LUNA DE ADÁN Y EL MAR EN LAS AFUERAS. DOS FRAGMENTOS DE LA CASA DE CARTÓN

abril 22, 2010 a las 2:12 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, JARDIN DE DELICIAS | 1 comentario

La casa de cartón (1928) de Martín Adán, con su original estilo, crea un clima comparable al de la poesía. Relato que desafía las fronteras de los géneros y en el que se reconoce inmediatamente la postura vanguardista del autor. En este mes de abril y de las letras, y a propósito del Congreso Internacional con que se le celebra en Lima, reproduzco estas dos brevísimas muestras de una prosa con la que un adolescente de dieciséis años subvirtió  el lenguaje, nos regaló un mundo.

 “Hoy habrá plenilunio, luna llena, cielo inconstelado con un boquete de luz en medio – ombligo intacto y glorioso -. No dejaremos de venir aquí en la noche. En la taza de café del firmamento, flotará indisoluble, ingrávido, el terrón de azúcar de la luna. Y todo será poesía, amigo  mío. Nosotros previviremos una supervida, quizá verdaderamente futura donde todos  los hombres serán hermanos y abstemios, y vegetarianos, y teósofos, y deportistas. Y la luna de azúcar se nos hará una dulzura horrible en la boca. Y una nube del color del café con leche ¿qué será? Es posible que no sea nada. O quizá sea ella un verso de Neruda. O quizás una costa de signo, patria de Amara, sueño de Eguren. O si prefieres, simplemente una nube del color de café con leche – para algo tenemos dieciséis años y el bozo crecido.” (pp. 56-57)

“El mar es también las afueras de la ciudad. Ahora el mar es un espejo donde se mira el cielo, un grueso y vasto cristal azogado de lisas y corvinas. El mar está verde porque el cielo está verde. El cielo, rostro inmenso, sin facciones y verde… El mar puede ser un mar pictórico, ingenuista, lleno de peces. Pero ahora es un espejo. El cielo puede ser un campo agrícola o pecuario. Pero no; ahora es un rostro que se mira en el espejo del mar. Un farol enfermo del corazón en una calle que pudo ser y no fue…; en el terral, un muñón de acera, y ese espíritu de fofo deseo, de todas las calles. Un gallo verde vuelve a mí en una flexión cruel, mecánica, su rapada cabeza, el ebúrneo y agudo perfil, las orejas carmíneas, británicas. El mar iza pájaros embreados y olas enfardeladas en la grúa de la isla herrumbrosa. La opaca solana marina – resolales oxidados por el agua – reguero de aceite en un momento dado, de pronto, larga mancha de mercurio que naufraga, que se hunde.. una mina de la gran guerra,  un huevo roto del ‘Moreao e…’ No sé qué pendiente inadvertible en las calles me lleva siempre a las afueras de la ciudad. El mar es en las afueras también”. (pp. 93-94)

Martín Adán, La casa de cartón. 2da. edición. Lima, Editorial Nuevos rumbos, 1958

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Mujeres en La casa de Cartón de Martín Adán

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