PADRE GUSTAVO GUTIÉRREZ. TEOLOGÍA EN DIÁLOGO CON LA LITERATURA

junio 9, 2013 a las 12:43 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos, Miscelánea | Deja un comentario

Teólogo Padre Gustavo Gutiérrez y Profesor Ricardo Falla Carrillo, Director de los Estudios de Humanidades en la UARM

EXPOSICIÓN  QUE  PRESENTÉ  EN LA UNIVERSIDAD ANTONIO RUIZ DE MONTOYA  EL 04 DE ABRIL DE 2012 ,  CON OCASIÓN DEL CICLO   ‘TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN ENCUENTROS Y DESAFÍOS’ , texto  posteriormente publicado con ligeras variantes en la Revista Páginas   Nº 229, marzo de 2013

HABLAR DE DIOS  DESDE LA LITERATURA

En primer lugar, quiero agradecer al Programa de Humanidades de la UARM,  la invitación a participar en esta jornada que me significa  un verdadero privilegio: Hablar de una persona  a la que no solo se admira por la brillantez de su pensamiento sino que se le tiene  enorme gratitud por la siempre  afectuosa  acogida y sabio magisterio a través de varias décadas.  Privilegio desafiante porque implica ingresar a aspectos de una disciplina  distinta  a las que frecuento.  Puesta en la tarea y aceptando los riesgos, lo que sigue es la presentación de algunos textos y autores en los que confluyen literatura y Teología de la Liberación,  observaciones que hoy adquieren connotaciones especiales al celebrarse en nuestro país, en abril,  el mes de las letras.

Padre Gustav Gutiérrez y Sonia Luz Carrillo

Padre Gustavo Gutiérrez y Sonia Luz Carrillo

Empezaré mencionando la amistad que Gustavo Gutiérrez, fino escritor, a la par que teólogo, ha sabido cultivar y cultiva con los artistas, en este caso con poetas, narradores y ensayistas. Hecho sugerente pues no se trata solo del lector sensitivo y atento sino que su lectura de las obras se ha visto enriquecida por la cercanía, las vivencias compartidas  y el intercambio de ideas. Desde muy joven amigo cercano de Juan Gonzalo Rose; posteriormente de Alejandro Romualdo, Washington Delgado  y de tantos otros poetas; lector acucioso y profundo de   César Vallejo; amigo cercano de José María Arguedas; lector  fecundo de José Carlos Mariátegui.  Amigo de Alberto Escobar, Antonio Cornejo Polar, Carlos Iván Degregori,  y de tantos otros.

LOS ENCUENTROS

LA TEMPRANA AMISTAD CON JUAN GONZALO ROSE

Es este un punto de partida para cumplir con lo que los organizadores de este conversatorio han denominado ‘encuentros’.  Poeta y teólogo mantienen  una prolongada amistad. Juan Gonzalo Rose, autor de poemas imborrables como”Epístola a Bartolomé de las Casas” del año 1968 (¡Ah miliciano del amor cristiano! / En nombre de mi pueblo te bautizo: / Fray hombre,/ Fray amigo, /Fray hermano”)  y de “La pregunta” de 1954;  poema  con que Gustavo abre, en 1986,  su Hablar de Dios desde el sufrimiento del Inocente: Una reflexión sobre el libro de Job,

Mi madre me decía:
si matas a pedradas los pajaritos blancos,
Dios te va a castigar;
si pegas a tu amigo,
el de carita de asno,
Dios te va a castigar.

Era el signo de Dios
de dos palitos,
y sus diez teologales mandamientos
cabían en mi mano,
como diez dedos más.

Hoy me dicen:
si no amas la guerra,
si no matas diariamente una paloma,
Dios te castigará;
si no pegas al negro,
si no odias al rojo,
Dios te castigará;
si al pobre das ideas
en vez de darle un beso,
si le hablas de justicia
en vez de caridad,
Dios te castigará.
Dios te castigará.

No es este nuestro Dios,
¿verdad mamá?

Acerca de la temprana amistad  que unió a estos admirables creadores, la hermana del poeta, en entrevista dada en noviembre del 2003,  narra algunos pasajes de la vida del escritor y responde a la pregunta de por qué  salió Juan Gonzalo del Colegio Claretiano, lo siguiente:

“De ese colegio lo sacan porque uno de los padres claretianos habló una vez defendiendo a Francisco Franco y Juan Gonzalo lo refutó acusando al dictador de asesino. Tendría unos 15 o 16 años. No era que le interesase en ese momento la política sino que él conocía que Franco había matado a García Lorca y para él, que le gustaba la poesía, no le quedó otra cosa que defender al poeta asesinado.”

El entrevistador inquiere ¿Qué hizo entonces? Y María Teresa narra:

“Después de ese incidente vino mi papá a Chorrillos, como director del colegio Eguren, donde Juan Gonzalo acabó su media. Allí conoce al padre Gustavo Gutiérrez y se hicieron amiguísimos. El padre Gutiérrez lo adoraba. Con el tiempo los dos se influyeron, eso lo reconoció mi hermano, en el tema político y religioso. Cuando muere Juan Gonzalo lo hace como cristiano.”  (Las edades, 2007)

Juan Gonzalo Rose

Juan Gonzalo Rose

En “La pregunta”, precursoramente se encuentra implícita  las nociones  contrapuestas del Dios castigador y el Dios amor, desarrolladas en la Teología de la liberación.

EXTENSO DIÁLOGO CON ALEJANDRO ROMUALDO

De  la cercanía a Alejandro Romualdo puedo dar fe. En el joven autor de La torre de los alucinados (1949), obra que lleva un epígrafe de Rilke: (“Mira, Dios, un recién llegado/ se aproxima, construyendo, a ti, que ayer, solo un niño era”)  los estudiosos advierten no solo la presencia de Rilke  sino temas de inmediatas connotaciones religiosas. Cercanía y coincidencias generacionales.  Es necesario remarcar que Gustavo Gutiérrez pertenece  a la brillante Generación de los años 50’ que tantos nombres ilustres aporta  a la cultura del país y que uno de sus más reconocidos poetas es Alejandro Romualdo.  En el año 1951, Xano, escribe:

“Dios en su temporal, pálido espejo/ humano se revela, está tan hondo/ tan brutal, amarrado a mi reflejo;/ ¡Animal humanísimo en el fondo! /… ¡Ay la humana figura en que lo agarro/ en que lo divinizo y lo constato / del espejo a la piel/ del sueño al barro!” (“Fondo común” En: Mar de fondo, 1951)

Como ha señalado Marco Martos, “En los años 50/52, la poesía de Romualdo se distinguirá todavía por una preocupación de orden religioso; la divinidad aparece hermanada con el hombre, y más aún, inventada por él. Después, en el poemario España elemental, el tema es el dolor por el sufrimiento del pueblo español.”

Romualdo,  más adelante, en En la extensión de la palabra de 1974, en variadas ocasiones aludirá a una religiosidad sin Dios. Libro que todavía  reclama una atención más dedicada. Romualdo que en el año 1977 y al lado de Gustavo Gutiérrez, afirmó de José María Arguedas que “no solo logró trazar un sentido de las letras y el pensamiento humano, sino lanzar y tatuar una visión del Perú contemporáneo” (Romualdo 1977:33)

Si nos preguntamos sobre la vinculación de los textos creativos con la teología, encontramos que la base  estos textos y el hablar de Dios que propone la Teología de la Liberación, está claramente establecida en  la postura estético ética   de los creadores literarios en defensa de la vida, la adhesión a los más desfavorecidos, a los humildes y ofendidos.

GUTIÉRREZ,  LECTOR DE VALLEJO

Vallejo

La poesía, nos dice Gustavo Gutiérrez, es un lenguaje privilegiado  para hablar de Dios. Y en la poesía de César Vallejo,  no solo encontrará  la fuente para  frecuentes citas  sino que le dedicará  un minucioso estudio. La naturaleza  icástica del  texto poético y, por ello, su papel revelador de realidades es puesto de manifiesto cuando afirma:

“La  poesía es un lenguaje privilegiado para hablar de Dios. … no es posible hablar de aquel que la Biblia considera el Amor y la Vida, si no con belleza. Diría que  hay un segundo aspecto, y es el que no hay nada más cuestionador que la poesía. Creo que Vallejo  hace eso con su poesía: una interpelación permanente al vivir humano, a la relación con Dios, a la sociedad a la que pertenece” (Gutiérrez 1993:117)

En su estudio acerca de la poesía de Vallejo, Gutiérrez advierte la que no toda referencia bíblica  puede denotar  una dimensión de esa naturaleza, por ello sobre la  concepción religiosa  de Vallejo precisa:

“Entiendo por dimensión religiosa de un texto, de un autor: lo que dice en referencia directa a Dios.. Todos sabemos, por ejemplo, que hay en Vallejo numerosas referencias bíblicas, muchas más de las que los estudios nos recuerdan, porque las más de las veces son implícitas. Sin embargo, me parece que estas referencias bíblicas no adquieren sentido religioso si no vamos a lo que me he permitido llamar el núcleo central. Por ello no llamaría dimensión religiosa a una mención bíblica si ella no está sostenida por una actitud del autor ante Dios” (118)

Con estos presupuestos el padre Gutiérrez, analiza el carácter universal de Vallejo a partir de la experiencia humana  más profunda y cuestionante del dolor. Y citando el poema “Los nueve monstruos” dirá: “Se trata de un dolor que no solamente es personal, sino que abarca la humanidad entera”. (119)

Sin embargo, esta exposición reiterada del sufrimiento  “alrededor del cual giran muchas imágenes y muchas intuiciones del poeta” (118) no anulan la esperanza. El sufrimiento “no elimina en Vallejo un hálito de esperanza, de alegría, de ganas de vivir”.  Señala luego la contradicción  que aparece en el poema “Voy a hablar de la esperanza” , “uno de los más dolorosos” del autor  de Poemas Humanos.

En este punto, el teólogo presenta una interesante distinción entre sufrimiento y tristeza. De esta última dice que “trae cerrazón, amargura”.  Y luego llama nuestra atención  sobre el poema “Los nueves monstruos”  donde se habla del crecimiento del dolor y sin embargo se repite “Hay hermanos muchísimo que hacer” en muestra inequívoca que  la voz que habla en el poema no se encierra en sí  misma sino que se abre a la solidaridad.

Desde la propuesta raigal de la Teología de la liberación, el amor  ante el que sufre  y el llamado al cambio por la acción solidaria, es leída  la poesía de César Vallejo. Poesía que ostenta también como rasgo distintivo  el reclamo, el cuestionamiento  humano a Dios por el sufrimiento. “Si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios”.  Ya en Teología de la liberación, (1972: 262) Gutiérrez había relacionado estos versos, “doloroso reclamo” los llama, al tema de la obra cinematográfica de Buñuel, Nazarín.

La lectura de Gutiérrez a este verso que pudiera ser considerado una blasfemia, es sumamente esclarecedora:

“Hay un profundo reclamo –permítanme emplear la expresión técnica – de encarnación de Dios en este texto de Vallejo… En una perspectiva cristiana si comprendemos que Dios nos ama, es porque uno de nosotros nos amó. Podemos afirmar que Dios nos ama porque Jesús, el judío, el nazareno, nos amó. Es a través del amor de un ser humano que se nos revela el amor de Dios. Hay aquí, en Vallejo, aunque aparentemente en negativo, una intuición muy  profunda.

Permítanme decir que si ya el poema de Vallejo (creado a inicios del siglo pasado) era  extremadamente  interpelante, la  explicación del teólogo de la liberación (a fines del mismo siglo) lo es aún más.  La exigencia de amor  adquiere dimensiones más dilatadas. Cómo hablar de Dios sin el acompañamiento del amor en concreto. El amor universal  que hace que Gutiérrez recuerde y cite  el poema “Traspié entre dos estrellas” (“Amado el que tiene chinches/ amado  el que no tiene cumpleaños / amado el que lleva reloj  y ha visto a Dios”):

“Esas ‘bienaventuranzas’ son maneras de proclamar el amor por diferentes personas, amor por el pobre miserable, por el pobre pobre. Y aquí viene entonces el tema de la utopía: “Desayunados todos en una mañana eterna”

En los párrafos finales Gustavo Gutiérrez  señala que Vallejo habla de Dios “a partir de Dios hecho hombre, de aquel que llamamos Jesucristo. Y es por eso que ve en él al Dios – simultáneamente – que crea y al Dios que le duele el corazón”. Para el teólogo de la liberación, “Vallejo prefiere ver a un Dios que muere y que resucita”.  Y por ello la cita de “Masa” (Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon; /les vio el cadáver triste, emocionado;/ incorporóse lentamente, / abrazó al primer hombre; echóse a andar…). En palabras de Gustavo, “El amor da vida, vence a la muerte”.

Un punto  necesario de remarcar es el del respeto con el que Gutiérrez  se acerca a las obras literarias  y a sus creadores.  Nunca desde una postura didascálica sino con la actitud del lector atento y abierto  a lo que los textos y autores registran. Como lo advierte al inicio del trabajo sobre la concepción religiosa de Vallejo:

“quisiera decir que intento entrar  en el asunto con un gran respeto por las convicciones personales de este hombre. Creo que a ese nivel, el de las convicciones personales, hay umbrales que a nadie, salvo al interesado, le está permitido atravesar”. (Gutiérrez 1993:118)

Algo parecido responde al ser preguntado en 1977 acerca del suicidio de José María Arguedas:

“Ni condeno ni justifico. ¿Quién soy yo para justificar o condenar un acto muy difícil de explicar que se mueve a niveles de profundidad muy grandes? A esto aludía hace un momento cuando dije que hay umbrales que no podemos atravesar y este, para mí, es uno de ellos”.  (Gutiérrez 1977:69)


GUTIÉRREZ  Y ARGUEDAS

Calandrias

José María Arguedas es, sin lugar a dudas, el autor  literario más estrechamente vinculado a la Teología de la liberación y más citado por Gustavo  Gutiérrez. Como se recuerda, Teología de la Liberación. Perspectivas (1971) se inicia con una larga cita de Todas las sangres (1964). Más adelante, refiriéndose a la solidaridad concreta, el teólogo dirá: “La predicación de la palabra  sería vacía y ahistórica si pretendiera escamotear esta dimensión,  no sería el mensaje de Dios que libera, de aquel que se reintegra, como diría José María Arguedas” (Gutiérrez 1972: 348). Frases estas últimas tomadas del Último diario de El zorro de arriba y el zorro de abajo (1969).

Gutiérrez ha indicado de manera explícita que “En Arguedas hay ciertamente un proyecto de liberación, buscado a través de tanteos, pero con honda convicción y amor. Los años en que forjó su obra son particularmente efervescentes.  La búsqueda fue atormentada, porque fue hondamente vivida en la encrucijada de marchas y contramarchas históricas de un pueblo” (Gutiérrez 1990: 11)

La sintonía entre el narrador y el teólogo  es referida por el propio Arguedas en la carta que le dirige a Gustavo el 25 de agosto del 69, cinco días después del primer borrador de ¿Último diario?,  como refiere  Gutiérrez  en su ensayo sobre el narrador:

“Querido Gustavo: Creo haber terminado, aunque muy exabruptamente (sic) la novela. Tu tarjeta me llegó un día singularmente oportuno. Tuve días duros, muy duros. Ya habían empezado cuando nos vimos. Tu visita me hizo mucho bien. Con tus palabras que leí en Chimbote y más con el trato directo contigo, se fortaleció mi fe en el porvenir que jamás me falló ¡Qué bien nos entendemos y vemos, juntos, regocijadamente la luz que nadie apagará! Saludos a César (Arróspide) Un abrazo, José María” (Gutiérrez  1990:24)

En el plano del lenguaje, César del Masto ubica esta cercanía  desde la postura ética: “el lenguaje de las obras del novelista y del teólogo interpela al lector porque nace de una profunda capacidad para hacer suyos y decir, con ‘sangre y no solo por profesión’ los sufrimientos y las esperanzas de los últimos. Gracias a que comparten un mismo mirador que los hace ver la historia y dar testimonio de ella desde el lugar de los pobres, la literatura de Arguedas y la teología de la liberación cuestionan la conciencia del lector desde las heridas de un país…”.

Aunque en las anteriores obras de Arguedas – como bien lo demuestra el estupendo ensayo de Gutiérrez Entre las calandrias– se había ido esbozando la distinción entre el Dios inquisidor  y el Dios liberador, es en el Zorro de arriba y el zorro de abajo, especialmente en el capítulo final  y en el Último diario, donde esta se proclama de manera definitiva.

“Es mucho menos lo que sabemos que la gran esperanza que sentimos, Gustavo? ¿Puedes decirlo tú, el teólogo del Dios liberador, que llegaste a visitarme aquí, a Lorena 12 75, donde estuvimos tan contentos a pesar de que yo en esos días ya no escribía nada? Claro; yo te había leído en Lima esas páginas de Todas las sangres en que el sacristán y cantor de San Pedro de Layhuaymarca, le replica a un cura del Dios inquisidor, le replica con argumentos  muy semejantes a los de tus lúcidas y patéticas conferencias pronunciadas, hace poco, en Chimbote” (Arguedas 1969:285)

Sobre la circunstancia en la que Arguedas le hace conocer el mencionado pasaje de Todas las sangres, Gustavo Gutiérrez narra que fue en 1968, en presencia  de C. Arróspide, “José María nos leyó estas páginas…diciendo con cierta picardía “lo siento, pero ya había escrito esto antes de tus conferencias en Chimbote” (Gutiérrez 1990: 84)

El trabajo de Gutiérrez sobre Arguedas, por la importancia de los datos que aporta amerita  un abordaje independiente que excede los propósitos de esta jornada. Sin embargo, no quiero dejar de mencionar lo señalado por el poeta Washington Delgado en el Prólogo de la obra:

“Hay escritores que son religiosos y escritores que no lo son, independientemente de sus convicciones personales… César Vallejo y  José María Arguedas se apartaron de la iglesia católica y no asumieron ningún credo, pero ambos son religiosos…. Vallejo ha escrito: ‘Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni  como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también lo sufriría’. Asimismo escribió Vallejo: ‘Amado sea aquel que tiene chinches/ el que lleva un zapato roto bajo la lluvia,/ …el animal, el que parece un loro/ el que parece un hombre, el pobre rico/ el pobre pobre, el pobre miserable”. Esa es la religiosidad de César Vallejo. Esa es también la religiosidad de José María Arguedas.  Puede ser una religiosidad sin Dios, pero tiene un centro de divino: la angustia íntima y el intenso amor al prójimo. Nadie mejor que Gustavo Gutiérrez para estudiarla, comentarla y explicarla” (Delgado 1990: XV- XVI)

Muchas son las frases de Gustavo Gutiérrez, en su ensayo Entre las calandrias, que van han centro del mensaje arguediano. Elijo a estas por considerarlas plenas de sugerencia  para las tareas del presente y futuro:

“Arguedas escribe a partir de una estirpe capaz, tal vez, de darle unidad e identidad a un país dislocado y desgarrado, estableciendo en él una fraternidad de los miserables” (1990:3-4)

Frases que leemos 22 años después de publicadas y que me llevan a otra afirmación del autor en la misma obra, cuando hablando de la necesidad de continuar el estudio de la cuestión en Arguedas, señala: “Una visión de la vida fijada en el pasado se cierra en última instancia a la visión cristiana. La fe cristiana implica abertura al futuro, dinamismo histórico, fe en el porvenir”.

A más de cuarenta años  de  publicado  Teología de la liberación. Perspectivas, estamos ya en ese ‘porvenir’. En el trayecto Gustavo Gutiérrez, doctor Honoris Causa de multitud de universidades del mundo, miembro de la Academia Peruana de la Lengua desde 1995, ha recibido el merecido amplio reconocimiento que lo ubica como uno de los teólogos más influyentes del siglo XX y lo que va del XXI,

“Por su coincidente preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje, el jurado considera que Gustavo Gutiérrez y Ryszard Kapuscinski son dos modelos éticos y admirables de tolerancia y de profundidad humanística. Oviedo, 30 de abril de 2003 (Acta del Jurado.  Premios Príncipe de Asturias Comunicación y Humanidades 2003)

A inicios del presente siglo, Gustavo nos siguió invitando – como lo hace persistentemente – a la esperanza; Cuando el departamento de Teología de la PUCP lo nombró Profesor Emérito, en el 2004, nos dijo citando una vez más a Arguedas:

“Es un tiempo que se puede convertir en un horizonte de esperanza, en una afirmación de libertad, de ruptura  con la idea explícita o implícita de un destino inexorable. En este marco debe colocarse la inteligencia de la fe en el Dios de la vida, de su reino y si justicia. Y no solo   la teología, el conocimiento en general. Un conocimiento comprometido con un país impaciente por realizarse, como decía José María Arguedas.” (Gutiérrez  2004: 47)

 

COMENTARIOS FINALES

Lejos del contexto de mediados del siglo pasado, en el que el pensamiento y el arte se encontraban influidos de la noción liberadora en América Latina, y la literatura jugaba un papel importante en el registro de una dimensión axiológica problematizando las situaciones de inequidad, mientras anunciaba  el cambio de estructuras, el panorama hoy presenta nuevos desafíos  que tienen  que ver con las características del espacio desde el que se enuncia el texto literario y las particulares y complejas condiciones de la difusión, distribución  e interpretación.

De un lado,   la realidad contemporánea pone de manifiesto – cada día con más fuerza y extensión-   el individualismo asociado a visiones de mundo marcadas por el  escepticismo y la levedad de las experiencias humanas. Circunstancia en la que se constata la fragilidad de proyectos personales o de compromisos para con la sociedad en el contexto de un desarrollo tecnológico nunca antes visto y que puede entrañar el peligro de la estrechez de una lógica tecnológica excluyente de una perspectiva teleológica (negación del pasado y aceptación de un presente efímero como única realidad) y lo que sería más grave con pérdida de la perspectiva ética. En esta época los creadores deben lidiar con  la indiferencia. No solo respecto al tema religioso o de Dios sino con todos los llamados “grandes relatos”.

Sin embargo, este tiempo que  como señala Umberto Eco, está signado por la falta de solidaridad y ve “hordas desheredadas que salen a tocar, a veces con violencia, a las puertas del bienestar, el hambre de continentes enteros, nuevas e incurables pestes, la destrucción interesada de suelos…” (Eco 2006: 28-29) también presenta el surgimiento de interesantes rasgos  de nuevas sensibilidades –  sobre todo entre los más jóvenes-  atentas  a temas   tales  como una efectiva igualdad  entre los seres humanos; condena de las exclusiones; , preocupación por el destino del planeta, necesidad de empleo digno, etc.  Sensibilidad que se expresa en la obra de  los creadores, y tiene que ver, como a lo largo de la historia, con la capacidad o el sentido del asombro  y  la solidaridad  con todo lo humano, especialmente, con los seres  más desvalidos:

El trabajo con la palabra  desde siempre ha registrado  en imágenes  reflexiones que trascendiendo la literatura, significan  un  compromiso raigal de quien la construye  con su ser íntegro  en relación consigo y con los otros.  El arte,  la literatura – se lo proponga  o no  el creador –  tiene una dimensión  ética,  que  muchas veces se  constituye en una suerte de religiosidad laica.   La poesía, por ejemplo, intenta llegar a las esencias que reordenen el caos  y con frecuencia profetiza en el sentido que interpreta las aspiraciones o los clamores de una época en el sentir individualizado.

La conciencia de la fragilidad de la vida y las preguntas que suscita conduce a consideraciones más allá de la materialidad. En estas circunstancias el sentido religioso coincide con un compromiso radical con la vida. Para Luigi Giussani  el sentido religioso  está en esas emociones inteligentes y dramáticas, además inevitables, aunque el clamor o la obtusidad  de la vida pretenda acallarlas… y para quien está comprometido con la problemática de la vida, el sentido religioso es el compromiso con la vida entera. (1998: 72)

Una tarea para posteriores estudios  podría ser  auscultar las nuevas formas en al que, en la sensibilidad de nuestros días se manifiesta el espíritu de’ la calandria consoladora’ y  del ‘Dios liberador’  y abordar, asediar con ese propósito los textos literarios producidos en las últimas décadas  convencidos que la Palabra  puso su tienda entre nosotros. Y continúa su fecunda tarea.

FUENTES

Arguedas, José María (1969) El zorro de arriba y el zorro de abajo. Lima, Losada

Delgado, Washington. (1990) Prólogo a Entre las calandrias. Un ensayo sobre José María Arguedas. Gustavo Gutiérrez. Lima, Centro Bartolomé de las Casas y CEP,

Del Masto, César. (2011) “Golpear como un río la conciencia del lector. JMA y la teología de la liberación”. En Revista Páginas Nº 223. Lima; Centro de Estudios y Publicaciones pp. 38-49

Eco, Umberto y Martini, Carlo María. (2006) ¿En qué creen los que no creen?. México, Taurus . Decimoprimera reimpresión.

Gutiérrez, Gustavo. (1972) Teología de la liberación. Perspectivas. Salamanca: Sígueme

———————-, Romualdo Alejandro y Escobar, Alberto (1977) Arguedas: Cultura e Identidad Nacional . Lima, EDAPROSPO

——————– (1990) Entre las calandrias. Un ensayo sobre José María Arguedas. Lima, Centro Bartolomé de las Casas y CEP,

———————- (1993)  “La concepción religiosa de Vallejo”. En Intensidad y altura de César Vallejo. Autores Varios, Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

———————- (2004) “Entre la experiencia y la esperanza en el Perú”. En:  Cuadernos del Archivo de la Universidad, Nº 35. Lima, PUCP

Guissani, Luigi. (2005) El sentido religioso. Lima: Fondo editorial UCSS-Encuentro.

FOTOGRAFÍA:  Padre Gustavo Gutiérrez  y Coordinador Académico del Departamento de Humanidades  de la UARM, Profesor Ricardo Lenin Falla C.

EN CASO DE USAR LA INFORMACIÓN , SE  RUEGA CITAR LA FUENTE

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