EL FRACASO ¿TEMOR O TENTACIÓN?

septiembre 6, 2006 a las 4:55 pm | Publicado en Comunicación y Cultura | Deja un comentario

Publicado en La Insignia el 23 de noviembre del 2001

Perú

Sonia Luz Carrillo
Ideele. Perú, noviembre del 2001.

En un tradicional vals peruano el protagonista proclama que no puede confesar su amor porque tiene temor a fracasar. Reveladoramente, uno de los más importantes narradores peruanos, Julio Ramón Ribeyro, no sólo insiste en buena parte de su obra en mostrar seres condenados al persistente fracaso, sino que elige como título de sus diarios personales el expresivo lema La tentación del fracaso. Todo esto viene a la memoria cuando una serie de actitudes y expresiones parecieran poner de manifiesto, como marca de una manera de ser nacional, la proclividad o temor a que las cosas realmente resulten y hagan posible el éxito de un país.Es curioso observar cómo algunos personajes opinan que el Perú no puede fracasar porque se trata de un país que ya no da más y en los días siguientes el estilo con el que se llama la atención de la ciudadanía acerca de los problemas que es necesario resolver parece olvidar el temor al fracaso y más bien rozar peligrosamente la tentación del fracaso. Así, la forma con que algunas opiniones introducen temas en la agenda pública nacional tiene un pronunciado sabor a derrota anticipada y una invitación a no creer en nada ni nadie.

Y esto no hace más que poner de manifiesto males hondos y tenaces. Entre ellos parece estar el miedo al éxito. Tendencia que se manifiesta en expresiones de uso común que involucran una autoestima lacerada del tipo nada va a cambiar, estamos cada día peor o aquí no hay nada qué hacer, los peruanos no somos capaces o no se puede creer en nadie.

La desconfianza difusa y difundida se explica por la frustración permanente de los esfuerzos individuales y colectivos pero es indispensable conjurar sus peligros con voluntad constructiva para que no sigamos en un círculo nefasto de pesimismo que frene iniciativas y condene repetidamente a la decepción. No podemos olvidar, además, que en la propagación del temor a estar a las puertas de un portentoso fracaso como nación están trabajando arduamente algunos medios de comunicación, gravemente comprometidos en delitos, que siguen actuando impunemente y encuentran el terreno abonado en una población que parece aún no comprender su responsabilidad participante para que los problemas se resuelvan.

Esto no significa que se deba temer a los conflictos. Ellos son inherentes a la vida en sociedad y, correctamente enfocados, caracterizan la democracia al suponer distintas perspectivas de abordar los asuntos. Lo contrario es el autoritarismo, de un lado, y la sumisión de otro. Lo que aquí se quiere estimular es la conciencia de que, si bien tenemos muy graves problemas, una actitud sana y madura es indispensable para romper de una vez por todas con esa falta de optimismo que hace retrasar la recuperación. Debemos evitar la permanente seducción del naufragio.

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