CORONADA DE VIOLETAS, SONRISA DE MIEL, DIVINA SAFO

septiembre 6, 2006 a las 2:23 am | Publicado en Artículos sobre Literatura, Comentarios diversos, Comunicación y Cultura, Miscelánea | 2 comentarios

Safo
Desde el siglo VI a.C., una poeta nos habla. Es Safo de Lesbos a quien Platón llamara la Décima Musa. Su voz para llegar a nosotros ha debido atravesar el tiempo y sus avatares pero hay en ella tal esencialidad y fuerza auténtica que sigue – y seguirá – iluminando por siglos el camino de la poesía.

La lírica griega representa aquel momento (a fines del siglo VII a C.) que de los majestuosos cantos de realidades comunes: las composiciones épicas, la sensibilidad del artista se vuelca hacia sí mismo. Descubre su personalidad individual y ya no sólo contempla y describe el mundo fuera de él, sin que hace objeto del canto su propio espíritu y sensibilidad y toma como sola realidad poética pasiones, sentimientos y pensamientos de su propia vida De esta honda mirada surgirá una música ejemplar, íntima, humanísima y por eso capaz de permanecer casi intacta ante el paso del tiempo.

Del conjunto de líricos griegos[1] que se ubican alrededor del siglo VI a.C., la poesía eólica destaca, precisamente, por la original intimidad de su inspiración unida a su excelencia formal. El eolio era la lengua de Lesbos isla en la que muchos autores sitúan el nacimiento de Safo y también del Alceo, y en el decir de Fánocles “…desde entonces el canto y el amble sonido de la cítara dominan la isla y es de todas la más canora”[2]

Su existencia se sitúa en el último tercio del siglo VII a. C. y principios del siglo VI. Platón, dos siglos después la nombra la Décima Musa: ” Dicen algunos que son nueve las Musas./¡Cuánto se engañan!/ Pues he aquí la décima Musa: Safo de Lesbos”[3] En el siglo V a.C. fue incluida por los filólogos alejandrinos en el “canon” junto a Alceo, Estacícoro, Íbico, Simónides y Píndaro”[4].

Safo de Lesbos vivió en la ciudad de Mitilene, donde pasó casi toda su vida de la que tenemos pocas noticias, especialmente extraídas de los fragmentos de su obra. Su fama ya desde la antigüedad mezcló pronto la realidad con leyenda, Cantarella sitúa su nacimiento aproximadamente en el 612 y su pertenencia a una familia “aristocrática y sin duda respetable, pues su hermano Lárico fue copero en el pritaneo de Mitilene, oficio reservado a jóvenes de noble condición”[5]
Sin embargo, su fama ya desde la antigüedad mezcló pronto la realidad con la leyenda: (algunos le atribuyen la misma edad que el poeta Alceo); de familia noble, conocemos el nombre de su padre Escamandrónimo, su madre Cleis, sus hermanos Lárico y Caraxo; estuvo casada, al parecer brevemente, con un hombre rico, y fue desterrada a Sicilia hacia el 600 a C., pero regresó pronto. Por uno de sus fragmentos sabemos que tuvo una hija: “Tengo una preciosa niña, bella como las flores de oro/ Mi muy amada Cleis. No la daría yo, ni por toda la Lidia…” y probablemente llegó a la edad madura porque en algún momento nos dice con serena amargura: “Si mis pechos pudiesen aun dar de mamar/ y mi matriz fuese capaz de llevar hijos/ con ágiles pies iría a un nuevo lecho nupcial/ pero no/ la edad está trazando arrugas sobre mis carnes/ y el amor no tiene ya prisa de volar hacia mí/ con su don de penas”[6]

Safo es la gran poeta del amor, Afrodita es para ella la diosa más importante, como dadora de gracia y belleza. Le dedica poemas en los que adopta la estructura de petición, pero el tono no es solemne, sino de amistosa intimidad. “Inmortal Afrodita, la del trono pintado/ hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego/ no a mí, no me sometas a penas ni angustias el ánimo, diosa”.

También se han hallado poemas compuestos para festividades religiosas o rituales como el Lamento de Adonis, amante de Afrodita, dios de la vegetación ligado a cultos antiguos, o los epitalamios o cantos de boda. El idioma, como he mencionado es el dialecto lesbio el mismo que usa con tal perfección que muchos de los fragmentos nos han llegado a través de gramáticos como ilustraciones de ese dialecto. Utilizó metros variados, de los que especialmente uno, la llamada estrofa sáfica, va ligado a su nombre. Su poesía fue admirada ya en el mundo antiguo; en la época helenística y romana: poetas latinos como Catulo y Ovidio la conocen y la imitan. La calidad e intensidad de su poesía amorosa ha traspasado las fronteras del tiempo.

Pero ¿Cómo ha llegado a nuestro tiempo? Fueron los filólogos alejandrinos quienes dieron orden y forma y conservaron los textos mientras hubo una tradición directa, es decir, hasta la época bizantina. Gracias a descubrimientos del siglo XX Safo tenemos ahora un códice en pergamino del siglo VII. Sin embargo, sigue siendo invalorable la edición alejandrina en la que:

“los poemas estaban distribuidos en nueve libros ordenados según el esquema métrico de las composiciones; el primer libro contenía las odas sáficas con cerca de 1,320 versos, es decir, 330 estrofas; el segundo, los pentámetros eólicos; y así seguían los demás libros con otros metros, pero el noveno comprendía epitalamios escritos en metros muy variados…. / Esta tradición directa que se interrumpe en la época bizantina, quedó completamente perdida hasta que en los últimos decenios, numerosos papiros y también pergaminos provenientes de Egipto nos han aportado importantes fragmentos de Alceo y Safo (hasta ahora 22 y 18 respectivamente, algunos con estimables notas)/…/ Los fragmentos de Alceo son hoy 448 y los de Safo 213”[7]

Safo a quien Alceo describe “Coronada de violetas, sonrisa de miel, divina Safo”, estuvo al frente de un thiasos, especie de escuela para muchachas nobles donde se cultivaba la poesía, la música y el canto. De esta vida Safo extraerá los motivos para su poesía; al igual que será el lugar donde nacerán intenso afectos por algunas de sus jóvenes discípulas. Con respecto a este punto fueron los posteriores comediógrafos áticos quienes crearon la leyenda en torno a su identidad sexual. Este aspecto contribuyó a crear algunas reticencias para la conservación y difusión de su obra en etapas posteriores. Sin embargo, lo que ahora poseemos de ella es la alta poesía de un ser de delicadísima sensibilidad que enseñó la forma de hacer poesía a partir de sí misma y volcarse en una obra capaz de ser asumida por hombres y mujeres de todos los tiempos.

Robert Grave en La Diosa Blanca dice “Safo comprendía su responsabilidad. No se debería creer en las mentiras malévolas de los comediógrafos áticos que la caricaturizaron como una lesbiana insaciable” y líneas más adelante, hablando de la calidad de su poesía, precisa “En cierta ocasión pregunté a mi llamado Preceptor de Moral de Oxford, un erudito y apolíneo clásico, ‘Dígame señor, ¿Cree usted que Safo fue una buena poetisa?’ Recorrió con la mirada la calle, para ver si alguien escuchaba, y luego me confesó ‘Si, Graves, en eso está el engorro, ¡Era una poetisa muy, muy buena!” [8]

En la literatura griega clásica la poesía de Safo deslumbra como un “documento de absoluta sinceridad… fenómeno singular, pues mientras otras mujeres han sido poetisas, incluso eminentes, solo de Safo se puede decir que es verdaderamente y sólo poeta” dice en forma exaltada, Cantarella., para luego recordarnos que, en los aspectos formales de la lírica griega, se trata de versos endecasílabo, estrofas o estancias cortas: dísticos, trísticos, tetrásticos, más raramente por períodos, la música que los acompañaba era ejecutada por el propio poeta con la cítara “cuya característica local era la variedad llamada bárbiton” [9]

Respecto a los temas en la poesía de Safo, se repite que tal vez el gran tema sea ella misma en relación con otros seres, con la naturaleza, con el placer, la belleza e incluso el poder. Ella hará de todo lo que es posible sentir o contemplar, un motivo poético. Sin embargo, entre todos, esplende el tema del amor. Y de él ya exaltada y feliz o angustiada nos entrega siempre un retrato imperecedero: “Amor ha sacudido mis sentidos/ como el viento que en el monte/ arremete contra las encinas” dirá en un fragmento. En otro, encontramos la misma idea de la irrupción del amor, expresada – so cabe- con mayor intensidad: “…Y de nuevo amor me agita, hasta desarticular mis miembros/ dulce amarga, invencible fiera…” En otro momento, la soledad es convertida en delicada joya: “Se ocultó ya la luna y las pléyades/ es medianoche, el tiempo pasa/ y yo yazgo sola”.

Imposible citar todos sus admirables fragmentos, sin embargo, no podemos dejar de hacerlo con la famosa Oda, consignada por el autor de Lo Sublime (obra anónima ahora situada en la primera mitad del siglo I d.C. recopilación de grandes ejemplos del pasado, que ha conservado esta Oda que de otra manera sólo hubiéramos conocido por la adaptación que de ella hiciera el poeta latino Catulo).

“Semejante a los dioses me parece
el hombre frente a ti sentado y que muy de cerca y absorto escucha
mientras dulcemente hablas
y encantadora sonríes.
Esto transporta de pasión el corazón en mi pecho.
Apenas te miro y no puedo decir ya palabra
La lengua se me quiebra y sutil fuego
de pronto serpentea bajo la piel.
Con los ojos nada veo y zumban mis oídos
un sudor me invade, un temblor
toda me agita, más verde que la hierba pálida estoy.
Y apenas distante de la muerte
Me siento, infeliz” [10]

La naturaleza es contemplada con ojos de mujer artista. Safo penetra en ella de manera minuciosa y delicada y nos la devuelve en imágenes que continúan deslumbrando: “Estrella de la tarde tú reúnes todo/ lo que dispersó la fúlgida aurora, / traes la oveja/ traes la cabra/ traes junto a su madre al niño”. En otro fragmento leemos: “Las estrellas en torno a la bella luna/ también oscurecen su rutilante aura/ al tiempo que ella con plenitud alumbra/ sobre toda la tierra… plateada”.

La poesía es también una manera de afrontar la vida “No es lícito que haya canto de duelo en la casa/ de quienes sirven a la musas…No nos atañe eso.” Y para Safo la poesía es garantía de permanencia, es triunfo sobre el olvido, como lo expresa altiva: “Muerta yacerás y de ti no habrá nunca/ memoria ni nostalgia en el futuro/ porque no participas de las rosas de Pieria; / desconocida incluso en la morada de Hades/ vagarás errante entre oscuros muertos”.

Sumamente interesante es la ruptura que establece con las valoraciones de una época heroica que exaltaba el valor de la guerra. Safo trae un mensaje heterodoxo al trasladar el mundo heroico al de los perfumes, las flores, los himnos, la belleza física femenina y el mundo de los afectos: “Dicen unos que un ecuestre tropel, infantería/ otros, y ésos, que una flota de barcos/ resulta lo más bello en la oscura tierra/ pero yo digo que es lo que uno ama./ Y es muy fácil hacerlo comprensible./ Pues aquella que mucho en belleza aventajaba/ a todos los humanos, Helena, a su esposo, un príncipe ilustre/ abandonó y marchóse navegando hacia Troya, / sin acordarse ni de su hija ni de sus padres/ sino que la sedujo Ciprés. /…/ También a mí ahora a mi Anactoria ausente me has recordado… / Cómo preferiría yo el amable paso de ella/ y el claro resplandor de su rostro ver ahora/ a los carros de guerra de los lidios en armas/ marchando al combate”.

Como señala Aurora Luque “Safo trasgrede las expectativas en la Grecia Arcaica y Clásica al explorar un mundo asumido como espacio íntimo, sensible y pasional: el mundo femenino, el espacio lírico./…/ Los epitalamios y los poemas personales enumeran muchos de los objetos, olores o flores que se constituyen en símbolos de la poesía sáfica. Manuel Galiano los ha sintetizado así:

“rosas y lirios, melilotos y perifollos, hierba fresca de los prados, manzanos para el dulce reposo de las siestas, guirnaldas de opio (…) vestidos, muchos vestidos teñidos de mil colores (…) tuniquillas, mantos, bellos tocados de cabeza, diademas importadas (…) calzados lidios(…) en la intimidad de los dormitorios , ungüentos y cremas, cajas llenas de perfumes, jabones de tocador…¡Eterno todo ello, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días y mientras haya una mujer en el mundo!”[11]

Decíamos al inicio que probablemente llegó a la edad madura, desde ahí nos dice: “Cual la manzana que se cubre de rojo en la alta rama/ en la rama más alta, y los recolectores la olvidan/ ¡Pero no, no la olvidan es que a ella no pueden llegar!”

Asombra a cada paso la serena conciencia del valor de su creación artística. Ella conoce y se deleita con lujos y goces pero también supo del destierro y las ausencias. Safo se eleva por encima de las circunstancia, su poesía es poesía de afirmación. Su genio femenino, libre y seguro, no se dejó encerrar por los barrotes de su tiempo y el fruto es una poesía rigurosa que ya apasionada, ya leve, permanece ejemplar.

Fuentes Bibliográficas

Cantarella, Rafaelle. (1971) La literatura griega clásica. Buenos Aires, Losada
Carrillo, Sonia Luz. (1983) “La divina Safo” En: El caballo rojo. Suplemento dominical de El Diario de Marka, Lima, 11/12/83 Nº 187
García Gual, Carlos. (1980) Antología de la poesía lírica griega. Madrid, Alianza editorial
Graves, Robert. (1961) La Diosa Blanca. Historia comparada del mito poético. Buenos Aires, Losada
Luque, Aurora. (2004) Safo, poemas y testimonios. Barcelona, Acantilado.
Robert, Fernand. (1946) La literatura griega. México, editorial Diana.
[1] En el territorio de la Hélade la expresión “lírico” tiene un sentido muy concreto: poesía cantada al son de la lira. Los alejandrinos reúnen a los poetas de lírica monódica y coral realizando creaciones en las que se supone como acompañamiento un instrumento de cuerdas que podía ser la lira (lura),la cítara (kiqariV), o una especie de laud (formigx), ya solo, ya con flauta (auloV).
[2] Rafaelle Cantarella La Literatura Griega Clásica. Buenos Aires, Losada, 1971 p. 33
[3] García Gual, Obra citada p. 139
[4] Cantarella, Op. Cit. P. 102
[5] Cantarella, Obra citada, p. 152
[6] Carlos García Gual, Antología de la poesía lírica griega. Madrid, Alianza Editorial, 1980 pp. 66-74
[7] Ibídem, pp. 145-146
[8] Robert Graves. La Diosa Blanca. Historia comparada del mito poético. Buenos Aires, Losada, 1961, p. 580
[9] Cantarella, Obra cit. P. 145
[10] Versiones confrontadas de Cantarella y García Gual
[11] Aurora Luque (Edición y traducción) en: Safo Poemas y testimonios. Barcelona, Acantilado, 2004 cita a Manuel Galiano El descubrimiento del amor en Grecia, Madrid, 1959, p.36.

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2 comentarios »

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  1. Mis más sinceras felicitaciones, ssstupendo artículo, apasionante y contenido. Me admira la peculiar personalidad y su lucha. El amor es más fuerte, yo lo descubrí hace unos años, pero Safo en el s.IV aC ya lo tenía claro. Felicidades.

  2. Maravillosa Safo. Ojalá existiera la reencarnación para que nos llegara su sensibilidad.


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