“QUE LA ÉTICA LLEGUE AL PODER”: ADELA CORTINA

junio 21, 2007 a las 12:39 am | Publicado en Comunicación y Cultura | 5 comentarios

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Frecuentemente, ante la evidencia de comportamientos que afrentan nuestra conciencia moral, escuchamos respuestas de los políticos que se inscriben dentro del pragmatismo que omite todo compromiso ético; hace tabla rasa con toda preocupación axiológica. 

Como consecuencia, se arraiga en la sociedad cada vez con más fuerza la lógica de que el fin justifica los medios.  Preocupante fuente de des- moralización de la vida y puerta abierta para la violencia salvaje como fundamento y práctica que hace inviable todo proyecto democrático capaz de permitir el auténtico bien- estar. 

Revisando materiales encontré una entrevista de  Miguel Alberola a la filósofa española Adela Cortina con indispensable reflexiones en torno a la ética, el actuar político y empresarial además del tema de ciudadanía, solidaridad  y consumismo. Cortina es autora de más de cincuenta obras y durante varios años publicó una página sobre Filosofía Práctica en el irrepetible suplemento cultural del diario El País.

Aquí  algunos fragmentos de la entrevista. El texto completo lo tenemos en Futuros en su edición N° 15 del año 2006.

 ¿Para qué sirve la ética?

Primero, para ser personas, que no es mal proyecto. Para eso hay que tener ideales de justicia y de vida buena. La ética sirve para ser justos y felices.

 ¿Por qué es usted una activista de la ética?

 Porque los seres humanos me interesan mucho y me parece que el mundo no está hecho a su altura.

¿A mayor poder, menos ética? 

Desgraciadamente es así. Creo, como los viejos anarquistas, que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Uno de los grandes desafíos del siglo XXI es conseguir que la gente que tenga poder tenga también ética. Que la ética llegue al poder será parte de la salvación de la humanidad.

¿Estamos en una época en que el poder tiende a concentrarse?

 Se está concentrando mucho poder desde el punto de vista político, pero todavía más desde el punto de vista empresarial.

¿Dónde se cumple menos con la ética, en la política o en los negocios?

En este momento me resultaría difícil decirlo. Desgraciadamente, en el terreno de la política, la obsesión por llamar la atención para recabar votos hace que los políticos hagan cosas llamativas sin pensarlas, y eso está reñido con la ética.

¿Si la ética abandona la política está en peligro la democracia?

Totalmente. En este momento la democracia está muy en peligro porque a los políticos se les piden pocas responsabilidades. Los políticos deberían de dar cuenta y ser responsables de las cosas que hacen, y los ciudadanos deberían ser más participativos.

¿La desconfianza hacia el político se está consolidando como el principio de la democracia? 

Desgraciadamente, porque entiendo que el principio de la democracia debería ser el protagonismo de los ciudadanos. Los ciudadanos tienen que darse cuenta de que la democracia es el gobierno del pueblo y que los políticos tienen que ser unos coordinadores de las sugerencias, los proyectos y las ilusiones de la sociedad.

 ¿La globalización es el Apocalipsis o el Mesías? 

Como decía Aristóteles, los venenos sirven para matar y los venenos sirven para sanar. Todo depende de cómo se empleen y con qué metas. La globalización es, o bien la gran ocasión para hacer una ciudadanía cosmopolita, donde el universo sea la ciudad de todos y todos se sientan ciudadanos, o sencillamente la culminación de un proceso en el que cada vez se abre más el abismo entre pobres y ricos, entre países que ya no interesan a nadie y países en los que la gente se lanza a consumir como loca.

¿El consumismo ha sustituido a alguna doctrina?

Sí, es la doctrina número uno, y además lo que nos une a todos cada vez más no es ser personas, sino ser consumidores. Me gusta mucho esa expresión de Rifkin que dice que nuestra etapa es aquella en que ha triunfado el capitalismo porque ha conseguido llevar todo nuestro tiempo a la arena comercial. Podemos comprar a cualquier hora del día, de la noche, por Internet, en una gran superficie… Somos consumidores de raíz.

¿El consumismo es un síntoma de que el egoísmo le ha ganado el pulso a la solidaridad? 

Es una forma de vida que hace prácticamente imposible la solidaridad. Cuando hay una forma de vida en la que lo que da la felicidad es ir de compras, porque la gente ya no va a comprar esto o lo otro, sino de compras como un fin en sí mismo, que el de al lado tenga o no tenga, o se esté muriendo de hambre, es que ni se considera. El consumismo ha expulsado a la solidaridad.

 Foto: Adela Cortina en Revista Futuros.

5 comentarios »

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  1. DESEO COMUNICARME POR CORREO ELECTRONICO CON ADELA CORTINA.
    SE QUE HA ESTADO EN MÉXICO POR DOS OCACIONES, LA ÚLTIMA CON UN RECONOCIMIENTO EN LA CIUDAD DE PUEBLA POR PARTE DE LAS AUTORIDADES Y LA SEREMONIA FUE EL LA UNIBERSIDAD IBEROAMERICANA.
    ME GUSTA LEER SUS LIBROS. ESCRIBO TODOS LOS MARTES EN UN DIARIO DE PUEBLA Y MI COLUMNA ES ÉTICA. ME ENCANTARIA PODER TENER COMUNICACIÓN CON ELLA.
    UN FUERTE ABRAZO DESDE PUEBLA, PUEBLA MÉXICO
    ATTE
    LIC. M. PATRICIA VELÁZQUEZ AGUILAR

  2. ADELA CORTINA 06/05/2008

    Vota Resultado 75 votos
    Las sociedades para prosperar, según Aristóteles, necesitan leyes e instituciones justas, gobernantes prudentes y jueces honestos, pero también un ingrediente sin el que la vida pública no funciona con bien: la amistad cívica.

    La noticia en otros webs
    webs en español
    en otros idiomas
    En España parece que si unos dicen “blanco” los otros han de decir “negro”
    La amistad cívica no consiste en que los ciudadanos se vayan de tapas, porque éstas son cosas que se hacen con los amigos corrientes, con ésos a los que, según el diccionario, se tiene afecto personal desinteresado que se fortalece con el trato. La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos.

    Cuáles son esas metas comunes es fácil de aclarar. En el orden global, en que los Estados deberían estar comprometidos, erradicar el hambre y la pobreza extrema y los restantes Objetivos del Milenio son una orientación suficiente. En este sentido, es una buena noticia que España haya aumentado la ayuda al desarrollo, y no hay sino que progresar al máximo. En lo que se refiere al orden interno del Estado, bregar por la educación de calidad, la atención sanitaria eficiente y buena, el trabajo estable, y por hacer realidad que todos los ciudadanos puedan expresar sus ideas libremente, siempre que no atenten contra la libertad y la vida de otros, son metas suficientes para vincular a las personas en una tarea común.

    Y, sin embargo, no parece que ese vínculo amistoso exista en nuestro país. Las últimas elecciones generales, endurecidas como pocas, han generado la sensación de una ciudadanía enfrentada en la solución de cada uno de los problemas comunes, como si para cada tema hubiera dos bandos: si unos dicen “blanco”, los otros han de decir “negro”. Las razones para cada posición parecen en principio irrelevantes, porque después ya vienen los “argumentadores” oficiales, que diseñan argumentarios para sostener hasta lo insostenible. Se divide entonces la ciudadanía en bandos, que parecen ser irreconciliables.

    Cuando en realidad es mucho más lo que les une que lo que les separa. Cuando no se construye una vida pública justa desde la enemistad, porque entonces falta la argamasa que une los bloques de los edificios, falta la “mano intangible” de la amistad cívica. Junto a la mano visible del Estado y la presuntamente invisible del mercado, es necesaria la mano intangible de la amistad entre ciudadanos que se saben artesanos de una vida común.

    Esto no significa abolir la diversidad y generar una sociedad de individuos homogéneos, porque existen diferencias de capacidades, de creencias religiosas, de sensibilidad política, de tendencia sexual, y tantas otras que componen una “ciudadanía compleja”, y no la ciudadanía simple, sin atributos, sin carne ni sangre humanas, que no existe más que en las mentes totalitarias.

    Los grupos que luchan por el reconocimiento de las diferencias son un factor de progreso y, si las sociedades quieren ser justas, han de articular esas diferencias, siempre que sean legítimas; una tarea de orfebrería, que no tiene éxito si no hay voluntad de respetarlas desde las distintas partes. Para eso se necesita la amistad cívica de quien no ve en el otro un enemigo a abatir, sino un igual con el que hay que resolver con justicia los problemas comunes.

    Para muestra, un botón. Hace unos días en Zaragoza, en una conferencia, comenté a un público encantador cómo Zaragoza es la primera ciudad grande que visité en mi infancia y me dejó deslumbrada. Ahora parece, sin embargo, que hay temas tabú, como el del trasvase del Ebro, porque vengo de la “España seca”. ¿No vamos a poder hablar de este asunto y otros, para ver cómo encontramos soluciones conjuntas desde la solidaridad y sin agravios comparativos? ¿Es que de pronto no puede haber amistad cívica entre aragoneses y valencianos por temas que hay que discutir con voluntad de llegar a la solución más justa y con espíritu solidario? Una señora que había pedido la palabra, empezó su pregunta con una frase magistral: “Ante todo -me dijo-, ¡bienvenida!”. Como en aquellos tebeos de la infancia: “Sin palabras”.

    Por desgracia, hay gentes que ganan creando discordia. Otras, anestesiadas, a las que importan los problemas sólo cuando les afectan -“ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde”-. Otras, cuyas pretensiones legítimas no se ven reconocidas, y éstas son las excluidas. Otras empeñadas en hacer creer que sus pretensiones son las más importantes y que nunca se les hace justicia. Son las que utilizan el victimismo como herramienta para convertir sus deseos en prioridades frente a las necesidades de otros. Es lo que ocurre en esos lugares con bonanza económica y social, donde no hay ninguna razón para reprimir a quienes no piensan igual, mucho menos para matar por la independencia. A la hora de reclamar el derecho a la diferencia hay que ponerlo en sus justos términos.

    La amistad -decía Aristóte-les- es lo más necesario para la vida; sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera todos los demás bienes. Y parece -añadía- que es la amistad cívica la que mantiene unidas a las ciudades.

    Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

  3. Te envió este artículo para que puedas añadirlo a tu acercamiento a esa gran mujer y filósofa a mi me hizo reflexionar sobre el tema de la amistad como eje sobre el que los jovenes pueden acercarse a la filosfía desde sus intereses. la amistad en el Lisis de Platón, en Ética a Nicómaco,cap.VII.

  4. Soy una seguidora de todas sus conferencias, dado que mi tema de tesis
    del Magister de Gobierno y Sociedad. Tesis La Etica en el Servicio
    Publico.
    Mañana 4 de Junio estaremos conversando, en la Conferencia de la U D P
    UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES.

  5. Tambien soy seguidora de Adela Cortina ya que desarrollo el tema de etica y politica en mi tesis deseo conocerla y tener contacto con ella


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