EL ESTILO ENSAYÍSTICO EN EL DISCURSO DE GÉNERO

mayo 18, 2012 a las 11:04 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos | Deja un comentario

 Victoria Ocampo,  escritora argentina, directora de la emblemática Revista Sur

Definido como “Escrito, generalmente breve constituidos por pensamientos del autor sobre un tema, sin el aparato ni la extensión que requiere un tratado completo sobre la misma materia” (RAE), lo que interesa para el presente estudio es  observar el ensayo en su carácter de género híbrido capaz de combinar hechos observados con la exposición desde una  perspectiva personal de la autora u autor; su voluntad de generar, a partir de variados recursos, el diálogo o la provocación a un lector o lectora implícitos no especializados, en este caso, en temas de ‘genero’ , entendido este ‘género’ en tanto discurso acerca de los  atributos socio culturales que caracterizan o definen a  hombres y mujeres.

En torno al género ensayo, se ha señalado su  capacidad de armonizar textos. Al analizar un  conjunto de ensayos de Bárbara Jacobs, Concepción Bados-Ciria (200: 314) dirá  “(por un lado) el ensayo le permite incidir en una encrucijada de géneros que mezclan la crónica, la experimentación con el lenguaje y las memorias; por el otro, este género propicia una reflexión intimista y personalizada emparentada con la ironía más sutil”. 

En cuanto a los temas, la libertad rige la labor del ensayista, sin embargo, una vez determinado el tema el ensayista demarca  con claridad los límites entre el texto imaginativo artístico del texto argumentativo basado en la fidelidad a los datos de la realidad. La expresión cuidada y sugerente se coloca al servicio de la verdad  ya sea en el campo de la ciencia o de las humanidades o las observaciones  prolijas a hechos de la cotidianidad.

Los cambios en la percepción de la mujer y de su ubicación en el mundo social, al par que un nuevo tipo de relación establecido entre hombres y mujeres que ahora se percibe, tienen una larga gestación que ha tenido en la palabra escrita un innegable soporte. Estos cambios sociales y culturales que algunos observan como una de las transformaciones más importantes del siglo XX  se han ido expresando, en  distintos  momentos a través del  ensayo, género que concita un renovado interés por su capacidad de producir intercambio de textualidades.

El ensayo en Hispanoamérica

Según Delia Barreiro Pérez (1996) el ensayo en Hispanoamérica se remonta a la época colonial, pero solo a raíz de la Independencia se perfila como género literario. Para la autora, son dos las corrientes fundamentales del ensayo: la sociológica y la literaria. En lo que respecta al ensayo sociológico, señala que este tiene “su origen en la necesidad de definir el concepto de nacionalidad, en la interpretación del pasado, el mestizaje, el problema del indio, el imperialismo económico, etc. Ilustrando al respecto, Barreiro cita  un conjunto de autores  que representan una “corriente al servicio de las ideas sociales, políticas, económicas y culturales de los pueblos del continente… o a la búsqueda posterior de la propia identidad.”

 “al argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) y al uruguayo José Enrique Rodo (1871-1917). Destaca fundamentalmente el mexicano José Vasconcelos (1881-1959), que escribe sobre filosofía, estética, historia, pero sus aciertos más notables los logra cuando escribe sobre el tema americano. Tal vez el más conocido de sus ensayos sea “La raza cósmica”, donde postula que el futuro de los pueblos estará en manos de una raza arraigada en el trópico americano, … El dominicano Pedro Henríquez Ureña (1884-1946) trata en su obra de comprender las esencias del americanismo. El argentino Ricardo Rojas (1882-1857) sintetiza en sus escritos el alma de su país e intenta definir el concepto de argentinidad. “

Más adelante, menciona a los escritores peruanos  Manuel Gonzales Prada y sus Páginas Libres y a José Carlos Mariátegui (1895-1930). De este último  indica destaca la atención a los aspectos económicos, sociológicos y políticos.

Y continúa la referencia a escritores de Hispanoamérica:

“El novelista argentino Eduardo Mallea es el mejor intérprete del sentir argentino; su novela participa de la temática de sus ensayos. El mexicano Leopoldo Zea analiza los problemas generales de Latinoamérica y los específicos de la realidad de su país. El escritor cubano José Antonio Portuondo se adentra en la especulación sobre la sociología de la cultura y de la literatura. Las venas abiertas de América Latina es un ensayo del escritor uruguayo Eduardo Galeano publicado en 1971. (…) el poeta y ensayista Octavio Paz analiza la idiosincrasia del mexicano en “El laberinto de la soledad”, y  en ” El arco y la lira”, la teoría de la expresión poética. Sus libros “Las peras del olmo” y “Cuadrivio” son colecciones igualmente de ensayos literarios.”

Por su parte, para Skirius (2006: 17)

“Confesarse, persuadir, crear arte, informar: de estos cuatro impulsos básicos del ensayo hispanoamericano del siglo XX, el último – el informativo – ha producido una serie de radiografías acerca de varias cultura nacionales… la metáfora médica implica una objetividad científica, pero a menudo la interpretación presupone más bien valores subjetivos”.

Entre los ensayistas que “intentan una interpretación   total de sus naciones” ubica a José Carlos Mariátegui con los Siete ensayos…  y al mexicano Octavio Paz con El laberinto de la soledad.  Más adelante, establece también un paralelo entre Paz y Sebastián Salazar Bondy  con su ensayo Lima, la horrible.

“En su ensayo neobarroco Lima la horrible Sebastián Salazar Bondy ha tratado de hacer, con la ciudad capital del Perú, llena de tradición colonial española, lo que Paz hizo con México en su conjunto El laberinto de la soledad. Salazar Bondy añade también la tesis de Mariátegui, acerca del carácter opresivo de la clase dirigente colonial; recrea así un tono de J’accuse, reminiscente de las diatribas de González Prada” (Skirius  2006: 18-19)

El ensayo en América hispana del siglo XX tiene en el escritor argentino  Ernesto Sábato uno de sus más notables cultores: Heterodoxia  (1953), Apologías y Rechazos (1979); La resistencia (2000), Antes del fin, su obra de  1998, o España en los diarios de mi vejez de 2005.

En el caso de las mujeres, la escritora argentina directora de la emblemática revista Sur,  Victoria Ocampo,  realiza en su obra La mujer y su expresión (1936) una de las reflexiones más agudas acerca de la marginación de las mujeres en el contexto patriarcal y sobre su dificultosa relación con la cultura moderna, las dificultades que supone configurar una expresión propia desde las mujeres. (Citada por Alicia Salomone 2006: 69). El género ensayístico se encuentra además en Lawrence de Arabia y otros ensayos (1951), Virginia Woolf en su diario (1954), Habla el algarrobo (Luz y sonido) (1959) y Tagore en las barrancas de San Isidro (1961), entre otras obras.

 Ensayo en la escritura de mujeres y reivindicaciones  de ‘género’.  Las pioneras

La consulta a estudios y antologías  que tratan del ensayo producido durante el siglo XX y aún de lo que va del presente siglo, rápidamente lleva a la constatación de la escasa o casi  inexistente presencia de nombres de mujeres. En el texto de Skirius El ensayo hispanoamericano del siglo XX – publicado en 1981 y con seis reimpresiones hasta el 2006 –  se consigna la obra de 33 autores hombres y cuatro mujeres. Ha ocurrido que los criterios canónicos han cumplido y aun en nuestros días cumplen una rutina de omisión persistente a pesar de un alto volumen de producción de textos ensayísticos fruto de la labor de las escritoras. Sin embargo, esta situación empieza a cuestionarse al relativizarse los criterios para el establecimiento de los cánones. Al respecto es interesante lo señalado por Mary Louise Pratt:

“La naturalización del canon se ha impugnado en trabajos empíricos de historiadores literarios que sostienen dos argumentos particularmente poderosos. Demuestran, en primer lugar, que los cánones son criterios inestables y cambiantes a través del tiempo, por más que puedan parecer eternos en un momento histórico dado. La obra maestra de hoy, ayer fue despreciada y probablemente lo volverá a ser mañana. En segundo lugar, al explorar las determinaciones sociales que pesan sobre los cánones y los procesos de canonización literaria, los investigadores encuentran líneas de determinación entre los cánones literarios y las jerarquías sociales”,(Esta última tesis se acepta aún desde un punto de vista tradicionalista. Algunos académicos conservadores reconocen que los cánones se construyen en torno a intereses e ideologías dominantes, de clase, género y raza, que ellos suscriben)

Por su parte, los académicos dedicados a relativizar el canon suelen distinguir dos dimensiones en su quehacer crítico: analizan los cánones, primero, como estructuras de exclusión y, segundo, cómo estructuras de valor. El primer paso de esta indagación crítica, y el más sencillo, consiste en identificar obras que satisfacen los criterios de inclusión en el canon, pero que están excluidas por razones extraliterarias.” (Pratt 2000)

Quien revise los trabajos sobre el ensayo, género reflexivo, puede inclinarse a la consideración de que esta área de la producción textual no ha sido abordada por las mujeres ya sea por innata incapacidad o por las razones de índole socio-cultural que la han afectado negativamente. Sucede además que, como señala Pratt, existen obras de mujeres que habiendo sido  leídas con profusión en determinado momento, luego son omitidas en las antologías, como son los casos de la argentina Juana María Gorrtti, Clorinda Mattos, Mercedes Cabello en el Perú y  Gabriela Mistral la poeta chilena reconocida con el Premio Nobel por su trabajo poético.

La autora señala las restricciones sociales que pesan sobre los procesos culturales, entre ellos el “poder de canonizar” corno el acceso a la alfabetización, a la escritura institucionalizada y a los circuitos de la cultura impresa;  poder que “está en manos de las instituciones académicas, que son de las más excluyentes que existen.” Sin embargo, recuerda que en el contexto de los cambios experimentados por la cultura occidental a partir de  fines de los años 60’ y  el desarrollo del feminismo y los movimientos estudiantiles, las estructuras canónicas han venido sintiendo el impacto de las batallas democratizadoras y nuevas perspectivas críticas.  

La revisión que Pratt  realiza  de las antologías que “canonizan” a los autores de ensayo, es de gran importancia y amerita citarla en extenso:

“Las antologías, esos grandes espejos del canon, son, en el caso del ensayo latinoamericano, verdaderos monumentos a la intelectualidad masculina, regidos por una docena de nombres ampliamente conocidos y muy valiosos: Bello, Echeverría, Sarmiento, Montalvo, González Prada, Hostos, Martí, Rodó, Henríquez Ureña, Vasconcelos, Mariátegui, Martínez Estrada, Arciniegas, Reyes, Picón-Salas, Zea, Paz, Anderson, Imbert. Una breve revisión de las antologías de ensayo latinoamericano disponibles en la biblioteca de la Universidad de Stanford (Skirius, 1981; Earle et. al, 1973; Vitier, 1945; Rey; 1985; Ripoll, 1966; Urello, 1966; Guillén, 1971; Foster, 1983) reveló muy pocas excepciones al monopolio masculino. Sólo Gabriela Mistral aparece entre los veintiséis autores recogidos en una antología de ensayos del siglo XX (Skirius, 1981) mientras que la puertorriqueña Concha Meléndez es autora del fragmento más corto de una antología de ensayistas contemporáneos (Guillén, 1971). Una historia general del ensayo latinoamericano (Earle et al.) menciona brevemente a Meléndez, a su compatriota Margot Arce y a la argentina Victoria Ocampo.” 

Más adelante, se detiene en el caso del crítico  estadounidense David W. Foster quien “plantea el tema de la ensayística de las mujeres en un breve capítulo final dedicado a los Testimonios de Victoria Ocampo, cuya principal característica -en opinión del crítico- es la evidente insignificancia de los temas abordados.”  Y con justicia destaca “Llama la atención que el crítico eligiera analizar los Testimonios, que son escritos autobiográficos, cuando Ocampo es autora de muchas páginas que, sin lugar a duda, son ensayos.”

¿Por qué estos textos no se han abordado en estudios críticos, ni en programas de cursos o en las antologías del ensayo latinoamericano?

En uno de esos ensayos, escrito en tres partes y titulado La mujer y su expresión, 1936, Ocampo ofrece un posible diagnóstico de las causas de su propia exclusión:” Creo-escribe la argentina-que desde hace siglos toda conversación entre el hombre y la mujer, apenas entran en cierto terreno, empieza por un ‘no me interrumpas’ de parte del hombre. Hasta ahora el monólogo parece haber sido la manera predilecta de expresión adoptada por él.” (Pratt 2000)

A contrapelo de lo observado por Ocampo en 1936, Pratt advierte importantes antecedentes a fin de establecer “un corpus amplio, continuo y muy poco estudiado”:

“…es evidente que las mujeres intelectuales no sucumbieron a las resonancias del “No me interrumpas” de que Ocampo hablaba. … Las intelectuales criollas crearon un corpus textual que llamaremos el “ensayo de género”, una tradición de escritura que se desarrolló de manera paralela al ensayo de identidad. Es una literatura contestataria que se propone “interrumpir el monólogo masculino” -por decirlo en palabras de Victoria Ocampo- o al menos confrontar la pretensión masculina de monopolizar la cultura, la historia y la autoridad intelectual. Como sucede con el ensayo de identidad, el corpus completo del ensayo de género comprende cientos de libros y miles de páginas. A manera de ejemplo, podemos mencionar algunas obras de las escritoras más conocidas (ver Marting, 1987, 1990): “La mujer” (1860), de Gertrudis Gómez de Avellaneda, “Emancipación moral de la mujer” (1858), de Juana Manso, “Influencia de la mujer en la sociedad moderna” (1874), de Mercedes Cabello de Carbonera, “Las obreras del pensamiento en América Latina” (1895), de Clorinda Matto de Turner, La mujer en la sociedad moderna (1895), de Soledad Acosta de Samper, El feminismo y la evolución social (1911) y Socialismo y la mujer (1946) de Alicia Moreau de Justo, ¿A dónde va la mujer? (1934) de Amanda Labarca Hubertson, Influencia de la mujer en la formación del alma americana, (1930/ 1961) de Teresa de la Parra, La mujer y su expresión (1936) de Victoria Ocampo, Hacia la mujer nueva (1933) de Magda Portal, Sobre cultura femenina (1950) y Mujer que sabe latín (1973) de Rosario Castellanos. De ninguna manera propongo establecer un nuevo canon a partir de estas obras, tan sólo presento un corpus amplio, continuo y muy poco estudiado.”

Finalmente, concluye abogando por que el debate en torno al  género en tanto discurso acerca de los  atributos socio culturales que caractirizan o definen a  hombres y mujeres, “en el que participaron hombres y mujeres de las más diversas posiciones ideológicas” ingrese a la  historia intelectual de América Latina con el mismo peso del debate sobre la identidad y que se reconozca su “importancia capital dentro del proceso de autocreación y autoconocimiento de las sociedades latinoamericanas.”

El ensayo en el Perú ha seguido con frecuencia una línea temática  que puede denominarse peruanista  y otra  orientada a muy diversos temas culturales, sociales y artísticos.  El estilo ensayístico ha tenido y tiene en su gran flexibilidad y variedad, capacidad para exponerse a través de diferentes vías y por ello los textos producidos  han encontrado su vía de divulgación en libros, revistas de variada naturaleza y, además, con frecuencia el periodismo escrito.

La presencia de las mujeres ensayistas, de larga data y notables frutos no  recibió hasta hace algunos años suficiente atención en medios canónicos, sin embargo, la  situación  ha empezado a cambiar  al revisarse los criterios de selección y valoración de las obras y por la labor, fundamentalmente, de las mismas escritoras mujeres.   Próximamente abordaré  el tema  en la obra de dos ensayistas peruanas.  El tema lo he venido desarrollando en una investigación realizada para el Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

 Fuentes

 Aullón, Pedro. “El género ensayo, los géneros ensayísticos y el sistema de géneros”  En: El ensayo como género literario. Murcia, Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2005 p. 14-15

Barreiro Pérez,  Delia. (1996)  “El ensayo en Latinoamérica”  En: Letralia Tierra de Letras – Edición Nº 7, del 19 de agosto de, ISSN: 1856-7983. Disponible:  http://www.letralia.com/07/cr01-007.htm#arriba (10.09.11)

Cervera Salinas, Vicente, Hernández, Belén y Adhuar María Dolores. (2005) El ensayo como género literario. Murcia, Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones.

Hernández González, Belén. “Prefacio” a El ensayo como género literario. Murcia, Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2005 p. 7

Pratt, Mary Louise, (2000) “No me interrumpas”: las mujeres y el ensayo latinoamericano”, Debate Feminista (México D.F) Año 11, Vol. 21 (abril)

 Real Academia Española. (1992). Diccionario de la lengua española (21era. ed.). Madrid, Espasa Calpe

Salomone, Alicia. (2006) “Virginia Woolf en los testimonios de Victoria Ocampo: tensiones entre feminismo y colonialismo”. En: Revista Chilena de Literatura, Nº 69 Santiago, Universidad de Chile, pp  69-87 http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-22952006000200004&script=sci_arttext   (12.09.11)

Skirius, John. Compilador. (2006) El ensayo hispanoamericano del siglo XX. México, Fondo de Cultura Económica.

Zavaleta, Carlos Eduardo. (1977) “El ensayo en el Perú”, 1950-1975. Separata Reunión de Málaga, Servicio de Publicaciones Diputación Provincial de Málaga, pp 67 -74

Tags: Ensayo , Estilo ensayístico , Ensayo en Hispanoamérica , Ensayo y discurso de género , mujeres ensayistas Escritoras en Hispanoamérica , Ensayo en América

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