VIOLENCIA, DES-INTEGRACIÓN y PARTIDOS POLÍTICOS. Releyendo a Alain Touraine en Lima

noviembre 3, 2007 a las 2:17 am | Publicado en Comentarios diversos, Comunicación y Cultura | Deja un comentario

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La presencia de Alain Touraine en Lima en el XVI Congreso de la Academia de la Latinidad DEMOCRACIA PROFUNDA. REINVENCIONES NACIONALES Y SUBJETIVIDADES EMERGENTES, que se inicia el  5 de noviembre, brinda la  ocasión para escucharlo y releerlo.    Lo que sigue son sus observaciones (1997) respecto a violencia y democracia en las sociedades occidentales avanzadas, sin embargo, mantiene su vigencia en nuestros días y – sin olvidar las complejidades – por estas tierras.

 

Cada sociedad mantiene una relación específica con la violencia. La sociedad clásica, sociocéntrica, la contuvo mediante el fortalecimiento de las coacciones institucionalizadas e interiorizadas y el sometimiento del principio del placer al principio de realidad así como el sometimiento de la justicia privada a la justicia pública.

Ese sistema se agota  como la sociedad nacional de la que es uno de sus atributos; no es reemplazado por el individualismo consumidor  en que todo estaría permitido y que solo podría combatir la violencia mediante el atractivo del consumo, solución ilusoria; pero puede serlo por el fortalecimiento del individuo como Sujeto. (…).

 

La amenaza no es la que está en el origen de las  conductas violentas y pesa sobre el orden social sino la que afecta al individuo como Sujeto. Hay que desplazar el análisis de la búsqueda de las causas económicas y sociales de la violencia hacia los mecanismos de formación del individuo violento. Este rumbo supone un cambio radical de los métodos de intervención. Estos ya no deben provenir de lo alto sino de lo bajo, no de la ley sino de la relación interpersonal en la que un individuo, sobre todo si es joven, se siente reconocido  o, al contrario, negado.

 

Esos métodos tienen que reconocer concretamente la dignidad de cada uno, lo que supone que se reconozca la identidad territorial, étnica, familiar, religiosa de cada individuo, en lugar de definirlo y tratarlo como un ser desocializado, salvaje.  (…)

 

 

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Cuando los jóvenes desocupados de los suburbios dicen que quieren ser escuchados y entendidos, es decir, que quieren participar de las decisiones políticas que los afectan más directamente, expresan una idea tan importante como lo fue en el pasado la reivindicación de los trabajadores de sus derechos sociales o, antes, la afirmación de la igualdad ante la ley y la soberanía popular. Que la palabra y la vida de cada uno estén en el centro  de la vida colectiva; que el individuo, antes de ser un ciudadano que participa de la vida del Estado o un trabajador cumpliendo un papel económico, sea un Sujeto personal que construye su vida: tal es el método a seguir para que la sociedad recupere la integración y que no recuperará bajo el efecto de las exhortaciones a la disciplina o el interés general.

 

(…) Lo que exige a los partidos y las instituciones políticas que se abran más a la influencia de las fuerzas o demandas sociales organizadas y también se preocupen más por dar a los desfavorecidos los medios de participar en la vida pública, lo que no es posible sin el fortalecimiento de la protección social.

(…)Lo que denominamos la crisis de las instituciones políticas no se sentiría con tanta fuerza si éstas no fueran el objeto de demandas sociales y culturales a las que los partidos y las instituciones mismas son incapaces de aportar respuesta suficiente.

 

De la misma manera que hace un siglo los partidos políticos parecían ciegos frente a los problemas sociales de la industrialización, lo que provocó la formación de vanguardias revolucionarias, en nuestro fin de siglo,  hay nuevas demandas que no encuentran expresión política.  Dicho de otra manera, la demanda social vuelve a estar por delante de la oferta política.

 

Y el espíritu democrático renace, no en la rivalidad de los partidos, sino en las reacciones de la opinión pública que se opone a la negación del “Otro”, a la purificación étnica,  a la guerra a muerte entre grupos étnicos, religiosos, políticos o sociales, al mantenimiento de las mujeres en situación de inferioridad. Y esos movimientos sociales son hoy democráticos en su orientación principal, porque claman: vivamos juntos nuestras diferencias.  

 

De: ¿Podremos vivir juntos? Iguales y diferentes. México, Fondo de Cultura Económica. 2da. Reimpresión, mayo de 1998, pp. 270-272

 

Tags: Alain Touraine , Touraine en Lima , Democracia y violencia , Academia de la Latinidad

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