LA CIUDAD INTERIOR. POESÍA DE ESTHER CASTAÑEDA

febrero 26, 2010 en 1:32 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Creación, Noticias y demás... | 1 comentario

En noviembre del 2003,  se realizó en el Centro Cultural de España un conversatorio en torno a la obra literaria de un conjunto de mujeres peruanas. En aquella ocasión abordé la poesía de Esther Castañeda (1947- 2010), poeta compañera de muchas jornadas y colega sanmarquina; destacada investigadora.  Reproduzco aquí el texto como homenaje a su vida y su creación:  

Conversatorio la ausencia y la multitud. Poesía peruana escrita por mujeres (1920 – 1980)

            Por. Sonia Luz Carrillo

Desde el epígrafe de Emily Dickinson  que abre el primer libro Interiores (1994), y aun desde el título mismo del poemario,  la poesía de Esther Castañeda  nos habla con insistencia de la invención de un espacio:

 

“Para hacer una pradera basta un trébol y una abeja,

un trébol y una abeja,

y el sueño”

Esta construcción de los espacios a partir elementos mínimos tiene locaciones precisas como en el poema que inicia el libro, “Identidad”, donde se presenta la voz protagónica  desde un tiempo que a la vez sugiere lugar:

“Bajo febrero sofocante

eres una mujer

Esther – repites – Esther

Incrédula”

La alusión al   estío desde el que habla esta mujer incrédula, de nombre hebreo y  resonancias bíblicas, la colocan en el sur  del planeta. Y, contrariamente a lo señalado por el epígrafe, no serán praderas ni  lugares abiertos sino  estrechos ambientes urbanos los que irán explicitando los textos. 

 La vida de la voz que habla en la escritura transcurre en la ciudad. Y no es solamente  escenario de sus vivencias y desplazamientos, sino un ambiente que la traspasa y conforma aparezca o no como  objeto temático del  poema.

Así la poesía nos  llevará por calles, casi siempre sombrías,  con sensaciones olfativas y visuales como aquella “muerte maloliente”  de la avenida Pizarro con sus “esquinas  que muerde la noche” (“On the road”)

Pero en lo fundamental se trata de una ciudad íntima “A puerta cerrada” donde los deseos, los encuentros, la escritura, la reflexión y los recuerdos encuentran asiento solitario. En este escenario, el cuerpo se convierte en el lugar donde ocurren albas y atardeceres (“Mi cuerpo”).

En el texto “Espacios particulares”  se nos entregan un conjunto de datos que hablan de ese territorio de libertad :

 “Todos los espacios están comprendidos en mi reino

alzo la voz

y se extiende la sangre

como el humo de las batallas.

Sin pudor 

Embisto conceptos

Plegarias

Y las oleadas surgen en  una biblioteca

El aula

La vieja avenida Pizarro

Construida al impulso de tu cuerpo.

Así fundé mi casa

Y el deseo”.

Como  señala Modesta Suárez, el recorrido por “Dominios” la primera sección del primer poemario,

 “nos conduce por una Lima sórdida… Paralelamente se  esboza un espacio interior, – el espacio del cuerpo- más complejo por ser infinito, que permite acercarse al otro/ la otra”[1]

La ciudad se nombra una y otra vez. En Interiores   hay un poema que se titula “Lima”  y  su niebla y humedad  se convierte en un lugar tematizado :

“Lima cubre  de elegías este espejismo

de puerto lejano.

Con el saco al viento

Tu cuerpo oscila como icono envuelto en seda

Retiro las cortinas

Y me hundo en  el desnudo

En el placer de peinarnos

Bajo las aguas”

Y al final de Carnet  (1996) su segundo poemario nuevamente aparece  “Lima” dando título a un texto: 

 “no viajaré a  provincias

ni siquiera a París

Lima sigue en mi presente

Y no me corro

Acepto todo

No hay por qué bajar la frente”

 Es evidente que en este caso, junto con la irónica referencia a París,  exponente cosmopolitismo y la referencia intertextual al poema vallejiano  que habla del morir en París, la mención a “Lima” sugiere  los usos y sus costumbres  por la  intromisión o los juicios adversos a los que se opone la dignidad de quien  camina con la frente en alto.

La insistencia en remarcar  la  ciudad y sus  características niebla y humedad va hasta Piel  (2001)  el más reciente libro.  En “Entre Nous”  dirá. 

 “Teleman/ Jr. Ica / neblina limeña/  una pareja”  (p.15)  y también  en ”Jr. Ica”: “Frente al espejo de los bajos/  acomodo mi peinado / 8.30 p.m./ por el centro de Lima/ sigue la garúa” (p.41)

Es significativo que la ciudad  referida no porte los signos de la modernidad – se la adjetiva de vieja – se trata de una  locación con signos de decadencia, de acabamiento, tal como se muestra en el poema “Adiós”  de Carnet :

 “No más disloques anímicos

No más prestezas

No más Montibán en la vieja Lima,

No más ya de nada”

Por otro lado, las alusiones a la ciudad  exterior frecuentemente alude a  hostilidad o amenaza. En un poema sin título publicado en 1995  en el N° 98 de la revista Haraui se lee:

 “Sin importar peligros/  corro tras el viento/  despojada de ciudad y de memoria”

Esta ciudad de calles peligrosas, en la que acecha la violencia presenta  cotidianos desafíos: 

“Con un cuarto de pollo y unos libros /  desafío /  la embriaguez /  la razón de la navaja/  la memoria remota”  dirá  en el poema titulado “Avenida Pizarro” de  Carnet.  Pollo y libros son modestas posesiones sin embargo pueden ser suficientes  para provocar  a malhechores y ebrios callejeros. 

Una vez más aparece la “memoria remota” ,  los temores aprendidos.

En otras ocasiones el exterior, la calle,  y sobre todo la repetida Avenida Pizarro, será el espacio anhelado, como  en “Libertad”  del libro Falso huésped : “A tiro de piedra/ ser libre por la Av. Pizarro/  en este invierno que se termina como/     incendio” (p41)  y   también  en “Ala Oeste” :  “….   papeles,  /  serpentinas/  / en la calle Pizarro/  descienden  sobre la almohada” (p.47)

El gentío, la masa, realidad tan marcadamente citadina  asoma brevemente, en dos poemas, y en ambos con signos de malestar y protestas, tal como ocurre en “Arte Naif” de Interiores:

“A cinco calles

De la gran marcha

‘despedidos reposición

huelga de hambre SOLUCION’

oscilan las luces

garabatos de leche

…..

 

“El aire se torna irrespirable

el vocerío arroja piedras

triza cerámicas entre la llovizna limeña

y en ese instante

por la avenida

la rosa del poeta es una quimera”

Y también en el poema “1980” del mismo libro donde  la voz enunciadora  rememora: 

“Diminuta

marcho gritando consignas

reaparezco en la responsabilidad ineludible

de las vocales

me pellizco

muerdo mis uñas

debo quebrarme para no sentir tu falta a mi costado

‘Amor y revolución’ – dice-

AMOR Y REVOLUCION

Meta de  nuestros tiempos”

Definitivamente  la ciudad en la que nace esta poética  es la ciudad interior. Anhelos, esfuerzos, silencios, deseo, fracasos, adioses y reencuentros  se producen en espacios cerrados:  aulas, pasillos, bibliotecas, una que otra  alusión a un bar o la sala de un cine. Pero sobre todo será en la habitación  con las puertas cerradas donde se dan los juegos de audacia  que se nos sugiere con gran contención  expresiva. 

Quienes  viven  dentro de esas paredes  son seres  señaladamente  ilustrados  por eso es notoria  no sólo la  presencia de múltiples epígrafes y las menciones a autores diversos  y disciplinas varias. En “Clases” del libro Piel (2001) , leemos:

“Sociología

Historia de América

Metafísica

Bachelard entre dibujos

arriba

al fondo

aguardas

loba de templos”

Desde Interiores (1994) veíamos  “A una joven lectora”  en el “mundo ilimitado” de una biblioteca  en contacto con : “Los místicos/  la lectura de poemas renanos//…/   Bosch y Giacometti / entreteniendo nuestra espera…” 

De otro lado, esta voz que habla  desde la ciudad y sus breves espacios  registran rutina y des-encanto. Como anota Rosa Carbonel: “poesía de la existencia, cadenciosa, ensimismada y a la vez obsesiva de una vida que transcurre entre la rutina de un estado inquerido y la imperiosa regresión”[2]

“Inmovilidad” (Carnet) : “sin grandes cambios/  los días por venir repiten la misma ruta/  el norte sigue siendo el norte/ el sur sigue siendo el sur”  se augura;   y en el penúltimo texto de Piel  la rutina exasperante hace decir. “combina berenjenas/  huevos / pan ácimo/ furiosa/ combina pan ácimo / berenjenas/ huevo”

La poesía de Esther Castañeda conjuga con destreza expresiones coloquiales con referencias culturales.  A esto se añade su enorme celo por no caer en la grandilocuencia. Si algún cuestionamiento o queja asomara  ella tendrá un toque de amarga ironía. Solo en ocasiones, como en “Sola” de Falso huésped  se permite mayor carga emotiva: “prisionera lanza el grito que no es /  grito/  y /  resbala/  enredada”.

Junto con las virtudes de la precisión y sugerencia lograda en base al laconismo, celebrada por cuantos han comentado esta poesía largamente macerada, el trabajo con respecto a los espacios en la poesía de Castañeda fue anotada por Marcos Martos  en la Introducción de Interiores:

“El espacio de Castañeda es su cuerpo, el cuerpo de la persona amada, la habitación y las caminatas que son como remansos de deseo. La poeta no tiene necesidad de remarcar, como en tiempos diferentes lo hicieron Ciro Alegría o Carlos Germán Belli, de que el mundo ‘es ancho y ajeno’ o de que afuera ‘todo tiene dueño’. Eso está tácito, incorporado así al estro del poeta y la imaginación del lector” [3]

Las condiciones de la urbe donde confluyen elementos inveterados con otros nacidos al compás de la modernización, han sido señalados por Mihaela Radulescu,  con sus características de “una ciudad congelada en su inconsistencia, lacerada por peligros indefinidos, quiebres y caídas al vacío, con remotos personajes dispersos y desganados, que rehuyen la comunicación”[4].  Coincide  con lo expresado por Yolanda Westphalen  en torno a la existencia de “una imagen fragmentada y discontinua y la de la superficie plana, inmóvil, de la explanada en la que cae, metáfora de un mundo sin dimensiones, profundidad ni movimiento”[5]

El cuerpo como último territorio en  la ciudad ajena a sus habitantes es un gran tema contemporáneo. La poesía de Castañeda lo presenta con recursos sutiles. Y, en medio de las fragilidades, la niebla y el gris citadino, la apuesta por la creación poética significa una voluntad  firme de invención y reconstrucción permanente. Esther anhela amplios y frescos territorios por eso, en esta ciudad de inicios del siglo XXI  invoca de la mano de  Alfonsina Storni en uno de los epígrafes finales:

“Flores, pradera, trigal ponte espeso

me gustas trigal

me gustas, Oh cielo, me gustas aurora,

me gustas rosal”

En ese espacio abierto por la poesía  nos encontramos  con la amiga, la compañera de trabajo, la poeta.

Lima, 11 de noviembre de 2003


[1] Modesta Suárez. En:  Interiores.  Lima: Amaru ediciones, 1994 (Contra carátula)

[2] Rosa Carbonel. “Poesía de la existencia” En : Falso huésped . Lima: Magdala editora/ Ediciones Flora Tristan, 2000 

[3] Marco Martos.  “Una artista de la vida”. Introducción a Interiores. Lima: Amaru ediciones, 1994, p. 12

[4] Mihaela Radulescu.  “Un punto de vista hecho mundo”  En: Carnet Lima: Magdala editora, 1996 s/n

[5] Yolanda Westphalen. “Falso huésped. Poética de la cotidianidad” Presentación. Mimeo, 2000.

Se ruega citar la fuente

Ver:

HOMENAJE A ESTHER CASTAÑEDA, POETA, ENSAYISTA Y EDITORA

Tags: Esther+Castañeda+poesía , Poemas+Esther+Castañeda , Esther+Castañeda+poesía , Poesía+Castañeda+Sonia+Luz+Carrillo

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1 comentario »

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  1. Hola estuve revisando tu blog y me parece muy interesante y entretenido, sobre todo que la información es detallada y precisa, espero que sigas posteando más temas para informarnos y comentar.
    Saludos.


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