde América Latina?” (Iguíñez 2011: 30-31)

Acerca del clima en el que se gesta el libro, en una obra de 1978, el sacerdote jesuita Romeo Luna Victoria, señala las características en las  que se produce  el movimiento de las Fuerzas Armadas  que llevó al poder a una Junta de Gobierno presidida  por el General Juan Velazco Alvarado  en octubre de 1968, y  explica  “Es evidente que el fenómeno de las guerrillas de 1965 también colaboró a remecer la sensibilizada conciencia castrense en cuanto a la urgencia de cambios estructurales, sobre todo en los jóvenes jefes  y oficiales  que intervinieron en combatirlas y que tuvieron ocasión de dialogar con los intelectuales y universitarios hechos prisioneros”. Líneas más adelante, Luna Victoria  precisa  lo que considera el influjo del Cristianismo al  proceso iniciado por  las fuerzas armadas en el Perú:

“Las encíclicas Sociales, los documentos de Vaticano II, del Congreso de Medellín, así como frecuentes reuniones, conferencias y cursillos correspondientes, llevaron a muchos militares a la siguientes conclusiones: a) el “orden constitucional”  del Perú era, en realidad, un desorden basado en la “violencia institucionalizada” (Medellín); b) que era un deber de todo cristiano auténtico luchar, en la medida de sus concretas posibilidades, por destruir ese desorden  cambiando las estructuras de la violencia; c) que eso era perfectamente posible hacerlo  utilizando únicamente las ideas socio-políticas de la iglesia.  Esas ideas se enfocaron principalmente sobre la propiedad (además de la familia, la educación, el trabajo y la autoridad).

Acerca de la propiedad se vio su eminente carácter social y el destino de los bienes naturales “para todos” (“el uso de los bienes naturales debe ser común” llega a decir Santo Tomás en la Summa Teológica). Se vio, asimismo, que los bienes naturales (tierra, Reforma Agraria) no solo se podían – en determinadas condiciones – expropiar sino confiscar (Levítico cap. 25). También descubrieron que había que ir cambiando el contrato de trabajo por el “contrato de sociedad”, transformando las empresas en “comunidades de producción” (Comunidad Laboral). La doctrina sobre el carácter especial de los medios naturales de producción (tierras, minas, petróleos) junto con otras influencias, condujo a la idea de Propiedad Social.” (Luna Victoria 1978: 13)

Hecho fundamental es la temprana participación de Gustavo Gutiérrez en el movimiento sacerdotal cristiano en las contiendas sociales de América Latina a finales de los años 60’, a través del Movimiento sacerdotal ONIS  y el papel de las comunidades de base:

“El primero en usar esta denominación fue el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, a la que se refirió en una charla pronunciada en julio de 1968 sobre Teología del desarrollo en el Encuentro Nacional del Movimiento Sacerdotal ONIS, realizado en Chimbote (Perú). Posteriormente, en 1971 publicó la primera edición de su libro Teología de la Liberación, perspectivas. Sin embargo, este no es el arranque inicial de la Teología de la Liberación, pues ella comienza a gestarse en las comunidades eclesiales de base —paralelamente al Concilio Vaticano II— las que realizan una acción teologal espontánea, partiendo de una confrontación entre la doctrina de Cristo y la realidad económico-social latinoamericana. El hecho de que esta reflexión teológica haya surgido en Latinoamérica, no la circunscribe a este subcontinente, ni excluye de sus alcances a otros pueblos del Tercer Mundo, ni aún a quienes en las naciones desarrolladas asumen como propio el compromiso de la liberación integral del hombre. Esto es así porque toda teología pretende un alcance universal, ya que como dice Gustavo Gutiérrez “… es un intento de hablar de Dios” y, por supuesto, de todo lo que se relaciona con él.” (De la Vega 1992: 354-370)

“Un libro revelador y profético”, titula Luiz Alberto Gómez de Souza, doctor en sociología  por la Universidad de París, actual director del Programa de Estudios Avanzados en Ciencia y Religión de la Universidad Cándido Mendes de Brasil, en un artículo sobre el momento en el que nace la obra.

“Hay libros determinantes en ciertos momentos de la historia y que señalan un doble movimiento. Por una parte, expresan realidades, intuiciones y reflexiones que van surgiendo, a veces aún incipientes y no del todo visibles. Al mismo tiempo, actúan sobre esas nuevas dimensiones, ensanchándolas y haciéndolas madurar. Es lo que ocurrió con el libro Teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez.” (Gómez de Souza 2011:94)

Gómez de Souza, destaca el papel protagónico del padre Gutiérrez en las reflexiones y posteriores enunciados de importantes cónclaves como  el de Medellín y Puebla:

“En los pasillos del Concilio surgió el tema de la Iglesia de los pobres. D.Hélder Câmara y el P. Gauthier, entre otros, lo desarrollaban y resultó en “el pacto de las catacumbas”, cuando un número significativo de obispos propuso una Iglesia libre de la opulencia constantiniana, fiel a un estilo despojado y con fidelidad a los pobres de la tierra. (…) Ya en 1964, en pleno tiempo conciliar, en Petrópolis, Brasil, al momento mismo del golpe militar en ese país, en un encuentro de teólogos, Gustavo Gutiérrez señalaba la necesidad de ir adelante, en una reflexión más profunda y radical, acorde con los graves problemas de la región. En mayo de 1968, hablando a sacerdotes en Chimbote, pocos meses antes de Medellín, presentaba sus apuntes pioneros para una teología de la liberación. Medellín acogió esa intuición, presentando al pobre como actor decisivo en el proceso social y eclesial, y la liberación como horizonte y meta. Gustavo Gutiérrez se propuso profundizar esos temas. Quiso poner de lado una teología del desarrollo, que surgió años antes en una reunión de obispos en Mar del Plata y que no llevaba en cuenta las estructuras de dominación y las hondas desigualdades. Indicó un camino más amplio y certero de liberación en los varios niveles de la vida, para superar un “pecado social” en la misma realidad. Para él, una de las primeras señales de ese proceso apareció en las acciones de universitarios católicos en Brasil, a principios de la década de los sesenta. Por esa razón, a mitad de la elaboración de su obra, vino a Brasil para entrevistar a militantes de aquella época. Eran entonces los tiempos de plomo de la dictadura brasileña, que pasaron a una etapa más feroz después de diciembre del 1968. En ese momento asesinaron en Recife, con extrema crueldad, al padre Henrique Pereira Neto, que trabajaba con jóvenes bajo la orientación de Dom Hélder. (…) En América Latina empezaban tiempos difíciles en el marco político donde, por otra parte, en la base de la sociedad y de la Iglesia, se hacían experimentos de vida y de creatividad.” (Gómez de Souza 2011:94-95)

Sobre el impacto que produjo la obra el autor brinda  un importante testimonio:

“El libro, para todos los que lo hemos visto surgir, y que lo recibimos con enorme alegría e interés, sería la inauguración de una nueva manera de hacer teología. (…) Por esa razón se transformó en un libro revelador de nuevas experiencias y, al mismo tiempo, profético, abierto a otros tiempos y proponiendo otras presencias transformadoras en la realidad social y eclesial.” (Gómez de Souza 2011:95)

Coincidiendo, Francisco Chamberlain, recuerda: “La teología de la liberación comenzó antes de la publicación del libro en 1971. Data de la ponencia de Gustavo en Chimbote, en 1968, y sobre todo del documento de Medellín, donde Gustavo tuvo un papel como asesor de primerísima importancia.” (Chamberlain 2011:92). Más adelante, Chamberlain destaca el  carácter amplio  de la propuesta que nace  en América Latina y expande luego  su  influencia  a  otras latitudes: “No sé con exactitud cuándo Gustavo vio la luz de una Iglesia de los pobres, al estilo de Juan XXIII y obispos amigos: el chileno Manuel Larraín, el brasileño Helder Cámara y otros. Tengo la idea que fue en los tiempos del Vaticano II. Una luz que posteriormente brotó en Medellín para toda América Latina y, poco a poco, para todo el mundo.” (Chamberlain 2011:92).  Importante también la mención  que hace   acerca  de  la  vigencia de la propuesta de la Teología de la liberación: “Recuerdo una frase dicha, si mi memoria no me falla, por Javier Iguíñiz, que decía que Gustavo no apunta sólo al momento actual, sino a 500 años por delante. Juega una lucha de largo aliento por una Iglesia de los pobres. La frase es certera.” (Chamberlain 2011:93).

Diálogo y reinvención de la Historia 

El influjo de Teología de la Liberación en diversas disciplinas queda expresado en múltiples trabajos. Por ejemplo, el doctor Sinesio López Jiménez en un ensayo destinado a resaltar la producción bibliográfica “más relevante e innovadora en el campo de la sociología, la antropología, la política y la historia”  a partir de la década de los 80’, destaca entre los entre los textos en los que “las clases populares jugaban un papel protagónico”, y “la historia  comienza a ser mirada y construida desde los de abajo, revirtiendo el sentido elitista de la historia oficial”, los libros de Aníbal Quijano, La emergencia del grupo cholo en la sociedad peruana (1967)  y  Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez (1971)” (López 2010: 48-49). Más adelante, dedicará una extensa reflexión sobre la  manera en la que la obra ha colaborado en lo que llama la reinvención de la historia:

“Gustavo Gutiérrez es uno de los pocos intelectuales universales del Perú actual. Y con razón su obra es leída, estudiada, comentada y criticada no solo por los teólogos de la Iglesia Católica sino por los académicos de las principales universidades del mundo. Su obra más conocida, Teología de la Liberación, Perspectivas (1971), lleva ya varias ediciones y reproducciones en español y ha sido traducida a varios idiomas.” (López 2010:54)

Acerca de la vastedad de registros presentes  en   el pensamiento  y obra de nuestro autor, el sociólogo precisa:

“Gustavo Gutiérrez no es sólo un teólogo sino un destacado intelectual que administra varios registros a la vez: Se mueve con facilidad en el terreno de la filosofía, trata con erudición los temas de la sicología y del sicoanálisis, está al día en los grandes debates de las ciencias sociales, especialmente de la sociología, la política y la cultura, se desplaza con fruición en el vasto campo de la literatura. Lo que quiero decir es que Gustavo Gutiérrez es un humanista, uno de los pocos con que cuenta el Perú de hoy. Y como todo humanista, Gutiérrez es lo que Isaiah Berlin llamaba un intelectual erizo, un pensador con mirada de águila que ama la síntesis y que sube sobre los hombros de los intelectuales zorros para desarrollar una perspectiva de largo aliento.” (López 2010:54)

Respecto al aporte del pensamiento de la iglesia  en el contexto de los cambios culturales producidos en las décadas 60’  y  70’ y el papel desempeñado por el padre Gutiérrez,  Sinesio López expone:

“Su pensamiento y su obra acompañan el aggiornamento de la iglesia católica en el mundo y el tránsito  de la iglesia conservadora a la iglesia reformista de los 60 y los 70 en el Perú. Es la época de profundas transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales y de grandes movimientos sociales que cambiaron, en gran medida, la historia del Perú del siglo XX: el Estado oligárquico se quebró, la economía se modernizó, la sociedad se reestructuró dando origen a nuevas clases sociales, la educación de todos los niveles se masificó, la esfera pública y la sociedad civil se ensancharon y la ciudadanía irrumpió en el mundo oligárquico cerrado, despedazándolo. El clima cultural cambió y alentó la emergencia de nuevos intelectuales en diversos campos de la ciencia, del arte y la literatura. Gutiérrez es uno de los adelantados de esas nuevas generaciones intelectuales. Su obra toda está en permanente diálogo con esos cambios y esas nuevas realidades.” (López 2010:55)

Autonomía intelectual y originalidad son destacados en esta obra que impulsa el mirar el mundo social desde los pobres como contribución a la cultura y política: “El rasgo más saliente de su pensamiento es la gran autonomía intelectual que él revela no sólo en la selección de los temas de reflexión y en la forma crítica y creativa de tratarlos sino también en la originalidad radical de sus apuestas.” (López 2010:55)

El  diálogo de Teología de la liberación con otras disciplinas y la concepción de la historia como un proceso de liberación humana, es  puesto de manifiesto:

“La teología de la liberación está en un permanente diálogo con los discursos que provienen de las disciplinas de las ciencias sociales. En el segundo capítulo del libro, Gutiérrez examina los diversos enfoques que han elaborado las ciencias sociales sobre el desarrollo, analiza sus limitaciones y discute sus alternativas críticas (la revolución social) para formular luego una propuesta de liberación humana: “Liberación, expresa, en primer lugar, las aspiraciones de los pueblos, clases y sectores sociales oprimidos, y subraya el aspecto conflictual del proceso económico, social y político que los opone a los pueblos opulentos y grupos poderosos. Frente a esto, el término desarrollo y, sobre todo, la política llamada desarrollista, parecen algo escépticos y, por consiguiente, falseando una realidad trágica y conflictual. La cuestión del desarrollo encuentra, en efecto, su verdadero lugar en la perspectiva, más global, más honda y más radical, de la liberación; (…) La concepción de la historia como un proceso de liberación humana, en la que el hombre asume su propio destino, ensancha el horizonte de los cambios que se desean.(…) La teología de la liberación de Gutiérrez es una perspectiva radical del saeculum, pero que no deja de ser, por eso, una parte de la historia de Dios y no llega a ser una historia propiamente humana. La teología de la liberación de Gutiérrez forma parte de un diálogo tenso entre la razón crítica y la autoridad de la fe. Este tema es discutido en profundidad en el capitulo IX, que trata justamente de la relación entre liberación y salvación.” (López 2010:58)

Diálogo con las ciencias humanas

Para el doctor Gonzalo Portocarrero, sociólogo: “La figura del padre Gustavo Gutiérrez representa –ejemplarmente– valores y logros que nos sentimos orgullosos de reconocer, pues son el fundamento mismo de la comunidad universitaria. Su obra es una fuente de inspiración, una muestra de lo que puede el esfuerzo y la tenacidad cuando están acompañados por la reflexión y la elevación moral.” (Portocarrero 2011:107)

Resalta en la obra Teología  de  la  liberación, la exigencia a un pensamiento propio,  un pensar el país “desde nuestras propias circunstancias y con nuestra propia cabeza”. La apuesta por la creación de un pensamiento original y enraizado en las circunstancias nacionales  que “Implica salirse de la repetición, abandonar los convencionalismos tan entretejidos en el sentido común, para hacer dialogar la experiencia con el saber, en una empresa que sólo puede ser nutrida por la esperanza.” Una vivencia de fe alimentada por las concretas condiciones de la sociedad peruana y latinoamericana, marcadas por la experiencia del sufrimiento y la desigualdad social es lo que encuentra el sociólogo:

“Si la teología es, como dice Gustavo, una inteligencia de la fe, entonces el pensamiento teológico no puede ser un saber descontextualizado y definitivo. Es siempre un intento por responder a los desafíos (…) En el caso peruano, como también del resto de América Latina, se trata de la pobreza y la opresión social.  De un orden marginador e injusto que ha sido, sin embargo, avalado por la invención de ese ídolo que es el Dios inquisidor imaginado por los poderosos. Gracias a la exaltación del sufrimiento como camino de la salvación, el cristianismo colonial validó la injusticia. Claro, que hubo resistencias a esta imposición. En este sentido la obra de Gustavo representa la maduración de una vivencia de la fe que tiene raíces hondas en la sociedad peruana. Hace poco escuché a Gustavo declararse ateo del dios inquisidor, ese dios que castiga y subyuga. Creo que en el cuento de la tradición oral quechua, El sueño del pongo, recogido por José María Arguedas, se encuentra ya en germen la perspectiva  de un Dios liberador que busca encontrarse con sus criaturas. Lo decisivo del cuento es que el pongo advierte al gran patrón que, para salvar su alma, necesita renunciar a la injusticia.

Entonces no es casual que desde América Latina haya surgido un pensamiento teológico como el de Gustavo. Enraizado en un mundo social marcado por la injusticia, pero también desarrollado en diálogo con el pensamiento contemporáneo.” (Portocarrero 2011:108)

Portocarrero señala también la vigencia de la  Teología de la liberación:”Junto con la originalidad, el pensamiento de Gustavo se distingue por su apertura a razonar, desde la fe, el mundo de hoy. En este sentido, los grandes retos de la fe son, en la actualidad, el escepticismo postmoderno, la persistencia de la pobreza y, finalmente, el diálogo con otras religiones.” (Portocarrero 2011:108)

Diálogo con el pensamiento y la cultura 

En la relación al diálogo de Teología de la Liberación con la Filosofía Cecilia Tovar analiza dos conceptos fundamentales: Liberación y reconocimiento. Luego de precisar que el concepto de reconocimiento, desarrollado por Hegel “renace con fuerza en los planteamientos de Axel  Hoonneth (1997)”, recordará el concepto de Liberación en la obra de Gutiérrez:

“(…) una profunda y vasta aspiración a la liberación anima hoy la historia humana. Liberación de todo aquello que limita o impide a hombres y mujeres la realización de ellos mismos, de todo aquello que traba el acceso a – o el ejercicio de – su libertad (…) Lo que está en cuestión, en efecto, tanto en el sur como en el norte, al oeste como en el este, en la periferia como en el centro, son las posibilidades de llevar una existencia humana auténtica: una vida libre, de una libertad que es proceso y conquista histórica” (Gutiérrez 1971: 98-99)

Honneth  desarrolla en 1997 este concepto de liberación como tendencia de crecimiento de la autonomía  de la persona lo que diferencia a una sociedad primitiva  de una civilizada. “(…) Gutiérrez afirma que ‘los hombres y mujeres de hoy no aspiran solo a  liberarse de aquello que viniendo de lo exterior, les impide realizarse en tanto que miembros de una clase social, de un país o una sociedad determinada. Buscan igualmente una liberación interior, en una dimensión individual e íntima. Una liberación en un plano no solo social sino también psicológico” (Gutiérrez  citado  por Tovar 2010: 214). Luego de recordar que en la Teología de la liberación se plantea tres niveles de significación que se interpenetran recíprocamente, Tovar precisa respecto al primer nivel de significación:

“Gutiérrez entra en un fecundo diálogo con las ciencias sociales  pero en su campo específico,  que es el análisis de la realidad; (…) no duda en incorporar nuevos conceptos científicos y abrirse a nuevas disciplinas. Así, reconociendo el aporte de la llamada teoría de la dependencia, surgida en América Latina en los años en los que se elaboraba la teología de la liberación, considera que hoy  para comprender la pobreza como condición humana compleja, ella resulta corta y hay que recurrir a otras perspectivas de las ciencias humanas como la psicología, la etnología o la antropología.” (Tovar 2010:215)

El segundo nivel de significación, sería “un proceso integral que no se reduce  a lo económico, social o político”  sino que se amplía  a  toda dimensión de realización de la persona.  Respecto al tercer nivel, precisa  que es el del entendimiento de la liberación “desde la significación de la fe” enfatizando que “es tanto más vigente cuanto  más constituye su núcleo más profundo y trascendente” (Tovar 2010: 215)

 Desarrollo, libertad  y liberación. Temas cruciales no solo en Economía

“Es la teología un ‘más o un ‘menos’  en los estudios sobre la realidad de nuestro mundo?”  se pregunta el economista Javier Iguíñez en la parte introductoria de un libro sobre los planteamientos de Amartya Sen y Gustavo Gutiérrez en el que, señala, se propone “establecer la existencia de un terreno común, aparentemente sólido, para un profundo diálogo entre una perspectiva donde el aspecto teológico es principal, pero en la que también hay planteamientos recogidos de las ciencias sociales, la del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, y otra enteramente secular como es la del Premio Nobel de Economía en 1998, Amartys K. Sen”. (Iguíñez 2009: 10-11)

Destaca, en primer lugar, la amplia concepción de desarrollo con el que Gutiérrez se desmarca de las concepciones “desarrollistas” imperantes al momento de formular  su teología de la liberación:

“El grado de desarrollo de un país se mediría, por ejemplo, comparando su producto real o su renta percápita con los de un país considerado como  habiendo logrado un alto nivel de desarrollo. Se puede afinar y hacer al mismo tiempo más compleja esta medida, pero el esquema de fondo sería el mismo: el desarrollo es ante todo un aumento de la riqueza, o a lo sumo una elevación de los niveles de bienestar” (Gutiérrez 1971: 39)

Iguíñez resalta, por ello, los matices introducidos por una visión más amplia, pluridimensional que recibiera  los aportes de las diferentes disciplinas como la antropología  y la sociología. Para el economista, Teología de la Liberación  expone  la necesidad de este enfoque amplio, en palabras del padre  padre Gutiérrez: “La cuestión del desarrollo encuentra, en efecto,    su verdadero lugar en la perspectiva más global, más honda y más radical, de la liberación; solo en ese marco, el desarrollo adquiere su verdadero sentido y halla posibilidades de plasmación” (Gutiérrez 1971: 58)

Para Amartya Sen, nos ilustra  Iguíñez, la idea de desarrollo – propuesta décadas después de Gutiérrez –  está ligada a la de libertad. Una libertad obtenida y que contiene las nociones de “justicia, paz y otras aspiraciones humanas”. Incluye  además el concepto de libertad de necesidades. Para Sen, el desarrollo se puede definir como “aumento de las capacidades”: “En ese sentido puede ser leída como un reflejo de la libertad sustantiva.  En la medida en que los desempeños son constitutivos del bienestar,  las capacidades representan la libertad de una persona para lograr el bienestar” (Sen 1992: 49 citado por Iguíñez 2009: 22)

La reflexión sobre la  economía  desde una perspectiva humanista con el apoyo en otras ciencias humanas, presente tanto en la obra del peruano Gustavo Gutiérrez  como del Premio Nobel en Ciencias Económicas, Amartya Sen nacido en la ciudad india de Santiniketan en la Bengala Occidental,  denuncia las condiciones que significan estrechamiento de la vida de muchas personas porque “se ven privadas de importantes libertades para vivir y se les niega la oportunidad de participar en decisiones cruciales sobre asuntos públicos…” (Sen, citado por Iguíñez 2009: 71)

Ambos  autores coinciden en la necesidad de abrir cauces nuevos a individuos y sociedades. “En el caso de Gutiérrez, su crítica al economicismo presente en el concepto de desarrollo, es persistente. Ya afirmaba hace tres décadas que ‘la liberación debe ser puesta  en un contexto más amplio’ que el económico y social” (Iguíñez 2009: 45).

Hablar de Dios  desde la literatura 

Los  siguientes párrafos sintetizan una conferencia que, sobre el diálogo entre teología y literatura, persistente en toda la obra de Gustavo Gutiérrez, dicté en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, en abril del 2012, invitada por el programa de Humanidades de esa casa de estudios. En aquella oportunidad, empecé mencionando la amistad que Gustavo Gutiérrez, fino escritor, a la par que teólogo, cultiva con los artistas, los poetas, narradores y ensayistas. No se trata solo del lector sensitivo y atento sino que su lectura de las obras se ha visto enriquecida por la cercanía, las vivencias compartidas  y el intercambio de ideas. Desde muy joven amigo cercano de Juan Gonzalo Rose–compañeros de clase en el colegio Claretiano-; posteriormente de Alejandro Romualdo, Washington Delgado  y de muchos  otros poetas; lector acucioso y profundo de   César Vallejo; amigo cercano de José María Arguedas; lector  fecundo de José Carlos Mariátegui.  Amigo de Alberto Escobar, Antonio Cornejo Polar, Carlos Iván Degregori,  y de tantos otros.

Importante recordar, por ejemplo, que Juan Gonzalo Rose  es autor de poemas como “Epístola a Bartolomé de las Casas” del año 1968 (¡Ah miliciano del amor cristiano! / En nombre de mi pueblo te bautizo: / Fray hombre,/ Fray amigo, /Fray hermano”)  y de “La pregunta” de 1954, poema con el que Gutiérrez abre, en 1986,  su Hablar de Dios desde el sufrimiento del Inocente: Una reflexión sobre el libro de Job. En “La pregunta”, precursoramente se encuentran las nociones del Dios castigador y el Dios amor, desarrolladas en la Teología de la liberación.

Con el Padre Gustavo Gutiérrez,  en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, en abril del 2012. Actividad organizada por  el Programa de Humanidades de esa casa de estudios

Padre Gustavo Gutiérrez  y  Sonia  Luz  Carrillo   en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, en abril del 2012. Actividad organizada por el Programa de Humanidades de esa casa de estudios

De  la cercanía a Alejandro Romualdo puedo dar fe. En la obra del autor de La torre de los alucinados (1949), los estudiosos advierten no solo la presencia de Rilke  sino temas de connotaciones religiosas. En el año 1951, Romualdo escribe: “Dios en su temporal, pálido espejo/ humano se revela, está tan hondo/ tan brutal, amarrado a mi reflejo/ ¡Animal humanísimo en el fondo! (“Fondo común” En: Mar de fondo, 1951). En 1974,  En la extensión de la palabra de 1974, aludirá a una religiosidad sin Dios. Tres años después, al lado de Gustavo Gutiérrez, el poeta afirmó que Arguedas “no solo logró trazar un sentido de las letras y el pensamiento humano, sino lanzar y tatuar una visión del Perú contemporáneo” (Romualdo 1977:33). 

Gutiérrez lector de Vallejo 

En la poesía de César Vallejo,  Gutiérrez encuentra la fuente para  frecuentes citas  y le dedicará, en 1993,  un minucioso estudio  en el que dirá: “La  poesía es un lenguaje privilegiado para hablar de Dios. … no es posible hablar de aquel que la Biblia considera el Amor y la Vida, si no con belleza. Diría que  hay un segundo aspecto, y es el que no hay nada más cuestionador que la poesía. Creo que Vallejo  hace eso con su poesía: una interpelación permanente al vivir humano, a la relación con Dios, a la sociedad a la que pertenece” (Gutiérrez 1993:117)

Gutiérrez advierte que no toda referencia bíblica  puede denotar  una dimensión religiosa: “Todos sabemos que hay en Vallejo numerosas referencias bíblicas, muchas más de las que los estudios nos recuerdan, porque las más de las veces son implícitas. Sin embargo, me parece que estas referencias bíblicas no adquieren sentido religioso si no vamos a lo que me he permitido llamar el núcleo central. Por ello no llamaría dimensión religiosa a una mención bíblica si ella no está sostenida por una actitud del autor ante Dios” (118). Con estos presupuestos, analiza la universalidad de Vallejo a partir de la experiencia humana del dolor. Y citando el poema “Los nueve monstruos” dirá: “Se trata de un dolor que no solamente es personal, sino que abarca la humanidad entera”. (119)

En este punto, el teólogo distingue entre sufrimiento y tristeza. De esta última dice que “trae cerrazón, amargura”.  Y luego llama nuestra atención  sobre el poema que habla del crecimiento del dolor y sin embargo repite “Hay hermanos muchísimo que hacer” en muestra inequívoca de una voz que se abre a la solidaridad. Desde esta  propuesta  liberadora es leída  la poesía de César Vallejo. “Si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios”.  Ya en Teología de la liberación, (1972: 262) Gutiérrez había relacionado estos versos, “doloroso reclamo” los llama, al tema de la obra cinematográfica de Buñuel, Nazarín. Su lectura de  este verso, que pudiera ser considerado una blasfemia, es sumamente esclarecedora: “Hay aquí, en Vallejo, aunque aparentemente en negativo, una intuición muy  profunda”. Es  necesario remarcar el respeto con el que Gutiérrez  se acerca a las obras literarias  y a sus creadores, como lo advierte al inicio del trabajo sobre la concepción religiosa de Vallejo: “quisiera decir que intento entrar  en el asunto con un gran respeto por las convicciones personales de este hombre. Creo que a ese nivel, el de las convicciones personales, hay umbrales que a nadie, salvo al interesado, le está permitido atravesar”. (Gutiérrez 1993:118). Algo parecido responde al ser preguntado en 1977 acerca del suicidio de José María Arguedas: “Ni condeno ni justifico. ¿Quién soy yo para justificar o condenar un acto muy difícil de explicar que se mueve a niveles de profundidad muy grandes? A esto aludía hace un momento cuando dije que hay umbrales que no podemos atravesar y este, para mí, es uno de ellos”.  (Gutiérrez 1977:69)

Gutiérrez  y Arguedas 

José María Arguedas es, sin lugar a dudas, el autor  literario más citado por Gustavo  Gutiérrez. Como se recuerda, Teología de la Liberación. Perspectivas (1971) se inicia con una larga cita de Todas las sangres (1964). Más adelante, refiriéndose a la solidaridad concreta, el teólogo dirá: “La predicación de la palabra  sería vacía y ahistórica si pretendiera escamotear esta dimensión,  no sería el mensaje de Dios que libera, de aquel que se reintegra, como diría José María Arguedas” (Gutiérrez 1972: 348). Frases estas últimas tomadas del Último diario de El zorro de arriba y el zorro de abajo (1969).

El teólogo indica explícitamente que “En Arguedas hay un proyecto de liberación, buscado a través de tanteos, pero con honda convicción y amor. Los años en que forjó su obra son particularmente efervescentes.  La búsqueda fue atormentada, porque fue hondamente vivida en la encrucijada de marchas y contramarchas históricas de un pueblo” (Gutiérrez 1990: 11). La sintonía entre el narrador y el teólogo  es referida por el propio Arguedas en la carta que le dirige a Gustavo el 25 de agosto del 69, cinco días después del primer borrador de ¿Último diario?,  como refiere  Gutiérrez  en su ensayo sobre el narrador:

Querido Gustavo: …Tu tarjeta me llegó un día singularmente oportuno. Tuve días duros, muy duros…Tu visita me hizo mucho bien. Con tus palabras que leí en Chimbote y más con el trato directo contigo, se fortaleció mi fe en el porvenir que jamás me falló ¡Qué bien nos entendemos y vemos, juntos, regocijadamente la luz que nadie apagará! Saludos a César (Arróspide) Un abrazo, José María” (Gutiérrez  1990:24)

Muchas son las frases de Gustavo Gutiérrez, en su ensayo Entre las calandrias, que van han centro del mensaje arguediano. Elijo  esta por considerarla plena de sugerencia: “Arguedas escribe a partir de una estirpe capaz, tal vez, de darle unidad e identidad a un país dislocado y desgarrado, estableciendo en él una fraternidad de los miserables” (1990:3-4)

calandria

Sobre la vinculación de los textos creativos con la teología, encontramos que la propuesta de Teología de la Liberación, coincide con la postura estético ética de los creadores en defensa de la vida, la adhesión a los más desfavorecidos, a los humildes y ofendidos.

 Comentarios finales 

El estudio permitió identificar la importancia y el alcance de los aportes de la obra Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez en el ámbito de la Humanidades y demostró su calidad intertextual en variados ámbitos del quehacer intelectual. Cualidad que  abre un horizonte de interpretación y comprensión tanto del contexto en que fue elaborada como de otras obras del mismo entorno histórico y literario.  Asimismo, se confirma la valía y vigencia del aporte de Teología de la Liberación. Perspectivas, y  posteriores obras del autor, en la reflexión y las obras de otros autores peruanos y extranjeros.

Los textos consultados y reseñados permiten señalar la importancia de la reflexión del padre Gutiérrez en el pensamiento peruano del siglo XX y su impacto en la reflexión universitaria y la necesidad de recomendar una lectura persistente de la obra de este pensador peruano en los ámbitos de las humanidades.

Referencias bibliográficas 

Arguedas, José María (1969) El zorro de arriba y el zorro de abajo. Lima, Losada

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———————-, Romualdo Alejandro y Escobar, Alberto (1977) Arguedas: Cultura e Identidad Nacional. Lima, EDAPROSPO

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———————- (1993)  “La concepción religiosa de Vallejo”. En Intensidad y altura de César Vallejo. Autores Varios, Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

———————- (2004) “Entre la experiencia y la esperanza en el Perú”. En: Cuadernos del Archivo de la Universidad, Nº 35. Lima, PUCP

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Zegarra, Raúl (2011) “Minimalismo y maximalismo teológico. Sobre los aportes de una teología fundada en la experiencia” En: Revista Páginas  Nº 223, Lima, Centro de Estudios y Publicaciones, pp.  50-63

SE RUEGA  CITAR  LA  FUENTE EN CASO DE REPRODUCCIÓN

Tags: Gustavo Gutiérrez , Teología de la Liberación , Revista COMUNICACIÓN. UNMSM , Sonia Luz Carrillo

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