CINCO AÑOS DE LA INVASIÓN ESTADOUNIDENSE A IRAK

marzo 20, 2008 en 2:40 am | Publicado en Comunicación y Cultura | Deja un comentario

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Cinco años después de la invasión estadounidense a Irak la paz es cada día más lejana. Cifras desconocidas de muertos (hace dos años la Universidad Johns Hopkins señalaba más de medio millón; según el Instituto Británico de Opinión se trata de más de un millón de iraquíes muertos entre el 2003 y el 2007), un país destrozado, tres billones de dólares invertidos y una tropa invasora cada vez más desmoralizada y proclive al suicidio es el resultado de esta vergonzosa acción del gobierno de Bush y sus cómplices Aznar y Blair.

Actualizo un artículo, acerca del comportamiento mediático a inicios de la guerra, que publiqué en marzo del 2003.

            La fascinación: Objetivo del Gran Hermano

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“No basta que me obedezcas. Debes amarme” es la frase que George Orwell pone en boca del Gran Hermano, abominable personificación de cualquier  totalitarismo,  en 1984. En esta novela publicada  en 1949 el autor inglés presenta un mundo de ficción en el que cuatro ministerios se reparten el poder:  El de la Paz,  encargado de promover la guerra; el del Amor que dirige la temida policía del Pensamiento; el de la Abundancia, que se ocupa de asegurar la escasez  de los productos, y el de la Verdad  que tiene a su cargo la propaganda del  poder.

“No basta que me obedezcas. Debes amarme”, designio  orientado a las mentes de quienes hemos sufrido en estas sombrías    horas  del año 2003 el  incesante y despiadado bombardeo de la información internacional concebida por los estrategas del Gran Hermano, trasmitida por los estrategas de  AOL y sus sumisas y fascinadas repetidoras locales.

Fascinación y vehemente adhesión era el objetivo. La invasión a Irak  por parte de los Estados Unidos  en olímpico desaire a  las Naciones Unidas debía merecer aplausos y por eso no comenzó con los desplazamientos de tropas ni con el lanzamiento de los primeros proyectiles.  La guerra empezó cuando se escribía el guión  para los medios de comunicación (afinadísimos instrumentos del Ministerio del Amor en el mundo orwelliano) y se diseñaba  el decorado así como el conjunto de expresiones que iban a hacer de la puesta en escena, mezcla  de westerm  y comedia musical,  un espectáculo inolvidable y lleno de glamour.

En esta  brillante exhibición de los prodigios de la ciencia y la técnica  destinados a matar, la muerte, incómodo personaje  se presentaría  con el halo aséptico de una “operación quirúrgica”; los instrumentos del crimen serían admirables “misiles inteligentes” y los impertinentes cadáveres de civiles (niños, mujeres y hombres inermes) no serían otra cosa que insignificantes  “daños colaterales”. 

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Las edificaciones, patrimonio cultural de la humanidad destruidas – causándonos a todos un daño irreparable- solo serían “blancos específicos” a los que ahora apuntan las empresas constructoras estadounidenses que colaborarán desinteresada y altruistamente en las “tareas de la reconstrucción”.

Los patriotas combatientes de la  “libertad”, la “democracia”  y el “respeto”  de los derechos humanos, muchos de ellos inmigrantes deseosos de su ansiada residencia y de un sustantivo pago en dólares,  llegaron al teatro de las operaciones  convencidos de una corta  aunque briosa participación en escena. Sin embargo, empezaron a morir  y a ver morir a sus compañeros.  ¿Se habrán enterado que fuera del escenario el director y sus socios en la superproducción explicaron que habían muerto por “fuego amigo”?  Es decir, que se equivocaron,  malos danzarines perdieron el paso marcado por  impecables coreógrafos.

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Al público se le había  ofrecido una función con “muerte cero” en esta “intervención aliada” pero la sangre salpicó  toda la aldea global.  Y ante el espectáculo tan bien montado pero que iba sufriendo algunos “lamentables imprevistos”, el público desconsiderado pifió  con todas sus fuerzas y  reclamó con gritos en los más  diversos idiomas. Mientras Babel  era bombardeada,  las calles de muchas ciudades del mundo parecían anunciar  Pentecostés.

El director, los productores y los actores fueron intensamente abucheados por una galería incapaz de apreciar el talento  y  el despliegue de efectos especiales.   La sociedad global, la misma de “la era del optimismo” reaccionó  contra la “verdad” (encargada de la propaganda en el mundo de Orwell) y  obedeciendo al instinto de vida,  pasó frenéticamente de uno a otro canal  internacional contrastando visiones y muchos de sus miembros se conectaron a Internet, ya fuera en sus casa o en cabinas públicas,  buscando los indicios de Verdad.

Miles en todo el mundo redescubrieron las calles y las plazas como lugares para expresar su ira,  su dolor e impotencia. Algunos atacaron los signos más preclaros de la  “democracia”, restaurantes de comida chatarra y dulcísima bebida, incluidos. Las omnipresentes cámaras estuvieron ahí para probarlo. Ellas no mienten. Sus imágenes valen  lo que no valen miles de palabras. ¿Quién puede confiar en la palabra en esta sociedad de la imagen autosuficiente y fascinadora? 

Al final del espectáculo la estatua de la libertad  queda como decorado de fondo a un congestionado pero sonriente director de escena.

Fascinación era el designio del Gran Hermano  y sus  cómplices. Para fascinar se hizo -y se hace- la inversión publicitaria tal vez más alta en la historia de las comunicaciones. Fascinación también  buscaban los vendedores de armas que propagan sus bacterias homicidas entre los pobres pueblos  a la vez que (al igual que el Ministerio de la Abundancia, en el mundo orwelliano) se encargan prolijamente de asegurar la escasez que permitirá la sumisión  y las temblorosas declaraciones de los gobiernos débiles.

 “No basta que me obedezcas. Debes amarme”,  seguirá repitiendo el Gran Hermano  pero el público global, al parecer, está desarrollando sus defensas. En su cerebro y su corazón no todo está perdido. Podrán vencer pero no han convencido. La vida luce aún más fascinante que la guerra y la muerte.  Y como clamaba Ernesto Sábato ante unos niños, el 20 de marzo,  habrá que “mantener  en el alma la llama de este dolor de humanidad, y ser fieles”.  Porque “si esta determinación permanece, será inquebrantable.”  Y, como sigue diciendo el escritor argentino “Podrán hacer la guerra, pero han de saber que son asesinos, que así los llamarán los chicos de todo el mundo”.

Concluido el primer acto de la puesta en escena, no hay aplausos y lo que viene luego es difícil de avizorar. Una inmensa interrogante, cargada de ira y amenazas, se cierne  sobre el  acongojado planeta.

Marzo de 2003

Tags: Invasión+Irak / cinco+años+invasión+irak / Irak+invasión

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