LA LIBERTAD DE PENSAR

junio 13, 2007 a las 1:09 am | Publicado en Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea | 3 comentarios

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Una de las más preciadas promesas de la modernidad es la consecución de hombres y mujeres en ejercicio de su libre albedrío. Tema insistente en la actualidad es el referido a la libertad de expresión que presupone la libertad de pensamiento. Por eso, establecer la relación entre libertad y comunicación es el propósito de estas líneas que nacen de mi personal preocupación por los obstáculos  a lo que considero primordial: La libertad de pensar.

La existencia de un sujeto moderno, protagonista de su propia vida, es a la vez fruto y condición de una sociedad que genere mecanismos de conciencia del valor de la individualidad  y también de la indispensable responsabilidad.  

Así, la llamada modernidad  es un fenómeno fundamentalmente político, cultural, social. Y reclama, un contenido ético. Sólo se es sujeto en la medida que se asuma los deberes y derechos que comporta la vida común. Y en este proceso, una sociedad que se defina por la búsqueda exclusiva del desarrollo material se constituye en la más importante traba de un verdadero desarrollo: el desarrollo de la persona, del sujeto. Proceso que se ve intensificado en la actualidad por el funcionamiento de portentosos medios de comunicación. De ahí la observación al accionar de los medios que pueden propiciar o retardar el surgimiento de un sujeto en pleno ejercicio de la libertad de pensar. 

Hobbes y Rousseau- pensadores clásicos de la modernidad – compartirán la idea de un orden social creado por la voluntad general que se exprese en un contrato social. (Touraine, 1992).[1] 

En lo que Touraine llama el principio central de la concepción “ilustrada” se hallan las coincidencias entre E. Kant y J. Rousseau:               

“Lo que define el bien soberano, dirá Kant, es la unión de la virtud y de la felicidad. El bien es la acción armonizada por la razón… sometida a la ley moral capaz de considerar al hombre como fin y no como un medio… Atrévete a saber. Ten el coraje de utilizar tu propio entendimiento, dice Kant (…) Rousseau y Kant no eligen la felicidad contra la razón o la razón contra la naturaleza… para ellos se trata, en la cúspide de la filosofía de la Ilustración, de unir la razón y la voluntad, de defender la libertad.l”[2]

También para Descartes, la libertad se afirma en la consecuencia del pensar. El sujeto se define por el control de la razón sobre las pasiones, la duda metódica – cogito ergum sum- y la conciencia de sí mismo. El hombre está entre Dios y la naturaleza y es a la vez cuerpo y alma. Este dualismo hallará será expresado por Pascal (Pensamientos, 1669) como la superioridad del ser humano pese a su fragilidad, gracias a la conciencia de sí mismo.

Sin embargo, la modernidad debió enfrentar el tema de las necesidades del sujeto y del bien común. De un lado la comunidad como cuerpo social y de otro la autonomía del sujeto.[3] 

Autonomía 

La edad moderna enarbola el valor del libre albedrío, entendido como la ausencia de tutelas. El individuo en uso de la razón se libera de todo autoritarismo asumiéndose responsablemente como actor de su vida personal y agente de la vida social. La idea de ‘lo moderno’ está ligada a lo nuevo y este advenimiento de lo nuevo frente a los esquemas tradicionales, coincide con “el reconocimiento de la libertad entendida como el derecho individual de desarrollar las propias convicciones y de perseguir los propios intereses autónomamente definidos.”[4]  

La autonomía del sujeto es “la invocación a la libertad y la administración responsable de la propia vida”. Postula la “voluntad de un individuo de obrar y de ser reconocido como actor.”[5]

Este propósito enfrenta dos desafíos. De un lado la lógica de un  sistema impulsado por intereses económicos y políticos,  de un lado, y el individualismo narcisista, por otro.

En estas circunstancias la autonomía del sujeto se ve contrariada. Y esto porque la autonomía individual no puede verse al margen de la autonomía reclamada en otras esferas. Gustavo Gutiérrez recuerda que la ausencia de correspondencia entre la autonomía de la ciencia, la moral y el arte “acarrea la de lo político y también la de la economía que busca moverse fuera de pautas éticas, desligando muchas veces la libertad económica de las otras libertades, lo que trae deformaciones muy grandes en la convivencia social.”[6]  

Razón 

La importancia de la razón humana fundamento de todo conocimiento y progreso, es otro rasgo predominante de la modernidad. De su aplicación se esperaba la resolución de los problemas humanos, la prosperidad material y la felicidad. Está concepción tuvo –y tiene-  hondas repercusiones en la vida social e individual al proyectar “una comunidad de ciudadanos libres y racionales sobre las ruinas de los antiguos regímenes sometidos a las tradición.”[7]  

La sociedad se sustentaría en la razón permitiendo el desarrollo de las potencialidades y el bienestar individual y el colectivo. Optimismo inicial que, como señala la experiencia histórica, en palabras de Touraine, se fue diluyendo.  Gustavo Gutiérrez (2000) observa que “en vez de racionalidad hemos sido testigos de conductas perversas e irracionales como el nazismo y el estalinismo; en vez de un equilibrado conocimiento de la naturaleza asistimos a un saqueo de ella.”[8] Circunstancias que devinieron en decepción y desconfianza ante los desbordes de la razón instrumental. 

Sin embargo, observar críticamente la aplicación defectuosa de la razón, no puede hacer olvidar que es precisamente el tipo de sociedad que ella inspiró “al que nos referimos para combatir las injusticias sociales, las arbitrariedades del poder, el nacionalismo agresivo y el colonialismo sofocante”[9]  

Voluntad 

El individuo moderno es un ser de deseos, necesidades e intereses personales e intransferibles. Se supone que el ejercicio de la voluntad está determinado por la razón, y no por la tradición, o la historia o por éticas particulares de una comunidad.  La categoría de sujeto moderno en uso de su libertad “es el punto de partida para el reconocimiento de la acción intencional propia de la voluntad –individual o colectiva-.”[10] La riqueza del acto intencional es expresada por Gómez: “Se actúa no sólo produciendo un resultado sino durante la producción de ese resultado.”[11] 

El ejercicio de la voluntad conduce al tema de la racionalidad o irracionalidad de las  acciones de cara a los otros. Es en la relación con los otros, donde se establece la racionalidad.  La razón instrumental orienta un accionar en búsqueda de resultados mensurables, cuantificables, en términos científicos y técnicos o peor aún solo empresariales. Llevaba a extremos. hace caso omiso a otras  consideraciones como las de carácter ético.  Cuando esto ocurre, cuando se dejan de lado consideraciones éticas, la técnica librada a sí misma se somete a un poder tecnicista que abusa de los derechos de la razón.

En este “estilo” de ejercicio de la voluntad se produce la escisión, por ejemplo, entre rentabilidad económica y bienestar de las personas. Cuando el poder de decisión pasa exclusivamente por las leyes del mercado y este se convierte  en el único referente de la vida social emerge el individualismo salvaje e irracional. Enorme obstáculo para la armonía de la convivencia social.  

Libertad y esperanza 

La voluntad del sujeto moderno se vincula también con la esperanza como factor movilizador de las acciones. El riesgo en la sociedad intensamente mediatizada es que la labor de los medios de comunicación y muchas de sus rutinas, propicien que la voluntad y las expectativas  regidas exclusivamente por el poder del dinero, se conviertan en apetito de consumo, ahondamiento de la distancia social, pérdida del sentido de la vida y que el poder político manipule conciencias.  Especialmente en los sectores con menos capacidad de resistencia.

Reducido a consumidor –muchas veces frustrado-  de bienes o atributos de prosperidad material, así como conducido a mirar solo unos cuantos aspectos de la realidad, es muy alto el riesgo de que la voluntad del individuo se haga extraña a sí mismo, y se produzca la alienación.

Como para pensarlo. En libertad.  

En caso de usar esta información SE RUEGA CITAR LA FUENTE

TAMBIÉN  VER:
ERNESTO  SÁBATO  ACERCA  DEL  ARTE, LA TECNOLATRÍA  Y  EL FUTURO  DE  LA  HUMANIDAD
https://hablasonialuz.wordpress.com/2015/05/05/ernesto-sabato-acerca-del-arte-la-tecnolatria-y-el-futuro-de-la-humanidad/



[1] Touraine, Alain. Crítica de la modernidad. Tercera reimpresión. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, 1995 p. 24.

[2] Touraine. Obra citada pp. 29 – 30.

[3] La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano proclamada en Francia en 1789 conciliará el interés individual y el bien común teniendo como base la ley.

[4] Bovero, Michelangelo. “Modernidad”. En: Individuo, Modernidad, Historia. Barcelona: Tecnos, 1993 p. 100.

[5] Touraine. Op. cit.,  p. 207

[6] Gutiérrez, Gustavo. “Desafíos de la posmodernidad”. En: Páginas Nº 162 Lima: Centro de Estudios y Publicaciones CEP, abril, 2000 

[7] Touraine, A. ¿Podremos vivir juntos? Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1998  p.28

[8] Gutiérrez. Obra citada, p. 40

[9] Touraine. ¿Podemos vivir juntos?  p. 31

[10] Gómez, Amparo. “Explicación en un mundo de actores” En: Individuo, Modernidad, Historia p. 54

[11] Ibídem.

3 comentarios »

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  1. que muy buena, poeta

  2. […] y Política. Caracas, Venezuela.   Carrillo, S. (2007). La Libertad de Pensar. Disponible en: https://hablasonialuz.wordpress.com/2007/06/13/la-libertad-de-pensar/   Ciurana, E. (2006). Complejidad y Autonomía del Sujeto.  Universidad de Valladolid, […]


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