EL ALUCINADO DE JORGE NÁJAR Y LOS NUEVOS MISERABLES EN PARÍS

diciembre 14, 2013 a las 12:55 am | Publicado en Algunas fotos, Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea | 2 comentarios
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Libro El alucinado

 Nadie escucha el canto, El árbol de Sodoma, Vallejo y la célula Non plus ultra, Penúltima odisea y otras ficciones, constituyen el corpus narrativo del  poeta, narrador y amigo, Jorge Nájar,  que ahora se incrementa con  El alucinado, su más reciente novela,  publicada  en Lima  por  Editorial Summa   y que fue presentada el 25 de octubre. A esta tarea  me convocó, una vez  más, el querido autor.  Tarea que  compartí  con el editor y también poeta, Harold Alva.

Jorge Nájar, Harold Alva  y Sonia Luz Carrillo

Sonia Luz Carrillo, Jorge Nájar y  Harold Alva. Lima, octubre 2013

Reproduzco aquí el texto de mi exposición a la que titulé  “EL ALUCINADO DE JORGE NÁJAR Y LOS NUEVOS MISERABLES DE PARÍS”.

Al interior de toda   obra literaria una voluntad enunciadora, el autor, “reúne el mundo disperso en el sentido y lo condensa en una imagen terminada y autosuficiente (en la que) lo perecedero del mundo cobra el valor de un acontecer”. (Bajtin 1982:171)  La producción literaria, parte de una tradición específica, se da en un ámbito de realizaciones culturales marcado por categorías pre- existentes  (lengua literaria, géneros, etc.). El autor de ficción lleva a cabo operaciones de selección y combinación preferentes y desarrolla un proyecto discursivo, un programa individual de escritura. En las siguientes líneas  abordaré algunos aspectos  del programa narrativo expuesto en El alucinado, la tercera novela de Jorge Nájar.

El título nos coloca rápidamente frente al tipo de abordaje de los hechos relatados. La alucinación es trastorno de la mente y por eso el título sugiere que los acontecimientos se narran desde el interior, desde la subjetividad de los personajes. Veamos algunos otros elementos del discurso narrativo.

EL NARRADOR

Empecemos con la categoría  que constituye  el narrador,  al que tenemos que distinguir del autor real, puesto que es el “Agente narrativo que cuenta una historia” (Bal 1995:125) y de cuya “identidad,  grado y forma en que se indique en el texto”  dependerá el carácter específico del éste.

Como agente de la enunciación las funciones del narrador son múltiples: “Detenta la voz, observable a través de intrusiones  vestigios más o menos discretos de su subjetividad, que articulan una ideología o una simple apreciación particular sobre lo que se cuenta o sobre los personajes referidos… A la vez que configura el universo ficticio  por la utilización que hace de signos y códigos narrativos, como uso del tiempo o regímenes de focalización.” (Bal 1995:127). Así, de su ubicación en el relato surgirá su condición de narrador presente tanto como autor real, narrador y  protagonista (como ocurre en la autobiografía); narrador presente en la ficción pero no en calidad de protagonista y narrador ausente. Este tipo de narrador se le conoce como narrador omnisciente “una voz hablando de sucesos, personajes y escenario, mientras su propietario permanece oculto en las sombras discursivas.” (Chatman: 1990: 212) y es el tipo de narrador que domina la obra de Nájar.

En El alucinado un narrador omnisciente da cuenta de un conjunto de sucesos violentos de un tiempo de migración y crimen; registra las circunstancias intentando señalar  complejas causas  en medio de un clima de locura (alucinación)  y con un ritmo  vertiginoso. En ocasiones, se percibe la incursión de un narrador irónico  cuya intervención- como es típico- cumple la tarea de parodiar al discurso oficial, a la vez que sutiliza  momentos graves.

LA HISTORIA Y  LA TRAMA  O EL DISCURSO NARRATIVO

La historia  es el conjunto de acontecimientos vividos por uno o varios personajes, es la realidad evocada por un texto narrativo, mientras que la trama o discurso narrativo es la forma en la que los acontecimientos son presentados al interior del mundo de ficción. Los acontecimientos  narrados “ocurren durante un cierto periodo de tiempo y se suceden en un cierto orden”. (Bal  1995: 45)

En El Alucinado  la historia es simple y la podemos resumir así: Un migrante peruano amazónico en  París,  de características extravagantes, es víctima de un hecho violento al ser arrojado al río Sena. Dos policías inician una fugaz investigación sobre el inexplicable hecho contando fundamentalmente con el testimonio de un marginal que el día anterior había  conversado con la víctima.

La trama se inicia con una muerte  que antecede al atentado contra el protagonista: un joven francés de origen africano es asesinado  en la calle mientras colocaba unos carteles en defensa de los derechos humanos. Hecho que sirve de marco, brinda el contexto para  el ingreso a la historia. Veamos:

“No había terminado de cantar cuando recibió una ráfaga de rifle en la espalda y cayó al suelo. Durante brevísimo instantes pataleó como un conejo, como una liebre salvaje que al pasar de un matorral a otro es presa del rayo en medio del salto. Pero falleció en el acto. Inmediatamente la prensa local y nacional optó por armar un escándalo y denunciar a los activistas de un partido de extrema derecha. En respuesta el líder de la organización proclamó a voz en cuello en el viejo puerto de la misma ciudad que se trataba de un complot; sí, los hijos de la iguana, decía, querían cubrirlo de mierda y echarle la culpa  de todos los males habidos y por haber. Ya estaba harto de tanta conjura, porque según él todo el mundo gritaba ¡al lobo! ¡al lobo! Cada vez que los militantes de su partido, los verdaderos hijos de la patria, lo invitaban a debatir el tema de la inmigración”(p. 9)

En una suerte de introducción que es el primer largo párrafo de la novela, la irracionalidad del crimen se vincula de manera inmediata con el odio ante  la presencia de los otros, los migrantes que pueblan la ciudad luz, la cosmopolita y emblemática ciudad de la razón, París.  Ciudad en la que la encubierta ferocidad de lo cotidiano ve el deambular de seres migrantes, muchos de ellos arrojados a la marginalidad.

El relato principal toma forma con la mención de lo ocurrido el 1º de mayo, Día Internacional de los trabajadores, cuando de una parte los sindicalistas y de otro los “combatientes nacionalistas”, salen a las calles en manifestación. Todo se desarrolla con normalidad hasta que el estallido de unos petardos provocan el desbande de los  manifestantes.  La ruptura de la normalidad es registrada en el texto por las impresiones que causan en dos policías el anuncio de que un hombre no identificado ha sido arrojado al río.

“La orden se producía justo cuando  ambos creían que a más tardar dentro de dos horas estarían de regreso a casa, el mayor para ver el partido de fútbol en compañía de su mujer, y el otro, Martin Benoit, para dedicarse a su verdadera pasión, los instrumentos musicales más antiguos de la humanidad: el tan-tan, el bombo, las maracas…”

Lo que viene luego es el intento de dilucidar las motivaciones del atentado por parte de los policías Martin Benoit y Alexander Rubio interrogando a quien es señalado como “una persona que lo ha visto todo” y que quiso ayudar a los rescatistas que llegaron a auxiliar a la víctima. Este personaje, Thomas Benavent, será el eje del relato. Aparentemente es a partir de lo que él conoce que el lector se informará de la realidad de   lo sucedido. Se trata de un argelino, marginal habitante en París, que en un principio se niega a hablar “Abría y cerraba los ojos como resistiéndose a creer lo que de pronto brotaba de su memoria”.  Afirmación clave pues todo lo que se conocerá proviene precisamente de su memoria.  Y lo que luego relata es fruto de lo que, a su vez,  el protagonista, Pedro Toledano, el hombre arrojado al Sena, le ha contado.

LOS PERSONAJES

Como se ha mencionado, el protagonista es Pedro Toledano, poeta de origen amazónico; Thomas Benavent, el argelino; Judith Ferrada, limeña pareja de Toledano, los integrantes del “Núcleo invisible”, organización de extrema izquierda, que aparecen en distintos momentos de la novela y entre los que destaca Platón, seudónimo de un dirigente luego traidor y que es asesinado por sus ex compañeros. Además, de lo ya citados policías. 

Sin embargo creo que París, no es solo el espacio en el que se desarrollan los hechos, sino que adquiere categoría de personaje  al ser retratada  a través de múltiples aspectos en toda su magnificencia y   miserias. Así, El alucinado es una ocasión para registrar las causas y los efectos de la confluencia de diversos ríos (habitantes) en la ciudad del iluminismo; en la existencia de  sus delimitadas riberas. París es mostrada desde la conciencia alterada del alucinado. 

Por lo que cuenta Thomas Benavent, pero sobre todo por  las incursiones del narrador omnisciente, el lector conocerá las acciones de Pedro Toledano desde el día anterior al atentado que sufre, y también su origen y la forma alterada en la que percibe la complejidad de su existencia y la de los otros personajes. De su condición de peruano amazónico  en París, por ejemplo, tendremos estas noticias:

“En el fondo de la calle Pedro Toledano divisó la estación del metro que cruza París…Tomó las gradas del subterráneo y como de costumbre a esas horas distinguió a la muchedumbre avanzar si mirar a los lados, tropezando unos con otros, empujándose y codeando al mundo entero…”

Su observación del control social se encarna en la visión de los vigilantes y policías:

“¡Carajo! Estos hijos de la granputa están  por todas partes; policías y más policías para frenar la rebeldía de los jóvenes sin futuro, represión y más represión para contener la avalancha de los pobres venidos del sur, del este, del oeste, de todos los rincones de la tierra.”

Estas observaciones son matizadas por paráfrasis, citas intertextuales que se constituyen en un guiño a los lectores. Por ejemplo una  alusión al poema de Javier Heraud “El río”: “Evocando y confundiendo lecturas juveniles se oyó decir: Yo también soy un río dibujado por el viento. Uno que baja furiosamente cada vez que u puente me refleja en sus arcos.”

Un peruano amazónico  en  París

La condición de Pedro Toledano de peruano amazónico y viajero que ha adquirido referentes diversos es expresada por el narrador omnisciente que habla desde la subjetividad del personaje, por ejemplo, mientras viaja en el Metro de París:

“El mismo ya había constatado años atrás que siempre comenzaba a delirar al tiempo que las imágenes del río, de cualquier río, penetraban en su memoria. “Yo soy también  un río” escribió con el índice en el vidrio de la ventanilla cuando el vehículo volvió a hundirse en las entrañas de la tierra. Y mientras la huella de su escritura se esfumaba recordó los ríos por cuyas márgenes había caminado descalzo con todo el diablo en la sangre: el Amazonas, el Ucayali, el Ganges, el Duero, el Ródano, así como también todo lo vivido en los paisajes de esas arterias del planeta”

 Y todavía de manera más explícita en un pasaje en el que el fenómeno de la migración interna es enlazado con los orígenes del personaje, cuando el narrador da cuenta de los días previos  a la salida de Toledano del Perú, a causa de su participación en actos políticos y delictivos:

“…había regresado a la casa paterna para hablar con sus mayores sobre quiénes eran y de dónde venían. En la oscuridad de la noche, caminando bajo los árboles del trópico, bajo la lluvia y el aletear de los pájaros, en Requena, la Atenas de la Amazonia, surgió una historia familiar que había sido  guardada en secreto hasta entonces. Durante los años de esplendor de la explotación del caucho, el oro negro, le había dicho su padre, en muchas embarcaciones amazónicas viajaban tahúres que saqueaban en los juegos de cartas a los caucheros, comerciantes, y ribereños que con sus magros ahorros iban a la búsqueda de la maravilla en los emergentes centros urbanos; con sus triquiñuelas esos individuos estafaban a los militares y empleaditos de las transnacionales que ya por entonces se perfilaban en la línea del horizonte. Una de esas víctimas fue Isaac Toledano, su abuelo, descendiente a su vez de un sargento de los primeros soldados españoles que llegaron a Moyobamba, la ciudad incaica por donde la soldadesca conquistadora, en el siglo XVI, había penetrado en el bosque amazónico. Isaac Toledano era el agente comercial de una empresa maderera norteamericana, llevaba una pequeña fortuna en su maleta y la misión de establecerse con su familia en Manaos. Pero durante ese viaje había jugado y perdido todo lo que sus patrones le habían confiando…En la desesperación el tipo no vaciló en poner en juego a su mujer y sus hijos.”

Líneas más adelante, el texto registra el recuerdo de la abuela del personaje, mujer amazónica, fruto también del encuentro de los mundos, su resolución  para enfrentar  los momentos difíciles y la característica matrilineal de la descendencia:

“Ella, Domitila de la Cruz, hija de una india quechua y de un aventurero, al enterarse de  lo sucedido pretendió arrojarse del barco en u banco de pirañas. Pero algo más fuerte que la minúscula moral, la supervivencia de su progenie, la contuvo. Se aguantó hasta llegar a Manaos, por aquel entonces capital mundial del caucho. Y una vez ahí trenzó pactos y anudó complicidades con quien fuese para escapar y recuperar su libertad. Solo así pudo emprender el retorno a Iquitos, sola y abandonada, con sus tres párvulos. De ella descendemos todos sus hijos y poco importa ahora quién los engendró, concluyó su padre afirmando que los hombres eran hijos de quienes los criaban o de la comunidad que los acogía”

De Pedro Toledano sabemos que tiene vocación poética nunca concretada en una obra; que en su vida juvenil y diletante  ha integrado un grupo político extremista; que ha participado en hechos violentos como el crimen a un traidor a “la causa” por lo que luego ha debido huir del país pasando por varios territorios hasta recalar en París al igual que muchos otros migrantes.  En esta ciudad se reencuentra con su mujer peruana, con la que había compartido su pertenencia al “Núcleo invisible”.

A lo largo del relato nos informamos del deterioro mental del protagonista;  es evidente que tiene una visión alterada de la realidad: se ha marcado el rostro con señales coloridas; ha buscado serenidad en ritos de distintas religiones y por diferentes países y culturas a los que ha acudido en búsqueda de lo que llama el “Río de la iluminación”. Recuerdos e imágenes nacidas de su imaginación se mezclan en este hombre, sudamericano marginal que intenta sembrar  tallos de coca en las orillas del Sena:

“En algún lugar de ese espacio tenía que plantar el primer retoño de la planta sagrada. Se arrodilló ante el río y se puso a orar pidiéndole a su Dios la purificación de su alma, limpiarle de los tormentos que le asediaban… Sabía que yendo hacia los dominios de  sus dioses, antiguamente, los más necesitados de divinidad, recorrían centenas, millares de kilómetros descalzos, solitarios, en el más sublime de los silencios; avanzaban hacia parajes en los que se inclinaban para hacerles partícipes de sus glorias o sufrimientos. Delfos, Roma, La Meca, Jerusalén, Cusco, Haridwar, Santiago de Compostela; un templo, un punto preciso en cada urbe, un brote de agua en lo profundo de las montañas, eran los lugares propicios para humillarse y reconocer la pequeñez humana ante lo divino”.

 En estas circunstancias, serán azarosos los encuentros y desencuentros con Judith, personaje femenino que oscila entre lo concreto y lo onírico. “La idea que los había hecho vivir estaba en crisis y ellos o estaban presos o muertos o escondidos, o metamorfoseados en porquería en cualquier rincón del planeta, cagándose de miedo ante la amenaza de ser recuperados y sancionados por el violento pasado”. Expresiones crudas que exponen el desenlace de las opciones personales y políticas que transitan por el delito y el crimen.

EL TIEMPO DEL RELATO

En  este punto, distinguiremos el tiempo de la historia del tiempo del discurso. Al final de la obra constatamos que el tiempo de la historia ha sido muy breve. Se inicia cuando los policías llegan al lugar y dura mientras los rescatistas brindan atención a Toledano para salvarle la vida: “El socorrista que había practicado el boca a boca miró automáticamente su reloj. Cuatro minutos, quince segundos, ni uno más, ojalá no haya lesiones graves en el cerebro”. En un sagaz uso del tiempo discursivo este se ha extendido para narrarnos buena parte de la vida del hombre a partir de lo que cuenta el argelino que fue el último que conversó con él. Vale decir que ha durado cuatro minutos y quince segundos.

COSMOPOLITISMO Y MARGINALIDAD EN UN MUNDO DESENCANTADO

En  El Alucinado  Jorge Nájar, con una prosa que por momentos se muestra claramente poética, expone temas y problemas contemporáneos, alejado de una visión localista. Cumple un eficiente programa narrativo que deja abierto el desenlace, no hay moraleja. Fiel a su propósito literario, ha construido un objeto artístico recreando un mundo sombrío de antihéroes:  los migrantes con el peso de su memoria y los nativos de una gran capital, casi siempre en sorda o declarada confrontación.

Un mundo desbocado en el que todas las batallas carecen de grandeza y los sujetos actúan en medio de la alucinación; un mundo en el que la única salida parece ser el refugio en las pequeñas comodidades cotidianas: Al final de la novela, un policía piensa en lo que falta para el partido  de fútbol y el otro tamborilea el tablero de control mientras escucha una canción. Atrás queda el viejo Thomas Benavent, el marginal argelino con los demonios de su propia memoria.

Gracias, Jorge, por tu invitación a ingresar en este mundo de ficción para escudriñar entre sus pliegues la condición humana  en este tiempo de peregrinos. Una vez más, y así como, en anteriores ocasiones,  me invitaste a transitar -minuciosa-  entre tus versos.

 

Lima, 25 de octubre, 2013

Bibliografía

Bal, Mieke. (1995) Teoría de la narrativa. Una introducción a la narratología. Madrid: Cátedra, p. 121

Bajtin, M. (1982) Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI editores 

Chatman, Seymour. (1990) Historia y discurso. Madrid: Altea, Taurus, Alfaguara,

Nájar, Jorge (2013) El alucinado. Lima, Editorial Summa

Reis, Carlos y Lopes, Ana Cristina. (1995) “Autor implicado” En: Diccionario de narratología. Salamanca: Ediciones Colegio de España. 

IMÁGENES  DE  LA  PRESENTACIÓN

La presentación de libro fue ocasión para el reencuentro y  celebración. Quedan como testimonio algunas vistas.   


conversa jorge

Ricardo Falla Barreda, Miguel ángel Guzmán Dávila, Jorge Pimentel, Tulio Mora, Tatiana Berger, Jorge Nájar  y Sonia Luz Carrillo. Presentación de El Alucinado, Lima, 25 de octubre 2013-12-13

Ricardo Falla Barreda, Miguel ángel Guzmán Dávila, Jorge Pimentel, Tulio Mora, Tatiana Berger, Jorge Nájar y Sonia Luz Carrillo. Presentación de El Alucinado, Lima, 25 de octubre 2013

Presento

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TAPIZ DE LA ERRANCIA O UNA POÉTICA DEL DESTIERRO. FORMAS DEL DELIRIO DE JORGE NÁJAR
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JORGE NÁJAR  Y LA POÉTICA DE LA AMISTAD

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2 comentarios »

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  1. Gracias, Sonia, por tu brillante análisis de El Alucinado.

    • De nada, amigo. Siempre será un placer intentar ingresar a los más profundos pliegues de tu cuidadosa escritura.


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