FEDERICO GARCÍA LORCA, derrochador de humanidad, asesinado en Granada

agosto 20, 2012 a las 12:56 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea | 1 comentario

Los retratos coinciden: era alegre, vital, exuberante. Amaba la paz y tenía la costumbre de ser feliz. Era un derrochador de humanidad y fantasía y por ello – ¡cómo no!- cogió lo más profundo del alma popular española dándole alas capaces de trasponer  geografías. Era en esencia  un niño lúcido y sensitivo como su canto que soñaba un mundo de amor y respeto para todos. Tocaba el piano; dibujaba y escribió varias de las obras que luego -hasta nuestros días- serían piezas clásicas del teatro español.  Y era en todo  un gran poeta.  Era Federico García Lorca.

“Soy español integral  y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos, pero execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta, por el hecho que ama a su patria con una venda en los ojos… Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes de todo soy hombre del mundo  y  hermano de todos” habría declarado a El Sol de Madrid, el 10 de junio de 1936. Poco antes, el 8 de abril, auguraba en  El Heraldo de Madrid “El día que el hambre desaparezca va a producirse en el mundo la explosión espiritual  más grande que jamás conoció la humanidad”.

Estas palabras las releyó el 20 de julio –el día anterior Sevilla había caído en manos fascistas- a poco de volver a su Granada.

Al estallar la rebelión franquista, hubiera podido ir a cualquiera de los lugares del mundo donde era ya un artista reconocido y admirado.  La cita fue en Granada. Es allì donde recibe un anónimo lleno de injurias que lo califica de “bicho asqueroso y peligroso” y reproduce sus declaraciones a la prensa madrileña.

El poeta queda consternado; sabía que era querido en su ciudad aunque algunos conservadores disentían de su indiferencia ante los ritos religiosos y no disimulaban  el escándalo que les producía sus opciones personales y su desenfadado atuendo.

No tenía militancia política pero  su definición era clara: estaba al lado de la España auténtica pero dolida y mísera.

Con La Barraca, grupo de teatro universitario que conducía,  recorrió los caminos llevando  a Lope de Rueda, Lope de Vega  y Cervantes. Llevaba las armas de los sueños  y las peligrosas armas de la cultura.

 

Su alegría subversiva, su creación infatigable y exitosa; su andar por el mundo haciendo amigos, difundiendo arte, amando la vida, era insoportable para los grises que llegaron a vivar  la muerte. Por eso  a la carta sucedió una amenazadora visita a su casa.

Ante estos sucesos  ¿qué hacer?  Su cuñado, Manuel Montesinos, alcalde socialista de  Granada, ha sido detenido. Huir era ya imposible, los caminos y las carreteras están ya controlados por los fascistas. Busca entonces refugió en la casa de su amigo Luis Rosales. Asilo que supone seguro en tanto era la casa de un falangista. Rosales, un poeta joven, pese a sus diferencias políticas admira a Federico  y accede a cobijarlo.

Una vez ahí, a los primeros días de temor e incertidumbre le siguen otros de  intensa lectura y trabajo. Ha conquistado la simpatía de doña Luisa, madre de Rosales, y a ella le comenta que se encuentra haciendo retoques a La Casa de Bernarda Alba  y a un conjunto de poemas.

LA COGIDA Y LA MUERTE

El 18 de agosto, tal vez a las cinco de la tarde, un fanático franquista, toca la puerta de los Rosales sorprendiendo a doña Luisa. Federico comprende que todo está perdido. En la calle resuenan las botas y las voces de mando. Son los guardias civiles que luego van subiendo por la escalera y llegan a la terraza donde él se encuentra.

Lo que sucedió después se mantiene en el misterio. Se supone, sin embargo, que la noche del 19 fue llevado con otros prisioneros a Viznar, lamentablemente célebre lugar de ejecuciones sumarias. Antonio Machado, con ojos de poesía, lo ve:

“caminando entre fusiles

Por una calle larga

Salir al campo frío

Aún con estrellas de la madrugada

Mataron a Federico

Cuando la luz asomaba

El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara

Que fue en Granada el crimen

Sabed – pobre Granada- en su Granada”

¡QUE NO QUIERO VERLA!

Ningún crimen se justifica. Ante todos y cada uno de ellos truena la pregunta ¿Qué has hecho de tu hermano?  El asesinato de Federico, uno entre miles, tuvo sin embargo, y tiene, perfiles de símbolo.  Pablo Neruda dijo, en una de las tantas veces que se refirió a ella: “Los fascistas españoles iniciaron la guerra asesinando a su mejor poeta”.

El asesinato remeció la conciencia internacional y llevó al escritor inglés H.G. Wells a indagar, en nombre del Pen Club, en octubre de 1936, por la muerte del poeta. Obtuvo como respuesta la estulticia del gobernador de Granada “Ignoro lugar hállase  Don Federico García Lorca”.

El crimen fue tan escandaloso que incluso la derecha española trató de disimular cuando años más tarde lo imputó a “un puñado de criminales que actuaron sin conocimiento de las autoridades”. Más adelante, diversos textos insospechables de izquierdismo, señalan al poeta como “una de las tantas víctimas inocentes que dejó la guerra”.  El 17 de marzo de 1984, el diario ABC de Madrid, publicó en un bellísimo suplemento (que guardo como una joya) sus Sonetos de Amor, escritos entre 1935-36 “poco antes del vil asesinato que segó su vida”, según se publica en la nota de presentación.

¿QUIEN AMURALLA UNA VOZ?

Federico García Lorca había nacido en Fuentevaqueros, Granada, el 5 de junio de 1898.  A los veinte años publicó Impresiones y Paisajes, y a partir de esa fecha  su creación fue un rayo incesante.

En 1920 estrena El Maleficio de la  mariposa, al año siguiente publica Libro de Poemas y concluye su Cante Jondo. Entre 1922-25, escribe el Romancero Gitano (publicado en el 28) y su obra Mariana Pineda. En 1926, realiza La Zapatera prodigiosa y al año siguiente publica Canciones.

Entre los años 28 y 33, escribe Amor de Don Perlimplin y Melisa en el jardín, Poemas en prosa  y Poeta en Nueva York.  En marzo de 1933 estrena con un éxito rotundo su Bodas de sangre, a   la que seguiría Yerma, estrenada en diciembre de 1934, año en el que también escribe Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.  El estreno de Doña Rosita, la soltera, al igual que la publicación de sus Seis poemas gallegos, fue en 1935.

Al  morir tenía, entre otros títulos,  ya terminados Diván de Tamarif, Tierra y Luna  y  sus Sonetos.  Y como hemos ya señalado, daba los retoques finales a La Casa de Bernarda Alba.

AQUÍ ALGUNOS DE SUS TEXTOS

Yo sé que mi perfil será tranquilo
en el norte de un cielo sin reflejo:
Mercurio de vigilia, casto espejo
donde se quiebre el pulso de mi estilo.

Que si la yedra y el frescor del hilo
fue la norma del cuerpo que yo dejo,
mi perfil en la arena será un viejo
silencio sin rubor de cocodrilo.

Y aunque nunca tendrá sabor de llama
mi lengua de palomas ateridas
sino desierto gusto de retama,

libre signo de normas oprimidas
seré, en el cuello de la yerta rama
y en el sinfín de dalias doloridas.

ODA A WALT WHITMAN

Por el East River y el Bronx
los muchachos cantan enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.

Cuando la luna salga
las poleas rodarán para turbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

¡También ese! ¡También!  Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También!  Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.

Agonía agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
entra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Apios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel!  La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.

 

 DEBUSSY

Mi sombra va silenciosa
por el agua de la acecia.

Por mi sombra están las ranas
privadas de las estrellas.

La sombra manda a mi cuerpo
reflejos de cosas quietas.

Mi sombra va como inmenso
cínife color violeta.

Cien grillos quieren dorar
la luz de la cañavera.

Una luz nace en mi pecho,
reflejado, de la acequia.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

En el blanco infinito,
nieve, nardo y salina,
perdió su fantasía.

El color blanco, anda,
sobre una muda alfombra
de plumas de paloma.

Sin ojos ni ademán,
inmóvil sufre un sueño.
Pero tiembla por dentro.

En el blanco infinito,
¡qué pura y larga herida
dejó su fantasía!

En el blanco infinito.
Nieve. Nardo. Salina.

 

EL PASO DE LA SIGUIRIYA

Entre mariposas negras
va una muchacha morena
junto a una blanca serpiente
de niebla.

Tierra de luz,
cielo de tierra.

Va encadenada al temblor
de un ritmo que nunca llega;
tiene el corazón de plata
y un puñal en la diestra.

¿Adónde vas, siguiriya,
con un ritmo sin cabeza?
¿Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?

Tierra de luz,
cielo de tierra.

Sonia Luz Carrillo

Se ruega citar la fuente

También ver

https://hablasonialuz.wordpress.com/2010/08/15/poeta-de-cien-mil-lunas-gitano-de-profesion-federico-garcia-lorca-homenaje-en-la-voz-de-patxi-andion/

Tags: Federico+García+Lorca , Muerte+de+García+Lorca   , Obras+García+Lorca , Crimen+en+Granada

1 comentario »

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  1. Hola, buen día Sonia Luz

    El fue también titiritero. Tenía un personaje: Cristobitas. Federico dijo, que cuando fuese ya viejecito, iba a ir por los caminos llevando sus Cristobitas para hacer espectáculos a los niños.

    Hay un monólogo de José Cibrian, que teatraliza un diálogo de ficción entre García Lorca y su ajusticiador. Los últimos minutos de este monólogo, fueron leídos durante el debate sobre la ley del matrimonio homosexual en el parlamento argentino.

    Saludos


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