AMOR POR LAS LETRAS Y SED DE SABER. JUANA INÉS DE LA CRUZ VISTA DESDE AQUÍ Y AHORA

junio 11, 2010 en 3:06 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, JARDIN DE DELICIAS | 4 comentarios

¿EN PERSEGUIRME, MUNDO, QUÉ INTERESAS?

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento

poner bellezas en mi entendimiento

y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas,

y así, siempre me causa más contento

poner riquezas en mi entendimiento

que no mi entendimiento en las riquezas.

Y no estimo hermosura que vencida

es despojo civil de las edades

ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor en mis verdades

consumir vanidades de la vida

que consumir la vida en vanidades.

DETÉNTE, SOMBRA DE MI BIEN ESQUIVO,

imagen del hechizo que más quiero,

bella ilusión por quien alegre muero,

dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo

sirve mi pecho de obediente acero,

¿para qué me enamoras lisonjero,

si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho

de que triunfa de mí tu tiranía;

que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,

poco importa burlar brazos y pecho

si te labra prisión mi fantasía.

ÉSTE QUE VES, ENGAÑO COLORIDO,

que, del arte ostentando los primores,

con falsos silogismos de colores

es cauteloso engaño del sentido;

éste en quien la lisonja ha pretendido

excusar de los años los horrores

y venciendo del tiempo los rigores

triunfar de la vejez y del olvido:

es un vano artificio del cuidado;

es una flor al viento delicada;

es un resguardo inútil para el hado;

es una necia diligencia errada;

es un afán caduco, y, bien mirado,

es cadáver, es polvo, es sombra, es nada

JUANA INÉS, DESDE AQUÍ Y AHORA

Había aprendido a leer a los tres años; a los ocho ya escribía sus primeros poemas: y cerca de los quince, entregada por oscuras razones a la protección del virrey Sebastián de Toledo y de su esposa Leonor, provocaba admiración en la corte de Nueva España por su vastísimo saber y su habilidad versificadora. De gran belleza e inteligencia, tenía sin embargo dos obstáculos a superar para llevar la vida intelectual que deseaba: era mujer y  pobre. Mujer en el México virreinal del siglo XVII. Es una de las grandes figuras intelectuales de Hispanoamérica, su nombre Juana Inés de Asbaje y Ramírez; para la historia, Sor Juana Inés de la Cruz.

Nació en San Miguel de Neplanta, México, en 1651 y muy pequeña fue entregada por su madre a unos familiares que en cuanto pudieron también se desembarazaron de su custodia. Acogida en la corte, rápidamente fue notoria su calidad de niña excepcional. Es célebre la ocasión, narrada por su primer biógrafo, el jesuita Diego Calleja, quien cinco años después de la muerte de la joven refiere lo que escuchó “dos veces” de labios del virrey, marqués de Mancera:

 “que admirados todos de su gran sabiduría un día se organizó en palacio una reunión “con cuantos hombres de letras en la Universidad  la ciudad de México”… “Teólogos, escritutarios, filósofos, matemáticos, historiadores, poetas, humanistas…concurrieron pues el día señalado a certamen de tan curiosa admiración; y atestigua el señor marqués que no cabe en humano juicio creer lo que vio, pues dice que a la manera de un galeón real – traslado las palabras de su Excelencia – se defendería de pocas chalupas que le embistieran, así se desembarazaba Juana Inés de las preguntas, argumentos y réplicas que tantos, cada uno en su clase, la propusieron.“ (Calleja 1700, citado por Octavio Paz, 1982)

Al abrigo de los virreyes, lleva una vida  en la que tenemos que imaginar el asombro que sus talentos y belleza provocan. Pero Juana sabe lo que su siglo le tiene deparado a una mujer sin abolengo ni patrimonio una vez que la protección de la corte cesara. Le horroriza un matrimonio que asegure su mantenimiento pero corte las alas a su ansia de conocimiento y creación y por eso, sin entusiasmo,  opta por la vida en un convento. Prueba en el convento de las Carmelitas descalzas y se arrepiente. Pero al poco tiempo, en 1667,  ingresa definitivamente a la orden de San Jerónimo. En la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, de la que hablaré más adelante, la misma Juana explica:

“Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros.”

La vida en algunos conventos virreinales no era precisamente retirada. Desde su celda Juana Inés no solo realiza la mayor parte de su vasta obra sino que recibe visitas y mantiene largas charlas con poetas e intelectuales y se mantiene informada de la actividad literaria europea, algunos citan su amistad con Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente del poeta culterano. Pero la amistad más significativa sin duda será con los nuevos virreyes, Tomás Antonio de la Cerda y su esposa, María Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, mujer refinada con quien le unió una profunda amistad que se tradujo en  no pocas composiciones laudatorias.

En su celda, su ‘habitación propia’ (Virginia Wolf)  llegó a tener una biblioteca personal de aproximadamente 4.000 volúmenes, considerada la biblioteca más rica de su tiempo, además de instrumentos musicales, de medición y  experimentación y diversos mapas. Allí creo una obra que abarca la poesía, el teatro, ensayos filosóficos, estudios musicales y realiza experimentos científicos y astronómicos.

La sed de conocimiento se había manifestado muy temprano. Como ella misma relata:

“… no había cumplido los tres años de mi edad cuando enviando mi madre a una hermana mía, mayor que yo, a que se enseñase a leer en una de las que llaman Amigas, me llevó a mí tras ella el cariño y la travesura; y viendo que la daban lección, me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, a mi parecer, a la maestra, la dije que mi madre ordenaba me diese lección. Ella no lo creyó, porque no era creíble; pero, por complacer al donaire, me la dio. Proseguí yo en ir y ella prosiguió en enseñarme, ya no de burlas, porque la desengañó la experiencia; y supe leer en tan breve tiempo, que ya sabía cuando lo supo mi madre, a quien la maestra lo ocultó por darle el gusto por entero y recibir el galardón por junto; y yo la callé, creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden. Aún vive la que me enseñó (Dios la guarde), y puede testificarlo.”

 Una nítida vocación por el saber, de la que sigue dando cuenta:

“Teniendo como seis o siete años, ya sabiendo leer y escribir, con todas las otras habilidades y labores que desprenden las mujeres, oí decir que había universidad y escuelas en las que se estudiaban las ciencias en México (…) empecé a matar a mi madre con instantes e importunos ruegos que mudándome el traje (estaba prohibido el ingreso de mujeres a los centros superiores de estudio. SLC) me enviase a estudiar y cursar la universidad; ella no lo quiso hacer e hizo muy bien pero yo despiqué el deseo de leer muchos libros varios que tenía mi abuelo sin que bastasen castigos ni reprensiones a estorbarlo”

 Entrada en la adolescencia se exige e impone su propia disciplina:

“…era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres – y más en tan florida juventud- es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes, e imponiéndome ley de si cuando volviese a crecer hasta allí no había tal o cual cosa… me lo volvería a cortar en pena de rudeza… que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos, cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apreciable adorno”

¿En perseguirme, mundo, qué interesas?

No es difícil imaginar que esta mujer inteligente y sensitiva tuvo enormes dificultades para defender su vocación por la sabiduría “sin más maestros que los propios libros”, el entorno inmediato queda estrecho  y mantiene correspondencia con pensadores europeos mientras debe enfrentar los embates de la envidia y también crecientes presiones de parte de los clérigos que juzgan extremadamente mundana su insaciable sed de conocimiento. Al retirarse los virreyes de Antonio de la Cerda Y María Luisa de Lara de la Ciudad de México, Juana Inés queda desprotegida sin embargo se las ingenia para sobrevivir y continuar su tarea.

Juana Inés y el poder político

Al abordar la poesía cortesana de Juana Inés de la Cruz, quien sigue produciendo textos en honor a los dos siguientes virreyes y sus esposas, Octavio Paz (1982) nos brinda una precisa interpretación y la califica de un “ritual político”:

“…Sor Juana se apoyaba en el favor del palacio para afirmar su posición en el convento y conservar su independencia frente a las otras monjas. Gracias al prestigio y a la influencia que le otorgaron sus poemas cortesanos, pudo defenderse de las envidias, mezquindades e intrigas de la vida conventual.(…) Los poemas cortesanos de sor Juana… fueron el precio que tvo que pagar para que la dejaran tranquila y poder escribir aquello que su fantasía, su inspiración o su capricho le dictaban. Durante veinte años, en un equilibrio ganado cada día, siempre inestable y a punto de quebrarse, pudo leer y escribir con relativa calma. No escribió todo lo que pensó y quiso: los ‘cuidados pequeños’ de que habla Darío devoraron lo mejor de sus horas. Aun así, su obra es considerable y no es fácil que, fuera del convento, la hubiera podido realizar”.  

Mujer que sabe latín… y se entromete en ‘asuntos de hombres’

Repaso la vida de Juana Inés y de tantas otras creadoras y pese a todo lo que aún falta caminar a la humanidad, no dejo de asombrarme de lo alcanzado a punta de esfuerzo y luchas. Decía una vieja y abominable sentencia “Mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”. No fue fácil la vida para esta mujer enfrentada a un orden misógino. “Sin familia y sin posición – como recuerda Paz- perdida en el mundo; perdida en la confusión de la comunidad monjil. Nunca estuvo en su verdadero sitio…siempre fue una intrusa y una extraña, lo mismo en la corte que en el convento”.

A partir de 1688, Juana, ausentes los virreyes que la protegían, empezó sufrir terribles ataques de sus opositores. Para 1689, la condesa María Luisa publica en Madrid Inundación Castálida, libro que reúne por primera vez, buena parte de la obra poética de la monja insumisa. Por esos mismos días, en México se publica sin su permiso, una carta en la que Juana Inés realiza una crítica a un afamado teólogo de la época, el jesuita Antonio de Vieyra, la Carta Atenagórica. El texto era seguido de una carta en la que una supuesta Sor Filotea de la Cruz amonesta a Juana Inés por su preocupación en “en temas mundanos” y su ignorancia en temas bíblicos, y le recomendaba que se dedicara a las tareas propias de su condición de monja y mujer olvidándose de la reflexión teológica reservada a los varones. El autor escondido en el seudónimo era el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz a quien Juana Inés consideraba hasta entonces un amigo.

La reacción de Juana Inés es la famosa Respuesta a Sor Filotea, de la que he venido transcribiendo breves pasajes y que hasta la fecha se considera como el primer alegato directo y lúcido por los derechos intelectuales de la mujer. Sin embargo, las amenazas y presiones lejos de cesar se incrementaron, especialmente de parte del arzobispo Aguiar y Sejías, quien le exigía que renunciara al estudio y la escritura. En un primer momento, Juan no cede y desafiante escribe los Villancicos a Santa Catharina de Alejandría. No me resisto a la tentación de copiar un atrevido fragmento:

“Contra una tierna Rosa /  mil cierzos conjuran: /  ¡oh qué envidiada vive / con ser breve la edad de la hermosura! / Porque es bella la envidian, / porque es docta la emulan: /     ¡oh qué antiguo en el mundo /  es regular los méritos por culpas! //   De girantes cuchillas /       en el filo, aseguran / a un aliento mil soplos, / a un solo corazón inmensas puntas. //     Contra una sola vida /tantas muertes procuran; / que es el rencor cobarde, / y no se aseguraba bien con una. //  Mas no ve la ignorante, / ciega, malvada astucia, /que el suplicio en que pena, / sabe hacer Dios el carro donde triunfa. // Cortesana en sus filos /la máquina rotunda, / sólo es su movimiento / mejorar Catarina de fortuna. // No extraña, no, la Rosa /  las penetrantes púas, /que no es nuevo que sean / pungente guarda de su pompa augusta.”

“Yo. la peor de todas”

En 1692, Juana recibe un reconocimiento en un concurso universitario, pero la hostilidad es ya insostenible. Aunque a fines de aquel año logra ver publicado un segundo tomo de sus Obras, sus defensas han sido dinamitadas. Al año siguiente, cede a las presiones de su asesor espiritual, Núñez de Miranda; es obligada a renunciar a su biblioteca y los instrumentos de experimentación que atesoraba en su celda, se somete a una “Confesión general”, la misma que hace célebre la frase Yo, la peor de todas,  y abandona la literatura. Dos años después, en 1695, murió. Tenía 41 años.

 Enlace: Respuesta a Sor Filotea de la Cruz

Referencias

Octavio Paz. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. (1era. edición, 1982), Decimosexta reimpresión, México, Fondo de Cultura Económica, 2008

Imágenes:

1. Detalle de Retrato de Sor Juana. Oleo anónimo. Museo de Arte de Filadelfia. Colección de Robert Lambort.

2. Juana de Asbaje a los quince años. Retrato hecho después del debate con los sabios. En: http://www.uwosh.edu/faculty_staff/cortes/My%20Webs/320/SorJuana.html

3. Retrato de Sor Juana por Miguel Cabrera. Siglo XVII
Tags: Juana+Inés+de+la+Cruz+hoy , Juana+de+Asbaje+hoy , Mujer+y+Conocimiento , Mujer+y+Sabiduría ,  Amor+por+las+letras
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4 comentarios »

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  1. Buen día doña Sonia Luz

    La semana pasada, terminé de leer un libro sobre el Mexico de los años 60. El texto, hacía una ligera mención a Sor Juana Inés de la Cruz. Hoy con su post, usted me ha hecho gozar de la personalidad y erudicción de Sor Juana.

    Al leer el poema: “¿En que te ofendo, cuando solo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas”, se me llenó el ánimo de tal entusiasmo, como el efecto que se siente al gritar con euforia un gol, y estoy seguro, que con mi comparación, desmerezco un tanto la belleza del poema de Sor Juana.

    Gracias Sonia Luz, por la belleza de compartir lo que usted sabe.

    Saludos
    Carlos el baterillero

    • Carlos, gracias. Su emoción no desmerece para nada el poema de Juana Inés, por el contrario, hace ver su vigencia y poder. De otro lado, a mí me gratifica saber, por su comentario, que vale la pena el tiempo dedicado a compartir estas bellezas sin tiempo,

  2. Juana es toda una revelación, siempre y cada vez. Gracias!

    • Gracias a ti por la lectura y comentario.


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