ROSA DE LIMA

septiembre 6, 2006 a las 6:26 pm | Publicado en Comentarios diversos | 1 comentario

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A más de cuatrocientos años de distancia, la figura de Rosa de Lima presenta facetas de gran vigencia y motiva múltiples reflexiones más allá de los estereotipos a los que se la confina. Y es que Rosa, Isabel Flores de Oliva, siguiendo el ejemplo del Carpintero de Galilea, realizó opciones realmente audaces para su época y aun para la nuestra. 

 Ella optó, en primer lugar,  preferentemente  por los sufridos, los desarrapados, los pobres, los sencillos. Opción que, junto con los jóvenes, fuera luego expresada por la iglesia de América Latina, fundamentalmente a partir de la Conferencia Episcopal de Puebla en 1979.

Esta joven limeña, la primera de todos los santos del continente, es sobre todo un paradigma de espiritualidad. Y es preciso citar aquí las palabras del padre Gustavo Gutiérrez cuando señala en Beber de su propio pozo. El itinerario espiritual de un pueblo. (Lima, 1983) que “en la raíz de toda espiritualidad hay una experiencia determinada hecha por personas concretas, en un tiempo preciso”.

Por eso es importante recordar que su siglo, el siglo XVI, es en América el de la explotación de la plata, mientras continúan los fabulosos embarques de oro con destino a la metrópoli y en el que empieza a delinearse en estos territorios hondos abismos que, junto a otros, constituyen los rasgos de una realidad.  Este y no otro es el tiempo en el que Isabel Flores de Oliva vive y se santifica.

Los tormentos a los que, según se cuenta, se sometía la santa, han acaparado casi tanta atención como los prodigios con los que fue distinguida. Sin embargo, su santidad no reside en el sufrimiento. No exclusivamente en todo caso. Sino que es el espíritu que la anima a vivir y obrar de cierto modo lo que hasta hoy la convierte en un personaje sumamente sugestivo. Por sus actos sabemos que hizo suyo el potente texto de Juan ( Corintios 13, 1-3) :

 “Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia ; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy.  Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si  no tengo amor, nada me aprovecha.” 

En  un vasto territorio con muchos signos de desolación y muerte contrarios al mensaje cristiano, Isabel Flores de Oliva , manteniéndose laica  – lo que hoy llamaríamos  laica comprometida, vale decir, persona que no ha hecho votos religiosos – desde su condición de ciudadana del siglo XVI,  no es sólo un cuerpo sufriente y una mente afiebrada. 

La santidad en su caso  tiene la marca de la atención  a los demás. Por eso no hay tarea pequeña o desagradable que le parezca indigna a su condición de criolla limeña.  Los barrios de Lima y de Abajo el Puente (Rimac) supieron tanto de su presencia benéfica como su ermita sabía de sus oraciones y recogimiento. Rosa encontró el rostro de Cristo en los pobres, los marginados en una sociedad de castas;  en los tristes, en los enfermos, aquellos a los que no sólo visitaba en sus viviendas sino que llegó a acoger en una suerte de enfermería que acondicionó en su propia casa.

Hay que recordar, por otro lado, que las vicisitudes económicas  que vivían sus padres la llevaron a trabajar como modista. Hecho que evidentemente la conectaba con distintos sectores de la ciudad.

 Sin  forzar la imaginación se puede  afirmar que Rosa de Lima  fue una mujer valiente y de gran independencia de criterio, que optó – a su manera – por una audaz libertad. Rasgo por lo demás  común entre los santos. “si se dejan llevar por el espíritu, no están bajo la presión de la ley” ( Gal. 5, 18).  La ley de los usos y costumbres de su época – y aun de la nuestra – valoraba a la mujer casi exclusivamente por  los atributos físicos y la destinaba  al matrimonio. Rosa, espíritu libre se rebela a su estilo. Alguien le dice en una oportunidad que tiene un cabello hermoso y ella opta por  raparse. Esto está unido a la firmeza con la que se opone a la decisión paterna de casarla en  un matrimonio, seguramente, planeado con miras a resolver los problemas materiales de la familia.  Se  rehusa y logra hacer prevalecer su opción: trabajará y será  hermana terciaria desafiando con esto su medio familiar y social.

Pero no se acerca al clero para gozar de prerrogativas, antes bien su libertad  la pone al servicio  de los que más necesitaban. Como lo recordó el papa Juan Pablo II  al cumplirse el IV Centenario  de su nacimiento :“ Vivió en medio de su gente, sin apartarse de su sociedad, conjugando a la vez una intensa piedad y una caridad llena de iniciativas en favor de los necesitados.”

Otra faceta interesante es la de su sensibilidad  artística. La tradición nos la presenta gustando de la pintura, cantando con bella voz y ejecutando la guitarra y la vihuela – por ello también los músicos, a la par que los enfermeros, la tienen como su patrona -. Además escribe breves composiciones poéticas en las que expresa su amor a Jesús, que tienen el encanto y la frescura de las palabras de  cualquier muchacha enamorada:

 “Las doce son dadas / y mi Jesús no viene/ Quién será la dichosa / que lo entretiene/…” Mientras en otra parte dice “Sin mí lo pasa/ corazón , vida y ojos/ se me desmayan.”

En otra breve composición, jugando con su nombre y apellidos, requiebra  dulcemente al Amado :

“Hay Jesús de mi alma/ qué bien pareces/ entre Flores y Rosas / y Olivos verdes.”

Salvando distancias, estos versos – muchos de los cuales fueron enviados a Roma durante el proceso de canonización – serían, junto a los de Amarilis y Clarinda, las poetisas anónimas, de los primeros hechos por mujeres en el Nuevo Mundo.

Aspecto  también importante  de su sensibilidad e la preocupación y amor para con el entorno. Los estudiosos de esta Rosa limeña le atribuyen el cuidado personal de su jardín y el disfrute con las aves que lo visitaban. Los  actos de penitencia que se infringía,  y que habría que observar a la luz  de su tiempo, no pueden opacar las otras ricas y múltiples  manifestaciones  de su sugerente personalidad.

Sonia Luz Carrillo

ENLACE

 ROSA EN LIENZO. ROSA DE LIMA  Donde encontrarás las obras de Angelino Medoro, Francisco Laso y Sérvulo Gutiérrez, además de una pintura cusqueña del siglo XIX

Tags: Rosa de Lima

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