CENTENARIO DE MIGUEL HERNÁNDEZ. VENCEDOR DE LAS SOMBRAS

marzo 4, 2010 a las 1:45 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, JARDIN DE DELICIAS, Noticias y demás... | Deja un comentario

Al morir tenía 31 años de edad y una obra  en la que Vida, Muerte y Amor habrían de quedar  indelebles.  Este año el mundo hispano parlante le rinde homenaje con motivo del Centenario de su nacimiento.  Por eso, a lo largo de los meses,  iremos releyendo a este poeta de luz, reflexión filosófica, hondo  compromiso con la vida y raigal aversión a la injusticia, lo que le acarreó una  larga condena a manos los hijos de las sombras. Ellos hace rato murieron. A Miguel Hernández lo seguimos escuchando, estremecidos.

“El único delito de Miguel  fue escribir versos”

“El único delito del poeta fue escribir versos, no intervino en otros asuntos, se limitó a denunciar lo que pasaba en el frente como periodista republicano”, ha declarado la nuera del poeta Miguel Hernández, al confirmarse que el Ministerio de Justicia de España aprobará “de inmediato” una declaración institucional de “reparación y reconocimiento” al autor de una de las obras poéticas más profundas y con-movedoras de la lengua castellana. 

Miguel Hernández Gilabert. (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942)

De familia humilde, tuvo que abandonar muy pronto la escuela para ponerse a trabajar como pastor. A pesar de esto, desarrolla su capacidad para la poesía gracias a ser un gran lector de la poesía clásica española. Formó parte de la tertulia literaria en Orihuela, donde conoció a Ramón Sijé, con el que establecería una gran amistad.

A partir de 1930 comienza a publicar sus poesías en revistas tales como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. En la década de 1930 viaja a Madrid y colabora en distintas publicaciones y establece relación con los poetas de la época. A su vuelta a Orihuela redacta Perito en Lunas donde refleja las influencias recibidas de los autores que leyó en su infancia y conoció en su viaje a Madrid. En 1934, inicia su relación con Josefina Manresa, que será su mujer y su apoyo más importante a la que dedicará numerosos poemas de amor. (Seguir leyendo aquí )

Miguel Hernández y Josefina, su esposa

Obras: Perito en lunas, 1933; El silbo vulnerado, 19434; Quien te ha visto y quien te ve, 1934 (Teatro); Imagen de tu huella, 1934 (Conoce a Josefina Manresa) ; El rayo que no cesa, 1934-1936; Viento del pueblo 1936- 1937 (Se casa con J.M); El labrador de más aire y Teatro en la guerra, ambos de 1937 (Teatro); Poemas sueltos ,1939 (Es detenido al finalizar la Guerra) ; El hombre acecha, 1939; Cancionero y romancero de ausencias, 1938- 1941 (Muere su primer hijo en 1938) y Poemas últimos 1941 (Muere en el año 1942 víctima de la tuberculosis adquirida en prisión).

EL RAYO QUE NO CESA

Con motivo del Centenario, durante todo el año se vienen programando  diversas actividades. En esta dirección las  encontrarás en detalle:

Hernández en la red. Fundación cultural Miguel Hernández

http://www.miguelhernandezvirtual.com/xml/

Por ahora, volvamos a escuchar dos poemas acertadamente musicalizados por Joan Manuel Serrat

ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA (Fragmentos)

Aquí el texto completo de este hermoso poema

( Hijo de la sombra )

 

Eres la noche, esposa: la noche en el instante

mayor de su potencia lunar y femenina.

Eres la medianoche: la sombra culminante

donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

 

Forjado por el día, mi corazón que quema

lleva su gran pisada del sol adonde quieres,

con un sólido impulso, con una luz suprema,

cumbre de las montañas y los atardeceres.

 

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje

su avaricioso anhelo de imán y poderío.

Un astral sentimiento febril me sobrecoge,

incendia mi osamenta con un escalofrío.

 

El aire de la noche desordena tus pechos,

y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.

Como una tempestad de enloquecidos lechos,

eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

 

La noche se ha encendido como una sorda hoguera

de llamas minerales y oscuras embestidas.

Y alrededor la sombra late como si fuera

las almas de los pozos y el vino difundidas.

 

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,

la visible ceguera puesta sobre quien ama;

ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,

ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

 

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,

besos que la constelen de relámpagos largos,

bocas embravecidas, batidas, que atenacen,

arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

 

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,

tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.

Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,

con todo el firmamento, la tierra estremecida.

 

El hijo está en la sombra que acumula luceros,

amor, tuétano, luna, claras oscuridades.

Brota de sus perezas y de sus agujeros,

y de sus solitarias y apagadas ciudades.

 

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,

y a su origen infunden los astros una siembra,

un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,

que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

 

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,

tendiendo está la sombra su constelada umbría,

volcando las parejas y haciéndolas nupciales.

Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

 

II  ( Hijo de la luz )

 

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,

recibes entornadas las horas de tu frente.

Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra

tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

 

Centro de claridades, la gran hora te espera

en el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa:

te espero yo, inclinado como el trigo a la era,

colocando en el centro de la luz nuestra casa.

 

La noche desprendida de los pozos oscuros,

se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.

Y tú te abres al parto luminoso, entre muros

que se rasgan contigo como pétreas matrices.

 

La gran hora del parto, la más rotunda hora:

estallan los relojes sintiendo tu alarido,

se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,

y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.

 

El hijo fue primero sombra y ropa cosida

por tu corazón hondo desde tus hondas manos.

Con sombras y con ropas anticipó su vida,

con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

 

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,

se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,

que en nuestra casa pone de par en par las puertas,

Y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

 

¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo!

Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.

Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.

Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras.

 

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.

Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas,

mientras tu madre y yo vamos a la agonía,

dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

 

Hablo, y el corazón me sale en el aliento.

Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.

Con espliego y resinas perfumo tu aposento.

Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

 

III ( Hijo de la luz y la sombra )

 

Tejidos en el alba, grabados, dos panales

no pueden detener la miel en los pezones.

Tus pechos en el alba: maternos manantiales,

luchan y se atropellan con blancas efusiones.

 

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,

hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.

Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,

tú toda una colmena de leche con espuma.

 

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,

laboriosas abejas filtradas por tus poros.

Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda

junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

 

Caudalosa mujer: en tu vientre me entierro.

Tu caudaloso vientre será mi sepultura.

Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,

verían que grabada llevo allí tu figura.

 

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:

fundidos como anhelan nuestras ansias voraces:

en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,

en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

 

Los muertos, con un fuego congelado que abrasa,

laten junto a los vivos de una manera terca.

Viene a ocupar el hijo los campos y la casa

que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

 

Haremos de este hijo generador sustento,

y hará de nuestra carne materia decisiva

donde asienten su alma, las manos y el aliento,

las hélices circulen, la agricultura viva.

 

Él hará que esta vida no caiga derribada,

pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,

que de nuestras dos bocas hará una sola espada

y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

 

No te quiero en ti sola: te quiero en tu ascendencia

y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.

Porque la especie humana me han dado por herencia,

la familia del hijo será la especie humana.

 

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,

seguiremos besándonos en el hijo profundo.

Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,

se besan los primeros pobladores del mundo.

 

No dejes de ver estas páginas:

MIGUEL HERNÁNDEZ

MIGUEL HERNÁNDEZ (POETA)

SERRAT INICIA EN ELCHE LA GIRA EN HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

Tags: Miguel+Hernández , Centenario+Miguel Hernández , Elegía+Ramón+SijéHijo+de+la+luz+y+la+sombra , Homenaje+Miguel+Hernández , Hernández+Centenario , Hernández+por+Serrat , Joan+Manuel+Serrat

Dejar un comentario »

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.

A %d blogueros les gusta esto: