ENTRE EMPRESARIOS Y POLÍTICOS: HILDEBRANDT Y LOS LÍMITES DE LA EXPRESIÓN

febrero 12, 2007 a las 5:35 am | Publicado en Comunicación y Cultura | 5 comentarios

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Lo ocurrido, una vez más, con el periodista peruano César Hildebrandt a quien se le ha cancelado la exitosa e influyente columna de opinión que mantenía en un pequeño diario limeño, es ocasión para constatar la forma cómo se estrechan y hasta desaparecen los espacios para la exposición pública de lo diferente, lo divergente, al mismo tiempo que se proclama que se vive en democracia. Oportunidad para volver sobre el tema de las relaciones entre periodistas y empresas de comunicación.

En la explicación que nos hizo llegar el periodista menciona que “el poder judicial ha reabierto, después de seis años, el caso Mesa Redonda, donde siempre se dijo que el señor Wong, propietario de La Primera, tuvo mucho que ver”. Se refiere al incendio en una calle de la ciudad de Lima convertida en mercado ilegal de fuegos artificiales en las fiestas de fin de año del 2001. Desde entonces, hay más de ciento veinte tumbas sin nombre, restos casi irreconocibles y familiares sin consuelo. Hay delito y víctimas pero no existen acusaciones claras. El dueño de la compañía importadora de los productos pirotécnicos es el mismo que hace poco adquirió la propiedad del diario La Primera. El mismo que posteriormente al incendio pretendió jugar a la política organizando un partiducho político intrascendente.  El mismo que debe aspirar a mantener las mejores relaciones con el régimen del que Hildebrandt es uno de los más eficaces opositores.

Empresarios que no sólo financian partidos sino que buscan o inventan un partido político y luego se hacen de un medio de comunicación son una constante y constituye un desafío a la independencia de los comunicadores y al derecho ciudadano a la comunicación. El tema, como muchos otros, ni es nuevo ni ocurre sólo en América Latina. Un diario, un medio en general no vende sólo información y entretenimiento. Vende porciones de audiencia o lectoría a los anunciantes. Pero vende, sobre todo, una versión sobre la realidad. Ahí su poder y también la fuente de sus fragilidades.

La comunicación como negocio y medio de presión política establece espacios plagados de riesgos e incertidumbre para quienes trabajan en los medios. Hace poco en una entrevista que realicé al periodista Manuel Jesús Orbegozo- publicada en la revista de la UNIFË- luego de más de cincuenta años dedicados a esta labor, declara dramáticamente “En ningún medio en los que trabajé yo pude expresar mis ideas. En ninguno, porque todos los periódicos tienen sus límites”. Poco antes me había dicho “hay que tener en consideración que los periodistas siempre servimos a otros, a los empresarios que son los que dictan las reglas de conducta”. Qué hacer, entonces, le pregunto. “Cuando llega el momento que el peso se hace insoportable, debes renunciar”.

En similares términos, Ryszard Kapuscinski, hablando de los límites del periodismo dice: “En esos terrenos juegan otros intereses antes que la verdad Y en ese juego no hay una respuesta buena. Hay que luchar, negociar. No hay otra solución que hacer los mejores compromisos que podamos para nuestra misión profesional”.

Sin embargo, no es lo mismo vender productos pirotécnicos o información y opinión. Ahora sabemos que los efectos acumulativos de los medios tienen un innegable impacto cultural y que el sistema mediático construye figuras y antes o después les pasa la factura. Es un juego ambivalente donde intereses económicos danzan con prescindencia del interés de la ciudadanía.

Hace poco leí un artículo en el que Gerardo Albarrán, (Sala de prensa, octubre 2001) cita a Saramago “Se ha establecido y orientado una tendencia a la pereza intelectual y en esa tendencia los medios de comunicación tienen una responsabilidad. Hay gente que dice que ya no hay periódicos, sino sólo empresas periodísticas”.

El poder en el cuarto.

Ante estas afirmaciones la imposibilidad de libertad de pensamiento y acción puede parecer una fatalidad. No es así. El comunicador cumple una función eminentemente social y la rica realidad demuestra que existe en franjas de la población un deseo legítimo de encontrar siempre nuevos canales que expresen el pensamiento “que contesta”. Al margen de lo que señalen las compañías medidoras de rating o de lectoría, tan involucradas ellas con los negocios y tan poco preocupadas por la verdad.

Vuelvo al maestro Ryszard Kapuscinski (Sala de prensa, febrero 2007) y a su fe en la palabra escrita para producir cambios:

“El que la escritura produzca cambios no lo deciden sólo los autores, sino sobre todo los lectores: su sensibilidad y confianza en la palabra, su prontitud y deseo para reaccionar a la palabra recibida. Sin embargo, a pesar de los impedimentos, estoy seguro que escribir puede provocar cambios. Lo digo con base en la experiencia de mis numerosos colegas que han puesto en peligro su vida y que, incluso, la han entregado. La entregaron para que su labor no sólo informara sobre lo que ocurre en el mundo, sino para desenmascarar el mal, sanar una situación o hacer al mundo más humano. Fue precisamente la escritura desenmascaradora y acusadora, y a menudo simplemente informativa, la que tuvo una importante papel en el conocimiento de los Gulags y de los campos de concentración, así como en el derrumbe de muchos regímenes criminales, de dictaduras del tipo de Pol Pot, Mobutu, Amin o Duvalier. Ello fue posible porque la palabra escrita pudo siempre cambiar muchas cosas. Ella ha provocado durante siglos el temor de todo poder autoritario que la ha combatido mediante diversos métodos”.

Qué hacer?

No hay respuesta fácil. Sin embargo, ante la lógica mercantil y los enjuagues de los políticos es importante seguir imaginando y actuando en nuevos espacios de comunicación. Ante la ausencia de una clase política comprometida con la formación de ciudadanos la tarea tiene que ser emprendida en diversos ámbitos. Es urgente, por ejemplo, educar a la ciudadanía en la recepción hábil y crítica pero también considerar la necesidad de revitalizar la organización de los comunicadores y también de los consumidores.

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5 comentarios »

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  1. ¿SOLIDARIZARME CON HILDEBRANDT?
    Escribe: Dante Castro Arrasco

    Don César Hildebrandt, qué duda cabe, es un buen periodista. Ha hecho pasar muchos momentos ingratos a los capitostes de la corrupción institucionalizada, al extremo de hacerse acreedor a su ostracismo actual. El lamebotas del fujimorismo, Nicolás Lúcar, tiene un programa de TV, pero no así César Hildebrandt, a quien ya no le queda ni siquiera una página de la prensa local. Eso es lamentable.

    La gente de izquierda se solidariza con Hildebrandt a pesar que este profesional no se ha identificado con ninguna de las izquierdas en los últimos 37 años. Muchas veces ha sido sarcástico, mordaz y agresivo con los izquierdistas. La gente de izquierda es frecuentemente generosa y siempre está dispuesta a solidarizarse con quien es víctima del Estado y los poderosos. Pero Hildebrandt cuando “está arriba” y tiene programa propio, jamás se acuerda de los oprimidos que habitualmente son los primeros en protestar porque le cierran los espacios.

    Uno de los blancos favoritos de Hildebrandt ha sido el socialismo cubano. Parece que alguna frustración vivida en Cuba marcó para siempre su memoria y lo puso en el bando de los periodistas afines al Departamento de Estado Norteamericano.

    Sobre el caso Cuba, tema con que engolosina sus más bajas pasiones profesionales, recuerdo entrevistas cáusticas al poeta peruano Winston Orrillo, al narrador argentino-cubano Jorge Timossi y al poeta cubano Miguel Barnet. La más agresiva fue contra el gran arquitecto que reconstruyó la Habana Vieja, Eusebio Leal, quien en compañía del desaparecido Gustavo Mohme, respondió estoicamente la andanada de provocaciones del conductor del programa.

    El primer programa de TV que tuvo Hildebrandt, hasta entonces periodista “escrito”, fue durante la apertura democrática de los matutinos años ochenta. Se fue la dictadura que todos juntos sacamos a punta de paros nacionales y huelgas indefinidas, pero la izquierda abrió campo para que la derecha gobernara. En el mundo la mayoría de cosas se teñían de rojo, como el mapamundi. Las revoluciones triunfantes anunciaban un nuevo amanecer, la lucha se hacía más cruenta en el Líbano, los sionistas mataban palestinos por docenas, centenas y después miles.

    El primer programa de Hildebrandt se lanzó a hacer una encuesta en calle a los ciudadanos cubanos. Esa Cuba sin hambre y con todo el apoyo del mundo socialista, respondía positivamente sobre su Comandante en Jefe. Se acababan de largar los Marielitos y gusanos que ocuparon la embajada de Perú en La Habana, así que a Hildebrandt le interesaba la noticia. Nos mostró una Cuba de la cual era difícil renegar o despotricar. Pero este affaire repentino no fue por mucho tiempo. Regresó a sus juicios lapidarios anticubanos de los años 70, cuyos recortes guardo celosamente.

    Hildebrandt hizo dos o tres especiales sobre el holocausto del pueblo palestino a manos de sionistas israelíes y culminó con el más contundente acerca de la masacre de Zabra y Chatila. Le cerraron el programa a pedido, mejor dicho exigencia, de la colonia judía en el Perú. Pero principalmente por gestión directa de un nuevo empresario de TV de nacionalidad judía: Baruch Ybcher (nadie lo conocía entonces). La izquierda, siempre generosa, le ofreció su apoyo y hasta la excelente revista Marka le ofreció sus páginas, oferta que Hildebrandt rechazó cortesmente.

    Pasó una década y lo vimos con la vincha del movimiento “Libertad” de Mario Vargas Llosa. Pasaron dos décadas y escuchamos a Hildebrandt en Frecuencia Latina (canal 2) alabando las virtudes democráticas de Baruch Ybcher, su nuevo patrono o mecenas, como usted quiera intitularlo. Muchas cosas cambiaron en él de acuerdo al viraje de los vientos, pero lo que nunca cambió fue su agresividad sin compasión respecto a la revolución cubana.

    Eso y otras cosas que me reservo por el momento, me impiden sumarme a la grita solidaria con César Hildebrandt. Como periodista, puedo estampar mi firma en los manifiestos contra el ostracismo impuesto a César. Pero como ser humano debo reconocer que esa misma actitud él no la tendría con un periodista o escritor perseguido, encarcelado o exiliado. Más bien lo volverán a encontrar del lado del gusano contrarrevolucionario Carlos Alberto Montaner, como ya lo ha hecho en repetidas ocasiones, o de los supuestos “periodistas” de la disidencia interna en Cuba, financiados por el consulado norteamericano.

    FIN

    P.D.- Celebren el 14 de febrero el día de la amistad y fumen la pipa de la paz entre supuestos contrarios. Prefiero recordar a Gonzáles Prada y su célebre invocación a romper el pacto infame de hablar a media voz. Y recuerdo a ese gran maestro de la intransigencia negándose a devolverle el saludo a un oficial chileno durante la invasión de Lima, sabiendo que había sido amigo suyo en la infancia. Eso me recuerda también que estoy en la edad ideal de la intransigencia razonada: muy viejo para la prostitución y muy joven para la alcahuetería. Salute.

  2. Querido amigo César Hildebrandt:

    Gracias por la explicación. Qué tal lujo el de La Primera, qué tal raza la decisión gerencial de ese diario, que la gran mayoría de peruanos honrados adquiríamos temprano, fundamentalmente, para leer tu página, por brillante, lúcida, valiente y digna. No me SORPRENDE MUCHO que no se te haya comunicado “ni siquiera por escrito”.
    Sí, ayer apareció en El Comercio esa noticia “que podría explicarlo todo: el poder judicial ha reabierto, después de seis años, el caso Mesa Redonda, donde siempre se dijo que el señor Wong, propietario de La Primera, tuvo mucho que ver”, como glosas en tu misiva.
    Todo indica que “el Sr. Wong tuvo que ponerse de oferta”. Confiamos en tu inteligencia y capacidad de denuncia y protesta. Tanto el pintor Carlos Ostolaza, como otras personas muy cercanas se han permitido reenviar tu reciente carta a diversas amistades, conocidos de muestro país y del exterior, a fin de que se sepa cómo trata la prensa nacional a nuestro mejor Periodista. Recibe nuestra solidaridad, la de Arturo Corcuera, Violeta Carnero Hoke de Valcárcel (está indignada, su fono es tel. 225 6920). Abrazos cálidos llenos de esperanza. Se te hará justicia. Sabes que puedes contar con nosotros, al decir de Mario Benedetti.
    Cariños a la familia. Buena suerte.

    Rosina Valcárcel
    Lia, 9 de febrero 2007

  3. La Libertad de Prensa es un privilegio en la mayoría de países latinoamericanos, pero aún más, en Perú es un lujo que no pueden darse los peruanos, porque la verdad es peligrosa y no debe decirse.
    Acaso todavía no sabemos lo que es una real democracia, las críticas y una oposición fuerte es señal de una salud democrática. Pero, con mayor razón nuestros intelectuales deben ser la conciencia crítica de nuestra sociedad y de nuestros políticos. Señor Hildebrandt Reciba el apoyo solidario de los escritores y periodistas peruanos que vivimos en el exterior. Entrañablemente solidarios.

    Juan Limachi
    Coordinador del Círculo de Periodistas Peruanos en el Exterior (CPPE)

  4. CIERTO, MUY CIERTO, ESTAMOS VOLVIENDO AL OSCURANTISMO POLITICO, NO SE ATREVEN A ABRIR LAS MAZMORRAS, PERO SON MUY LISTOS PARA “PRESIONAR” CONSCIENCIAS Y BOLSILLOS, CON CADA TINTERILLADA AL MAS PURO ESTILO MONTESINISTA !, A PENSAR QUE ESTE DELICUENTE ESTA ASESORANDO DE ALGUNA FORMA LAS MENINGES DEL GOBIERNO ??? YA SE ACLARA Y PRECISA LO DEL PACTO CON FUJIMORI Y NO SERIA NADA RARO QUE EL DOC APAREZCA EN LA “ACTUALIDAD POLITICA”….
    DON CESAR GENTES COMO UD. SON NECESARIAS, CON SUS VIRTUDES Y DEFECTOS, NADIE ES PERFECTO, GENTE COMO UD. POR EL SOLO HECHO DE DENUNCIAR LO “INDENUNCIABLE” SE HACEN ACREEDORES A LAS “SANTAS IRAS” DEL TRISTE PERSONAJE QUE HOY GOBIERNA EL PAIS, NO SE PREOCUPE Y RECIBA TODO EL APOYO DE GENTE QUE COMO YO OS SIGUE DESDE EL EXTERIOR, Y SOMOS MUCHOS, DE ESTO ESTE SEGURO Y SABREMOS HACER RESPETAR LA LIBERTAD DE LA BUENA PRENSA , QUE AUN QUEDA EN EL PAIS.
    RECIBA UN GRAN SALUDO SOLIDARIO, YA QUE “ADENTRO” LA SOLIDARIDAD PARECE NO EXISTIR EN LA “PRENSA DIARIA”, ES UNA LASTIMA, PERO ASI ES HOY NUESTRO PERU !

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