EL CRISTO DE VELÁSQUEZ EN LA POESÍA DE MIGUEL DE UNAMUNO

abril 1, 2007 a las 11:37 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura | 13 comentarios

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“¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde alborea
El sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
Del padre de la luz, del sol vivífico…”

Miguel de Unamuno, el más influyente conductor intelectual de la Generación del 98, hizo de la narrativa y la poesía – al igual que el ensayo- vehículos de las nociones más importantes de su pensamiento y acción, entre las que predomina el tema de la relación del Ser Humano con Dios, en estrecha vinculación con su postura estética. Las siguientes líneas tratan de la identificación de esta constante en el extenso poema El Cristo de Velásquez. Obra en la que se perciben los ecos de la mística del Siglo de Oro, especialmente de Fray Luis de León, Teresa de Jesús y Juan de La Cruz, además de la huella de numerosos textos bíblicos.

Ante el avance de la idea de progreso material, propia de la modernidad, Unamuno percibe los riesgos del deicidio que deja al individuo cada vez más solo y sin finalidad. La existencia humana que se disuelve en la nada, produce en su ánimo una inmensa rebeldía convirtiéndose en uno de los motivos más poderosos y reiterados de su producción.

La poesía de Miguel de Unamuno

A los cuarenta y tres años, y cuando contaba ya con una importante obra en prosa, Miguel de Unamuno publica sus primeros poemas. El libro titulado escuetamente Poesías y publicado en Madrid, en 1907 significaba un trabajo largamente meditado como el mismo autor señala en carta a Zorrilla San Martín: “Yo apenas escribí versos hasta pasar de los treinta años, y la mayoría de ellos, la casi totalidad, después de los traspuestos los cuarenta… son poesías de otoño, no de primavera”

En el Prólogo de Ana Suárez Miramón a su Poesía Completa (1987) se lee: “Con Unamuno se identifica de manera total la existencia, el pensamiento y la creación artística. Quizá como ningún otro autor de su generación, supo unificar el gran problema que atormentaba a los jóvenes autores: vivir la vida o la creación artística” y más adelante se remarcará que “ toda su obra refleja esta dualidad, esta agonía entre ser un creador y una criatura de Dios que, en realidad, responde en última instancia al gran problema del hombre: la soledad”

El propio Unamuno explica su postura frente a la creación poética a propósito de su Cancionero:

“El verso es más liso, más llano y más corriente que la prosa, y si me tengo que valer de él es por sentirme a ello empujado por un poder íntimo, entrañado y arraigado en el cogollo de mi ánimo. (…) Y lo que crea es la palabra y no la idea. Que si la idea es idea, la palabra es espíritu.”

En estos conceptos está presente la noción – romántica – de la inspiración como intervención de la “presión providencial de la Musa”. Pero también lo que Pedro Cerezo Gala (1996) advierte como “trasfondo místico, conjunción de romanticismo y cristianismo, un desbordamiento de la intimidad, con la fuerza de un poder que todo lo renueva.” En torno a la relación filósofo – poeta, Unamuno señala:

“El poeta es el que nos da un mundo personalizado, el mundo entero hecho hombre, el verbo hecho mundo; el filósofo sólo nos da algo de esto en cuanto tenga de poeta, pues fuera de ello no discurre él, sino que discurren en él sus razones o, mejor, sus palabras. Un sistema filosófico, si se le quita lo que tiene de poema, no es más que un desarrollo puramente verbal; no es sino metalógica, tomando lógica en el sentido que se deriva de logos, palabra.”

En la poesía de don Miguel de Unamuno hallamos el repertorio de sus constantes preocupaciones de filósofo. La naturaleza humana, Dios, la relación entre ambos, la muerte, la eternidad, la trascendencia. Temas insistentes de una poesía que frecuentemente, recurre a las interrogantes en el plano de la expresión. Poética que condensa en verso lo antes – y después – explicado en las obras en prosa.

Existe otro elemento importante de tenerse en cuenta, es la trascendencia gracias al mensaje estético: El autor lo dice en una de sus últimas canciones: ‘…cuando me creáis más muerto/ retemblaré en vuestras manos. /Aquí os dejo mi alma – libro / hombre – mundo verdadero. / Cuando vibres todo entero/ soy yo, lector, que en ti vibro”

El Cristo de Velásquez al interior de la producción poética del autor

El extenso libro – poema El Cristo de Velásquez tuvo una gestación de aproximadamente siete años y en él se hallan los más importantes temas del pensamiento unamuniano. Entre ellos, la diferencia entre la historia externa y lo que llama la Intrahistoria, o historia del espíritu, lo que se ha denominado “intuición esencialista”; la oposición sabiduría mística y racionalidad propia de la modernidad. Frente al desgarramiento de la conciencia moderna, propone el retorno “ al fondo eterno y universal de humanidad, que es la más honda y fecunda idea, donde se confunden los dos mundos”. Aquí conviene recordar que Unamuno pondera a Fray Luis de León como prototipo de humanista español capaz de conciliar el logos cristiano con la sabiduría clásica. De él dirá: “Penetró en lo más hondo de la paz cósmica, en la solidaridad universal, en la Razón hecha Humanidad, amor y Salud”.

Son numerosos los antecedentes de este poema religioso. Destaca, sin embargo, un poema titulado El Cristo yacente de Santa Clara. El hecho de basarse en un cuadro de uno de los más grandes pintores españoles de todos los tiempos es igualmente expresiva de su identificación con los valores de España. Para Ferdinando Castelli (1984) El Cristo de Velásquez es un desbordarse de sentimientos frente al crucifijo contemplado en todos sus aspectos e invocado con pasión siempre creciente.

Organización del contenido en el libro El Cristo de Velásquez.

La obra, publicada en octubre de 1920, consta de cuatro partes, divididas cada una en capítulos de diferente extensión. En total, constituye un texto de 2.538 versos endecasílabos.

La primera parte, que es la más extensa, se inicia con un conjunto de cuatro poemas numerados en romanos del I al IV. Posteriormente los poemas tendrán no sólo numeración sino también título. Los primeros versos de esta primera parte es cita textual del evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 19 seguidos de la visión de la pintura de Diego Velásquez.

“No me verá dentro de poco el mundo,
más sí vosotros me veréis, pues vivo
y viviréis” – dijiste -; y ve: te prenden
los ojos de la fe en lo más recóndito
del alma, y por virtud del arte en forma
te creamos visible. Vara mágica
nos fue el pincel de don Diego Rodríguez
de Silva Velásquez. Por ella en carne
te vemos hoy.
(…)
Volaste al cielo a que viniera,
consolador, a nos el Santo Espíritu,
ánimo de tu grey, que obra en el arte
y tu visión nos trajo. Aquí encarnada
en este verbo silencioso y blanco
que habla con líneas y colores, dice
su fe mi pueblo trágico…”

Este poema resume los temas que irá desarrollando a lo largo de la obra. El mensaje de la muerte y la resurrección de Cristo, la creación artística en su capacidad eternizadora y como don del Espíritu supremo, la particularidad de la fe religiosa española (“mi pueblo trágico”), etc.

El poema IV, con el que inicio esta entrega, es uno de los más difundidos en las antologías generales de la obra de don Miguel de Unamuno, lleva dos epígrafes: el primero tomado del Cantar de los cantares (“Mi amado es blanco…”), y el segundo del libro de Santa Catalina de Siena Libro della Divina Dottrina.

Junto al ya citado evangelio de Juan, y a lo largo de todo el libro, aparece en forma textual o en paráfrasis gran profusión de citas de Lucas y Mateo, así como fragmentos de Hechos de los Apóstoles y cartas a los Hebreos, Colosenses, Corintios y del Apocalipsis, con respecto al Nuevo Testamento. Del Antiguo Testamento, pasajes tomados de los libros Génesis, Ezequiel, Reyes, Exodo, Cantares, Salmos y Deuteronomio.

La segunda parte está destinada a presentar los tormentos de Cristo en la cruz. En ella no sólo se ingresa a la interioridad de Cristo, sino también en la esperanza que esa muerte trae al mundo. Los elementos naturales son humanizados: “El mar, trémulo espejo de los ojos”; “Fuego eres Tú, que al cielo sube siempre.” Se halla, además, constantes alusiones a la luz, la claridad, el color blanco símbolo de la fe y la armonía en contraposición a las tinieblas.

“Con tu muerte trajiste Dios al suelo
y la luz verdadera has enterrado;
con ella nos bañaste las entrañas;
de tu sangre, que es luz, has hecho sangre
de nuestras almas, dando vista al ciego.”

La tercera parte, 27 poemas, es la descripción del cuerpo de Cristo en una observación vertical (años después desarrollada por el pintor catalán Salvador Dalí) que se inicia, de acuerdo con un orden descendente, en “Corona” y “Cabeza” siguiendo con “Frente”, “Rostro”, “Ojos”, “Nariz”, “Mejillas” etc. Y a antes de pasar al cuerpo se detiene en “Obediencia” que expresa la actitud toda de la cabeza.

Cada una de las partes del cuerpo nos va entregando la visión más humana que pueda leerse en poema místico alguno. El simbolismo del cuerpo y el tiempo es una constante en esta parte del libro; al mismo tiempo que la reflexión sobre el acabamiento y la eternidad fundamento de la fe.

Pero no es sólo el ser humano el que recibe los dones. La naturaleza toda se salva de la muerte: “Selvas, montañas, mares y desiertos,/ confluyen a tu pecho, y en Ti abarcas/ rocas y plantas, bestias, peces y aves. / Es como un arca de Noé tu cuerpo/ donde se salvan del diluvio lóbrego/ cuantos hijos parió la Madre Tierra.”

En la cuarta y última parte donde encontramos entre otros poemas su “Oración final”, insiste en la reflexión acerca de las consecuencias de la Resurrección. …Pues Tú a la Muerte que es el fin has hecho/ principio y soberana de la vida”

En el poema “Saduceísmo”, a través de interrogaciones, se recusa la idea de Progreso, basado exclusivamente en el saber humano, una de las constantes preocupaciones de Unamuno ante el vacío que veía cernirse sobre el hombre moderno:

“¿A qué saber, si la conciencia al borde
de la nada matriz no espera nada
más que saber? Di, ¿dónde están las olas
que gimiendo en la playa se sumieron?
¿Y aquellas otras que al confín hinchándose
con sus espumas anegar querían
a las estrellas?…”

En “Oración final”, la comunicación se hace más íntima y entrañable. “Mis ojos fijos en tus ojos, Cristo,/ mi mirada anegada en Ti, Señor!”. Luego, va dando cuenta de las debilidades y flaquezas unidas a una esperanza conmovedora. Se trata del poema más extenso del libro y tiene notas de los Salmos, de los evangelios de Juan y Lucas, del libro del Exodo, de Números y de Ezequiel.

Génesis del poema

En la génesis del poema, como señalamos anteriormente, se halla el “El Cristo yacente de Santa Clara”, surgido de la contemplación de un Cristo anonadado, vencido y aniquilado por la muerte:

“No hay nada más eterno que la muerte;
todo se acaba – dice a nuestras penas-
no es ni sueño la vida;
todo no es más que tierra;
todo no es sino nada, nada, nada (…)
hedionda nada que al soñar apesta’
Es lo que dice el Cristo pesadilla;
Porque este Cristo de mi tierra es tierra”

Como señala Zubizarreta, ante esta realidad de muerte en un siglo que proclama con Nietzsche, que “Dios ha muerto”, Unamuno propone a España Resucitemos a Dios.

En carta del 28 de julio de 1913, dirigida a Texeiras de Pascoaes, Unamuno confiesa “A mí me ha dado ahora por formular la fe de mi pueblo, su cristología realista, y lo estoy haciendo en verso… Quiero hacer una cosa cristiana, bíblica y española”.

Aspectos formales

El libro está compuesto por 2,538 versos en poemas extensos, meditativos y discursivos. En algunos momentos el yo poético dialoga con un interlocutor próximo; y, en otros, el tono adquiere las características de un soliloquio.

Con un lenguaje marcadamente sobrio, se construyen imágenes parcas pero de gran emoción estética. Resalta en este libro la ausencia de sublimación de la figura de Cristo. La métrica elegida es el endecasílabo llano, flexible por naturaleza, en el que Unamuno encontró la forma poética acorde a la libertad que plantea el libro.

Temas poetizados.

En El Cristo de Velásquez en gran tema es Dios vencedor de la muerte y por ello motivo de la esperanza y sentido último de toda la creación: “Tú has humanado al universo, Cristo/ ¡que por Ti es obra humana! ¡ Vedlo todo! ( “Ecce Homo”).

La Relación entre Razón, Fe y Vida es otro de los grandes motivos unamunianos. En cita de J. Marías, Unamuno dirá: “No es necesidad racional, sino angustia vital lo que nos lleva a creer en Dios. Y creer en Dios es ante todo y sobre todo, sentir hambre de Dios, hambre de divinidad, sentir su ausencia y vacío, querer que Dios exista. Y es querer salvar la finalidad humana del universo. Porque hasta podría llegar uno a resignarse a ser absorbido por Dios, si en una Conciencia se funda nuestra conciencia, si es la conciencia el fin del Universo.”

La desconfianza de Unamuno ante las elaboraciones frías del intelecto, de la razón, a la vez que la supremacía de la vida, queda expresada una vez más:

“Paradojas, parábolas y apólogos
Florecían lozanos de tu boca;
No silogismo, no pedruscos lógicos
Al cuello de la mente cual collar.”

(Tercera Parte: V “Frente” )

El tema de la Muerte y la permanencia, se engarzan frecuentemente a la idea de la muerte convertida en inicio:

“Tú el fruto, por la muerte ya maduro
del árbol de la vida que no acaba

Pues Tú a la muerte que es el fin has hecho
Principio y soberana de la vida.”
(Cuarta Parte: I “Muerte”)

En “Oración Final”, invoca la eternidad en una súplica que es individual pero, a la vez, involucra a toda la humanidad. Importante también de tenerse en cuenta es el tema de la dignidad total del Ser Humano y su “muerte y resurrección de pie”:

De pie y con los brazos bien abiertos
Haznos cruzar la vida pedregosa
– repecho de Calvario – sostenidos
del deber por los clavos, y muramos
de pie, cual Tú, y abiertos bien los brazos
y como Tú, subamos a la gloria
de pie, para que Dios de pie nos hable
y con los brazos extendidos.
(…)
me entre en el claro día que no acaba,
fijos mis ojos de tu blanco cuerpo,
Hijo del Hombre, Humanidad completa,
en la increada luz que nunca muere;
¡ mis ojos fijos en tus ojos, Cristo,
mi mirada anegada en Ti, Señor!”

(Cuarta y última parte: “Oración Final”)

COMENTARIO FINAL

El Cristo de Velásquez, obra de madurez y de larga y rigurosa elaboración, significa una suerte de condensación de las propuestas de don Miguel de Unamuno y su apuesta radical por la fuerza y permanencia del mensaje artístico.

Mucho tiempo después de creada, la obra mantiene una impecable vigencia. La preocupación ante la deshumanización que el autor preveía, alcanza hoy enormes dimensiones. Nunca como hoy fue más urgente la necesidad volver los ojos a una visión esencial de la naturaleza del ser humano y el universo. El libro El Cristo de Velásquez de Don Miguel de Unamuno, desde el arte, estimula esa mirada.

El cuadro Cristo Crucificado de Diego Velásquez de Silva.
(Información en base a: Invitación al Museo del Prado, Exposición didáctica. Madrid: Ministerio de Relaciones Exteriores. Dirección General de Relaciones Culturales- Ministerio de Cultura. Museo del Prado. Diciembre de 1987)

Diego Velásquez (1599-1660) pinta su Cristo crucificado, hacia 1630, para la Iglesia del convento de Plácido de Madrid. Se trata de un óleo sobre lienzo de 2,48 por 1,69 metros.

Cristo aparece clavado en la cruz, con cuatro clavos: dos en las manos y dos en los pies, como era costumbre representarlo en Sevilla en aquel siglo. Llama la atención que Cristo presente media cara cubierta por parte de la cabellera. El rostro de bellísimas facciones, se inclina sosegadamente sobre el pecho. Una corona circunda la cabeza, y el cuerpo que destaca muy claro sobre la oscuridad del cuadro, está apenas cubierto por un sudario atado al bajo vientre. En la parte superior de la cruz aparece un madero sobrepuesto en el que se lee en tres idiomas (Sánscrito, Griego y Latín) la inscripción: “Jesús, el Nazareno, Rey de los judíos.”

Referencias bibliográficas

Castelli, Ferdinando. (1984) “Miguel de Unamuno ante Cristo a la luz de su diario íntimo”. En: Revista Encuentro. Lima: Centro de Proyección Cristiana. No 34

Cerezo Galán, Pedro (1996) Las máscaras de lo trágico. Filosofía y tragedia en Miguel de Unamuno. Madrid: Editorial Trotta.

Cobo, Eugenio (1989)“Cancionero de Unamuno” En: Cuadernos Hispanoamericanos No.467. Madrid: mayo.

Díaz Plaja, Guillermo (1971) Historia de la literatura española. Buenos Aires: Editorial Ciordia SRL.

Diego, Gerardo (1981) Poesía Española Contemporánea. Novena edición (1era. Ed. 1959). Madrid: Taurus

Ferrater Mora (1944) Bosquejo de una filosofía. Buenos Aires: Losada

Marías, Julián(1942) Miguel de Unamuno. Buenos Aires: EMECE, editores.

Ministerio de Relaciones Exteriores de España (1987) Invitación al

Museo del Prado. Madrid: Dirección General de Relaciones Culturales. Museo del Prado.

Prampolini, Santiago (1956) Historia Universal de la Literatura. Buenos Aires: UTHEA.

Riquer, Martín y Valverde, José María (1994) Historia de la literatura universal. T. VIII Barcelona: Planeta.

Sotelo Vásquez, Adolfo (1986) “Miguel de Unamuno y la génesis del Romancero Gitano. En : Cuadernos Hispanoamericanos. No 433 – 434, agosto.

Suárez Miramón, Ana (1987) “Prólogo” En: Poesía Completa de Miguel de Unamuno (I) Madrid: Alianza editorial.

Unamuno, Miguel de (1938)La agonía del cristianismo. 3era. Edición. Buenos Aires: Losada; (1977) Obras selectas. Prólogo de Julián Marías. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva. Poesía Completa (1). Madrid: Alianza editorial.

Varios Unamuno. ( 1936 – 1986 ) Madrid: Suplemento del diario El País. Edición Internacional del 5 de enero de 1987

Zubizarreta, Armando (1960) Tras las huellas de Unamuno. Madrid: Taurus

Hace unos años publiqué una versión más amplia de este artículo en la Revista Páginas. No. 155 Febrero 1999, pp. 93- 103

Al hacer uso de esta información SE RUEGA CITAR LA FUENTE

Unamuno

13 comentarios »

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  1. Que lindo, que lindo!!!!

  2. Es un hallazgo para mí, a los 59 años de vida, habiendo estudiado al Unamuno ensayista, al Unamino desterrado por sus ideas contrarias siempre al que gobierna, una poesia tan bella hacia la figura de Cristo, al Dios hecho hombre al que pregunta por sus cuitas, o al que le dice que hecho Eucaristia provoca Divina Hambre. He quedado muy satisfecha con este hallazgo, pues defenestrado en mi epoca de bachiller no busque nunca en él su lado religioso. Con estas lagunas del conocimiento se provocan tantas y tantas fobias a determinadas personas.

  3. Mira qué buen post aquí publicado, con tan buenas bases. Felicidades !!

  4. Dios es poderoso, fuerte y vive vive

  5. Pontevedra a 16 de enero de 2009 ( La gran Babilonia, madre de todas las rameras)
    Hola hijos, muchos fuisteis los que me preguntasteis por la gran Babilonia, madre de todas las rameras y de las abominaciones de la Tierra (Apocalípsis 17: 5), sabed que, esta Babilonia y ramera, es, en estos tiempos Nueva York, donde se juntan casi todas las nacionalidades (pueblos) y lenguas, ademas de ser la sede de la ONU (“y la mujer que viste es aquella gran ciudad que impera sobre los reyes de la Tierra” Apocalípsis -17: 18), donde todos los gobernantes o reyes de la Tierra, se someten a la Bestia y a esta gran ramera.

    Estudiad con calma la Biblia y reflexionad. Y sobre todo fijaos en quien insulta y blasfema continuamente contra Dios con su actos, frutos, comportamiento y el incumplimiento continuo de sus Mandamientos.

    ———-Dios Poderoso—–( Cristo Maestro Andar)

    Mas informacion en: ungranmonte.blogspot.com
    Nota: Felicidades por su pagina.

  6. […] Cristo aparece clavado en la cruz, con cuatro clavos: dos en las manos y dos en los pies, como era costumbre representarlo en Sevilla en aquel siglo. Llama la atención que Cristo presente media cara cubierta por parte de la cabellera. El rostro, de bellísimas facciones, se inclina sosegadamente sobre el pecho. Una corona circunda la cabeza, y el cuerpo, que destaca muy claro sobre la oscuridad del cuadro, está apenas cubierto por un sudario atado al bajo vientre. En la parte superior de la cruz aparece un madero sobrepuesto en el que se lee en tres idiomas (Sánscrito, Griego y Latín) la inscripción: “Jesús, el Nazareno, Rey de los judíos.”  (Sonia Luz) […]

  7. Hermoso texto para reflexionar en nuestro quehacer. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida… Es la Luz del mundo…”Hijo del Hombre, Humanidad completa, en la increada luz que nunca muere…”.

  8. CRISTO, DIOS MIO QUIERO DECIRTE QUE TE AMO, Y QUE QUIERO QUE ME ILUMINES Y QUE ME HABLES EN MI CORAZON, PORQUE QUIERO SER AGRADABLE A TI. AYUDAME, FORTALECE, CONDUCEME, LAVAME.

    TE AMO CRISTO

  9. yeah… mira yo estudio medicina y como buen amante y creyente de la ciencia no soy religioso, y mucho menos creo en dios…
    por fortuna amo el arte y todo esto que describe y como lo describe es maravilloso fantastico estupendo sublime…

  10. […] 1: Para pasar de la reflexión a la contemplación del misterio de Cristo, recomiendo acceder a  https://hablasonialuz.wordpress.com/2007/04/01/el-cristo-de-velasquez-en-la-poesia-de-miguel-de-unamu…  ,  y ver la imagen del “Cristo de Velásquez en […]

  11. Me gusta este Unamuno hombre con Dios ( como Fray Luis: solo con Dios se acompasa…) Sigue siendo de rabiosa necesidad en los inciertos tiempos que corren, resucitar a Dios, pero a este Dios amor, sufrido y misericordioso.

  12. La crisis religiosa actual se ha profundizado respecto a la que vislumbra Don Miguel. Ya no se atiende a las aspiraciones profundas del corazón que atormentaban a nuestro autor. Ahora la única preocupación es vivir la vida que es corta, aprovecharla, consumirla. ¡Es un objeto más de consumo!
    Pero cuando las cosas se tuercen,( la enfermedad, la muerte del niño, la invalidez, la catástrofe natural o provocada…)algunos todavía dicen, como me han dicho a mi, “con fe todo sería más fácil”
    Cristo muriendo nos dio la Vida. Nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Para triunfar debemos seguir el mismo camino.

    Alicio

  13. Queridos lectores, hasta el día de hoy, 03 de junio de 2013, 32,098 han accedido a este post. Quedo muy agradecida tanto por la visita y lectura como por los comentarios emitidos.


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