EL (TRISTE) ESPECTÁCULO DE LA INFORMACIÓN

septiembre 6, 2006 a las 4:47 pm | Publicado en Comunicación y Cultura | Deja un comentario

(Publicado en la revista Domingo de La República, Lima, 30 de noviembre de 2003)

A la memoria de Bruno de Olazábal 


“Vivimos en un mundo que se ha convertido en un espectáculo bochornoso, en el que se muestra en directo la muerte, la humillación…”, dijo el escritor José Saramago en una entrevista.

Una rápida mirada a los titulares de cierta prensa peruana o al inicio de un informativo radial o televisivo deja la sensación de que no se puede confiar en nadie. Si nos atenemos a las informaciones diarias, la nuestra es una sociedad marcada por la malignidad. El clima es de permanente confrontación y de invitación al suicidio. La buena noticia no es noticia.

El mal campea absoluto en un espectáculo que tiene visos sadomasoquistas.
Miente, miente que algo queda, vocifera Goebbels redivivo y las “noticias” alborotan el ambiente sin que sus creadores se hayan tomado la molestia de consultar diversas fuentes y mucho menos haberse planteado la incómoda tarea de confirmar la veracidad de los datos. Las preguntas van cargadas de jubiloso veneno. Enfrentar gratuitamente a la gente hace las delicias de los “informadores”. Eso vende, se repite. Y lo que menos importa es la verdad.

El asunto es que el concepto verdad o veracidad es, teóricamente, el valor más importante en la actividad informativa y la sociedad tiene el derecho de ser informada de manera veraz, completa y oportuna. La obligación que tal derecho comporta para el periodismo está presente en todos los códigos de ética de los profesionales de la información y la comunicación. Pero al haberse convertido la información en mercadería chirriante, el comunicador parece vivir un insistente litigio entre lo impresionante, lo espectacular y lo necesario. De ahí, se está a un paso de la tentación de la mentira.

En las numerosas definiciones de noticia resalta como requisito que sean interesantes. Ahí empieza la polémica. Porque, ¿quién decide qué es lo interesante? ¿Quién discrimina entre lo interesante y lo importante? Un viejo dicho periodístico repite que “si un perro muerde a un hombre no es noticia, la noticia será que un hombre muerda a un perro”. Lo raro, lo inusual, lo entretenido se constituye en la base de la información. La mesa está servida para el sensacionalismo que campea en la actividad periodística.

Esto lleva a Arthur Hays, editor del The New York Times a preguntarse: “Qué es más urgente: informar a mil lectores o entretener a un millón?”. Y el problema es el “contagio” que sufren los medios informativos. Una vez que un “suceso” ha sido instalado en la agenda mediática, todos se ven “obligados” a tocar el tema. Entonces la noción de actualidad o “realidad” se construye en las salas de redacción de los distintos medios. Tanto que muchos se preguntan si la noticia es aquello que interesa a los lectores o lo que interesa a los periodistas.

¿Y QUÉ DICE EL PÚBLICO?

Pareciera que a gruesos sectores del público tampoco les importa mucho la  verdad y les tiene sin cuidado la falta de objetividad. Personajes de probada falta de ética continúan gozando de audiencia. Medios de comunicación, por ejemplo, que actuaron de espaldas a los intereses de la ciudadanía durante la pasada dictadura, obtienen altos porcentajes según las empresas de medición.

¿Qué ocurre en una sociedad que ha vivido una etapa de desinformación tan intensa y promoción sistemática de falsedad y, sin embargo, continúa premiando a medios que desprecian el valor de la verdad traducida en la serena consulta a las más diversas fuentes?

Una respuesta podría venir del ámbito de la moral pública y sus fragilidades en este orden. Fragilidades que tienen que ver con la ausencia de responsabilidad individual y social.

Otra explicación provendría del criterio de entretenimiento a cualquier precio que se ha instalado en la actividad informativa concebida como chirriante espectáculo. Las respuestas a algunas encuestas son expresivas: la gente dice encender su televisor para “entretenerse” y luego hallamos que entre los programas más vistos los noticieros compiten con las telenovelas. Baste observar la forma como los programas periodísticos promueven su contenido: “Sensacional denuncia”; “espectacular destape”; “impactantes imágenes exclusivas”; “desgarrador testimonio”; “violenta jornada”, “sangrientos sucesos”, “lo que nadie mostró”, etcétera.

¿QUÉ SE PUEDE HACER?

Tal vez, valga la pena voltear la mirada a la vida cotidiana y sus innumerables valiosos ejemplos, evitar ciertos diarios y abrir un buen libro, cambiar de canal, buscar una emisora musical. Sí, todo eso se puede hacer. Pero, ¿quiénes? Obviamente en el Perú, los menos.

Razones de más para promover las asociaciones de consumidores;  generación de instancias plurales que puedan proponer nuevos contenidos en las licencias de medios audiovisuales y, por supuesto, premunir a la sociedad peruana de una educación realmente de calidad.

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