ALBERT EINSTEIN, LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO Y LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS EN SU 459 ANIVERSARIO

mayo 13, 2010 a las 2:56 am | Publicado en Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Documentos | 1 comentario

La sesión solemne celebrando el 459 aniversario de la universidad decana de América se realizó ayer en el Salón Capitular del Convento de Santo Domingo, presidida por el Rector sanmarquino, doctor Luis Izquierdo, acompañado por los vicerrectores Académico y de Investigación, doctores Víctor Peña y Aurora Marrou; el Profesor Emérito y ex Rector, doctor Wilson Reátegui; el Prior de la Iglesia de Santo Domingo, Reverendo Padre César Medina; y el secretario general, doctor José Niño Montero.

Entre los invitados especiales estuvieron el Obispo Auxiliar de Lima, monseñor Raúl Chau Quispe;   la ministra de Educación de Chile, Mónica Jiménez de la Jara; la docente de la Universidad Nacional de San Juan (Argentina), Dolly Arancibia de Calmels  y el capellán de la UNMSM, Rev.  Jorge Gómez.  El Presidente de la República fue representado por el Jefe de la Casa Militar,  Gral. de Brigada, Juan Carlos Urcariegui , quien estuvo acompañado del coronel FAP Daniel Zevallos, representante del general del Ejército Javier Contreras, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. También asistieron los doctores y profesores Pedro Mascaro Sánchez, director del Instituto Nacional Materno Perinatal; y Roberto Shimabuku Azato, director del Instituto Nacional de Salud del Niño, entre otros destacados docentes y funcionarios  sanmarquinos que, junto a alumnos y ex alumnos, colmaron el histórico reciento donde tuvo lugar la fundación de la universidad, hace más de cuatro siglos y medio.

Encargado del Discurso de Orden fue el Magíster Ricardo Falla Barreda, profesor investigador de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, quien recordó, entre otros  aspectos,  los conceptos de Albert Einstein, al recibir de esta casa de estudios el doctorado Honoris Causa.

Transcribo aquí el texto del discurso:

“Un día como hoy de 1951, con ocasión de conmemorarse el Cuarto Centenario de la creación de nuestra Universidad, entre las personalidades que fueron distinguidas con el Doctorado Honoris Causa, se encontraba el genial Albert Einstein. No pudo asistir a tan magna circunstancia, sin embargo, remitió al Claustro de San Marcos el siguiente mensaje:

“Constituye un gran placer para mí el dar a mis colegas de la Universidad de San Marcos las sentidas gracias por la distinción que me ha otorgado. Vuestra acción muestra que la más antigua institución americana de alta enseñanza ha preservado el carácter supra – nacional de la Universidad. Ahora más que nunca tenemos razones  para apreciar este espíritu. La institución de la universidad se basa en el ideal de universalidad del dominio de la investigación, esforzándose por obtener verdades libres de propósitos, intenciones o prejuicios extraños; esforzándose por lograr universalidad de espíritu sin restricciones por motivos nacionales o políticos, de otra clase. En resumen, lo que interesa es esforzarse por la universalidad de la mente y el espíritu. No es un secreto que hemos obtenido mucho más éxito en el desarrollo de la mente que en el desarrollo de la personalidad. Al parecer, incluso la búsqueda del conocimiento es amenazada por la falta de personas de espíritu verdaderamente universal. Si las universidades se mantienen fieles a su misión fundamental pueden contribuir significativamente a la solución de las crisis que nos amenazan hoy”.

En el mensaje que Einstein nos dejó, se pueden advertir don grandes conceptos, entre otros: la humanidad es una sola, por tanto, la solución a los problemas que la aquejan tienen que ser vistos desde una sola visión: la humana, más allá de etnias, más allá de naciones. El otro concepto, se encuentra referido a la personalidad, es decir, a la noción dignidad humana. En estos niveles de reflexión, se advierte, también, el papel que juega la Universidad en un presente abierto y en un futuro abierto. Además, se plantean cuestiones de cómo entender la ciencia y la tecnología, mas los inconvenientes que plantea cuando los nuevos descubrimientos pierden el sentido humano y se transforman en instrumentos de alienación y manipulación. Y, es aquí donde el mensaje de Einstein a San Marcos tiene una extraordinaria actualidad. Veamos.

Desde mediados del siglo XIX hasta el presente, la humanidad viene asistiendo a dos grandes acontecimientos: la revolución industrial y la revolución tecno científica. Estas maravillosas empresas, mal utilizadas, han traído como consecuencia la destrucción del medio ambiente y la cosificación  del ser humano. Se ha impuesto la siniestra lógica del tener más antes que el ser más. Y esta lógica malsana, deplorable, es la que ha originado que la tierra sea la tumba de millones de millones de seres humanos víctimas de la guerra y el hambre, la extinción de cientos de miles de especies de animales y plantas, desertificación, deglaciación, deforestación, contaminación de ríos y océanos, afectación de la capa atmosférica, cambio en los patrones climáticos. Además, se viene instalando en la mente de millones de personas una forma de pensar cínica, inescrupulosa, donde el cultivo ético se presenta como una palabra vacía y el fomento del individualismo, por su exacerbación, destruye las formas solidarias de existencia; y, como si esto fuera poco, los patrones estéticos se corrompen por el nihilismo. El Papa Benedicto XVI, en  discurso pronunciado en la ONU en abril del 2008, luego de ponderar el aporte del dominico Francisco de Vitoria (Derecho Natural y de Gentes, Salamanca, 1507) en las líneas maestras del derecho internacional y la contribución del Estado Vaticano, expresión de la Iglesia Católica, en los fundamentos doctrinarios y redacción final de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, subrayó sobre la situación mundial, que, quizá, hoy estamos viviendo la peor crisis de la especie humana en toda la historia.  Se trata, pues, de la destrucción del medio ambiente, la decadencia de la razón y la des configuración del ser moral.

En un contexto como el descrito, la humanidad viene trabajando en la última década un concepto de enorme importancia y trascendencia: la sociedad del conocimiento. ¿Qué es la sociedad del conocimiento? se preguntan con frecuencia diversos actores del acontecer social. En respuesta, diremos, que la sociedad del conocimiento no es otra cosa que la creación de unidades del sentido, estructuras, que permitan que la especie humana y todos los seres vivos, encuentren formas de vivencia y convivencia armónica gracias a la correcta utilización de los recursos naturales, acertado empleo de los conocimientos científicos y tecnológicos, mejoramiento de la calidad humana en mérito a una acertada lectura de los fundamentos éticos y estéticos que definen la personalidad del ser humano.

En mérito a ello, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO-, en los últimos años, propone  los perfiles de la sociedad del conocimiento, teniendo como principal instrumento, para su materialización, los sistemas educativos de cada país. Así, se define que la sociedad del conocimiento descansa sobre cuatro grandes soportes: 1) Saber pensar (recto juicio, filosofía); 2) Saber hacer (ciencia y tecnología); 3) Saber ver y escuchar (acto de comunicación en relación al otro; y acto de comunicación estética); 4) Saber actuar (ética).

La experiencia humana, de las últimas décadas, demuestra que la ausencia del recto juicio, razonamiento filosófico, en la toma de decisiones políticas, económicas y sociales, ha traído como consecuencia la destrucción del medio ambiente. La ausencia de sentido ético en la  utilización de los grandes aportes de la ciencia y la tecnología, ha permitido la aplicación de la energía nuclear con fines bélicos, o la manipulación genética con intenciones inconfesables, o la fabricación de químicos que han envenenado suelos, ríos y mares; y en otros casos, viene fomentando la corrupción en la gestión administrativa de los Estados, el narcotráfico; además de impulsar el individualismo disolvente de la solidaridad o la promoción de lo cínico como norma de conducta.

En esta línea, el abandono deliberado a contemplar estéticamente la realidad exterior e interior, viene deshumanizando al ser humano. Las estructuras mediáticas desde hace un buen tiempo han dejado de lado el discurso humano de su razón de ser, para predicar una suerte de culto por la morbosidad, la superficialidad en los propósitos, el consumismo como un fin en sí mismo, sin meditar los graves resultados de frustración y soledad que engendran. El nihilismo, pues, parece imponerse. No existe ningún método de humanización del ser humano que remplace al arte en la contemplación bella de la vida y las relaciones que tienen lugar por ello.

La propuesta de generar la sociedad del conocimiento, ha tenido una respuesta adecuada en el mundo académico. El filósofo Edgar Morín – doctor Honoris Causa de San Marcos – en su luminosa reflexión Los siete saberes, nos recuerda que el fin de la educación consiste en humanizar las relaciones sociales de los sujetos. Y para este propósito, las acciones educativas en todos los niveles, tienen que tener como línea transversal o directa, según los casos, los cuatro grandes soportes de la sociedad del conocimiento. Jürgen Habermas, notable filósofo alemán, en su Teoría de la acción comunicativa, nos invita a generar una cultura de comunicación objetiva e intersubjetiva que permita que los distintos sujetos sociales encuentren racionalidades semejantes que hagan posible el diálogo entre lo diferente, única forma de salvar a la especie humana. Y, para este propósito, se detiene en exhortar sobre la imperiosa necesidad de crear un sistema educativo afincado en los soportes de la sociedad del conocimiento. Hoy, en muchas universidades del mundo se vienen implementando estructuras curriculares donde los soportes de la sociedad del conocimiento penetran todas las áreas del saber científico y tecnológico. El médico, el científico nuclear, el economista, el ingeniero en tal o cual especialidad, es formado en los soportes de la sociedad del conocimiento.

Como se puede apreciar, se trata de un proyecto humano de gran envergadura que, como nos precisara Einstein en el mensaje a San Marcos, busca investir al ser humano de personalidad, es decir, de dignidad. No olvidemos que el ser humano se humaniza todos los días gracias a la cultura, al cultivo de valores excelsos.

Lamentablemente en el Perú, personas inadecuadas para exponer los principios de la sociedad del conocimiento, por impericia en el tratamiento de un tema complejo en su formulación y dificultoso en su aplicación por los supuestos teóricos que plantea, vinculan ciencia y tecnología con actividad económica privada. Esta visión, revela toda una desviación de los objetivos de la sociedad del conocimiento. Y aquí viene la pregunta ¿está preparado el Perú, con su estructura educativa decadente, en camino a tomar medidas y generar las unidades de sentido de la sociedad del conocimiento? ¿La Universidad de San Marcos  está capacitada para producir una configuración curricular acorde a los soportes de la sociedad del conocimiento? Lamentablemente, al referirnos a la situación de la educación básica del Perú, tenemos que decir que aún estamos lejos intelectualmente para afrontar los desafíos inherentes a la generación de estructuras que nos permitan dirigirnos a la sociedad del conocimiento. Sin embargo, vista la perspectiva que se le presenta a nuestra Universidad, tenemos que decir, en forma enfática, que tenemos los recursos institucionales para generar todo un discurso y praxis en relación a la sociedad del conocimiento.

La fundación de nuestra Universidad a mediados del siglo XVI, nos permitió  tempranamente ingresar a la reforma universitaria generada en la Universidad de Bourges (Suiza) en 1535, donde junto a los estudios de escolástica se agregaron los estudios de derecho, clasicismo, anatomía, astronomía. Esta reforma universitaria fue tomada por la Universidad de Salamanca, modelo de San Marcos. Pero, nuestra Universidad, que había adoptado el modelo salmantino, fue más allá y creó en su estructura curricular los estudios de matemática y física. A fines del siglo XVIII, durante el gobierno del virrey Amat, se efectuó una reforma universitaria que permitió incorporar la matemática de Newton, se profundizaron los estudios de medicina gracias a la construcción del nuevo anfiteatro médico en el hospital de San Andrés. En 1856 el Estado Republicano creó nuevas Facultades en San Marcos y se adaptó el plan curricular de Oxford. Las reformas de 1872, 1901 y 1930, permitieron que San Marcos se actualice con arreglo a los cambios sociales y se reestructure curricularmente de acuerdo a las demandas científicas, humanísticas y tecnológicas de la época. Estos antecedentes permiten afirmar que nuestra Universidad no tiene que parecerse a ninguna otra universidad, sino que tiene que parecerse a sí misma. Ahí está su gloriosa historia. Ahí está su activa participación en los sucesos que culminaron con la proclamación de la independencia del Perú y la fundación de la República. San Marcos, pues, en el 2021 conmemorará – a diferencia de otras instituciones del presente – el bicentenario de su participación en la independencia del Perú y la fundación de la república. Por ello, es necesario recuperar nuestra memoria histórica y simultáneamente trabajar los perfiles de la sociedad del conocimiento dentro del plan curricular institucional.

Aquí, es conveniente decir, nuevamente, lo siguiente: San Marcos posee una extraordinaria fortaleza institucional para emprender el camino que la conduzca a la sociedad del conocimiento.  ¿Qué tenemos, y qué somos?   En primer lugar, por la configuración social y cultural de la población docente y estudiantil,  se ha creado una situación educativa inclusiva, democrática y participativa. En esta extraordinaria experiencia, en nuestra opinión, se encuentran el núcleo del nuevo estado educativo del Perú. En segundo lugar, poseemos el instrumento administrativo y de gestión que permite elaborar el plan curricular institucional como es el Vice Rectorado Académico. Tercero, con sabiduría se ha sabido crear el Vice Rectorado de Investigación. Cuarto, tenemos los Departamentos Académicos y el Personal Docente especializado lo suficientemente capacitado para elaborar la estructuración de los soportes básicos de la sociedad del conocimiento.

Señor Rector, el mensaje dejado a San Marcos por Albert Einstein fue, pues, un discurso filosófico y científico. No existen palabras que sobren ni sentidos que desbordan. Nos muestra la trayectoria de la crisis endémica que vive la humanidad, y dentro de ella los sucesos de nuestra patria. En 1915,  el gobierno, de acuerdo a la legislación educativa de aquella época,  consultó a  nuestra Universidad, sobre la creación de la primera universidad privada. El Consejo Universitario, teniendo como voceros al Dr. Federico Villarreal y al Dr. Alejandro O. Deustua, recomendaron al gobierno que se dejara  sin efecto la iniciativa privatista. Deustua, de clara filiación civilista, argumento: “La universidad es un espacio abierto para que lo diferente se encuentre. Los profesores y estudiantes deben provenir de todas las razas, de todas las culturas, de todos los niveles sociales y económicos, se deben escuchar por igual a hablantes de diversos idiomas. En los actuales momentos del Perú, no es conveniente crear una universidad privada; en el futuro, tendremos una universidad para blancos, otra para mestizos, otra para indios, con lo que la viabilidad democrática del Perú es imposible”. No le hicieron caso a San Marcos, y ahí está el Perú, con su dramático cuadro de fragmentación cultural y social en castas, reforzada por la estructura educativa, que impide el logro de objetivos democráticos,  en el decir de Einstein. Por tanto, nos mostramos carentes de personalidad, es decir, de dignidad humana.  San Marcos, en tal sentido, posee como rico patrimonio – tal como lo hemos dicho líneas arriba – la educación inclusiva. Profesores y Estudiantes provenientes de diferentes universos culturales como son la población vernácula, mestiza y criolla (llámese afro peruana, chino peruana, nipón peruana, hispano peruana, euro peruana), conforman la enorme fortaleza étnica y cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Aquí está vivo el concepto histórico de Universidad, es decir el universitas magistrorum et escholarium et discipulorum (corporación de profesores, estudiantes y egresados) Aquí están los cimientos de la sociedad del conocimiento. Aquí están los fundamentos de la nueva educación. Aquí, por la vía natural, sin necesidad de legislación alguna, la inclusión educativa de los sujetos sociales descritos, denominados por el Inca Garcilaso de la Vega “hermanos y compatriotas”, nos permite afirmarnos en los valores de igualdad y dignidad humanas.

En la Bula Exponi Nobis del Papa Pío V del 25 de julio de 1571, la misma que confirma nuestra fundación, se nos dice

“Considerando que la dicha Ciudad de los Reyes es de las principales ciudades de las dichas partes, y está llena de numerosa población, instituyó, fundó y erigió o concedió que se fundase, instituyese y erigiese un Estudio o Universidad General de Letras Humanas y Sagradas, para instruir en las mismas al dicho pueblo…”.

Este honroso encargo que nuestros fundadores nos dejaron, como es el educar a nuestro pueblo, nuestra Universidad lo viene cumpliendo ejemplarmente desde hace más de cuatro centurias y media. Pero, tal como nos recuerda el genio de Einstein, solo la mentalidad abierta, el considerar que el universo es la suma de las particularidades, que el horizonte humano se encuentra por encima del color de la carne, credo o lugar, nos permitirá desde nuestra personalidad institucional ingresar a la sociedad del conocimiento para continuar el camino de “instruir al dicho pueblo”.

La sabiduría de Einstein nos habló en su momento para el futuro que somos nosotros. Tenemos el enorme desafío de ponernos en camino, una vez más, en busca de lo que parece imposible. Un antiguo dístico instalado en el frontispicio de San Marcos del siglo XVII, decía “Sapere Aude” (atrévete a saber).  Este dístico latino nos invita a no tener miedo a los desafíos y a la vez ser consecuentes con nuestras tradiciones, contiene la fuerza ontológica que impulsa nuestro ingreso a la revolución del conocimiento, comprende al signo de la valentía que se requiere para enfrentar fuerzas enormes, exige a los autores de la historia generosidad, vocación de servicio, amor por el ser, saber y conocer. Se trata, en suma,  del compromiso histórico que tiene la Universidad de San Marcos con el Perú, su razón, su sentir y su existir.

Honor a Fray Tomás de San Martín, quien en nombre de la Orden de Predicadores, fundó la Real y Pontificia Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Honor al Dr. Pedro Fernández de Valenzuela, primer Rector electo por todo el claustro.

Honor al Dr. Diego de León Pinelo, brillante Rector del siglo XVII, quien supo defender a San Marcos y al Perú frente a los prejuicios eurocéntricos.

Honor al Dr. Pedro de Peralta y Barnuevo, quien en el siglo XVIII fuera Rector electo en tres oportunidades, y propiciara una profunda reforma institucional de nuestra Universidad donde se destacó la vocación de servicio.

Honor al Dr. Toribio Rodríguez de Mendoza, gran prócer de la independencia del Perú, quien como Rector marcara la línea axiológica de San Marcos: libertad es consustancial a la noción de Universidad.

Honor al Dr. José Antonio Ribeyro, quien como Rector afromtó , sin doblegarse ante la adversidad, la tragedia de la Guerra del Pacífico y luego emprendió  la reconstrucción de nuestra Universidad.

Honor al Dr. José Antonio Encinas, quien en 1930 – antes de ser deportado por la dictadura – propiciara y consolidara la Reforma Universitaria cuyo alcance llega hasta nuestros días en el todo el ámbito universitario del Perú.

Honor al Dr. Luis Alberto Sánchez, tres veces Rector electo, quien entregara su inteligencia y talento a la causa de San Marcos.

Honor y más honor a quienes como Profesores y estudiantes, dieran y dan lo mejor sí para que las luces de San Marcos iluminen al Perú y al mundo.

Finalmente, recordamos que Einstein nos dijo en su mensaje, que el ámbito de las universidades es todo el mundo, y nuestro máximo poeta, sanmarquino como nosotros, César Vallejo,  nos dejó este legado: “Perú del mundo /Perú al pie del orbe / yo me adhiero”.

Es todo cuanto tengo que decir, Señor Rector Magnífico*, y gracias por el privilegio de concederme el uso de la palabra en el  día jubilar de San Marcos. Y a ustedes, distinguida concurrencia, mi agradecimiento por haberme prestado su atención. Es todo.

* Fórmula protocolar presente en el original (S.L.C)

Tags: UNMSM+459+Aniversario , Einstein+y+San+Marcos , Sociedad+del+Conocimiento , UNMSM+Sociedad+del+Conocimiento , UNMSM+2010 Historia+San+Marcos , Personajes+ilustres+sanmarquinos

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  1. Esta informacion mesirvio mucho ¡GRACIAS!


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