TAPIZ DE LA ERRANCIA O UNA POÉTICA DEL DESTIERRO. FORMAS DEL DELIRIO DE JORGE NÁJAR

septiembre 13, 2006 en 6:55 pm | Publicado en Artículos sobre Literatura | 4 comentarios

Jorge Nájar Foto: Sonia Luz Carrillo, Lima 2007

Publicado en: Revista Socialismo y participación, Lima, 1999, 86  p. 204-208  Literatura / Poesía / Estudios críticos / Siglo XX / Perú                                                

 

Hablar  de la poesía de Jorge ahora reunida en un solo volumen me tienta, en primer lugar, a referir algunos datos de la memoria común. Corrían (nunca mejor dicho) los últimos años de la década de los sesenta y los primeros de los setenta. En medio de agitados y muchas veces frustrados intentos por recitar nuestros poemas, por publicar nuestros poemas, nos fuimos conociendo los muchachos y chicas poetas de la Universidad  Villarreal. ¿La Villarreal tenía poetas? Esta pregunta debieron hacerla con extrañeza o juvenil sorna los poetas de otros centros de estudios. Sobre este punto, años después, Ricardo Falla nos  ilustra en detalle en su importante estudio  Fondo de fuego. La generación del 70, de cuyas memoriosas páginas tomo notas para las líneas que siguen.

Y sí pues, la Villarreal los tenía, o estaba empezando a tenerlos – aunque dicho sea de paso, hacía todo lo posible por arrojarnos- y allí, sumamente activos, en el local de la Avenida Uruguay primero, y en el de la Colmena después intercambiábamos nuestros poemas, sueños y primeros asombros.

Apoyado en la pared con los libros bajo el brazo, discretamente melenudo  y casi siempre sonriente, con el hablar cantarín y pacienzudo que proclamaba  sus bosques y sus ríos de origen, así recuerdo al Jorge Nájar de los primeros años.  Años de Gleba, la briosa revista fundada por Jorge Vega, Ricardo Falla, Manuel Morales, Jorge Pimentel, Carlos Bravo, Eduardo Valdizán, Eduardo Ibarra y Abdón Cabanillas, publicada en el 65 aunque sus integrantes llevaban ya dos años reuniéndose. Tiempo de un periódico mural de una sola edición Cínico en el que dieron a conocer sus primeros textos Antonio Claros, Jorge Nájar, Enrique Solano, Yoni Bayona y Hernán Rojas; posteriormente se formaría el círculo Antara – con su correspondiente publicación-  integrado por Edwin Sarmiento, Mario Luna, Juan Ramírez Ruiz, Andrés Solari, Francisco Mariátegui y José Carlos Rodríguez. Y en este brevísimo recuento no quiero dejar de mencionar a Páramo la revista que dirigí con Walter Chávez y que en su único número, y en reciprocidad,  reunió a los amigos de todas las otras  revistas y grupos y convocó, además, a Nora Fatacciolli, Juan Paredes Castro y César Hildebrandt.    Qué de lecturas compartidas y largas conversas entre nosotros o alrededor de Eliseo Reátegui, el profesor buena gente que se daba todo el tiempo del mundo para peregrinar de cafetería en cafetería con una manga de poetas en ciernes acribillándolo a preguntas y propinándole sus primeros poemas. Qué ilusión por la salida de algún periódico mural o revista mimeografiada, generalmente muy mal impresa y en la que apenas podían leerse los caracteres y a nosotros parecía el ingreso a la posteridad literaria.

Después vendría Nueva Humanidad 1969 bajo la dirección de Ricardo Falla y Walter Montoya, con su propuesta de “poesía compartida”, con trabajos de buena parte de los antes mencionados. Y, a fines de enero del 70, la aparición de Hora Zero, con su manifiesto titulado “Palabras urgentes”. Experiencia en la que también tomó parte Jorge Nájar, al lado de Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruiz, José Carlos Rodríguez y Mario Luna. Hasta aquí, la memoria. Homenaje a ese lustro y su fuego.

Hoy  estamos ante la poesía de Jorge Nájar, un trabajo insistente que provoca titular “Poética del destierro, o tapiz de la errancia”.

Y esto  porque quien recorra sus versos se hallará ante un yo poético que tiene como constante el estar de paso. Casi siempre se despide, añora o regresa. Poemas generalmente narrativos, de clara tendencia coloquial, van dando cuenta de partidas, viajes, naufragios, referencias geográficas ajenas y siempre la añoranza y la persistente memoria – que por momentos llega al delirio- del origen y la infancia. En ese sentido son significativos los títulos de algunos de los conjuntos ahora reunidos: Malas maneras (en los que encontramos poemas como “Infancia”, “Aeropuerto de Pucallpa al atardecer” etc.), Patio de peregrinos, Temblando en las arenas de Lutecia, Finibus terrae o Mascarón de proa.

Formas del delirio es un conjunto de temas y  variaciones en el que las constantes son el destierro, la infancia, el origen y la ajenidad; pero también la reflexión acerca del arte en general y  la poesía en particular.

El destierro. En el primer poema de Malas Maneras (1973), “Círculo”, la voz poética premonitoriamente reflexiona: “…hete aquí en el principio de un largo viaje/ unido a la dispersión de archipiélagos/ nunca vistos, náufrago ante el horizonte”. En “Lamparones en la oscuridad” se insiste:  “los de antes, diseminados en el mundo/ apenas somos lamparones que parpadean/ a orillas de otro mar, en la oscuridad”. Las partidas connotan dolor, nostalgia anticipada. Se viaja impelido por algo más allá de la voluntad. Por eso en “Equinoccial”, dirá: “Ah los viajes, cada vez más hacia lo inesperado./ Al desembarcar las ciudades eran sombras,/ …/ Y cuando partíamos jurábamos regresar/ al amanecer o en el verano, pero siempre/ la lluvia y el viento viajaban a nuestro lado” y más adelante añade: “Irnos con todos. Irnos para volver/ con los antecedentes, la familia, las gentes/ …  Irnos con los reinos de amueshas y cunibos/ y también con quienes abrieron compuertas/ para continuar incontenibles, caudalosos/ por los extraviados caminos del universo”.

Años después, 1976, en Patio de peregrinos nos habla de la experiencia  de “tres, ya no sé cuántos, cuatrocientos mil caminantes/… A esos peregrinos los hemos esperado”.  Y en la estrofa final: “Pero es viejo este sol y no cabe esperar más/ a los héroes que se fundieron en una luz remota/ ni al viento que borra nombres/ tejidos sobre el polvo del camino”.  La experiencia del destierro se muestra cada vez más intensa, como en los conmovedores poemas de Temblando en las arenas de Lutecia. “Ruboroso y sonriente no sé qué hacer/ en este mundo el atracadero de Saint Denis”.   Nada heroico el sujeto de la enunciación poética hace el recuento de circunstancias en las que sobrevive. El juego del cinismo no da el resultado esperado. Enajenado de sí mismo, en la parte final exclama: “ sobre la planicie no hay nadie/ me hundo en el lodo de un universo vacío/ caigo enredado en mi propia jugada…/ mi pobre corazón no puede más/ señor/ señor”. Por ello no es gratuito que el poema que sigue, Pount au Change, tenga los siguientes versos: “Qué hago aquí desnudo temblando/ de frío/ de calor/ frente a las murallas de Lutecia/ después de haber cruzado tantas llanuras/ a pie a mano/ riendo llorando”.

En este irse permanente hay una búsqueda, pero ¿qué se busca?. Años después, el último conjunto Mascarón de proa, trae un poema que pareciera dar cuenta del inicio de respuestas. El poema se titula precisamente “¿En pos de qué?” y su sola presencia es la  manifestación de una inquietud persistente. En él la voz poética ‘narra’ la circunstancia de un personaje mencionado como ‘el pintor’, ‘el genio’, a la manera de un narrador omnisciente y dice de él: “todavía sueña en su exclusivo amor por el arte”. Luego se establece un cambio, el tono se hace coloquial. La voz poética ahora se dirige al personaje y explica: “Y piensa: Viajaban antaño tus padres buscando especias, en pos del oro, para entrar íntegros en el paraíso”.

Y lo que sigue es sumamente expresivo:

“Tú mismo lo has dejado todo a lo largo de los caminos hacia la manigua de tus adentros.

-¿Y qué ves? ¿Las raíces de tu existencia?

El hombre primitivo escapado de la historia y sus conflictos. El hombre feliz sin  nadie que le dicte una vida descalabrada en la rutina.

– ¿ Y sobre todo por qué te has ido?

¿ Por un imposible espacio para la serenidad cuando nos convertimos en víctimas de nuestros propios temperamentos?

Te has ido porque ya no podías con los tuyos, sus tradiciones y el respeto a las leyes de colores y perspectivas.

Y porque en medio de esa modorra ya ni siquiera podías contigo mismo.”

Destierro y soledad de caminos extraviados aparecen aquí como la condición de la libertad, la autonomía.

Al destierro se une  otra constante y es  la permanente añoranza de familiares, amigos, lugares: “Qué hago aquí con unas ganas locas/ de escribir una postal a mis amigos”. En el poema anterior se había recordado a sí mismo “cuando otro era el jugador el muchacho espigado/ … y no éste el taimado/ que abre el juego desplazando caballo blanco/ y alucina cuando ve una bandada de pájaros del Perú …”. Décadas después, Finibus terrae, 1990, trae esta confesión: “Cuando rumio el pasto de mi vida/ viniendo hasta lo que ahora soy/ …/ hay en el fondo un viajero/…/ hacia difusos parajes/… Sólo hay por delante/ vegetación espinosa puyas florecidas/ y nada más que algunos recuerdos”. La vida como permanente viaje, en el conjunto citado, también aparece en el poema “La salamanquesa y la mosca”: Amigos: la vida es una sucesión de ires./ Estallidos de agua salpicando los sueños./ Arboles donde los padres grabaron señales/ para advertirnos de senderos truncos.”

La ajenidad, el distanciamiento incluso del propio cuerpo podría también señalarse como un tema presente en variados momentos. En “Acta de fundación”, por ejemplo, se lee: “Tal rabo de salamandra desgajado del cuerpo/…/ yo/ mi cuerpo y su vacío”. Y en “A cierta distancia de aquel cielo”, se pregunta “¿Qué nos une a esas sombras expulsadas del reino?/ Apenas si la convicción de no compartir delirios/ y ya ser sólo un cuerpo roto y a la deriva/… Tabla que flota por encima de las clases/ y divisiones, ocupado antaño en Lima/ en luchar contra un cielo poco favorable/ para la astronomía y lectura de sorpresas/ que el tiempo nos venía preparando, me alejé/ de la comandancia sin alegría, sin pena alguna”. Realidad psicológica que imprime su huella en el uso  de la primera persona del plural “Qué nos une” para luego responderse “un solo cuerpo roto”. Es significativa la escisión del yo.

La memoria, la infancia, el origen. Como quiera que Formas del delirio nos ofrece el panorama de un recorrido poético es posible establecer que el tema de la infancia ingresa muy pronto a la poesía de Nájar, algunas veces como pérdida. En el poema “Infancia” de su primer libro: “Si vieras cómo tiemblo, infancia/ cuando corro tras tus huellas… Y luego  suplica: “No desates tu cuello del mío”. La memoria también trae  calmas escenas familiares, como en el poema “El centro de la fiesta”: “La vida era una musiquilla lenta y suave/ cuando padre llegaba a casa y se quedaba/ sumergido en el devaneo materno./ Y éramos el centro de la fiesta”.

Junto a la infancia están los recuerdos del origen, motivos poéticos que en contadas ocasiones adoptan un tono épico. Ellos casi siempre son tamizados por la más íntima emoción. Personajes, mitos  y paisajes, ritos y costumbres, vuelven una y otra vez a lo largo de los años y van burilando los versos, porque como proclama en uno de los poemas más recientes, “A cierta distancia de aquel cielo”: “Ya lo dije y enseñé: La imaginación se nutre/ de la misma luz vista al nacer. Ya lo dije y lo enseñé”.  Sin embargo, tanta memoria parece exasperar al autor, convertirse en carga indeseable. En el poema “Lienzo inacabado”, también de recientes  décadas, la necesidad de liberarse de esa carga parece despuntar en estos versos: “He pintado durante toda mi vida/ paisajes de una infancia/ en la que me moví  a mis anchas./ ¿Y qué? Ahora estoy harto de ello/ pues la memoria no es suficiente./ Nos hacen falta nuevos mitos”.

La poética. Como había mencionado anteriormente uno de los temas recurrentes se constituye la reflexión sobre el arte y en particular la poesía. Uso aquí la acepción de poética como el conjunto preferencial de elecciones  que usa el sujeto de la enunciación y aquellas ocasiones en las que el texto explicita su postura frente a la creación. Vale decir, “todo aquello que se relaciona con la creación o con la composición de obras de las cuales el lenguaje es al mismo tiempo la sustancia y el medio y no en el sentido restringido de colección de reglas y de preceptos estéticos relativos a la poesía’ (P. Valery: 1945).  En tanto opción  frente a la creación las poéticas comprenden el conjunto del instrumental semiótico al que el escritor recurre en el acto de dar forma a sus invenciones. Se trata de un conjunto de posibilidades de significación en el que se reflejan, gracias a combinaciones y conmutaciones, todos los elementos de una cultura. (Segre, 1985)

La explicación poética de Jorge la encontramos desde Malas maneras título del libro y del poema: “A esta calle impropia, Señora de la Noche. A esta calle brillante por la que avanzas  y te pierdes, veloz…” (Pág. 45). Los conceptos de transgresión, nocturnidad y carácter efímero o inabarcable quedan expuestos en estos versos. Unida a la noción poética, también la autorepresentación del artista cuando señala: “El artista no contempla el paisaje/ registra la memoria del mundo/  No hice nada por nadie/ Mas las escenas que aquí grabo/ serán memoria y retoño”.  La autonomía del acto creativo, su independencia de otro tipo de discursos. Clara y temprana toma de posición en el centro de una circunstancia en la que predominaba las exigencias extra estéticas.

Pero es en “El artista y su imagen” de Finibus terrae, donde tal vez quede de manera más explícita la poética de nuestro autor. Se trata de un poema de mediana extensión  de seis estrofas, las dos últimas separadas por un verso independiente. En él la elección ha determinado la presencia de un hablante básico, entendido como voluntad que construye y distribuye el sentido, que va atribuyendo a su “personaje” el conjunto de reflexiones. Recurso que se repite en gran parte de los poemas. Suerte de “Yo soy Otro”.  Como anuncia el título se trata de la autorepresentación del artista. Los primeros versos anuncian lo que podría haberse tratado de las intenciones iniciales: “al alba, ya viejo y sin plumas/ evoca añorante el más  bello deseo:/ belleza desgarrada de la conciencia.” Hay una  sombra de insatisfacción ante lo realizado: “Pero no dice nada. Recuerda palabras/ que brillan en el silencio, enigma/ oído en las cimas del festín/ … / y que ahora resuena en el mutismo”.

La creación poética aparece justificando una opción de vida. Se asume que los resultados pueden no ser parejos, aun así la comprensión de algunos logros permiten la tranquilidad  y el “descanso”. Veamos esta segunda  estrofa:

“Más tarde con suspiros sale un ademán

–       vistos desde la otra orilla

no es superfluo el detalle –

para nutrir pluma que sueña

toda la vida es un solo matiz

un par de versos bien puestos

en el corazón del texto y ya la salvación

descansar en la blancura

y silencio en un mediodía invernal”

La tercera  estrofa inicia la exposición de los gozos de la creación como fruto de la madurez vital y expresiva. Más allá de los avatares, del carácter huidizo de  la palabra poética, el creador se regocija:

“El sol ya declina cuando traza

lo hasta ahora inaccesible

en el fondo de su memoria:

la nitidez del verbo, la deseada

está en todas partes pero prefiere

danzar en la profundidad del placer,

para desleírse, de pronto,

bañada en sudores. Eso es todo.”

El gozo de la creación es solitario,  lleva implícito el riesgo de la inutilidad y lo cómico. Un mundo que privilegia las construcciones materiales no está especialmente apto para celebrar el triunfo de las palabras. Esto no inquieta al artista, nunca inquietó a los artistas.

“Y está contento pues por fin

su bello pensamiento se ha forjado.

Sonríe al mismo tiempo que abre

el balaustre que da al vacío,

su vida, y habla consigo mismo

o tal vez simula – el gesto es cómico

pero hermoso – y esto le lleva

hacia el olvido, el balbuceo,

a la imagen total: una daga

deslizándose sobre el espejo.”

Cuando se cree alcanzada la perfección, asalta nuevamente la incertidumbre, pero: “ya es algo tarde y no hay tiempo/ para borrar y volver a comenzar”. Aquí aparece un verso solitario “ ¿Ya es realmente tarde?”. Hay serenidad a la vez que una mueca de escepticismo al contrastar el candor de los sueños iniciales y las circunstancias de una vida. La noche connota fin de jornada o momento de balances. En contraste con el regocijo de las estrofas anteriores, hay un tono de desconsuelo al asumir las contradicciones – aquí es interesante la imagen del espejo-  y la incertidumbre hace que cobre aún mayor sentido la interrogante con la que el poema deja un final abierto. En lo formal, la elección de la tercera persona subraya  la distancia que se quiere establecer aunque el tono de sentencia revela en forma nítida la participación del autor.

“El artista limpia su pensamiento.

Retira el grano de la paja

y allí no queda nada o casi nada.

Finalmente la noche ha caído

Y él se dice en silencio: Ya nunca más

la desnudez del ave que sale del huevo;

los incendios sólo dejan cenizas

y la efímera transparencia vive

entremezclada en sus propios restos,

solitaria, oculta, cazurra

adormeciendo imposibles

surgidos del fondo de ella misma,

de su desdén.

Decorada la cabeza con un sombrero,

se arregla el nudo de la corbata

y antes de cerrar los vitrales

sonríe sin poder ocultar ese rasgo,

el del rencor, pintado en la comisura

–       lo estoy viendo claramente

proyectado en la claridad del espejo -;

apaga la luz y sale dejando a oscuras

el taller que muchas veces

también es cuarto de soltero.

¿ Ya es realmente demasiado tarde?”

¿De dónde vienes?  ¿A dónde vas?

Que es aún tiempo, que es el mejor tiempo para la creación de estos nuestros frágiles mundos de palabras es demostración este día en que el poeta y también narrador, Jorge Nájar, de vuelta una vez más y entre amigos presenta dos obras y nos regala la oportunidad de celebrar el reencuentro.  La poética del destierro parece estar encontrando un ancho camino, nuevo, acogedor, claro y lleno de presencias que compartimos, por eso quisiera  terminar citando los últimos versos de Mascarón de proa, bello y sereno libro que cierra esta selección:

“ ¿De dónde vienes? Y sobre todo, ¿ a dónde vas?/  A fuerza de fundirte en la distancia has abolido el espacio. / Vienes del aire y sólo estás de paso hacia lo indescriptible”.

Sí Jorge, es cierto. Y  así lo vivimos los que nos hemos atrevido a dar un paso adentro.

(Lima, 16 de julio de 1999) 

 

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4 comentarios »

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  1. Me interesa la poesia de Jorge Najar, lo poc que he leido me ha gustado , soy u joven poeta pucallpino quisera leer mas sobre el.

  2. No sé si en Pucallpa tengas acceso a sus libros pero te aviso que en el blog “Cosas que (me) pasan”

    http://elgatodescalzo.wordpress.com/

    puedes encontrar la forma de adquirir sus más recientes obras.

  3. Aquí te envío el correo
    cosasquemepasan@gmail.com

    En liberías puedes buscar Formas de la ausencia y Ahí donde brota la luz

  4. Acabo de conseguir arbol de sodoma, lo leeré con cuidado. le recomiendo este bloc http://pajarodealtovuelo.blogspot.com, tal vez lea algo q le interese.
    Ya conoceré a don Jorge Nájar.


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